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Domingo 4 de Mayo del 2003

¿Quién es tu Señor?
Pastor Tony Hancock

La ciudad de Esmirna era una de las ciudades más grandes y más bellas del antiguo imperio romano. Allí nació el famoso poeta griego Homero. Por su lealtad a Roma, Esmirna se había ganado el privilegio de gobernarse a sí misma. Era una ciudad rica en la que florecían las ciencias y la medicina. Era también una ciudad muy religiosa. En el centro de la ciudad estaba la "Calle Dorada", con templos a Zeus y a la Cibeles, entre otros dioses importantes.

Esmirna fue también un centro de la adoración al emperador. Una vez al año, cada ciudadano tenía que quemar incienso sobre el altar del emperador, y luego declarar: Cesar es señor. Después de participar en este rito, el ciudadano recibía un certificado que declaraba que había cumplido con su responsabilidad. Este rito era, más que nada, una responsabilidad cívica. Era una manera de fomentar la lealtad al emperador. Sin embargo, se volvió algo muy problemático para los cristianos.

El cristiano tiene sólo un Señor – Cristo Jesús. Afirmar la lealtad a algún otro Señor es imposible. Los cristianos fueron perseguidos por no rendirle culto al César; muchos perdían sus posesiones, y en algunos casos, hasta perdieron la vida.

A esta iglesia Jesús escribe una carta de ánimo. De las siete cartas que aparecen en el libro de Apocalipsis, sólo dos no contienen corrección o censura. Ésta es una de ellas. ¿Por qué se sentía Jesús tan contento con la iglesia de Esmirna? Simplemente porque ellos eran fieles a su Señor a pesar de la presión. En realidad, esto es lo que Cristo pide de nosotros también.

Leamos la carta que Jesús les escribió.

Lectura: Apocalipsis 2:8-11

2:8 Y escribe al ángel de la iglesia en SMIRNA: El primero y postrero, que fué muerto, y vivió, dice estas cosas:
2:9 Yo sé tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser Judíos, y no lo son, mas son sinagoga de Satanás.
2:10 No tengas ningún temor de las cosas que has de padecer. He aquí, el diablo ha de enviar algunos de vosotros á la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación de diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.
2:11 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias. El que venciere, no recibirá daño de la muerte segunda.

La iglesia a la que Jesucristo escribió no era una iglesia impresionante. No se reunía en un bello edificio, no tenía gran influencia en la comunidad, y su membresía no incluía a los poderosos de la ciudad. Se trataba de una iglesia pobre y menospreciada. Esta iglesia sufría por su fe. A los ojos de Cristo, sin embargo, ellos eran ricos. Ellos nos enseñan a nosotros cómo tener la verdadera riqueza también.

I. Cristo nos llama a rechazar a los falsos señores

Hay dos falsos señores que se presentan en este pasaje. Estos dos señores buscan nuestra adoración. De alguna manera u otra, quieren obligarnos a doblegar la rodilla ante su autoridad.

El primer falso señor es la falsa prosperidad. Recordemos la razón de la pobreza y los sufrimientos de los cristianos de Esmirna. Ellos no querían reconocer la autoridad del emperador. Esa autoridad era la fuente de la prosperidad de Esmirna. Esta ciudad era rica y poderosa precisamente porque le rendía culto y honor al emperador romano. Durante la vida de Jesús, en el año 23, esta ciudad recibió el honor de ser el lugar donde se construyó el primer templo en honor al emperador Tiberio.

Era por su apoyo al emperador y su lealtad que Esmirna se había hecho rica. Era por el favor de Roma que ella pudo disfrutar de los favores políticos que llevaron a su poder. Sin embargo, esa prosperidad vino con un gran precio. El precio era reconocer la autoridad suprema del emperador. Había que declarar que el césar era señor.

Hoy en día la falsa prosperidad nos llama, a pesar de que no tengamos que afirmar nuestra lealtad al emperador romano. Hay muchas formas en que el mundo nos promete la prosperidad, a cambio de nuestra lealtad.

