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Domingo 3 de Diciembre de 2017

Magia religiosa
Pastor Tony Hancock

Cuando llegaba el 31 de diciembre hay ciertas costumbres que se repiten en muchos lugares. Cuando era niño, recuerdo que muchos sacaban a pasear sus maletas creyendo que esto les garantizaría un viaje durante el año. Otros comían lentejas, creyendo que esto les traería dinero - porque las lentejas parecen monedas.

Estas supersticiones, y otras formas de magia y hechicería, representan intentos por controlar el destino. Quienes las practican creen que, de alguna manera misteriosa, estas acciones cambiarán su suerte. La Biblia nos enseña que estas cosas no le agradan al Señor. Deuteronomio 18:10-11 dice: "Nadie entre los tuyos deberá sacrificar a su hijo o hija en el fuego; ni practicar adivinación, brujería o hechicería; ni hacer conjuros, servir de médium espiritista o consultar a los muertos."

Me pregunto: ¿existirá una especie de magia religiosa? ¿Habrá maneras en las que tratamos de manipular a Dios por medio de ciertos rituales? ¿Será que, así como los que practican la magia pretenden manipular sus circunstancias por medio de ciertos rituales, nosotros también tratemos de manipular a Dios con ciertos rituales? Me temo que sí existe tal cosa. Es un gran peligro.

Con este mensaje terminamos nuestra serie de sermones en celebración del quinientos aniversario de la Reforma protestante. El último redescubrimiento de los reformadores que veremos en esta serie se trata de su crítica del ritualismo. ¿Qué es el ritualismo? Es simplemente la idea de que, haciendo ciertos rituales, podemos complacer a Dios.

Los reformadores observaron la gran cantidad de ritos que se realizaba en la Iglesia de su día. Todo se celebraba con pasos muy detallados, con vestimenta muy decorada y palabras que la gente común no entendía. Lutero y otros se preguntaban: ¿es esto realmente lo que quiere Dios? Regresando a la Biblia, descubrieron algo muy interesante.

Muchos de los profetas que hablaron al pueblo de Dios durante los días del Antiguo Testamento enfrentaron situaciones similares. Vamos a leer las palabras de uno de ellos, el profeta Jeremías. Dios le habló a Jeremías durante los últimos días del reino de Judá. Estaba a punto de disciplinar fuertemente a su pueblo. Serían conquistados y llevados al cautiverio, y muchos morirían.

¿Por qué? Busquemos la respuesta en Jeremías 7:1-4:

7:1 Esta es la palabra que vino a Jeremías de parte del Señor:
7:2 Párate a la entrada de la casa del Señor, y desde allí proclama este mensaje: ¡Escuchen la palabra del Señor, todos ustedes, habitantes de Judá que entran por estas puertas para adorar al Señor!
7:3 Así dice el Señor Todopoderoso, el Dios de Israel: Enmienden su conducta y sus acciones, y yo los dejaré seguir viviendo en este país.
7:4 No confíen en esas palabras engañosas que repiten: '¡Este es el templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor!'

La gente iba al templo para adorar a Dios, y confiaban en que con eso estaban bien con El. Creían que el simple hecho de tener en su ciudad el templo de Dios los protegía. Pensaban: ¡Dios no va a permitir que nada le suceda a su templo! Estamos a salvo. Sólo tenemos que asistir al templo de vez en cuando.

Pero sus vidas no se conformaban a la voluntad de Dios. Se aprovechaban de otros, cometían adulterio y hasta adoraban a otros dioses, pero pensaban que todo estaba bien porque iban al templo de Dios. El ritualismo te lleva a creer que puedes complacer a Dios con sólo hacer ciertas cosas, y que no tienes que entregarle tu corazón.

Todavía caemos en la trampa de pensar como ellos. ¡No hemos progresado mucho! He oído a las personas decir: "¡No se te ocurra mentir en la Iglesia!" Y me pregunto: ¿Está Dios encerrado en la Iglesia? ¿No te va oír si dices una mentira en otro lugar? También dicen: "¡No vayas a decir malas palabras en la Iglesia!" Y me pregunto: ¿Acaso no ofenden a Dios cuando las decimos en otro lugar?

