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Domingo 6 de Abril del 2003

Visión en un mundo de tinieblas
Pastor Tony Hancock

La presente guerra en el país de Irak ha producido, entre otras cosas, una fascinación con los aparatos de la guerra. El progreso tecnológico en los últimos diez años ha producido nuevos sistemas de guía para los misiles, nuevas computadoras para uso en el campo de batalla, y nuevas formas de comunicación.

Uno de los aparatos que ha evolucionado poco desde la última guerra en el Golfo Pérsico, sin embargo, es uno de los más interesantes. Se trata de los sistemas de visión nocturna. Los aparatos que se usan en la actualidad son los mismos que se fabricaron para la Primera Guerra del Golfo. Algunos modelos de estos sistemas están disponibles para el uso civil, aunque los modelos que usa el ejército norteamericano cuestan arriba de $2.500. Estos sistemas operan en base a la luz infrarroja, utilizando un pequeño emisor de bandas de luz que son invisibles para el ojo humano e interpretando el ambiente en base a sus reflejos. Permiten al que los usa ver en condiciones de total oscuridad, aunque no muestran los colores de los objetos. Sin embargo, bajo condiciones de guerra urbana, dan una gran ventaja a quienes los posee.

Nosotros también vivimos en un mundo de tinieblas. Las cosas no son tan claras como quisiéramos. Es fácil tener dudas acerca de la realidad, tener confusión acerca de nuestros objetivos y tener inseguridad en cuanto a nuestros verdaderos enemigos.

Hay un libro de la Biblia que fue escrito con el fin de funcionar como un sistema de visión nocturna para el creyente. Este libro nos da visión en un mundo de tinieblas, para que tengamos claridad de vista. Pasaremos algunas semanas en este libro, aprendiendo las lecciones que Dios tiene para nosotros y aprendiendo a ver de noche.

Lectura: Apocalipsis 1:1-8

1:1 La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan,
1:2 que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.
1:3 Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.
1:4 Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono;
1:5 y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,
1:6 y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.
1:7 He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.
1:8 Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.

Muchos de los libros que forman parte del Nuevo Testamento son cartas o epístolas, y Apocalipsis también lo es. Al parecer, fue una carta circular que fue escrita inicialmente a siete iglesias de Asia, con mensajes específicos para cada iglesia y un mensaje general para todas.

Muchas veces, cuando leemos una carta pasamos por alto la parte inicial. Los saludos pueden ser algo estereotipados, y preferimos llegar de lleno a lo interesante.

Cometemos un error si tomamos esta decisión con el libro de Apocalipsis. La introducción y el saludo son muy importantes – tanto para entender el libro como para vivir aquí en el mundo.

En los ocho versículos que hemos leído podemos aprender tres cosas muy importantes que nos ayudan a tener visión en este mundo oscuro.

I. La bendición viene de recibir la revelación

La verdad es que todos buscamos la bendición, aunque podemos llamarla por diferentes nombres. Algunos la llaman éxito. Otros la llaman suerte. De cualquier manera, queremos de algún modo entrar en un nivel de vida más elevado, en el cual podemos experimentar gozo y satisfacción.

En gran medida, le vida se trata de buscar esa bendición. ¿Cómo la podemos encontrar? El versículo tres nos da la respuesta. Nos dice: Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan las palabras de este mensaje profético y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque el tiempo de su cumplimiento está cerca.

La palabra dichoso se refiere al estado de bendición, de tener el gusto de conocer la bendición de Dios, de vivir bajo su favor. En medio de este mundo de confusión, nos dice el pasaje, la dicha viene de escuchar y hacer caso al mensaje profético.

Si recordamos el contexto original de este libro que sería leído como carta en las diferentes iglesias a las que llegaba, entendemos que se está pronunciando bendición sobre el líder que leyera la carta y la congregación que lo oyera. Sin embargo, nosotros también nos encontramos entre los destinatarios de la carta, ya que el Espíritu Santo lo ha inspirado para dirección de los creyentes de toda era, y no solamente para las siete iglesias de Asia.

Podemos, entonces, darnos cuenta de que Dios nos da su revelación como una fuente de bendición. En otras palabras, la manera de vivir bajo la bendición de Dios en este mundo tan confuso es conocer la verdad que él nos ha revelado y vivir según esa verdad.

Quizás de niño jugaste con los tintes invisibles. El más fácil de obtener es el jugo de limón. Se escribe un mensaje sobre algún papel usando el jugo de limón, y al secarse, desaparece. Para hacer que vuelva, simplemente hay que calentar el papel con una llama (muy cuidadosamente) o con una plancha caliente, y ¡cómo magia! aparece el mensaje.

De igual modo, la revelación de Dios hace que nuestro camino en este mundo aparezca. Cuando estudiamos la Palabra, cuando la oímos enseñar, cuando el Espíritu Santo la usa para enseñarnos, entonces nuestro camino y nuestro propósito aparecen con claridad.

