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Domingo 14 de Enero de 2018

Aprende, alaba, ama y alcanza en 2018
Pastor Tony Hancock

Durante el reinado de Luis XIV de Francia, sucedió algo insólito. Cierto domingo, el rey y sus ayudantes llegaron a la capilla real para el culto dominical. Para su sorpresa, la capilla estaba vacía. Allí estaba el predicador, pero nadie más se apareció. El rey interpeló: "¿Qué significa esto?"

El predicador le contestó: "Publiqué que usted no asistiría hoy al culto para que su Majestad pudiera darse cuenta de quiénes le sirven en verdad a Dios, y quiénes sólo adulan al rey." ¿Te lo imaginas? ¡Qué vergüenza! En este relato vemos la peor clase de participación en la iglesia. Es un compromiso que sólo tiene que ver con guardar las apariencias, con quedar bien con la gente.

Dios nos llama a algo mucho mejor. Nos llama a participar en su congregación, no sólo como asistentes, ni mucho menos para ser vistos, sino como miembros de un cuerpo que crecen, trabajan y se apoyan mutuamente. Sé que Dios tiene propósitos y planes para nosotros en este año 2018. Seguramente algunas de las cosas que Dios hará nos tomarán por sorpresa. ¡El es un buen Padre!

Pero al reflexionar sobre el lema de nuestra Iglesia -"una Iglesia que aprende, alaba, ama y alcanza" - me di cuenta de que Dios quiere que sigamos creciendo en esas cuatro áreas. No quiero decir que esto es todo, porque seguramente Dios tiene muchas cosas más preparadas para nosotros. Pero cualquier Iglesia sana estará creciendo en estas áreas.

Empecemos, entonces, con la cuestión de aprender. Si vamos a crecer como creyentes, tenemos que alimentarnos con la Palabra de Dios. Un bebé desnutrido no se desarrollará como debe. Un cristiano desnutrido tampoco lo hará. Para crecer en nuestra fe, tenemos que estar aprendiendo.

Muchos de nosotros preferimos el lado emocional de nuestra fe. Nos gustan los sentimientos. Nos encanta sentir la presencia de Dios en la adoración. Nos alegra convivir con nuestros hermanos. Estas cosas son buenas y necesarias, pero si no estamos aprendiendo cada vez más de la verdad de Dios, tendremos un crecimiento truncado y enfermizo.

En Hebreos 5:12-13 leemos acerca de unas personas que fallaron en esto:

5:12 En realidad, a estas alturas ya deberían ser maestros, y sin embargo necesitan que alguien vuelva a enseñarles las verdades más elementales de la palabra de Dios. Dicho de otro modo, necesitan leche en vez de alimento sólido.
5:13 El que solo se alimenta de leche es inexperto en el mensaje de justicia; es como un niño de pecho. (NVI)

Estas personas tenían años de estar en la fe. Deberían tener ya la capacidad de enseñar a otros, pero más bien, seguían confundidos acerca de los asuntos más básicos de la fe. ¿Serás como ellos? Cuando vemos a un bebé tomando su biberón de leche, nos parece lindo. La leche le ayudará a crecer y fortalecerse.

Pero ¿qué tal si viéramos a un muchacho de trece años, con su biberón en la mano, todavía tomando pura leche? Eso ya no sería lindo, sino extraño y hasta grotesco. Representa una falta de desarrollo. Para no quedarnos subdesarrollados como creyentes, tenemos que alimentarnos.

Esto sólo sucede cuando consumimos la Palabra de Dios en casa. Así como el cuerpo tiene la necesidad de comer regularmente, tu espíritu necesita alimentarse regularmente con la Palabra de Dios. Toma tiempo cada día para leerla. Disfrútala con tu familia. Compártela con tus hijos.

Mi anhelo para este año es que todos aprendamos a alimentarnos. Que no sólo aprendamos aquí en la Iglesia, sino que también estemos creciendo al conocer más de la Palabra de Dios en nuestro diario vivir. En lugar de depender del biberón, aprendamos a comer carne y verduras, a fortalecer nuestro espíritu. Así seremos realmente una Iglesia que aprende.

En segundo lugar, queremos crecer en la alabanza. Este año, vamos a enfocarnos en una forma de alabanza un poco distinta. Vamos a crecer en la manera de adorar a Dios con nuestro cuerpo. Romanos 12:1-2 dice así:

12:1 Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios.
12:2 No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta. (NVI)

Dios nos llama a entregarle nuestros cuerpos en sacrificio vivo. En lugar de sacrificar animales muertos, como se hacía durante los tiempos del Antiguo Testamento, el sacrificio que a Dios le agrada es el sacrificio de nuestro cuerpo en servicio a El. Al hacerlo, descubrimos que hacer la voluntad de Dios es bueno, agradable y perfecto.

Este es el llamado de todo creyente. Pero me pregunto: ¿qué clase de cuerpo le estamos presentando a Dios para su uso? Cuando no cuidamos la salud de nuestro cuerpo, le presentamos a Dios un instrumento que es menos útil, menos capaz de servirle a El con dedicación y esmero. Incluso podemos acortar el tiempo que le podemos dedicar a Dios, simplemente por las malas decisiones que tomamos en cuanto a nuestra salud.

