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Domingo 19 de Noviembre de 2017

¿Quién te representa?
Pastor Tony Hancock

A un sacerdote lo habían invitado a una fiesta. Llegó al evento vestido con su collar de clérigo, y comenzó a conversar con los demás invitados. Pronto se dio cuenta de que un niño no lo dejaba de observar. Algo encontraba que le fascinaba en su apariencia. Por fin, le preguntó qué miraba. El niño respondió señalando hacia el collar del padre.

"¿Sabes por qué uso esto?" - le preguntó al niño. "Sí" - respondió el niño, - "mata las pulgas y garrapatas durante tres meses". ¡Creo que había cierto malentendido! Creo también que existe cierto malentendido acerca del sacerdocio. ¿Qué es un sacerdote, según la Biblia? ¿Para qué es?

En estas semanas hemos estado hablando de algunas de las cosas que se redescubrieron durante la Reforma protestante. Entre otras cosas, los reformadores estudiaron la Biblia para ver qué decía acerca de los sacerdotes que había en la iglesia de su día. Habían aprendido cierta forma de pensar, pero la pregunta real para ellos - como para nosotros - es ésta: ¿qué dice la Biblia?

Antes de considerar lo que la Biblia nos tiene que decir acerca del sacerdocio, quiero aclarar algo. No se trata de atacar personalmente a los sacerdotes; muchos son sinceros y de buen corazón. Tampoco se trata de repasar los escándalos. Más bien, lo que queremos saber es esto: ¿cuál es la voluntad de Dios? ¿Qué clase de sacerdote necesito para acercarme a El? Esto es lo que realmente importa.

Ahora bien, ¿qué es un sacerdote? Nos imaginamos a una figura con sotana, caminando por la calle o parado frente a una iglesia. Es el cuadro común del sacerdote católico, pero ¿cuál es la función de un sacerdote? ¿Para qué sirve? Un sacerdote es, en realidad, un mediador. Es un intermediario o representante. Es el representante de Dios ante el pueblo.

También es el representante del pueblo ante Dios, porque hace sacrificios por el pueblo e intercede por ellos. Durante los tiempos del Antiguo Testamento, los sacerdotes servían en el templo en la presencia de Dios. Una de sus principales funciones fue presentar los sacrificios que traía la gente. Estos sacrificios representaban varias cosas. Quizás la más importante era quitar la culpa.

Cuando una persona se acercaba al templo, venía cargada de culpa por su pecado. Se presentaba ante el sacerdote con su animal. El sacerdote estaba entre la persona culpable y Dios. Tomaba ese animal y lo mataba, presentándoselo a Dios en el lugar de la persona pecadora. Podríamos decir que el sacerdote la decía a Dios: "Acepta la muerte de este animal en el lugar de la muerte de esta persona culpable." Entonces Dios lo aceptaba.

Pero nosotros ya no vivimos en esos tiempos. ¿Qué sacerdote necesitamos nosotros? Encontramos la respuesta en Hebreos 10:11-14:

10:11 Todo sacerdote celebra el culto día tras día ofreciendo repetidas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados.
10:12 Pero este sacerdote, después de ofrecer por los pecados un solo sacrificio para siempre, se sentó a la derecha de Dios,
10:13 en espera de que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies.
10:14 Porque con un solo sacrificio ha hecho perfectos para siempre a los que está santificando.

Aquí descubrimos que tenemos un sumo sacerdote que ya ha ofrecido el sacrificio perfecto. La Biblia dice: "Todo sacerdote celebra el culto día tras día ofreciendo repetidas veces los mismos sacrificios" (v. 11). Esto se refiere a los sacrificios que todavía se ofrecían en el templo en Jerusalén.

Ese templo fue destruido en el año 70 d.C. por el ejército romano. En la actualidad, el pueblo judío no ofrece sacrificios de animales. Pero cuando el autor de la carta a los Hebreos escribió, esto todavía se hacía. El menciona esos sacrificios, pero aclara que nunca pueden quitar los pecados.

En cambio, Jesús ofreció un solo sacrificio que quita los pecados para siempre. ¿Cuál sacrificio ofreció? Fue el sacrificio de su propio cuerpo. Como víctima totalmente inocente y sin pecado, El hizo lo que millones de animales jamás lograron. Murió en sacrificio perfecto, una vez para siempre.

Dios había aceptado esos sacrificios de animales de manera temporal, antes de que Jesús muriera. Pero ahora que El ha muerto, ya no queda otro sacrificio por el pecado. Sólo su sacrificio es suficiente para quitar la culpa de nuestro pecado y hacernos aceptables ante Dios.

Una de las maravillas de Cristo es que El es, al mismo tiempo, sacerdote y sacrificio. Los sacerdotes judíos ofrecían animales en sacrificio, pero Jesús se ofreció a sí mismo. Había algo que los sacerdotes en el templo nunca hacían. Nunca se sentaban. De hecho, en el templo no había sillas. Mientras servían en el templo, siempre estaban de pie. Siempre había más sacrificios que hacer.

Pero cuando Jesús terminó su obra, se sentó. Murió en la cruz, ofreciendo el sacrificio perfecto; resucitó y ascendió a la mano derecha del Padre, donde se sentó. ¡Su trabajo se había terminado! Ya no hay otro sacrificio para el pecado. El único sacrificio necesario ya fue hecho.