Algunas personas, por ejemplo, toman la decisión de abortar a un niño, simplemente porque no quieren cargar con los gastos de criarlo. Deciden seguir la supuesta prosperidad, y doblegar la rodilla ante el señor de la muerte. Otros sacrifican su asistencia a la iglesia por buscar el avance en el trabajo. Están dispuestos a prestarle más atención a su jefe en el trabajo que al verdadero Señor. Buscan la riqueza mundana más que la riqueza espiritual. En cada caso, se busca la falsa prosperidad. Es falsa porque es superficial y efímera. La verdadera prosperidad es la prosperidad del alma, que puede o no reflejarse en abundancia material.

El segundo falso señor es la falsa religión. Vemos que los creyentes de Esmirna también sufrían a manos de los judíos que los hostigaban por su religión. Estos judíos creían ser seguidores del Dios verdadero, pero en su error, estaban realmente adorando al enemigo.

Hay muchas falsas religiones en el mundo, pero detrás de todas ellas está la misma figura. Sus seguidores pueden ser sinceros, pero en su ignorancia están lejos del Dios verdadero. La peor falsa religión es la que tiene algo de verdad. Estos judíos conocían parte de la revelación de Dios, y por ello odiaban con más fuerza a quienes seguían a Dios en verdad. Quizás tu familia o tus amigos siguen una falsa religión. Puede ser que te hostiguen por tu decisión de seguir al Señor. Debes de reconocer que hay un precio a pagar por rechazar a ese falso señor. No lo ignores.

Cristo nos está llamando a rechazar a los falsos señores. Y tú: ¿a quién adoras? ¿Quién es tu Señor? ¿Estás siguiendo al señor de la falsa prosperidad? Es una tentación muy grande en el mundo actual. Se nos dice que seremos felices si tan sólo tenemos más cosas. Quizás te dejas llevar por la presión de la falsa religión. Fíjate en quién está detrás de eso. ¿De veras quieres adorarle a él? Cristo tiene otro mensaje para nosotros.

II. Cristo nos llama a seguir al verdadero Señor

Cristo mismo ganó la victoria sobre el diablo y su poder. Como él mismo dice en el verso ocho, es el que murió y volvió a vivir. El poder del diablo está en el pecado y en la muerte.

Cristo mismo venció la muerte. Él mismo ha vencido al falso señor. Él ahora nos llama a compartir su victoria. Nos llama a la verdad y la vida que él mismo representa, que toman el lugar de la falsedad y la confusión que dominan el mundo actual. Por eso, Jesús nos dice: No tengas miedo. La iglesia de Esmirna estaba a punto de experimentar mayor persecución a causa de su fe en Cristo. Jesús les dijo: No tengan miedo.

Jesús ya ganó la victoria sobre el enemigo, y cualquier daño que éste nos pueda hacer es simplemente temporal. Si estamos con Jesús, tenemos la seguridad de la victoria. Es más, Jesús nos promete un premio si lo seguimos. Jesús dice: Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida. Habrá una corona de honor para el que se mantenga fiel a Jesús a pesar de los problemas.

Tantas veces nos preocupamos por lo que dirá la gente de nosotros. Nos esforzamos en mantener una apariencia buena, en que la gente hable bien de nosotros, aunque las apariencias sean falsas. ¡Cuánto más importante es que Jesús hable bien de nosotros! Él mismo nos dará la corona de la vida, si somos fieles a él, cueste lo que cueste.

Los grandes templos de Esmirna hoy están en ruinas. Sus poderosos líderes han pasado a la historia. El poderoso emperador a quien todos debían adorar es solamente una memoria. Los cristianos pobres y perseguidos, sin embargo, hoy están en la presencia de su Señor. Han recibido de él gran honor. Mientras sus enemigos sufren el castigo, ellos disfrutan por siempre de la presencia de Dios.

Ellos se mantuvieron fieles al Señor, y Cristo los bendijo. Dime: ¿quién es tu Señor? ¿A quién adoras? Hay muchos falsos señores, pero sólo hay uno verdadero que te ofrece la vida verdadera.


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