¡Cualquier lugar donde se encuentra Dios es sagrado! Dios se encuentra en todo lugar. Pero el ritualismo te hace creer que ciertos lugares son más santos que otros, y allí sí tienes que portarte bien - pero puedes hacer lo que quieras en otros lugares.

Sigamos leyendo las palabras de Dios, en Jeremías 7:21-26:

7:21 Así dice el Señor Todopoderoso, el Dios de Israel: "¡Junten sus holocaustos con sus sacrificios, y cómanse la carne!
7:22 En verdad, cuando yo saqué de Egipto a sus antepasados, no les dije nada ni les ordené nada acerca de holocaustos y sacrificios.
7:23 Lo que sí les ordené fue lo siguiente: 'Obedézcanme. Así yo seré su Dios, y ustedes serán mi pueblo. Condúzcanse conforme a todo lo que yo les ordene, a fin de que les vaya bien'.
7:24 Pero ellos no me obedecieron ni me prestaron atención, sino que siguieron los consejos de su terco y malvado corazón. Fue así como, en vez de avanzar, retrocedieron.
7:25 Desde el día en que sus antepasados salieron de Egipto hasta ahora, no he dejado de enviarles, día tras día, a mis servidores los profetas.
7:26 Con todo, no me obedecieron ni me prestaron atención, sino que se obstinaron y fueron peores que sus antepasados".

La gente llegaba al templo con sus sacrificios y ofrendas para dárselas al Señor. Llevaban los animales que El les había mandado, pero su corazón no estaba bien. Ellos pensaban que podían comprar el favor de Dios con esos sacrificios, y que no era necesario amarlo de corazón ni esforzarse por obedecerle.

Dios les responde: "¡Mejor cómanse ustedes toda la carne de sus sacrificios! Esa clase de sacrificio a mí no me agrada." Sus sacrificios y ofrendas le daban asco a Dios, porque ellos mismos no se entregaban a El. Entonces Dios les dice: "Cuando saqué a sus antepasados de Egipto, ¿acaso les pedí sacrificios? ¡No! Les pedí obediencia."

Si a Dios lo pudiéramos manipular con rituales y sacrificios, entonces los israelitas en Egipto habrían tenido que hacerle sacrificios a Dios para que El los sacara de su esclavitud. Pero no hubo nada de eso. Más bien, Dios tomó la iniciativa. Dios los liberó. Sólo después les dijo que ofrecieran sacrificios en obediencia a El.

¿Acaso piensas que, con asistir a la Iglesia y darle a Dios una ofrenda, ya has quedado bien con El? ¿Crees que Dios te marca presente cuando te ve aquí, y con eso ya te has ganado su favor? ¡Lo mismo pensaban los judíos del día de Jeremías! Vamos al templo, llevamos nuestro sacrificio, y podemos salir a hacer lo que nosotros queramos.

Pero Dios no se complace con rituales. Lo que El busca es que le entreguemos nuestro corazón. El nos llama a caminar cada día en humildad ante El, confiando en su amor y buscando su dirección. Cuando asistimos al culto, debemos salir fortalecidos y preparados para caminar otra semana con Cristo. En lugar de pensar que con eso ya cumplimos, tenemos que verlo como el lanzamiento semanal al servicio y la confianza en nuestro Señor.

¿Cuáles son algunos de los otros rituales que confundimos, tratando de convertirlos en magia religiosa? Uno de ellos es el bautismo. Así como los judíos llegaron a confiar en sus rituales en lugar de su Señor, muchas personas confían en el bautismo. "Ya me bauticé", piensan, "así que ya mis pecados fueron limpiados y estoy bien con Dios".

