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Domingo 7 de Enero de 2018

A propósito...
Pastor Tony Hancock

Nos encontramos en la temporada de los propósitos para el año nuevo. ¿Hiciste propósitos para este año? ¿Te has propuesto hacer algún cambio en tu vida? Alguien dijo una vez que el mejor propósito que podemos hacer es el propósito de no guardar nuestros propósitos. Si nos lo proponemos, ¡seguro que lo vamos a cumplir!

Muchos de nosotros hemos tenido la experiencia de hacer algún propósito, con mucha firmeza y decisión, pero sólo guardarlo uno o dos días. Puede ser que hayamos llegado al punto de decidir ya no hacer más propósitos. ¿Por qué somos tan propensos a tomar decisiones que no guardamos? Principalmente porque dependemos de nuestra propia fuerza de voluntad, en lugar de buscar la voluntad y las fuerzas de Dios para nuestra vida.

Al mirar hacia el 2018 y lo que nos espera en este nuevo año, vamos a tomar la oportunidad para hablar de cómo vivir con verdadero propósito. ¿Qué significa, como seguidor de Jesucristo, vivir una vida de propósito? ¿Cómo podemos encontrar nuestro propósito, y vivir en él? Hoy vamos a observar algunos momentos críticos en la vida del apóstol Pablo. En el ejemplo de este siervo suyo, Dios nos demuestra cómo nosotros también podemos vivir a propósito.

Déjame preguntarte: ¿sabes cuál es tu propósito en la vida? ¿Sabes por qué vives? Puede ser que nunca lo hayas considerado a fondo. Muchas personas viven guiadas por un propósito inconsciente. Por ejemplo, su propósito es evitar la incomodidad, o disfrutar lo más posible de la vida. El problema con esta clase de propósito es que no satisface nuestras necesidades más profundas. Sólo un propósito con valor eterno puede satisfacer los anhelos de nuestra alma.

El apóstol Pablo había vivido con un falso propósito. El quería agradar a Dios, pero se equivocó en la manera de hacerlo. Dedicó todos sus esfuerzos a pelear contra la fe en Jesucristo, porque creía que era mentira. Sin embargo, llegó un momento en que tuvo un encuentro que transformó su vida. El nos relata el momento en que encontró su verdadero propósito en Hechos 26:12-19:

26:12 En uno de esos viajes iba yo hacia Damasco con la autoridad y la comisión de los jefes de los sacerdotes.
26:13 A eso del mediodía, oh rey, mientras iba por el camino, vi una luz del cielo, más refulgente que el sol, que con su resplandor nos envolvió a mí y a mis acompañantes.
26:14 Todos caímos al suelo, y yo oí una voz que me decía en arameo: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? ¿Qué sacas con darte cabezazos contra la pared?"
26:15 Entonces pregunté: "¿Quién eres, Señor?" "Yo soy Jesús, a quien tú persigues -me contestó el Señor-.
26:16 Ahora, ponte en pie y escúchame. Me he aparecido a ti con el fin de designarte siervo y testigo de lo que has visto de mí y de lo que te voy a revelar.
26:17 Te libraré de tu propio pueblo y de los gentiles. Te envío a estos
26:18 para que les abras los ojos y se conviertan de las tinieblas a la luz, y del poder de Satanás a Dios, a fin de que, por la fe en mí, reciban el perdón de los pecados y la herencia entre los santificados".
26:19 Así que, rey Agripa, no fui desobediente a esa visión celestial. (NVI)

Pablo iba rumbo a la ciudad de Damasco con cartas de permiso para arrestar a los creyentes en Jesucristo, cuando Jesús mismo se le apareció. ¡Imagina la impresión que habrá causado esa visión en la mente de Pablo! El se había dedicado a luchar contra la fe en Jesús, y ahora Jesús mismo le estaba hablando. ¿Qué habrá pasado por su mente en ese momento? ¿Terminaría destruido?

Pero Jesús no se le había aparecido para destruirlo, sino para llamarlo. Le estaba dando un nuevo propósito en la vida. Efectivamente, su propósito sería ir a los gentiles - a las personas que no pertenecían a su pueblo, el pueblo judío - para predicarles el mensaje de salvación mediante la fe en Jesucristo. En el llamado que le hizo Jesús, el apóstol Pablo encontró su verdadero propósito.

