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Domingo 9 de Marzo del 2003

Pierde el tiempo con tus hijos
Pastor Tony Hancock

Carlos Adams, una figura política del siglo XIX, solía mantener un diario de sus reflexiones sobre lo que había hecho. Un día, escribió en su diario: Fui a pescar con mi hijo. Un día perdido. Interesantemente, su hijo también tuvo la costumbre de escribir en un diario. En su entrada para el mismo día, el hijo escribió: Fui a pescar con mi papá; ¡el día más maravilloso de mi vida! Mientras el padre creía que estaba perdiendo el tiempo con su hijo, el hijo lo vio como una gran inversión.

Yo no sé cuánto tiempo pasas con tus hijos. Lo que te puedo asegurar es que no es tiempo perdido. Al contrario; la inversión más importante que puedes hacer en la vida es invertir en la vida de tus hijos. En esta mañana en que tenemos el privilegio de dedicar a un niño al Señor consideraremos lo que Dios nos dice en su Palabra acerca de su plan para la crianza de los niños. El mundo ha producido muchos grandes psicólogos, y quizás podemos aprender algo de sus ideas; pero tenemos en la Biblia las instrucciones del Creador de la familia, y éste es el mejor texto para la dirección de la familia.

¿Cómo podemos invertir en la vida de nuestros hijos? ¿Cómo podemos "perder" tiempo con ellos de una manera que resulte ganancia? Vamos a ver las diferentes maneras en que Dios quiere que cada niño se desarrolle, para ver cómo fomentar este desarrollo en la vida de nuestros hijos.

Lectura: Lucas 2:51-52

2:51 Y descendió con ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.
2:52 Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.

Cometemos un grave error cuando referimos a nuestro Señor Jesús sencillamente como "Dios" – no porque él no sea Dios, sino porque esto nos puede llevar a ignorar tanto a los otros dos miembros de la Trinidad como también la humanidad de nuestro Señor.

Jesús no simplemente pareció ser hombre. El es hombre, y es el patrón de lo que un hombre realizado debe ser. Como tal, su vida nos sirve de ejemplo. En este pequeño pasaje podemos encontrar un bosquejo para el desarrollo de cada niño, dividido en cuatro etapas.

I. Dios desea que cada niño se desarrolle mentalmente

La primera manera que se nos dice que crecía Jesús es en sabiduría. Debemos notar que la sabiduría no es precisamente lo mismo que la inteligencia. Una persona puede ser muy inteligente sin tener nada de sabiduría. Sin embargo, ser sabio – según el patrón bíblico – envuelve el uso de la inteligencia santificada. Cuando Jesús hablaba del mandamiento más importante, dijo: Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente (Lucas 10:27).

¿Qué significa amar a Dios con toda la mente? Significa entregar a su uso todas las facultades mentales que tenemos. Significa esforzarnos en comprender su Palabra, usar nuestra inteligencia en su servicio, y apreciar las maravillas del mundo que él ha creado.

A veces se nos critica como creyentes por tener el cerebro lavado y no pensar. La realidad es que el creyente debe ser la persona que más piensa, pues reconoce que su capacidad mental le ha sido dada por Dios como un don especial, para ser usada y no desperdiciada.

¿Cómo pueden los padres fomentar el desarrollo mental de sus hijos? Por un lado, deben valorar la educación. No podemos ignorar los peligros que existen dentro del sistema escolar, pero la educación es un bien para el creyente. Las capacidades mentales que una buena educación desarrolla pueden ser muy útiles en el servicio al Señor. No descuides la educación de tus hijos.

Por el otro lado, hay que enseñar a los hijos a pensar de una manera cristiana. Esto sucede cuando les damos una perspectiva bíblica sobre lo que nos rodea. Significa que nosotros también tenemos que estudiar la Biblia y desarrollar nuestra mente para tener qué enseñarles a nuestros hijos.

Si exprimes una esponja saturada de agua, saldrá agua. En cambio, si la esponja está saturada de vinagre, saldrá vinagre. De igual modo, nos hace falta saturarnos con la Palabra y meditar sobre ella para poder comunicar este conocimiento a nuestros hijos y fomentar su desarrollo mental.

II. Dios desea que cada niño se desarrolle físicamente

Nuestro pasaje dice que Jesús crecía en estatura. Como creyentes, a veces pensamos que Dios sólo se interesa por el alma. Pensamos que el cuerpo no importa. Olvidamos que Dios ha creado nuestro cuerpo, y que es importante para nuestra vida. Nuestro estado físico tiene mucho que ver con nuestra vida. Si no estamos en buenas condiciones, por ejemplo, podemos sufrir problemas emocionales, y nos pueden faltar las fuerzas para servir a Dios y vivir bien.

Antes de crear al ser humano, Dios creó primero un mundo que disponía de todo lo que él necesitaría. De igual modo, los padres sabios pretenden crear un ambiente en el que su hijo disponga de todo lo que necesita.

El problema es que muchas veces confundimos lo que nuestros hijos necesitan con lo que ellos quieren. Para ser buenos padres, es necesario no caerles bien a nuestros hijos de vez en cuando. Habrá momentos en que tendremos que decirles que no, tendremos que insistir en que hagan cosas que son para su bien, y ellos se enojarán. El amor tiene que ser grande para absorber tal rechazo, que es para el bien del niño.