La bendición viene cuando recibimos la revelación, la creemos y la ponemos en práctica. Déjame preguntarte: ¿te estás dejando guiar por la revelación de Dios? ¿Tomas tiempo para escucharla, para leerla, para vivirla? Esta es la fuente de bendición.

II. La gracia y la paz vienen del Dios trino

Juan, el escritor de la carta, desea a sus lectores gracia y paz. No es, sin embargo, un simple deseo; Juan sabe de dónde podrán recibir la gracia y la paz. Él hace referencia primero a Dios el Padre. Su descripción en el versículo cuatro es una referencia el nombre Yavé o Jehová, que significa "yo soy".

Luego menciona al Espíritu Santo. Puede parecer algo misteriosa su mención de siete Espíritus, pero probablemente es una referencia a la perfección del Espíritu – ya que siete es el número de la perfección – y quizás de su presencia en las siete iglesias.

Finalmente, vemos que se menciona a Jesucristo. Su mención al final no refleja su importancia, ya que es a él que se describe más plenamente. Juan nos da una descripción conmovedora del amor de Jesucristo en los versos cinco y seis. Este amor es su esperanza y su luz en un mundo que se ha vuelto muy oscuro.

Detengámonos un momento para pensar en las circunstancias de Juan al escribir estas palabras. Era probablemente el último de los apóstoles que quedaba vivo. Todos los demás habían muerto, la mayoría violentamente. Estaba encarcelado en una isla, lejos del apoyo de su iglesia. Era un hombre anciano ya, con todos los malestares físicos que acompañan la vejez.

Sin embargo, él estaba más convencido que nunca de que Cristo lo amaba, que estaba en control de todo, y que su posición era gloriosa. En otras palabras, podemos aprender de él que Cristo nos está amando y cuidando, cualesquiera que sean nuestras circunstancias.

La gracia y la paz tienen su fuente en el amor de Dios, mostrado en Jesucristo. La paz en el uso bíblico se refiere a más que una sensación de tranquilidad. La paz es el bienestar total, el estado de protección y prosperidad que todos anhelamos tener. Dios nos da paz del alma, aun cuando nuestro cuerpo está afligido.

La gracia se puede ilustrar con la siguiente historia. El conocido evangelista Billy Graham manejaba por un pequeño pueblo en el sur de los Estados Unidos cuando de repente lo detuvo un policía y lo multó por exceso de velocidad. Graham reconoció su culpa, pero el oficial le dijo que tendría que comparecer ante el juez.

El juez le preguntó: ¿Culpable o no culpable? Cuando Graham se declaró culpable, el juez le dijo: La multa será de diez dólares – un dólar por cada milla encima del límite. De repente el juez reconoció al famoso ministro. Le dijo: Usted ha violado la ley. Se tiene que pagar la multa – pero yo se la pagaré. Sacando un billete de la cartera, canceló la multa, y luego invitó a Graham a cenar y le compró una deliciosa comida.

Dice Billy Graham: ¡Así es que Dios trata al pecador arrepentido! Esa es la gracia de Dios. Cristo pagó por nuestros delitos, librándonos del pecado por su sangre. Pero no sólo eso; nos ha hecho sacerdotes al servicio de su Padre, dándonos un honor y una posición que jamás mereceríamos.

Es por esta razón que, al navegar por este mundo oscuro, tenemos que recordar que

III. La gloria y el poder van al Señor que nos redimió

Está semana leí la historia de algunos políticos en otro estado de nuestro país que votaron en contra de cierta legislación monetaria. Sobre su oposición la legislación fue aprobada, y ahora, con sublime hipocresía, hacen alarde a sus constituyentes de la gran cantidad de dinero que ellos han traído a su estado – ¡mediante la legislación que ellos pretendían derrotar!

Este es un caso muy obvio de robarse la gloria. Con Jesucristo no es así. Cuando se nos dice que a él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos, es porque Cristo se los merece.

Cristo merece la gloria por lo que hizo en el pasado. Dejando el cielo y sus derechos como Hijo de Dios, él vertió su sangre para lavar nuestros pecados. Cristo también merece la gloria por lo que hace en el presente. El nos ama. Tiene cuidado de cada uno de nosotros. Está presente en su iglesia, y trabaja – como su Padre trabaja.

Cristo también merece la gloria por lo que hará. El vendrá en las nubes, y todo el mundo lo verá. Los que lo rechazaron en su primera venida, y los que lo siguen rechazando, lo verán – y lamentarán. Ya será muy tarde para ellos. Su orgullo y aparente victoria se transformarán en llanto, pero será muy tarde para el arrepentimiento.

Démosle, entonces, a Cristo la gloria con nuestras palabras, con nuestros pensamientos, y con nuestras vidas. Aprendamos a vivir en este mundo de oscuridad siguiendo la luz de la revelación divina. Y busquemos la gracia y la paz que sólo vienen del Dios trino, mediados por Jesucristo.


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