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Domingo 29 de Junio del 2003

La dicha de la persecución
Pastor Tony Hancock

Hablamos con un compañero del trabajo acerca del cambio que Cristo ha hecho en nosotros. "Eso está bien", responde, "pero me parece muy conveniente después de todas las cosas que has hecho. ¡No me digas que Dios te acepta así no más!" Nuestros padres nos dicen, "¿Cómo pudiste dejar la iglesia en la que te criaste para hacerte hermano?" El jefe nos dice, "La razón que no quieres trabajar el domingo es porque eres flojo. No tiene nada que ver con ser cristiano; es que no quieres trabajar."

¿Cómo responder? ¿Enojarnos con ellos? ¿Tratar de soportarlo, perdiendo el gozo? Más bien, estas experiencias pueden ser motivo de alegría para nosotros. Por más raro que suene,

La persecución es señal del favor de Dios para el creyente, así que podemos enfrentarla confiadamente y con propósito.

¿Será esto verdad? Vamos a ver.

Lectura: 1 Pedro 3:13-17

3:13 ¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien?
3:14 Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis,
3:15 sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros;
3:16 teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo.
3:17 Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal.

Hoy vamos a ver por qué la persecución es realmente una dicha para el creyente, y luego ver cómo nos llama Dios a responder a ella.

I. La dicha de sufrir por la justicia

Hay dos razones que podemos ver aquí para llamar "dicha" a la persecución:

A. La recompensa celestial nos espera (13-14a)

    La persecución por el bien deberá ser algo extraño; en este mundo lleno de pecado y rebelión contra Dios, no lo es. Pedro probablemente recuerda lo dicho por Jesús y preservado para nosotros en Mateo 5:11-12 ("5:11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. 5:12 Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros").

    No es que encontremos placer en el ser perseguidos, criticados, injuriados, sino que sabemos que algo mucho mejor nos espera. Quizás nos parecemos a la mujer que se pone en forma. No le gusta el hambre, los ejercicios ni los dolores musculares, pero le encanta la idea de ser esbelta. No nos gusta que nos critiquen o nos rechacen, pero nos encanta el hecho de que la justicia, por la cual estamos sufriendo, va a triunfar.

    Jesús nos está diciendo que este mundo no es la realidad final; que es, más bien, la sala de espera para el cielo. Se cuenta del misionero Henry Morrison, después de 40 años de servicio misionero en el África, que se encontraba en su último viaje a casa en el mismo barco con el presidente Teodoro Roosevelt. Al llegar a Nueva York, había una impresionante bienvenida para el presidente, pero ni siquiera una persona llegó a saludar al misionero.

    El misionero se sintió decepcionado, pues había estado muchos años lejos de su tierra, sacrificándose por el evangelio. ¿Cómo era que, al llegar a casa, nadie le diera la bienvenida? En eso, una voz interna le dijo, Todavía no llegas a casa.

    La gloria de este mundo no se compara con lo que nos espera en el cielo.

La segunda razón que podemos llamar "dicha" a la persecución:

B. La alternativa es mucho peor (17)

    En el reino de Dios, todo queda al revés - los últimos son primeros, y los que sufren ahora se gozarán después. Pedro no está diciendo simplemente que es mejor sufrir ahora por ser buenos que por ser malos; es algo mucho más profundo.

    Él está diciendo que es mejor sufrir ahora por ser justos, sabiendo que Dios nos justificará, que sufrir después porque somos malhechores. Es decir, podemos ser seguidores de Cristo ahora, sufriendo el rechazo del mundo y la bendición de Dios después; o podemos rechazar a Cristo y gozar con el mundo, sufriendo la ira de Dios después.

    Es como los anuncios que dicen: ¡Compre hoy, pague el próximo año! Podemos comprar hoy el placer del mundo, pero estaremos pagando por toda la eternidad; o podemos pagar hoy el pequeño precio del sufrimiento, sabiendo que seremos recompensados por toda la eternidad.

    En medio del desprecio de los que nos rodean, en medio del precio que hay que pagar por ser cristiano, podemos recordar que es parte del pequeño precio que pagamos por nuestra esperanza futura.

