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Domingo 15 de Junio del 2003

El santo que no supo ser padre
Pastor Tony Hancock

Entre las páginas de la Biblia encontramos muchas historias del trato de Dios con los hombres, y las variadas respuestas que se dan a este trato. Entre las historias más conocidas es la historia del rey David.

Este hombre fue rey de la nación escogida durante su apogeo, unos mil años antes del nacimiento de Cristo. David fue un hombre amado por Dios. Dios mismo lo escogió como rey, cuando Saúl se mostró incapaz de gobernar bien. David escribió gran número de los Salmos, y tenía un corazón que le agradaba al Señor.

Muchos conocen la historia de la forma en que David se enfrentó al gigante Goliat, armado con sólo una honda, cinco piedras y su fe en Dios. Dios le dio la victoria sobre el temible gigante, y toda la nación de Israel fue liberada.

Sin embargo, hay otros aspectos de la vida de David que pueden no ser tan conocidas. Sobre todo, la historia de David como padre es algo ignorada, por lo general. Sin embargo, nos tiene mucho que enseñar, pues David es el santo que no supo ser padre.

Hay muchas lecciones que se pueden aprender de la vida de David. En esta mañana, sólo tenemos tiempo para mirar un evento muy trágico que sucedió dentro de su familia, para sacar de allí lecciones para nuestra propia vida familiar.

Lectura: 2 Samuel 11:1-5

11:1 Aconteció al año siguiente, en el tiempo que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab, y con él a sus siervos y a todo Israel, y destruyeron a los amonitas, y sitiaron a Rabá; pero David se quedó en Jerusalén.
11:2 Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa.
11:3 Envió David a preguntar por aquella mujer, y le dijeron: Aquella es Betsabé hija de Eliam, mujer de Urías heteo.
11:4 Y envió David mensajeros, y la tomó; y vino a él, y él durmió con ella. Luego ella se purificó de su inmundicia, y se volvió a su casa.
11:5 Y concibió la mujer, y envió a hacerlo saber a David, diciendo: Estoy encinta.

Esta sórdida historia parece no pertenecer a la historia del pueblo de Dios. Vemos a un rey algo perezoso, que en vez de salir a la guerra con sus ejércitos como era la costumbre, se quedó en el palacio descansando. En cierta tarde, se levantó de su siesta y, aburrido, empezó a pasearse por la azotea del palacio para ver qué veía. De su posición elevada podía ver a una mujer vecina que se estaba bañando en ese momento. Capturado por la lujuria y cautivado por la belleza de la mujer, David la mandó a traer al palacio, y en pocas palabras, se acostó con ella. Habría sido fatal para Betsabé rehusarse a tener relaciones con el rey. La responsabilidad completa por este acto de adulterio cayó sobre los hombros de David.

Dicho sea de paso que la tentación al pecado suele venir con más fuerza cuando tratamos de soslayar alguna responsabilidad, o cuando estamos ociosos. Los puritanos solían decir: La mano ociosa es taller del diablo. Por su pereza David cayó en la tentación sexual. Pero en lugar de reconocer su error y arrepentirse, él rebuscó la forma de ocultar lo que había sucedido. Cuando fue informado de que la mujer había quedado encinta, primeramente mandó a traer a su esposo - que era soldado - y, bajo pretexto de darle algún descanso de su arduo trabajo en el campo de batalla, le dio permiso para que se quedara en su casa una noche.

Este sujeto, sin embargo, fue muy distinto a nuestro rey ocioso. En lugar de aprovechar la oportunidad de tener un momento de descanso y placer en su hogar con su bella esposa, Urías - esposo de Betsabé - se rehusó a irse a la casa y se quedó durmiendo en la entrada del palacio, con los guardias reales. Él no estaba dispuesto a descansar en tranquilidad y en lujo mientras sus compañeros de batalla estaban acampados en tiendas de campaña. ¡Qué distinto al rey David, quien se había quedado descansando mientras los soldados arriesgaban la vida en el campo de batalla!

