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Domingo 18 de Mayo del 2003

Destrucción desde adentro
Pastor Tony Hancock

Frente a mi casa hay un árbol de pino. El árbol tiene hojas verdes, y cuando llega su temporada, produce las bellotas típicas de su especie. Sin embargo, el árbol tiene un problema. Está inclinado, y sus días de vida son contados. Lo que sucede es que, de alguna manera, la polilla se metió al tronco de este árbol. Empezó a comer la madera, y ha ido destruyendo poco a poco la vida del árbol.

Lo que ha sucedido con este árbol puede suceder también con las personas y con las iglesias. Aunque resistan el viento y las demás presiones externas, pueden sucumbir a la destrucción desde adentro.

Esto fue lo que estaba sucediendo con la iglesia de Pérgamo cuando Jesús le escribió. Ellos se habían mantenido fieles a él frente a las persecuciones y el sufrimiento, pero estaban a punto de ser destruidos desde adentro.

¿Será que nosotros también estamos en peligro de caer ante estas presiones? Leamos el pasaje para hacernos la pregunta.

Lectura: Apocalipsis 2:12-17

2:12 Y escribe al ángel de la iglesia en PÉRGAMO: El que tiene la espada aguda de dos filos, dice estas cosas:
2:13 Yo sé tus obras, y dónde moras, donde está la silla de Satanás; y retienes mi nombre, y no has negado mi fe, aun en los días en que fué Antipas mi testigo fiel, el cual ha sido muerto entre vosotros, donde Satanás mora.
2:14 Pero tengo unas pocas cosas contra ti: porque tú tienes ahí los que tienen la doctrina de ahí los que tienen la doctrina de Balaam, el cual enseñaba á Balac á poner escándalo delante de los hijos de Israel, á comer de cosas sacrificadas á los ídolos, y á cometer fornicación.
2:15 Así también tú tienes á los que tienen la doctrina de los Nicolaítas, lo cual yo aborrezco.
2:16 Arrepiéntete, porque de otra manera vendré á ti presto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca.
2:17 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias. Al que venciere, daré á comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita un nombre nuevo escrito, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.

Hay algunas referencias algo misteriosas en esta carta. No sabemos nada, por ejemplo, del mártir Antipas que se menciona. Es obvio, de todos modos, que esta iglesia había resistido la presión de la sociedad. Los gobernantes habían lanzado sus más feroces ataques contra los miembros de la iglesia, y éstos se habían mantenido firmes.

Sin embargo, la iglesia se estaba destruyendo por dentro. Albergaba en su congregación a ciertas personas que tenían prácticas sumamente peligrosas para el bienestar de la iglesia. Aunque no todos los miembros de la iglesia participaban en estas prácticas - acerca de las cuales diremos más en un momento - todos las toleraban. La iglesia no había tomado ninguna acción para quitar a estas personas de la congregación o para disciplinarlas.

Por no tomar ninguna acción positiva, entonces, la iglesia se volvía cómplice del error. Jesús les advierte que, si ellos no responden, él mismo tendría que venir contra ellos para juzgar y para quitar de ellos a estas personas que contaminaban la pureza de la iglesia.

Hay un mensaje claro aquí para nosotros.

I. Los ataques a la iglesia no sólo vienen desde afuera

En los días en que la pequeña nación de Israel iba hacia la tierra prometida, un rey llamado Balac quiso detener el avance del pueblo escogido y derrotarlo. Contrató a un profeta llamado Balaam para maldecir al pueblo. Dios no permitió que Balaam maldijera al pueblo. Inclusive le habló por la boca de su burro. Cuando Balaam llegó al lugar donde iba a declarar la maldición contra el pueblo, Dios le obligó a pronunciar más bien una bendición.

El rey Balac se enojó, pues el profeta no había hecho lo que le había contratado para que hiciera. Balaam entonces pensó en otro plan. No podía atacar de una manera directa a los israelitas, pues Dios no se lo permitía. Sugirió más bien que las mujeres de la nación invitaran a los hombres israelitas a participar con ellas en las fiestas de sus dioses. Estas fiestas eran celebraciones inmorales en las que abundaban la comida, la bebida y el desenfreno. La fidelidad matrimonial o la castidad ya no importaban. Los israelitas, atraídos por el libertinaje y el desenfreno, dejaron atrás la adoración pura del Dios santo y fueron tras estas prácticas.

Dios vio lo que estaba pasando, y se enfureció. Tuvieron que morir todos los hombres que habían participado en estas celebraciones paganas. La razón es que se estaba atacando el corazón de lo que definía al pueblo israelita, su dedicación a Dios y su adoración a él.

Lo que Balaam no podía hacer desde afuera con sus artes mágicas - invocar una maldición sobre el pueblo de Israel - las mujeres moabitas lo lograron seduciendo a los hombres israelitas. Al ellos dejar atrás su fe y su dedicación al Señor, estaban perjudicando su existencia como nación.