Desde ese momento, su vida cambió radicalmente. Muchas de las personas que antes lo habían halagado, ahora lo atacaban. En lugar de una vida de comodidad, ahora enfrentaría momentos de necesidad y carencia. Sin embargo, ¡su nueva vida sería de mucho más gozo que su vida anterior! Ahora conocía la verdad. Ahora conocía a Jesús. Ahora tenía un verdadero propósito.

Dios también tiene un llamado para cada uno de nosotros. Cada persona ha sido creada con un propósito, aunque muchos nunca lo descubren. Lo más seguro es que no lo descubramos de la misma manera en que Pablo recibió su llamado. No esperemos que Jesús se nos aparezca a media carretera para explicarnos nuestro propósito. Si El así lo hiciera con todos, ¡habría un enorme aumento en el número de accidentes!

Pero lo que todos tenemos en común con el apóstol Pablo es que sólo encontraremos nuestro verdadero propósito en relación con Jesús. Sólo en El podemos descubrir la verdadera razón de nuestra existencia. Si tu propósito en la vida sólo es comprar una casa, tener una familia decente o pasarla bien, al final te quedarás insatisfecho. Ninguna de estas cosas es mala en sí, pero si eso es todo lo que buscas en la vida, es muy poco.

En cambio, si tu propósito principal es conocer más a Cristo, reflejar su gloria en tu vida y darlo a conocer a otros en tu diario vivir, descubrirás que toda tu vida llega a tener sentido. Te pregunto, entonces: ¿cuál es tu propósito? No me refiero al propósito del año nuevo, sino el propósito de tu vida. ¿Has descubierto el llamado que Cristo hace sobre tu vida?

Dios nos llama a cada uno, pero tenemos que responder. Ahora vamos a ver cómo respondió el apóstol Pablo al llamado que él recibió. Vamos a leer tres versículos hacia el final de una de sus cartas. Se encuentran en Romanos 15:20-22:

15:20 En efecto, mi propósito ha sido predicar el evangelio donde Cristo no sea conocido, para no edificar sobre fundamento ajeno.
15:21 Más bien, como está escrito: "Los que nunca habían recibido noticia de él lo verán; y entenderán los que no habían oído hablar de él".
15:22 Este trabajo es lo que muchas veces me ha impedido ir a visitarlos. (NVI)

Pablo nunca había visitado la Iglesia en Roma. Desde hace años, había tenido la intención. Ahora, piensa poder visitar a los hermanos en Roma, y les escribe esta carta para preparar el camino para su visita.

Lo interesante es la razón por la que Pablo no los había visitado. Cuando Jesús lo llamó a predicar el evangelio a los gentiles, él se propuso llegar a los lugares donde el evangelio no se había predicado. Ya había una Iglesia en Roma, así que para Pablo, no era prioridad llegar allí. Se había dedicado primero a llevar el evangelio a los lugares donde no se había predicado aún.

Jesús le había dado su propósito. Ahora Pablo toma sus decisiones y establece sus prioridades en base a ese propósito que él había recibido del Señor. No sólo se pregunta: ¿Qué quiero hacer yo? ¿Qué tengo ganas de hacer? ¿A dónde me gustaría ir? Más bien, se pregunta: ¿Qué quiere Jesús que yo haga? ¿A dónde tengo que ir para cumplir su propósito en mí?

En este proceso del propósito, Dios tiene su parte, y nosotros tenemos nuestra parte. Dios nos da nuestro propósito. En Jesús, recibimos una vida nueva, el perdón, la sabiduría divina y la presencia del Espíritu Santo. Nuestra parte, entonces, es aprender a tomar decisiones en base a ese propósito.

Para hacer esto, hay cierto sacrificio. Muchas veces, tenemos que sacrificar nuestros deseos y nuestra voluntad para someterla a la voluntad de Cristo. Pero a cambio, recibimos algo mucho mejor. Dios nos guía, aun en maneras que nosotros no logramos ver. Encontramos bendiciones y alegrías totalmente inesperadas, porque Dios se deleita en bendecir a sus hijos.

¿Cómo se ve esto en la vida del creyente? Digamos, por ejemplo, que uno pierde el trabajo. Piensa conmigo en las diferentes reacciones que puede tener. Primero, podría reaccionar humanamente. Podría decir: "¡Tengo que encontrar otro trabajo!" Y podría ponerse desesperadamente a buscar un trabajo que le convenga.