Recientemente se publicó una estadística alarmante. La Organización Mundial de Salud de las Naciones Unidas anunció que más personas mueren actualmente por enfermedades causadas por su estilo de vida que por cualquier otra causa. En otras palabras, la mala dieta, la falta de ejercicio y otras costumbres malsanas que producen enfermedades como la diabetes y la enfermedad del corazón ahora matan a más personas que cualquier epidemia.

Estoy más convencido que nunca de que esto no es lo que Dios quiere para su pueblo. El nos llama a vivir de una manera que traerá salud, y no enfermedad. Por lo tanto, uno de los énfasis que tendremos este año será una serie de clases sobre la verdadera salud. Quiero invitarte a que te comprometas ante Dios a terminar este año con mejor salud de la que tienes ahora. Es posible. Puedes hacerlo.

En tercer lugar, queremos ser una Iglesia que ama. Estamos viviendo en un mundo que no comprende lo que es el amor. La gente confunde el amor con la pasión. El verdadero amor es algo mucho más poderoso que la pasión. Ese amor llevó a Dios a sacrificarse a sí mismo, en la persona de su Hijo, en una cruz para que pudiéramos ser perdonados y reconciliados con El. El verdadero amor es una fuerza imparable.

Dios nos está llamando a aprender a amarnos unos a otros de verdad. Primera de Pedro 1:22 dice así: "Ahora que se han purificado obedeciendo a la verdad y tienen un amor sincero por sus hermanos, ámense de todo corazón los unos a los otros." (NVI) Si hemos llegado a conocer la verdad del amor de Dios en Jesucristo, tenemos que expresar ese amor los unos a los otros.

Si amamos a los que nos caen bien, si expresamos cariño y apoyo a nuestros amigos, ¿qué nos separa del mundo? ¡Cualquier inconverso hace lo mismo! El amor de Dios se manifiesta entre nosotros cuando perdonamos a nuestros hermanos sin guardar rencor. El amor de Dios se manifiesta entre nosotros cuando apoyamos a los que no nos pueden corresponder.

Si esta clase de amor no se manifiesta entre nosotros, algo está muy mal. El amor que Cristo nos ha mostrado es una fuerza que nos impulsa a amar a otros. ¿Nos amó Cristo porque lo mereciéramos? ¡Claro que no! ¿Nos amó porque necesitaba algo que le ofreciéramos? ¡Imposible! Así tenemos que aprender a amar a otros también - no por algo que podamos recibir a cambio, sino porque Cristo nos amó primero. Al final de este año, espero que podamos decir con sinceridad que somos una Iglesia que ama - no sólo de labios, sino de verdad.

La última palabra en nuestro lema como Iglesia: alcanza. Me encanta la historia de Felipe, el discípulo de Jesús. Cuando el Señor lo llamó a que lo siguiera, Felipe fue enseguida a buscar a su amigo Natanael. Le dijo: "¡Hemos encontrado al Salvador esperado! Es Jesús, de Nazaret." Natanael le contestó: "¡De Nazaret! ¿Acaso de allí sale algo bueno?" La respuesta de Felipe fue perfecta: "¡Ven a ver!"

Puedes leer esta historia en Juan 1:43-46:

1:43 Al día siguiente, Jesús decidió salir hacia Galilea. Se encontró con Felipe, y lo llamó: -Sígueme.
1:44 Felipe era del pueblo de Betsaida, lo mismo que Andrés y Pedro.
1:45 Felipe buscó a Natanael y le dijo: -Hemos encontrado a Jesús de Nazaret, el hijo de José, aquel de quien escribió Moisés en la ley, y de quien escribieron los profetas.
1:46 -¡De Nazaret! -replicó Natanael-. ¿Acaso de allí puede salir algo bueno? -Ven a ver -le contestó Felipe. (NVI)

Este año, quiero invitarte a que sigas el ejemplo de Felipe. Te invito a que nos propongamos, cada uno de nosotros, llevar a una persona a Cristo este año. Comienza con la oración. ¿Estás orando por la salvación de alguien? ¿Estás pidiéndole a Dios que te demuestre con quién quiere que compartas el evangelio?

Si estamos orando regularmente, seremos más sensibles a las oportunidades que Dios nos da para compartir las buenas nuevas. Somos personas diferentes, y tenemos maneras diferentes de compartir el evangelio. A algunas personas les encanta ir a compartir el evangelio con los desconocidos. A otros esto les da pánico hacer esto, pero pueden hablar con sus amigos en el trabajo acerca de lo que viven en su caminar con el Señor.

No todos lo vamos a hacer de la misma manera, pero Dios nos está llamando a todos a imitar el ejemplo de Felipe y decir: "Ven a ver". ¿Con quién lo harás este año? ¿Quién estará aquí en diciembre gracias a tu testimonio, que no se encuentra aquí ahora? Estemos orando y compartiendo.

Algunos años atrás, una encuesta reveló que la gran mayoría de los nuevos miembros de las Iglesias - alrededor del 80% - había llegado a la Iglesia gracias a la invitación personal de un conocido. Muy pocos llegan por medio del pastor, y aun menos por alguna cruzada. El crecimiento de la Iglesia viene cuando todos trabajamos juntos para compartir el mensaje, una persona a la vez.

Si respondemos al llamado de Dios, caminando en su fuerza, podemos terminar este año con grandes avances. ¿Qué te parece? ¿Te esforzarás conmigo en convertir esta Iglesia en una Iglesia que realmente aprende, alaba, ama y alcanza? Imagina lo maravilloso que puede ser esta Iglesia si trabajamos unidos. Con la ayuda de Dios, sé que así será.


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