A nosotros también,

II. La atracción del placer nos puede llevar a contaminar nuestra fe en Cristo

Los sucesos de Balaam y Balac tuvieron lugar mientras los israelitas andaban por el desierto después de salir de su cautiverio en la nación de Egipto. Adelantamos la cinta ahora unos 1.500 años para llegar a la época en la que Jesús escribió a la iglesia de Pérgamo.

Encontramos que una situación similar se había presentado. En Pérgamo había dos problemas. En primer lugar, algunos miembros participaban conscientemente en fiestas en honor a los dioses paganos, en las que se consumía carne que se había sacrificado a estos dioses. El Nuevo Testamento declara que no es pecado comer carne que se había sacrificado a un ídolo, si uno lo hace sin saberlo; en fin, la carne es carne. Sin embargo, cuando uno lo hace conscientemente, ya está participando en la adoración al falso dios.

En algunas partes de América Latina aún sobreviven celebraciones dedicadas a dioses paganos, como el Día de los Muertos. En estos casos, el creyente no deberá participar conscientemente en estas celebraciones. En cambio, si llega a saber después de comer con un vecino que la comida proviene de alguna celebración pagana, no debe sentirse mal.

El problema en Pérgamo era que algunos miembros pretendían adorar a Dios un día, y otro día unirse a las celebraciones sociales en honor a otros dioses. Esto simplemente no puede ser.

El otro problema que se presentaba era del libertinaje sexual. Como parte de las celebraciones paganas, como se hacía en Moab, en días de los israelitas, también se hacía en Pérgamo. Los días de fiesta eran días de gran libertinaje. En algunos de los templos había mujeres llamadas "sacerdotisas" que eran realmente prostitutas. Al parecer, algunos de los miembros de la iglesia de Pérgamo no veían nada de malo en participar en estas fiestas, con su desenfreno. Quizás creían que podrían luego confesar el pecado, y ya. Quizás pensaban que el cuerpo se muere, así que no importa lo que se haga con él.

Jesús rechaza rotundamente estas ideas, indicando que el pecado sexual es un gran peligro para la salud de la iglesia. De hecho, la participación en las fiestas de los ídolos y la fornicación van juntas. El predicador latinoamericano Alfredo Smith dijo en alguna ocasión que donde hay idolatría, hay inmoralidad.

Contaba un miembro de nuestra iglesia en Lima que, antes de su conversión, había sido uno de los cargadores del Señor de los Milagros, gran imagen religiosa cuya fiesta se celebra en octubre. Después de la gran experiencia religiosa de portar esta imagen por las calles de Lima ante miles de adoradores, este hombre se emborrachaba y buscaba mujeres ajenas para echarse con ellas. Vemos aquí cómo las celebraciones idolátricas naturalmente resultan en desenfreno y libertinaje. En otras palabras, donde no se adora al Dios verdadero, la idolatría y la inmoralidad son compañeros.

Como creyentes, es necesario que seamos muy cautelosos. El mundo que nos rodea nos atrae de mil maneras con su seducción. Si no nos ataca directamente con presión para negar a Cristo, nos puede cautivar con la sensualidad. ¿Cuántos cristianos hay que se han dejado llevar por alguna mujer no creyente o algún hombre incrédulo, y han terminado alejándose poco a poco de la iglesia? ¿Cuántos cristianos hay que han permitido que la pornografía llegue a ser una costumbre destructiva para su salud espiritual? ¿Cuántos cristianos hay que viven en pureza el domingo, y se contaminan la mente de lunes a sábado?

La iglesia no puede seguir así. Jesús no permitirá que la iglesia albergue tal contaminación. Por lo tanto,

III. La espada de la Palabra es la defensa indicada

Jesús se describe en el principio como "el que tiene la aguda espada de dos filos". Esa espada es su Palabra, que es tan aguda que divide hasta el interior de los huesos. Esa espada es inevitable, pues no importa en cual dirección da vuelta uno, hay filo. Pero esa espada puede funcionar de dos maneras distintas. Esa espada filosa puede ser la navaja del cirujano, que corta con el propósito de quitar la infección y sanar; o puede ser la espada del soldado, que mata y destruye.

Lo que será esa Palabra para nosotros depende solamente de nuestra reacción a ella. Si la aplicamos a nuestras vidas para arrepentirnos y ser transformados por el poder de Dios, es la navaja del cirujano. Puede ser que duela en ese momento, pero al dolor seguirá la sanidad.

Dice Pablo: Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo. (1 Corintios 11:31-32) Si no deseamos ser castigados o, peor, condenados, nos urge aplicar esa Palabra a nuestra vida - aunque duela.

¿En qué condiciones se encuentra esta iglesia? Cada uno de nosotros deberá examinarse para estar seguro de no ser ocasión de tropiezo, polilla que contribuirá a la destrucción de la iglesia por dentro.

Jesús nos hace una tremenda promesa si triunfamos. Nos promete comida especial, mayor que el maná que comieron los israelitas en el desierto; y una piedra blanca, quizás símbolo de nuestra justificación, con un nombre secreto. Vale la pena luchar contra la carne y las atracciones de la falsa religión para recibir tal recompensa.


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