Esto nos lleva a la aplicación personal:

II. La manera de enfrentar la persecución

A. Sin temor (14b)

    Esta frase nos invita a tener una perspectiva completamente diferente a la de nuestros perseguidores. Para ellos, las realidades finales son el prestigio, la posición social, o la salud física. Cualquier amenaza a estas cosas es atemorizante.

    Pedro nos insta a no temer lo que ellos temen. ¿Cómo? Otra vez, hallamos la respuesta en las palabras de Jesús. Leamos Mateo 10:25-33:

    10:25 Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzeb, ¿cuánto más a los de su casa?
    10:26 Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse.
    10:27 Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas.
    10:28 Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.
    10:29 ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre.
    10:30 Pues aun vuestros cabellos están todos contados.
    10:31 Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos.
    10:32 A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.
    10:33 Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.

    Vemos que Jesús sufrió el desprecio verbal; ¿cómo pensamos que nosotros no?

    Cuando estamos conscientes de la presencia y la realidad de Dios, el sufrimiento cobra un nuevo significado. El poder de nuestro Dios hace que las amenazas del mundo sean un chiste.

    En cierta ocasión, Eliseo, el profeta de Dios, proporcionó información militar al rey de Israel acerca de Siria. El rey de Siria se enteró de esto, y mandó un gran ejército contra él. Vamos a ver qué sucede en 2 Reyes 6:15-17.

    6:15 Y se levantó de mañana y salió el que servía al varón de Dios, y he aquí el ejército que tenía sitiada la ciudad, con gente de a caballo y carros. Entonces su criado le dijo: ¡Ah, señor mío! ¿qué haremos?
    6:16 El le dijo: No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos.
    6:17 Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo.

    ¡La actitud de Guiezi tuvo que cambiar radicalmente! Cuando nuestros ojos se abren a las realidades espirituales, perdemos el temor.

B. Con adoración (15-16)

    La adoración se expresa de dos maneras: de corazón y voz. Honrar a Cristo en el corazón significa prestar más atención a él que a los demás.

    Imaginen que estamos cruzando un cañón profundo por un puente muy delgado. ¿Qué va a pasar si miramos para abajo? ¡Tenemos que mantener los ojos fijos en el destino! Como creyentes, tenemos que mantener los ojos fijos en Cristo. Él tiene que ocupar 1er lugar en nuestro corazón.

    En segundo lugar, se nos llama también a confesar a Cristo con la boca. La segunda parte del verso quince lo dice. Nuestra manera de ser en medio de la persecución podrá bien resultar en oportunidades para testificar.

    Se cuenta de un joven recluta que, su primera noche en el cuartel, se arrodilló junto a su cama para orar. Cuando los demás soldados lo vieron, se empezaron a burlar de él, le tiraron botas y le dijeron groserías. La noche siguiente sucedió lo mismo, y la próxima, hasta que el soldado fue para hablar con el capellán y pedir su consejo.

    "Bueno", le dijo el capellán, "ya no estás en la casa, y los otros muchachos tienen el mismo derecho de estar en el cuartel que tú. ¿Por qué mejor no oras acostado en la cama? Dios te oirá, y así no provocas a tus compañeros."

    Pasaron dos o tres semanas, y el capellán volvió a ver al muchacho. "¿Qué tal te ha ido?" le preguntó. "¿Seguiste mi consejo?" "Intenté hacerlo", le dijo el joven, "pero me sentía mal - como un perro castigado. La tercera noche me bajé de la cama, y oré arrodillado como siempre." "¿Qué pasó?" le preguntó el capellán. "Bueno, ahora tenemos reunión de oración todas las noches, y tres se han convertido, y seguimos orando por los demás", le dijo el soldado.

    Así también, la gente puede ver nuestra vida bajo presión, bajo insultos, y ver que hay algo inexplicable en nosotros - y querrán saber por qué. La persecución nos puede presentar grandes oportunidades para testificar.

Aquí vemos uno de los propósitos de la persecución. Es una oportunidad para que demos testimonio de la realidad de la fe.

El mundo está cansado de nuevas formulas, lo nuevo y mejorado, la increíble oferta, y todo el bullicio de lo que se dice - está interesado en ver un ejemplo. ¿Estamos dispuestos a comprobar con nuestras vidas que el evangelio es real, aunque nos cueste? El costo es poco a comparación con lo que nos espera.


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