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Domingo 22 de Abril de 2018

Vivir con visión
Pastor Tony Hancock

Una anciana fue al doctor para revisarse la vista. Con los años veía cada vez menos, y el doctor no tenía muy buenas noticias. "Lo siento", le dijo, "pero no hay mucho que podamos hacer. Usted seguirá viendo cada vez menos." La mujer cristiana comenzó a hablarle de todo lo que el Señor había hecho por ella a lo largo de los años. Le habló de la esperanza que tenía en Cristo, y de la salvación.

El doctor le respondió: "Le felicito, señora. Usted no tiene vista, pero tiene visión." ¡Qué bendición es la vista! Hay animales que viven en las cuevas y la han perdido. Jamás verán el sol salir, nunca apreciarán la belleza de las flores ni la majestad de un águila en vuelo. Es una gran bendición poder y disfrutar de todas estas cosas.

Pero hay muchísima gente que disfruta de vista perfecta, pero no tiene visión. ¿Qué es la visión? Es la capacidad de ver lo que puede ser. Es el poder para entender que hay una realidad más allá de lo visible, un mundo más real de lo que vemos con los ojos y un Dios que siempre nos está llamando a algo más. Siempre nos está llamando a algo más.

Sin visión, la vida se estanca. Sin visión, el potencial se pierde. Sin visión, el futuro se viste de gris y todo parece imposible. ¿Cómo podemos vivir con visión? ¿Cómo podemos ver más allá del presente y lanzarnos hacia el futuro que Dios tiene preparado para nosotros? Encontramos las respuestas en la vida de un hombre llamado Nehemías.

Unos cien años antes de que él naciera, la familia de Nehemías había sido llevada a la fuerza a una nueva tierra. Otra nación había conquistado su territorio y los habían llevado a vivir en un lugar lejano. Ellos eran judíos, de la nación escogida de Dios; pero El permitió que fueran conquistados como castigo por su maldad. Todo lo que tenían había quedado destruido.

Nehemías creció lejos de la tierra que Dios les había dado a sus antepasados. Llegó a tener una buena posición en el gobierno de la tierra donde había vivido. Sin embargo, sus padres le habían enseñado acerca de Dios, acerca de su tierra y acerca de su Palabra. Aunque vivía lejos de la tierra, la llevaba en su corazón porque era la tierra que Dios les había dado.

Un día, uno de sus hermanos llegó de visitar la tierra de Judá. Nehemías le preguntó cómo estaba, y la respuesta lo dejó en lágrimas. Las cosas estaban muy mal. Aunque mucha gente había regresado a la tierra unos ochenta años antes, la ciudad seguía en ruinas. El templo se había reconstruido, pero la muralla que protegía la ciudad seguía en escombros. La gente estaba desanimada. La escena era triste.

Quiero que veamos ahora cómo respondió Nehemías a estas noticias. Abramos la Biblia en Nehemías 1, y leamos los versos 4-7:

1:4 Al escuchar esto, me senté a llorar; hice duelo por algunos días, ayuné y oré al Dios del cielo.
1:5 Le dije: "Señor, Dios del cielo, grande y temible, que cumples el pacto y eres fiel con los que te aman y obedecen tus mandamientos,
1:6 te suplico que me prestes atención, que fijes tus ojos en este siervo tuyo que día y noche ora en favor de tu pueblo Israel. Confieso que los israelitas, entre los cuales estamos incluidos mi familia y yo, hemos pecado contra ti.
1:7 Te hemos ofendido y nos hemos corrompido mucho; hemos desobedecido los mandamientos, preceptos y decretos que tú mismo diste a tu siervo Moisés." (NVI)

Cuando yo era niño, recuerdo que a mi madre le gustaba leer novelas de misterio. Ella tenía la costumbre de leer primero el último capítulo del libro, para saber cuál era el desenlace. ¡Siempre pensé que se perdía el misterio si leía el fin primero!

Pero te voy a contar el final de la historia primero. Dios usó a Nehemías para reconstruir el muro de Jerusalén. El regresó a la tierra con una visión de lo que se tenía que hacer, y lo logró en menos de dos meses. Unió al pueblo, restauró la ciudad y organizó la reconstrucción de su muro de protección. Así termina la historia, pero ¿cómo empezó? ¿De dónde nació la visión que llevó a Nehemías a lograr esto?

La visión de Nehemías se hizo clara por medio de la oración. Cuando él recibió la noticia de la triste condición de la ciudad de Jerusalén, ¿cuál fue su primera reacción? La primera cosa que hizo fue ponerse a orar. De hecho, pasó varios días en ayuno y en oración. Buscó el rostro de Dios.

Si a ti te falta visión para tu vida o para tu familia, no vas a encontrar una visión clara y segura si no pasas tiempo con Dios en oración. Podrás tener sueños; podrás imaginarte cualquier cantidad de cosas. Un sueño humano no es lo mismo que una visión que viene de Dios. Sólo podemos tener visión clara si la buscamos en un tiempo dedicado a la oración.

