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Domingo 17 de Diciembre de 2017

Un Rey para todos
Pastor Tony Hancock

Nos estamos acercando a la celebración de la Navidad, y entre los personajes de la historia navideña, ¿quién se podría olvidar de los tres reyes magos? En algunos países, son ellos quienes les traen regalos a los niños. No pueden faltar entre las figuras de cualquier nacimiento, junto con los pastores y los animales del establo.

En realidad, la figura de los tres reyes magos nos sirve como ejemplo del poder de la tradición para ocultar la historia bíblica. Si regresamos a la Biblia, descubrimos algo muy interesante. Para empezar, la Biblia no nos dice que fueran tres. Trajeron tres regalos, pero podrían haber sido dos, o más de tres. No sabemos cuántos eran.

Con seguridad podemos decir que no eran reyes. Nunca se les llama así, y la palabra que la Biblia usa para describirlos se refiere a una clase de sabio o estudioso que buscaba conocimiento en muchos lugares diferentes. Eran de la clase alta, pero no eran reyes.

Tampoco eran magos, si por mago entendemos alguien que hace trucos de magia. Cuando le presentaron sus regalos a Jesús, ¡no los sacaron de la chistera! Para colmo, no llegaron al mismo tiempo que los pastores. Los vemos juntos en muchos nacimientos, pero la realidad histórica no fue así. La Biblia nos dice que llegaron a ver a Jesús en una casa, no con los animales; y a Jesús se le llama niño, no bebé.

En lugar de hablar de los tres reyes magos, sería más correcto hablar de los sabios que vinieron de lejos para ver al niño Jesús. Con atención a los detalles, entonces, vamos a leer su historia en la Biblia. Se encuentra en Mateo 2:1-12:

2:1 Después de que Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, llegaron a Jerusalén unos sabios procedentes del Oriente.
2:2 -¿Dónde está el que ha nacido rey de los judíos? -preguntaron-. Vimos levantarse su estrella y hemos venido a adorarlo.
2:3 Cuando lo oyó el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalén con él.
2:4 Así que convocó de entre el pueblo a todos los jefes de los sacerdotes y maestros de la ley, y les preguntó dónde había de nacer el Cristo.
2:5 -En Belén de Judea -le respondieron-, porque esto es lo que ha escrito el profeta:
2:6 "Pero tú, Belén, en la tierra de Judá, de ninguna manera eres la menor entre los principales de Judá; porque de ti saldrá un príncipe que será el pastor de mi pueblo Israel".
2:7 Luego Herodes llamó en secreto a los sabios y se enteró por ellos del tiempo exacto en que había aparecido la estrella.
2:8 Los envió a Belén y les dijo: -Vayan e infórmense bien de ese niño y, tan pronto como lo encuentren, avísenme para que yo también vaya y lo adore.
2:9 Después de oír al rey, siguieron su camino, y sucedió que la estrella que habían visto levantarse iba delante de ellos hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño.
2:10 Al ver la estrella, se llenaron de alegría.
2:11 Cuando llegaron a la casa, vieron al niño con María, su madre; y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y le presentaron como regalos oro, incienso y mirra.
2:12 Entonces, advertidos en sueños de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Estos sabios venían de un país lejano. Entre sus estudios habían encontrado evidencias que los llevaron en busca de un Rey que había nacido en Israel. Llegaron primeramente a la capital, el lugar más lógico para buscar a un rey. Pero no había nacido allí. Sin embargo, los expertos en las Escrituras dijeron que, según la profecía, el Mesías esperado - el Rey y Salvador - tendría que nacer en Belén.

Fueron entonces a Belén, donde encontraron a Jesús. Después de adorarlo, le dieron regalos costosos, dignos de un rey - oro, incienso y mirra. Conocemos la historia, pero tenemos que preguntarnos: ¿cuál es el propósito de esta historia? ¿Cuál es el punto? ¿Cuál es la razón por la que Dios trajo a estos hombres desde lejos, y por qué razón nos cuenta la historia a nosotros en su Palabra?