David llegó hasta a invitar a Urías a un banquete en el palacio y lo emborrachó, pensando que así iría a su casa. Esto tampoco funcionó. La dedicación y la conciencia de Urías le causaron un problema a David, pues no podría disimular el embarazo de Betsabé de este modo. Al regresar Urías a su batallón, David envió con él un mensaje al capitán del ejército con instrucciones de que Urías fuese colocado al frente, donde sería el blanco de las flechas del enemigo. Éste plan sí tuvo resultado, y Urías murió valientemente en el campo de batalla. David, en cambio, se convirtió, no sólo en adúltero, sino en asesino.

Lo que David había hecho no le pareció bien al Señor. El rey, quien debía servir de ejemplo al pueblo, había violado la ley divina de una forma descarada. El profeta Natán vino con un mensaje del Señor para David. El mensaje se encuentra en el capítulo doce. Desgraciadamente no tenemos tiempo para leerlo ahora, pero les recomiendo que lo lean en casa. El resultado, de todos modos, fue que David reconoció su pecado y se arrepintió de él. Declaró su culpa y se humilló ante el Señor. El Salmo 51 es su declaración de arrepentimiento ante su falla.

Sin embargo, las consecuencias del pecado de David no se acabaron con su declaración de arrepentimiento. Para darnos cuenta de esto, podemos observar los eventos del capítulo siguiente.

Leamos 2 Samuel 13:1-2:

13:1 Aconteció después de esto, que teniendo Absalón hijo de David una hermana hermosa que se llamaba Tamar, se enamoró de ella Amnón hijo de David.
13:2 Y estaba Amnón angustiado hasta enfermarse por Tamar su hermana, pues por ser ella virgen, le parecía a Amnón que sería difícil hacerle cosa alguna.

¿Qué sucede aquí? El hijo mayor de David, llamado Amnón, vio a su media hermana, Tamar, y la deseó. ¿Se acuerdan de alguna situación similar? David también había visto a una mujer, y la había deseado. Amnón, entonces, con la ayuda de un consejero, tramó un plan para lograr lo que quería. Fingiendo una enfermedad, pidió a su padre que enviara a su hermana Tamar para que le cocinara algo.

Dios nos llama la atención a la comparación entre lo sucedido con David y lo que hizo Amnón con algunos detalles. Nos damos cuenta, por ejemplo, de que Amnón se acostó sobre una cama para llevar a cabo su plan. David, cuando vio a Betsabé, se acababa de levantar de la cama.

Cuando llegó Tamar a ver a Amnón, él quiso mirarla mientras preparaba la comida. De igual modo, David había observado a Betsabé. Después de que Tamar terminó de preparar la comida, Amnón mandó a sus sirvientes que los dejaran solos. De igual modo, David había mandado a sus sirvientes a que trajeran a Betsabé. Quedándose solo con Tamar, la historia nos cuenta lo que hizo Amnón. Leamos los versículos diez al dieciocho (primera parte). A pesar de sus súplicas, él se valió de su fuerza y la violó.

Luego del evento, sintió asco por ella, y con la misma violencia que la había violado la echó de su apartamento. Ella huyó a casa de su otro hermano, Absalón, y se quedó con él. Veamos la reacción de David en el verso veintiuno: "13:21 Y luego que el rey David oyó todo esto, se enojó mucho".

¡Qué interesante! David se enfureció al saber lo que había sucedido, pero - según lo que la Biblia registra - no hizo nada. Por lo menos, al principio del verso veintitrés, se nos dice que han pasado dos años - y no se ve ninguna respuesta del rey.

El que sí reaccionó fue Absalón. Enfurecido por lo que le había pasado a su hermana, decidió vengarse de Amnón. Astutamente esperó la oportunidad precisa. Cuando le pareció propicio el momento, hizo una fiesta en una parte campestre a unos 30 Km. de la capital e invitó a toda la familia real. Su padre le expresó que sería demasiada carga para Absalón hospedar a toda la familia real. Quizás fue la respuesta que Absalón esperaba. En todo caso, insistió en que por lo menos lo acompañara Amnón. Su padre no quiso, pero tanto insistió Absalón que David permitió que Amnón, junto con sus demás hijos, acompañaran a Absalón. Quizás pensó que ya su ira contra Amnón se había calmado.