Esto fue lo mismo que hizo Jesús. En Lucas 6:12-13 leemos lo siguiente:

6:12 Por aquel tiempo se fue Jesús a la montaña a orar, y pasó toda la noche en oración a Dios.
6:13 Al llegar la mañana, llamó a sus discípulos y escogió a doce de ellos, a los que nombró apóstoles. (NVI)

Antes de escoger a sus discípulos, ¿qué hizo Jesús? Pasó toda la noche en oración. Buscó la dirección de su Padre. ¿Seremos nosotros más sabios que Jesús? ¿Será que El tenía la necesidad de pasar mucho tiempo en oración, pero nosotros no? ¡Qué idea más ridícula! Si Jesús buscó la dirección de su Padre en oración, ¡cuánto más nos hace falta a nosotros hacer lo mismo!

La visión sólo se vuelve clara por medio de la oración. Nehemías oró, y Dios le mostró que hacer. Jesús pasó tiempo en oración. Hermano, hermana, la vida es muy ajetreada. A veces decimos: "Me gustaría tener tiempo para orar, pero no puedo." Déjame decirte que no tienes tiempo para no orar. Sin oración, la vida se convierte en supervivencia. Sólo vamos a vivir con visión si pasamos tiempo en oración.

Sigamos leyendo ahora la oración que hizo Nehemías cuando supo de la condición pésima de Jerusalén. Leamos Nehemías 1:8-9:

1:8 "Recuerda, te suplico, lo que le dijiste a tu siervo Moisés: 'Si ustedes pecan, yo los dispersaré entre las naciones:
1:9 pero, si se vuelven a mí, y obedecen y ponen en práctica mis mandamientos, aunque hayan sido llevados al lugar más apartado del mundo los recogeré y los haré volver al lugar donde he decidido habitar'." (NVI)

Cuando Nehemías oró, se basó en la Palabra de Dios. No basó su propósito en sus propias ideas o imaginaciones. El se basó en lo que Dios ya había declarado en su Palabra. Casi mil años antes, Moisés había declarado la voluntad de Dios. En el libro de Deuteronomio, él había dicho que el pueblo de Dios podría perder su lugar en la tierra si le eran infieles a Dios. Les declaró las consecuencias de sus acciones, pero también les prometió que Dios los restauraría cuando se arrepentían y volvían hacia El.

Nehemías recordó esta promesa de la Palabra de Dios. Se basó en ella cuando se puso a orar. El le estaba pidiendo a Dios que El cumpliera lo que ya había prometido hacer. Si tu visión se basa sólo en lo que tú quieres, es algo inseguro. Pero cuando tu visión se basa en la Biblia, se convierte en algo poderoso porque tu voluntad y la voluntad de Dios se unen.

Cuando era joven, estaba con un grupo de amigos cuando nos encontramos a una señora que había varada su carro en el lodo. Nos bajamos para ayudarla. Nos pusimos en posición para empujar el carro, y yo comencé a empujar. ¿Sabes lo que pasó? ¡Nada! Pero cuando los demás se unieron a mi esfuerzo, el carro pronto salió del fango y la señora pudo seguir su camino.

Así es con la visión. Si nuestra visión se basa sólo en nosotros, es pobre e inútil. Pero cuando nos unimos a la visión de Dios, se convierte en una fuerza imparable. Esto sólo puede suceder si nuestra visión se basa en la Palabra de Dios.

Déjame darte un ejemplo concreto. Digamos que quieres saber cómo encaminar bien a tus hijos. Debes tener una visión para su futuro. Pero ¿cómo la consigues? Primeramente, hay que comenzar con la oración. Debes platicar con Dios acerca de tus hijos. Debes pedirle por ellos, y buscar su dirección en la oración.

Pero ¿qué le vas a pedir? Algunos padres oran para que sus hijos sean doctores o licenciados. Sin embargo, no existe ningún versículo en la Biblia que diga: "Pídeme, y yo haré de tu hijo un doctor". ¡Quizás tu hijo no sirva para doctor! Terminas imponiendo tu voluntad sobre él, cuando la voluntad de Dios y sus talentos pueden ser muy diferentes.

¿Cuál será la voluntad de Dios para tu hijo o tu hija? Debe ser la misma que tuvo para su propio Hijo Jesús. En Lucas 2:52 leemos: "Jesús siguió creciendo en sabiduría y estatura, y cada vez más gozaba del favor de Dios y de toda la gente." (NVI) Así como Jesús creció en conocimiento e inteligencia, Dios quiere que tus hijos lo hagan. Así como El creció y se desarrolló físicamente, Dios desea que tus hijos lo hagan.

Jesús creció, como ser humano, en el conocimiento de su Padre celestial y tuvo favor ante El. Dios quiere que tus hijos también lo hagan. Jesús tuvo un desarrollo social; Dios también quiere que tus hijos lo hagan. Si tú, entonces, le empiezas a pedir a Dios estas cosas para tus hijos, El te irá mostrando qué debes hacer tú para que esto se cumpla.

