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Domingo 20 de Julio del 2003

El peligro de apagar la radio
Pastor Tony Hancock

En un parque nacional, un guía llevaba a un grupo de senderistas por el bosque. Estaba tan enfocado en contarles a todos acerca de la fauna y flora de la zona que decidió apagar su radio de comunicación para evitar las distracciones.

Llegando a su destino, otro guía salió a su encuentro, preguntándole por qué no había respondido a los mensajes que le mandaba por radio. Resulta que un oso estaba persiguiendo al grupo, y no le había podido avisar del peligro por la radio apagada.

Felizmente, a este grupo de turistas no les sucedió nada. Sin embargo, su situación ilustra un peligro mucho más grande en el cual nos podemos encontrar todos. Tenemos un enemigo que, cual león rugiente, nos anda persiguiendo. Si no estamos atentos a los mensajes que Dios pretende enviarnos, podemos fácilmente caer en sus trampas.

Me temo que hay muchos creyentes que traen la radio apagada. No están atentos a los mensajes que Dios les envía, y andan inconscientes de los peligros y también de las oportunidades que se encuentran en su camino.

¿Cuál es la radio que Dios nos ha dado para recibir mensajes de él? Sin negar que Dios se comunica mediante los sueños, las palabras de otras personas y otros medios especiales, tenemos que reconocer que la comunicación preeminente de Dios es su Palabra, la Biblia.

La Biblia es la Palabra de Dios para nuestra dirección. Es la radio que nos permite recibir mensajes de lo alto. En ella, Dios se nos da a conocer, y nos enseña su voluntad para nuestra vida.

Espero que quieras prender la radio y empezar a recibir los mensajes que Dios tiene para ti. Vamos a leer un pasaje que nos muestra cómo hacerlo.

Lectura: Lucas 8:19-21

8:19 Entonces su madre y sus hermanos vinieron a él; pero no podían llegar hasta él por causa de la multitud.
8:20 Y se le avisó, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte.
8:21 El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen.

En este pasaje, Jesucristo nos dice que los verdaderos miembros de su familia son quienes hacen dos cosas: reciben la Palabra de Dios, y la practican. Es cualidad del verdadero hijo de Dios tener hambre por la Palabra.

Si quieres traer la radio prendida, entonces, si quieres recibir los mensajes que Dios tiene para ti, tienes que

I. Recibir la Palabra

Si queremos que Dios nos revele su verdad mediante su Palabra es necesario que la estemos recibiendo. Si dejamos la radio en casa, no vamos a poder recibir los mensajes que se nos envían. Se dice, más vale pájaro en mano que cien volando; y podríamos decir también que más vale Biblia en mano que cien en la repisa.

Pero hay un peligro aquí que debemos de evitar. Es el peligro de examinar la radio en vez de oírla. Imaginen por un momento a un técnico, especialista en radios portátiles. Seguramente él nos podría explicar cómo es que funciona la radio, cuáles son los circuitos que contiene, en base a qué tecnología opera, etc.

Sin embargo, todo este conocimiento no significa que ese técnico está escuchando la radio o sabe lo que se está diciendo mediante ella. De igual modo, nosotros podemos caer en la trampa de examinar la Biblia cual si fuéramos técnicos, en vez de escuchar el mensaje que Dios nos da a través de ella.

Esto sucede, por ejemplo, cuando nos encontramos fascinados con las historias de la Biblia. En numerosas ocasiones las personas me han expresado su interés en alguna u otra de las historias bíblicas. Esto es bueno. Dios nos dio muchas historias en la Biblia porque nos llaman la atención y nos ayudan a entender.

Pero si simplemente nos quedamos en el nivel del interés, y no pasamos a preguntarnos qué es lo que nos enseñan esas historias acerca de Dios y su voluntad para nosotros, entonces estamos examinando la radio en vez de escucharla.

Hay numerosos académicos alrededor del mundo que saben mucho acerca de la Biblia, pero no son creyentes. Se han puesto a examinar la radio en vez de escuchar su mensaje. Debemos de tener mucho cuidado de no caer en esta trampa.

¿Cómo, entonces, podemos recibir el mensaje? Hablemos de los métodos de recepción. Son muchas las formas en que recibimos la Palabra. Una de las principales es oyéndola.

El apóstol Pablo lo menciona en Romanos 10:14: Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no hay quien les predique?

Para muchos de nosotros, nuestro primer contacto con el evangelio fue por medio de alguien que nos habló acerca del mensaje de Dios. Como creyentes, podemos también oír la Palabra. Podemos escuchar las predicaciones de buenos maestros bíblicos, podemos escuchar la Biblia en cinta y podemos oír la Palabra cuando venimos a la iglesia.