Quiero que observes lo que dijo el apóstol Pedro acerca del bautismo, en 1 Pedro 3:21: " la cual simboliza el bautismo que ahora los salva también a ustedes. El bautismo no consiste en la limpieza del cuerpo, sino en el compromiso de tener una buena conciencia delante de Dios. Esta salvación es posible por la resurrección de Jesucristo". ¿El bautismo salva? ¡No como un simple ritual! Si tú te has bautizado, pero no tienes ningún compromiso con Dios, simplemente te diste un chapuzón en el agua. El bautismo mismo no tiene poder para salvar. Sólo sirve como el símbolo de un compromiso con Dios, del arrepentimiento y la fe en Jesucristo. Sin compromiso, de nada sirve.

Otra cosa que se puede convertir en ritualismo es la observancia de la cena del Señor. Algunos creen que, con simplemente recibir los elementos de la cena del Señor, algo mágico ha sucedido. Pero ¿qué dijo Jesús? Cuando El instituyó la cena del Señor, dijo las palabras que encontramos en Lucas 22:19: "Hagan esto en memoria de mí".

Cuando tomamos la cena del Señor, es una oportunidad para recordar y meditar en lo que Cristo hizo por nosotros en la cruz. No es una acción mágica que nos hace merecer la gracia de Dios. Es un recordatorio, una conmemoración. Debe ser solemne y lleno de significado, pero no es un sacrificio.

Pensemos, por un momento, en las primeras palabras de Jesús que registra el verso que leímos. El dice: "Este pan es mi cuerpo". Algunas personas creen que debemos tomar en sentido literal esa frase, que el pan literalmente se convierte en el cuerpo de Jesús. Sin embargo, notamos que Jesús solía usar comparaciones. Por ejemplo, El dijo: "Yo soy la puerta" (Juan 10:9). ¡Nadie supone que Jesús en ese momento se convirtió en madera!

Igualmente, el pan representa su cuerpo, así como una bandera representa la patria y un anillo representa el matrimonio. Lo debemos tomar con respeto y honor, pero no perder de vista que se trata de un recordatorio y una conmemoración. Es una oportunidad para recordar y agradecer.

En cualquier Iglesia, en cualquier congregación, es muy fácil caer en la trampa del ritualismo. Con hacer ciertas cosas, creemos que le hemos complacido a Dios. Pero Jesús espera algo más de nosotros. Miren lo que dijo El en Juan 6:28-29:

6:28 -¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras que Dios exige? -le preguntaron.
6:29 -Esta es la obra de Dios: que crean en aquel a quien él envió -les respondió Jesús.

Todo comienza con poner nuestra confianza en Jesús.

El murió en la cruz para pagar la pena de tus pecados. El resucitó para ofrecerte la vida eterna. ¿Qué más tiene que hacer para mostrar que es digno de tu confianza? Todo comienza con eso. Y entonces, si tú confías en Jesús de corazón, todo lo demás fluye naturalmente de allí.

Si tú confías en Jesús, le confiarás tu familia. Te esforzarás por ser el esposo, el padre, el hijo que El desea, porque entiendes que su camino es el mejor. No sentirás la necesidad de controlarlo todo con gritos, con abuso o con manipulación, porque sabes que Jesús está en control.

Si tú confías en Jesús, le confiarás tu dinero. En lugar de vivir en estrés y ansiedad, buscarás los principios que El te enseña en su Palabra y los pondrás en práctica. Si confías en Jesús, le confiarás tu pasado. En lugar de buscar venganza o ahogar tu tristeza en algún vicio, reconocerás ante El tus heridas y dejarás que El las sane - con su Espíritu, en oración, por la ministración de otras personas y con la confesión.

¿Te das cuenta? ¡Todo comienza con la fe en Jesús! Dios no está buscando que lo contentes con rituales de magia religiosa. Más bien, las cosas que pertenecen a la religión - los cultos, el bautismo, la cena del Señor, la alabanza y todo lo demás tienen que servir como expresiones de nuestra fe. Entrégate hoy a Jesús. Dale al Señor tu corazón. La magia religiosa no funciona, pero la fe y la entrega lo consiguen todo.


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