Si prestamos atención a esta historia, nos daremos cuenta de que todo esto sucedió porque Jesús merece reinar sobre todas las naciones. Estos sabios no eran judíos. No formaban parte del pueblo de Dios. Sin embargo, Dios los trajo desde lejos para adorar a su Hijo. De maneras misteriosas, entre las cosas que estudiaban, Dios les dio a entender que el Rey iba a nacer. Con su llegada, ellos sirven como evidencia y señal de que Jesús vino para todos, no sólo para una nación en particular.

El propósito de Dios nunca fue salvar a una sola nación. A lo largo del Antiguo Testamento, vemos que Dios trató mayormente con el pueblo de Israel. Sería fácil pensar que sólo le interesaba esa nación, y muchos de los israelitas así pensaban. Pero se equivocaban. Dios escogió a Israel para ser su canal de bendición para todas las naciones, y desde el principio se lo había dicho a Abraham - "por medio de ti serán bendecidas todas las naciones de la tierra" (Gálatas 3:8).

Dios ofrece salvación a personas de toda nación, sin distinción. Jesús merece que todos lo adoren. Ahora veamos algo interesante. Cuando los sabios llegaron a Jerusalén para preguntar por el Rey que acababa de nacer, el rey Herodes convocó a los líderes religiosos para pedirles más información.

Ellos citaron la profecía de Miqueas que declaraba que el futuro Rey nacería en Belén. Ellos sabían que Dios había declarado que el verdadero Rey nacería en Belén. Sin embargo, ¡ninguno de ellos acompañó a los sabios para ver si era cierto! Conocían la Palabra, pero estaban tan envueltos en sus propias ideas y proyectos que no se interesaron por ir a ver si el Rey realmente había nacido. Conocían en su mente la Palabra de Dios, pero estaban totalmente desconectados de lo que Dios realmente estaba haciendo.

Sin embargo, el mismo pasaje que ellos citaron demuestra claramente el deseo de Dios de salvar a toda clase de seres humanos. Esta profecía fue dada por Miqueas, quien fue contemporáneo del profeta Isaías. Vivieron al mismo tiempo, en la misma situación política y nacional - bajo un gobierno corrupto. Frente a esta realidad, Miqueas declara algo maravilloso. Leámoslo en Miqueas 5:1-4:

5:1 Reagrupa tus tropas, ciudad guerrera, porque nos asedian. Con vara golpearán en la mejilla al gobernante de Israel.
5:2 Pero de ti, Belén Efrata, pequeña entre los clanes de Judá, saldrá el que gobernará a Israel; sus orígenes se remontan hasta la antigüedad, hasta tiempos inmemoriales.
5:3 Por eso Dios los entregará al enemigo hasta que tenga su hijo la que va a ser madre, y vuelva junto al pueblo de Israel el resto de sus hermanos.
5:4 Pero surgirá uno para pastorearlos con el poder del Señor, con la majestad del nombre del Señor su Dios. Vivirán seguros, porque él dominará hasta los confines de la tierra. (NVI)

El primer versículo se refiere a las realidades políticas del día de Miqueas. Al gobierno corrupto de su día, ese gobierno violento y destructivo, sus enemigos un día lo destruirían. Sin embargo, Dios tenía algo mejor preparado. De Belén, la pequeña aldea de donde había surgido el gran rey David, Dios traería otro Rey - aun más grande que su ancestro David.

Este Rey es eterno; sus orígenes son desde la eternidad. El pastoreará a su pueblo en el poder del Señor, no con poder humano violento y corrupto. El gobernará con majestad, no en crueldad e infamia. Ese gran Rey, por supuesto, es Jesús. Su nacimiento es el cumplimiento de esta profecía de Miqueas, dada más de setecientos años antes.