Si oras para que crezcan en sabiduría, El te mostrará cómo desarrollar su capacidad intelectual. Si tú oras para que ellos puedan conocer la salvación y así gozar del favor de Dios, El te mostrará cómo hablarles y educarles en esto. Tu visión para tus hijos debe nacer de la Palabra de Dios, no de tus propios deseos o ideas.

Lo mismo podemos decir de cualquier otra clase de visión. Nuestra visión para la Iglesia tiene que basarse en la Palabra de Dios, no en otra cosa. Nuestra visión para nuestras propias vidas, para nuestros matrimonios, para el trabajo y para todo lo demás tiene que basarse en la Palabra de Dios. Sólo así podemos tener una visión segura, donde nuestra voluntad se fusiona con la de Dios.

Cuando esto sucede, algo maravilloso viene. La visión nos lleva a lograr los propósitos de Dios. La visión bien pasada y bien clara produce logros. Sigamos leyendo Nehemías 1:10-11:

1:10 "Ellos son tus siervos y tu pueblo al cual redimiste con gran despliegue de fuerza y poder.
1:11 Señor, te suplico que escuches nuestra oración, pues somos tus siervos y nos complacemos en honrar tu nombre. Y te pido que a este siervo tuyo le concedas tener éxito y ganarse el favor del rey". En aquel tiempo yo era copero del rey. (NVI)

Nehemías no piensa quedarse con los brazos cruzados. El no le pide a Dios que se encargue del problema. No le dice a Dios: "Por favor, ayuda a mis pobres hermanos que están allá en Jerusalén, pero yo estoy muy bien acomodado y no quiero perder las oportunidades que tengo aquí." El se une a lo que Dios ha despertado en su corazón, y le pide a Dios que le dé favor ante el rey para que le ayude a regresar y completar la obra.

He descubierto que una de las oraciones poderosas que podemos hacer es pedirle a Dios favor ante los ojos de las personas que nos pueden ayudar. Dios es capaz de mover los corazones de los oficiales del gobierno, de los patrones y de muchas otras personas si se lo pedimos. Esto es lo que hace Nehemías.

Dios respondió a esa oración, y el rey no sólo le dio permiso a Nehemías para ir a reconstruir el muro; también le dio ayuda material. Nehemías fue con un grupo de sus compatriotas. La reconstrucción no fue fácil; la gente estaba desmotivada, y sus vecinos no querían que se reconstruyera el muro. Enfrentaron toda clase de oposición.

A veces creemos que, si hacemos la voluntad de Dios, todo será fácil. En mi viaje reciente para enseñar a un grupo de pastores y líderes enfrenté toda clase de dificultades y problemas, pero era muy obvio que Dios quería que estuviera allí. El hizo grandes cosas entre los estudiantes. Muchas veces enfrentamos más oposición precisamente cuando hacemos exactamente lo que Dios quiere.

Pero veamos en Nehemías 6:15-16 los resultados:

6:15 La muralla se terminó el día veinticinco del mes de elul. Su reconstrucción había durado cincuenta y dos días.
6:16 Cuando todos nuestros enemigos se enteraron de esto, las naciones vecinas se sintieron humilladas, pues reconocieron que ese trabajo se había hecho con la ayuda de nuestro Dios. (NVI)

Esa muralla había sido destruida 130 años antes. La gente había regresado a la tierra 80 años antes, pero no habían reconstruido el muro. Lo que no se había hecho en 80 años ahora se termina en 52 días. ¿Por qué? Porque Nehemías fue obediente a la visión. Oró, se basó en la Palabra y actuó.

Lograr grandes cosas en el poder de Dios es, en realidad, así de simple - y así de difícil. Queremos imponer nuestra propia voluntad, la oración se nos hace muy difícil y somos flojos. Pero cuando pasamos tiempo en oración, basamos nuestra visión en la Palabra de Dios y tomamos acción, suceden grandes cosas. Podemos lograr grandes cosas en el poder de Dios.

Así fue con Jesús. Hebreos 12:2 nos dice: "Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien, por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios." (NVI)

Jesús aguantó el sufrimiento de la cruz precisamente porque veía el gozo que le quedaba por delante. Sabía que su trabajo y sufrimiento comprarían la salvación de millones de personas. Ahora, su trabajo terminado, está sentado en gloria a la mano derecha de su Padre.

Si fijamos nuestra mirada en Jesús, podemos tener verdadera visión en medio de este mundo de confusión. El es nuestro Salvador, nuestro Señor y nuestro ejemplo. Si has estado viviendo sin visión, haz un compromiso hoy con Dios de buscarlo en oración, basarte en su Palabra y trabajar para lograr su voluntad.

Puedes hacer más que simplemente sobrevivir. Puedes vivir con visión, como lo hizo el Señor Jesús, y como lo han hecho Nehemías y muchos otros creyentes a lo largo de los siglos. ¿Te decidirás hoy a vivir con visión?


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