Así no fue. Leamos los versos veintiocho y veintinueve para ver qué pasó:

13:28 Y Absalón había dado orden a sus criados, diciendo: Os ruego que miréis cuando el corazón de Amnón esté alegre por el vino; y al decir yo: Herid a Amnón, entonces matadle, y no temáis, pues yo os lo he mandado. Esforzaos, pues, y sed valientes.
13:29 Y los criados de Absalón hicieron con Amnón como Absalón les había mandado. Entonces se levantaron todos los hijos del rey, y montaron cada uno en su mula, y huyeron.

Absalón emborrachó a Amnón, así como David había emborrachado a Urías. En el momento indicado, dio la señal y murió su hermano.

Cuando recibió David la noticia, empezó a llorar desconsoladamente. Absalón huyó de la escena, y se fue a vivir en otra parte. Nuevamente, no se registra que David haya hecho nada para vengar la muerte de su hijo, o para castigar al asesino. Se quedó llorando e inactivo.

Aquí está la gran tragedia de la familia de David. Cualquier padre puede tener hijos rebeldes, pero David mismo sembró la semilla de la horrible caída de sus hijos Amnón y Absalón. Su pecado sexual y el homicidio que cometió para ocultarlo fueron la inspiración para sus hijos. A ti que eres padre, déjame decirte:

I. Tus pecados les servirán de inspiración a tus hijos

El dicho dice, Haz tú lo que bien digo, no lo que mal hago. Desgraciadamente, este consejo no funciona con los hijos. No importa qué tan bien les enseñes el camino del bien y del mal, ellos seguirán tu ejemplo más que tus palabras.

Si no te motivas a cambiar tu forma de vivir por tu propio bien, hazlo por el bien de tus hijos. Ellos están observando tu forma de vivir. Aunque quieran vivir de una forma distinta, les será muy difícil si no han visto un buen ejemplo.

Muchos de los pecados que corren de generación en generación, como el machismo, la borrachera y la violencia doméstica, son muy persistentes. El joven puede decidir que no desea seguir el ejemplo de su papá, pero cuando llegan las presiones, cae en la misma trampa.

La buena noticia es que, aunque es sumamente difícil para un individuo dejar atrás el legado negativo que ha recibido de su padre, para Dios no es difícil. Si tú quieres darles un legado distinto a tus hijos, entregándoles un ejemplo positivo, Dios lo puede hacer en ti. Y si no sientes la necesidad de hacerlo, fíjate en esto: no sólo les servirán de inspiración, sino que

II. Tus pecados te estorbarán al disciplinar a tus hijos

¿Recuerdas la reacción de David ante la violación de Tamar, y el asesinato de Amnón? Sólo tristeza. Él no tomó ninguna acción, quizás porque pensaba que sería una hipocresía para él. En todo caso, si lo hubiera tratado de hacer, es muy probable que sus hijos no lo hubieran respetado.

Tú, padre, ¿cómo podrás dar dirección a tus hijos, si tu propia vida carece de ella? ¿Cómo podrás confrontar sus malas elecciones si tú mismo les has dado el ejemplo? ¿Cómo podrás decirle a tu hija que no sea callejera si tú mismo eres mujeriego? ¿Cómo podrás decirle a tu hijo que no use drogas si tú mismo eres borracho?

Y si no eres ni mujeriego ni borracho, puede ser que tengas otras mañas que serán destructivas para la vida de tus hijos. Quizás eres enojón, u holgazán, o irrespetuoso de Dios. No importa cuál sea tu pecado, tu responsabilidad de padre significa que sus efectos se magnificarán en tus hijos.

La vida de David, aunque contiene mucho de bueno, también nos demuestra el camino al fracaso como padre. Felizmente, fue un descendiente del mismo David que vino para mostrarnos el camino hacia la vida.

Jesucristo dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Quizás tú no tuviste el buen ejemplo de un padre - tu padre se parecía demasiado a David. Tú no tienes que seguir su ejemplo. No tienes que vivir condenado a pasar ese mal ejemplo a tus hijos.

Puedes experimentar una transformación, si permites que Jesucristo tome el control de tu vida. Si nunca lo has hecho, invítale a entrar en tu vida y tomar las riendas. Dile que estás arrepentido por tus pecados, y que quieres que él te cambie. Él lo hará.


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