La profecía también declara que Dios, a través de este gran Rey, alcanzaría a todas las naciones. En primer lugar, El declara que haría volver a Israel el resto de sus hermanos. Israel es una nación, la nación escogida, y sus hermanos son otras naciones. Dios anunció que el Rey iba a reunir de la humanidad a gente de toda nación para ser parte de su familia, para ser los hermanos de Israel.

En segundo lugar, Dios declara que este Rey dominaría hasta los confines de la tierra. Su reino no se limita a Israel; El es tan grande que merece ser Rey sobre toda la tierra. Aunque vendría de Israel, su venida traería salvación y victoria a todas las naciones. Es el Salvador para todos, y un día El dominará sobre toda la tierra.

Los líderes religiosos consultados por Herodes conocían este pasaje, y sabían que el Rey nacería en Belén. Sin embargo, no estaban sintonizados con la obra de Dios. Se lo perdieron. Me pregunto: ¿estaremos nosotros en la misma situación? ¿Estaremos desconectados de lo que Dios está haciendo ahora en el mundo? ¿Nos lo estaremos perdiendo?

La obra de Dios ahora es la proclamación del evangelio a todas las naciones. Jesucristo ya vino al mundo. Ya terminó la obra que El tenía que hacer, la obra de comprar con su muerte la salvación de todos los que creen en El. Dios ahora está trabajando en los corazones de millones de personas alrededor del mundo para que lleguen a la fe en su Hijo Jesucristo. Dios nos llama a trabajar en unión con El. El está reuniendo una familia de cada tribu, lengua y nación. En China, en África, en Latinoamérica y en lugares aparentemente cerrados, miles llegan cada semana a los pies de Cristo.

¿Nos hemos unido a Dios en lo que El está haciendo? Como los sabios, ¿vamos al lugar donde Dios está obrando? O como los líderes religiosos, ¿estamos tan enfocados en lo nuestro que, aunque podamos citar de corazón Mateo 28:19-20 ("Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo."), no nos interesamos por ir a ver?

Si quieres ser como los sabios y unirte a lo que Dios está haciendo, déjame mencionarte algunas maneras de hacerlo. En primer lugar, todos podemos orar. Hemos estado orando en estas semanas por algunas etnias no alcanzadas del mundo. La oración tiene poder. Con la oración, participamos con Dios en el avance del evangelio. Ora por los que no han sido alcanzados. Clama por naciones específicas, por personas particulares en oración. Con esto comienza todo.

En segundo lugar, puedes dar. Con nuestras ofrendas para las misiones sostenemos a misioneros en todas partes del mundo. Algunos de ellos no se identifican por nombre en los materiales, porque trabajan en zonas peligrosas o cerradas al evangelio. Nuestras ofrendas pueden ir a lugares que no podemos alcanzar personalmente. Junto con las ofrendas de otros, podemos hacer cosas grandes con cantidades pequeñas.

En tercer lugar, piensa en cómo puedes ir. En un momento anterior de este culto vimos en video los esfuerzos misioneros en uno de nuestros países. Una de las misioneras aprovecha los medios de comunicación para compartir el evangelio y discipular a creyentes en su país de origen.

Muchos de nosotros somos de otros países, y tenemos amigos y familiares allá. ¿Por qué no orar y buscar oportunidades para compartir el evangelio con ellos? No es difícil pensar que Dios podría usarnos para sembrar una Iglesia en otro país, aun sin dejar este lugar. Ahora no tenemos que viajar en camello durante semanas, como lo hicieron los sabios. Podemos comunicarnos con otros lugares al instante.

Esta Navidad, cuando veas a los tres reyes magos en algún nacimiento, acuérdate de su verdadera misión. Aunque quizás no hayan sido tres, ni eran reyes ni magos, vinieron de lejos para conocer a Jesús. Ahora, ese mismo Jesús crucificado y resucitado nos manda llevar su mensaje a los lugares más lejanos. ¿Qué harás tú para cumplir la misión?


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