Vamos a mencionar sólo un ejemplo de esto: la comida. Hoy en día hay una epidemia de diabetes infantil. La clase de diabetes que ahora se está volviendo común entre niños y adolescentes antes era casi exclusivamente enfermedad de los adultos. La generación de niños que consume azúcar y comidas refinadas en gran cantidad, y que carece de ejercicio, se está haciendo víctima de ésta y otras enfermedades.

Padres, si quieren a sus hijos, no les den todo lo que quieren. Insistan en que coman comidas saludables, por más que se quejen y lloren. Uds. tienen que decidir si los aman lo suficiente como para soportar sus quejas y sus lágrimas, sabiendo que es para su bien.

III. Dios desea que cada niño se desarrolle socialmente

Se nos dice que Jesús gozaba del favor de toda la gente. Esto significa que él desarrollaba una vida social y emocional sana. Los padres tienen suma importancia en el desarrollo emocional y social del niño. Por ejemplo, los psicólogos nos dicen que la relación materna es crucial durante los primeros cuatro años de vida. Durante estos años, si la madre rechaza a su hijo, éste podrá crecer con un rencor que lo llevará a rechazar las normas sociales. Es decir, el amor materno ayuda a formar la conciencia del niño.

Por el otro lado, los niños que no disfrutan de una relación estrecha con el padre también sufren de muchos problemas psicológicos. Entre otras cosas, podrán sufrir de una baja autoestima que los estorbará en el desarrollo pleno de su potencial.

Se hizo un experimento muy interesante algunos años atrás. A una maestra se le dijo que la mitad de su clase era excepcionalmente inteligente, mientras que la otra mitad era regular. Con este conocimiento, ella empezó a enseñarles. Al año, los estudiantes que habían sido catalogados de inteligentes habían avanzado un año más allá de los que habían sido descritos como regulares. Lo interesante es que, en realidad, todos tenían la misma capacidad intelectual.

La lección es clara; lo que esperamos de los niños afecta profundamente la manera en que ellos responderán. Si constantemente les decimos que son malcriados, que no se portan bien, que por qué no pueden ser como sus hermanos, ellos responderán. Cada vez que oigo a un padre expresar desdén o impaciencia con sus hijos, quisiera decirles que sólo empeoran la situación con esos comentarios. El niño que constantemente oye que es tremendo, idiota, o un error pronto lo creerá.

Por el otro lado, si les expresamos un amor sincero y una confianza sincera en sus habilidades, ellos se esforzarán en merecer nuestros elogios.

IV. Dios desea que cada niño se desarrolle espiritualmente

Vemos que Jesús crecía en el favor de Dios. Es decir, él se iba acercando más y más a su Padre celestial. Aunque era impecable, creció en el conocimiento de la voluntad de Dios y en su amor por su Padre celestial.

Fomentar el desarrollo espiritual de nuestros hijos significa inculcarles valores morales y ayudarles a conocer a Dios. Proverbios 13:24 dice: No corregir al hijo es no quererlo; amarlo es disciplinarlo. Vivimos en una cultura que no aprecia la disciplina. La falta de disciplina se refleja en la inmoralidad, en el gran número de niños que crecen sin padres, en la falta de respeto por los derechos ajenos y la falta de amor propio.

Como padres creyentes, tenemos la responsabilidad de enseñar a nuestros hijos a respetar las leyes que Dios ha creado y a respetar a las autoridades que él ha creado. Esto significa enseñarles a respetarnos a nosotros y a otros adultos. También significa enseñarles a compartir y a respetar a otros niños.

Sin embargo, hay algo que es más importante. Se ilustra en la siguiente historia. Juanito iba a contestar el teléfono un día sábado cuando dijo su papá: "Si es alguien de la oficina, diles que no estoy". Esa noche, la familia salió a comer. Su mamá miró el cheque y se dio cuenta que la mesera había cometido un error en el cheque que les favorecía. "El error es suyo", dijo su papá. Mientras iban a casa, todos hablaban de la nueva caja que venía en el tablero del carro. Su papá les explicó que era un detector de radares, y que ya le había salvado de varias multas.

Juanito consideró que ese sábado había sido mucho mejor que el anterior, cuando no pudo salir porque estaba castigado por copiar en un examen de matemáticas. Cuando Juanito crece, ¿recordará el castigo o el ejemplo que le dio su padre? ¿Cuál de ellos seguirá? La manera más eficaz de enseñarles buenos valores morales a nuestros hijos es vivirlos en nuestra propia vida.

De igual modo, nuestros hijos deberán ver en nosotros una relación viva con el Señor. Si nosotros no mostramos reverencia durante el culto, ellos tampoco lo harán. Si nosotros no tenemos la costumbre de orar y leer la Biblia en el hogar, les parecerá hipocresía cuando lo hacemos los domingos. Si no amamos palpablemente a Jesús, ellos no lo aprenderán a hacer. La mejor manera de fomentar el crecimiento espiritual de tus hijos es por tu ejemplo.

¿Estás perdiendo suficiente tiempo con tus hijos? ¿Estás haciendo esas inversiones que pueden tener rendimientos eternos? Comprométete hoy en fomentar el crecimiento físico, intelectual, emocional y espiritual de tus hijos. Dios te los ha encomendado.


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