Jesús es el único sacerdote que necesitamos. Si leemos el Nuevo Testamento, descubrimos algo interesante. A los líderes de la Iglesia nunca se les llama sacerdotes. Se les llama ancianos, obispos y pastores, pero nunca sacerdotes. La Iglesia, tal como Jesús la estableció en el Nuevo Testamento, no tenía sacerdotes.

¿Por qué? Porque Jesús es el único sacerdote que necesitamos. Como dice 1 Timoteo 2:5-6, El es el único mediador entre Dios y los hombres:

2:5 Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre,
2:6 quien dio su vida como rescate por todos. Este testimonio Dios lo ha dado a su debido tiempo,

Yo como pastor no puedo perdonar tus pecados. Puedo decirte cómo pueden ser perdonados, pero yo mismo no te los puedo perdonar. Sólo Jesús puede hacer eso, porque El es el Sumo Sacerdote de la Iglesia.

Esto también significa que ya no hay más sacrificios por el pecado. Jesús ofreció el último sacrificio. La cena del Señor no es un sacrificio; es una conmemoración, un recordatorio de lo que Jesús hizo por nosotros. Por lo tanto, debemos poner toda nuestra confianza en El. No hay otro intermediario. No hay otro sacrificio. Jesús es el único que nos puede salvar.

Jesús es el único líder de la Iglesia que es sacerdote, pero sí hay otros sacerdotes en la Iglesia. ¿Cómo? La Biblia nos enseña que todos somos sacerdotes. Bajo Cristo, cada creyente es un sacerdote. No podemos ofrecer sacrificios para la salvación de las personas; eso es algo que sólo Jesús pudo hacer. Pero sí somos representantes de Dios, y tenemos el privilegio de entrar directamente a su presencia.

Leamos 1 Pedro 2:4-5:

2:4 Cristo es la piedra viva, rechazada por los seres humanos, pero escogida y preciosa ante Dios. Al acercarse a él,
2:5 también ustedes son como piedras vivas, con las cuales se está edificando una casa espiritual. De este modo llegan a ser un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por medio de Jesucristo.

En realidad, todos podríamos venir a la Iglesia vestidos de collar y sotana, porque todos somos sacerdotes. Servimos en un templo espiritual, y ofrecemos sacrificios. No son sacrificios de animales, ni sirven para quitar el pecado. Ese sacrificio Jesús ya lo hizo. Entonces, ¿cuáles son los sacrificios que podemos ofrecer nosotros?

Pedro aquí nos dice que son sacrificios espirituales. El Nuevo Testamento nos habla de varios sacrificios que podemos ofrecerle a Dios. Romanos 12:1 nos dice que nuestro cuerpo es un sacrificio: "Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. " Cuando vivimos para hacer la voluntad de Dios con nuestro cuerpo, es un sacrificio que a El le agrada.

Filipenses 4:18 también nos dice que nuestra ofrenda es un sacrificio: "Ya he recibido todo lo que necesito y aún más; tengo hasta de sobra ahora que he recibido de Epafrodito lo que me enviaron. Es una ofrenda fragante, un sacrificio que Dios acepta con agrado." Cuando damos para la obra del Señor porque le amamos y queremos agradarle, le agrada a Dios. Hebreos 13:15 nos dice que nuestra alabanza es un sacrificio: "Así que ofrezcamos continuamente a Dios, por medio de Jesucristo, un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su nombre. " Cuando le cantamos a Dios y lo exaltamos con nuestros labios, le ofrecemos un sacrificio agradable.

Estas cosas no son sacrificios por el pecado. Más bien, son sacrificios de gratitud y de comunión. Cada creyente tiene el privilegio y la alegría de servir al Señor como sacerdote en su templo, trayéndole sacrificios agradables a El. Esto no es sólo para algunos; es un privilegio que Dios ofrece a todos.

Como sacerdotes, todos también tenemos acceso a Dios. Es por esto que Jesús nos enseñó a orar directamente al Padre. Ya no necesitamos algún otro sacerdote que lleve a Dios nuestra petición; podemos orar libremente a El, y saber que El nos escucha. Podemos estar siempre ante la presencia de Dios.

Como pastor, me doy cuenta de que hay muchos creyentes que viven como si la Reforma no hubiera sucedido. No se han dado cuenta de que Jesús es el Sumo Sacerdote, y tampoco se han dado cuenta de que ellos son sacerdotes. En lugar de vivir para ofrecerle sacrificios agradables al Señor, piensan que otra persona tiene que representarles ante Dios.

¡Qué tragedia! Imagina cómo sería nuestra Iglesia si todos, bajo la dirección de Dios, viviéramos como sacerdotes. Imagina cómo sería si todos gozosamente le trajéramos el sacrificio de nuestros labios en la alabanza. Imagina cómo sería si todos viviéramos cada día, entregando nuestros cuerpos para hacer la voluntad de Dios en sacrificio. ¡Qué maravilloso sería! Qué maravilloso será, si simplemente ponemos toda nuestra confianza en Cristo, reconocemos que El ya pagó por nuestro pecado, y nos dedicamos a servir a Dios como El lo desea.


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