La segunda manera de reaccionar es la del creyente inmaduro. Esta persona sabe que debe orar, así que dice: "Dios, ayúdame a encontrar un buen trabajo que me guste." ¿Te das cuenta? Esta persona ha tomado un buen paso al orar, pero sus pensamientos siguen siendo egoístas. En lugar de buscar la manera de cumplir el propósito de Dios para su vida, le pide a Dios que le ayude a cumplir sus propios propósitos.

Una persona que ha aprendido a poner en primer lugar los propósitos de Dios para su vida dirá: "Señor, muéstrame el trabajo donde yo te pueda glorificar. Llévame al lugar donde pueda dar un buen testimonio de ti." Sabe que Dios suplirá sus necesidades a través del trabajo, y su máxima prioridad es cumplir el propósito para el cual Jesús lo llamó.

Este es sólo un ejemplo. Podríamos aplicarlo a todas las decisiones, grandes o pequeñas, que tomamos. ¿Has aprendido a tomar decisiones a la luz del propósito que Dios tiene para tu vida? ¿Has aprendido a orar buscando su voluntad, y no la tuya?

Habrá momentos en la aventura de la vida que no discernimos claramente la voluntad de Dios. Esto también le sucedió a Pablo. Vayamos a Hechos 16:6-10:

16:6 Atravesaron la región de Frigia y Galacia, ya que el Espíritu Santo les había impedido que predicaran la palabra en la provincia de Asia.
16:7 Cuando llegaron cerca de Misia, intentaron pasar a Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió.
16:8 Entonces, pasando de largo por Misia, bajaron a Troas.
16:9 Durante la noche Pablo tuvo una visión en la que un hombre de Macedonia, puesto de pie, le rogaba: "Pasa a Macedonia y ayúdanos".
16:10 Después de que Pablo tuvo la visión, en seguida nos preparamos para partir hacia Macedonia, convencidos de que Dios nos había llamado a anunciar el evangelio a los macedonios. (NVI)

Aquí encontramos a Pablo en su segundo viaje misionero. Siguiendo el propósito que Jesús le había dado, viaja a lugares donde no se había predicado el evangelio para compartir las noticias de Jesús.

Sin embargo, llegaron momentos en los que el Espíritu Santo le impedía o lo detenía. ¿Cómo lo hizo? La Biblia no lo especifica. Puede ser las circunstancias fueran adversas, que simplemente no pudiera llegar a esos lugares por razones de fuerza mayor. Puede ser que uno de sus compañeros haya recibido un mensaje profético, o que haya sentido en su corazón que no debía seguir.

De alguna manera u otra, los planes que Pablo había hecho no se pudieron cumplir. ¿Cómo respondió? ¡Siguió adelante! En lugar de insistir en llegar a esos lugares, pasó de largo. Al final del camino, Dios le reveló el siguiente paso. ¡Fue un paso agigantado! Cuando Pablo viajó a Macedonia, llevó el evangelio a un nuevo continente - el continente europeo.

Puede ser que tú estés buscando de todo corazón la voluntad de Dios y te estés dejando guiar por El, pero aun así, las cosas parecen no salir como tú quisieras. ¿Qué debes hacer? ¿Darte por vencido? ¿Decidir que Dios realmente no te ama, o que no vale la pena tratar de discernir su voluntad? Es fácil hacer alguna de estas cosas, pero Dios te llama a seguir adelante. En el momento indicado, El te mostrará lo que tiene preparado para ti.

Dios te está llamando en este año, no simplemente a hacer buenos propósitos, sino a vivir a propósito. En el libro "Alicia en el país de las maravillas", la niña Alicia conversa con un gato que trae una enorme sonrisa. Alicia le pregunta: "¿Me podría decir, por favor, hacia dónde debo ir?" El gato le responde: "Eso depende completamente del lugar al que quieras llegar."

Alicia le dice al gato: "En realidad, no me importa mucho." El gato le contesta: "Entonces tampoco importa hacia dónde vas." ¡Muy sagaz el gato! Mucha gente vive como Alicia - sin dirección ni rumbo. Pero tú y yo no tenemos que vivir así. Podemos vivir con propósito, con dirección y con satisfacción en la vida. Este año, ¿cómo vivirás tú? ¿Conoces tu propósito? ¿Lo estás viviendo?


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