Un segundo modo de recibir la Palabra es por la lectura. La lectura incluye el estudio, la lectura devocional y la memorización. Todas estas son esenciales. Quiero enfatizar particularmente la memorización, porque es algo que muchas veces olvidamos.

No es muy difícil simplemente escribir un versículo bíblico en una tarjetita y llevárselo con uno. Dándole una repasada cuando haya un momento libre, uno pronto tiene el versículo memorizado. De este modo, aun cuando la Biblia no está a la mano, tenemos la oportunidad de oír la voz de Dios que nos habla mediante los versículos memorizados.

Jesús nos dice, para resumir, que es preciso recibir u oír la Palabra, en primer lugar. Pero hay una segunda parte que muchas veces ignoramos. Se trata de

II. Practicar la Palabra

Chuck Swindoll dijo lo siguiente: Es un error creer que con simplemente ser expuestos a la buena enseñanza bíblica se nos resolverán todos los problemas. La instrucción bíblica sola no resulta en soluciones instantáneas a los problemas. No importa qué tan acertada sea la enseñanza o qué tan dotado sea el maestro, la declaración de la verdad no trae la destrucción de las dificultades.

Imagina que las Escrituras son un mapa completamente correcto y detallado. Un mapa te dice cómo llegar a cierto destino. Pero con simplemente mirar el mapa no serás transportado automáticamente a Arizona o Inglaterra o el Perú. Llegar a esos lugares significa que tendrás que esforzarte…pagar el costo…tomar el tiempo para viajar…proseguir hasta que llegues. En una palabra, perseverar. Así es con la vida cristiana. El mapa divino es confiable y está disponible. También es claro y directo. Pero no hay ningún abracadabra en sus páginas que mande automáticamente al lector a su destino mediante una alfombra voladora.

Por favor, no me malentienda. ¡Me encanta la Palabra de Dios! Estoy más convencido que nunca en mi vida que sus verdades confiables son de valor inestimable. Pero aunque la Biblia sea un libro confiable, de ninguna manera es una poción mágica que te untas tres veces al día para espantar al diablo. Tampoco es algo que te tomas con una promesa piadosa, pensando al día siguiente de repente conocer y experimentar todas sus verdades.

No existe la madurez instantánea. Dios no ofrece ninguna formula que produzca creyentes maduros de la noche a la mañana. El crecimiento cristiano viene mediante la perseverancia – ¡palabra olvidada! – en aplicar lo que oyes y obedecerlo, y así aprender a manejar los problemas, que son inevitables.

Muchos de nosotros tenemos la radio apagada. No estamos recibiendo los mensajes de Dios. Pero no nos sirve de nada recibir esos mensajes si no vamos a tomarlos en cuenta y ponerlos en práctica.

Se cuenta la historia de un pastor nuevo que predicó un sermón buenísimo su primer domingo. La iglesia entera esperaba ansiosamente para ver qué enseñanza les traería la semana siguiente, pero para su sorpresa, ¡fue el mismo sermón!

El tercer domingo, se volvió a repetir, y todos decidieron que había que hacer algo. Mandaron a algunos de los diáconos para hablar con el pastor. Cuando le dijeron que la gente quería oír un sermón nuevo cada semana, el pastor replicó: "Cuando ustedes empiecen a vivir las cosas que les estoy predicando, entonces pasaré a otro sermón."

Quizás lo que te hace falta no es más información, sino más transformación. Quizás lo que Dios está esperando de ti es que pongas en práctica lo que ya conoces de su voluntad. Quizás no te revela cosas nuevas en su Palabra porque aún no pones en práctica las que ya sabes.

En cualquier caso, no te contentes con oír el mensaje; practícalo. Agarra ese concepto que Dios te muestra en su Palabra y no descanses hasta que lo estés viviendo. Sólo entonces estarás listo para aprender algo más.

El apóstol Pablo describió a cierta clase de mujer que abundaba en su tiempo: Ellas siempre están aprendiendo, pero nunca logran conocer la verdad. (2 Timoteo 3:7) Espero que nosotros no seamos como ellas.

Más bien, esforcémonos en recibir la Palabra de Dios, oyendo el mensaje que él tiene para nosotros, y esforcémonos también en practicar ese mensaje. Este es el camino a la bendición y al éxito en la vida cristiana. Trae tu radio prendida, y presta atención a los mensajes que te llegan mediante ella.


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