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Domingo 12 de Noviembre de 2017

Cómo puedo ser salvo
Pastor Tony Hancock

¿Qué es la gracia? Imaginemos dos situaciones, para ver cuál de ellas mejor describe la gracia en el sentido bíblico. Primera situación: un hombre se está ahogando en el mar. De repente aparece un helicóptero de rescate. Del helicóptero se tira una balsa inflable, que cae al lado del hombre. Ahora lo único que tiene que hacer es inflar la balsa y remar a tierra.

Segunda situación: un hombre se está ahogando en el mar. De repente aparece un helicóptero de rescate. Del helicóptero baja un hombre, suspendido de una soga. Este hombre recoge en sus brazos al náufrago, quien lo agarra con las pocas fuerzas que tiene. Mientras el rescatista sostiene al náufrago, la soga los levanta al helicóptero.

¿Cuál de estas dos situaciones mejor ilustra la manera en que la gracia de Dios nos lleva a la salvación? En estas fechas, estamos celebrando el quinientos aniversario de la Reforma Protestante. Para los reformadores, una de las cuestiones básicas fue precisamente esta cuestión: ¿cómo puedo ser salvo? ¿Cómo recibimos la salvación?

La doctrina de la iglesia católica Romana enseñaba que la salvación es producto de la gracia de Dios, que nos capacita para que nosotros mismos podamos lograr nuestra salvación. En otras palabras, la gracia nos da el empujón, pero todavía quedan muchas obras que nosotros tenemos que realizar.

Los reformadores, regresando a la Biblia, concluyeron que la gracia de Dios nos concede la salvación como un regalo. Este regalo se recibe simplemente por fe, que no es una obra. Las buenas obras se producen como resultado de haber sido salvo, como evidencia de su realidad, y no como requisito para poder recibir la salvación.

Esto es más que una discusión académica o teórica. Tiene consecuencias muy reales para nuestra vida. Si la gracia es sólo una ayuda, pero cada uno tiene que trabajar para ganar la salvación, nunca podremos estar seguros. ¿Cómo saber si hemos hecho lo suficiente? ¿Cómo saber si mañana cometeremos algún error que nos hará perder la salvación?

Nuestra motivación para servir al Señor también es diferente. Si tengo que ganar mi salvación, entonces trabajaré ansiosamente para mi propio bien. En cambio, si la gracia de Dios me concede la salvación como un regalo, mi servicio al Señor será una expresión de mi gratitud y confianza en El.

Volvamos a la Biblia para tratar de comprender cómo funciona la gracia de Dios en nuestra salvación. Comencemos en Efesios 2:8-10:

2:8 Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios,
2:9 no por obras, para que nadie se jacte.
2:10 Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.

Estos versos nos muestran la relación entre la gracia, la fe y las obras. La salvación sólo viene por gracia; en esto todos estamos de acuerdo.

Pero aquí el apóstol Pablo aclara que nuestra parte en la salvación sólo es tener fe. La salvación es un regalo, y no damos nada a cambio. No le podemos ofrecer nada a Dios para comprar nuestra salvación. Por eso, el verso 9 aclara que la salvación no viene por obras. No hay nada que Dios nos exija aparte de confiar plenamente en Jesucristo para recibir la salvación.

A mi entender, en el sistema católico, la fe es necesaria, pero no es suficiente. La persona tiene que creer en Jesucristo, pero también tiene que participar en los sacramentos y hacer varias cosas para recibir la salvación. En cambio, según lo que la Biblia nos dice aquí, la fe es necesaria y suficiente. Sólo podemos ser salvos por la fe, y la fe es todo lo que necesitamos.

Aquí es importante aclarar lo que significa la fe. Tener fe en Jesucristo es más que simplemente creer que lo que la Biblia dice acerca de El es verdad. Satanás conoce los datos de la vida de Jesús, pero no es salvo. La fe bíblica incluye la confianza y el compromiso. También significa arrepentirse, porque si me doy cuenta de que necesito a Jesús como Salvador, tengo que reconocer mi pecado con tristeza y darle la espalda.

Dios nos salva, entonces, completamente por su gracia. Nuestra parte es simplemente confiar en Jesús con un corazón arrepentido. Entonces, ¿dónde entran las obras? El verso 10 nos da la respuesta. Las buenas obras son el resultado de la salvación. Dios ha preparado para cada uno de nosotros buenas obras para hacer. Pero sólo podemos hacer esas buenas obras porque somos nuevas criaturas en Cristo.

Lo podemos ilustrar así. No es que la fe + las obras = la salvación; es que la fe ==> la salvación ==> buenas obras. En el orden de Efesios 2:8-10, la gracia de Dios viene a nosotros por medio de la fe, y así recibimos la salvación. Después de recibir la salvación, hacemos por gratitud y amor las buenas obras que Dios desea que hagamos.

Igualmente, como lo aclara Santiago 2:14, la verdadera fe produce obras: "Hermanos míos, ¿de qué le sirve a uno alegar que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe?" Si pensamos que tenemos fe, pero esa supuesta fe no produce buenas obras en nuestra vida, estamos engañados. Seguramente hay muchos que se engañan así. Pero nuevamente, es la fe salvadora que produce las obras, y no las obras que producen la salvación.

¿Por qué tiene que ser así? Pensemos en la razón por la que necesitamos la salvación. Todos sufrimos de una enfermedad letal, que es el pecado. Sólo tenemos que observar el mundo que nos rodea para ver cómo el pecado he hecho estragos. Pero si examinamos nuestro propio corazón, nos damos cuenta de que el pecado también allí radica.

Ante un Dios santo, el pecado nos hace culpables. Para que esa culpa sea quitada, tiene que haber un sacrificio. Isaías 53:5 y 6 declaran que Jesús es ese sacrificio, el Siervo Sufriente, que sufrió el castigo que nosotros merecíamos:

53:5 Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados.
53:6 Todos andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino, pero el Señor hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros.

Sobre el recayó nuestra culpa, para que nosotros fuéramos perdonados y sanados.

¿Fue suficiente el sacrificio de Cristo? ¿Tenemos que agregar algo más? No, el verso dice que sobre El recayó nuestro castigo. Sobre El recayó nuestra iniquidad. Si nosotros tuviéramos que agregar algo al sacrificio de Cristo, esto significaría que su sacrificio no fue suficiente. Sería un sacrificio parcial. Sería como aquel rescate a medias que describimos al principio.

Pero ¡su sacrificio fue suficiente! Y por eso, tenemos que confiar en Cristo solamente. En Gálatas 5:4-5, el apóstol Pablo da un fuerte aviso acerca del peligro de agregar algo a la fe en Jesucristo:

5:4 Aquellos de entre ustedes que tratan de ser justificados por la ley han roto con Cristo; han caído de la gracia.
5:5 Nosotros, en cambio, por obra del Espíritu y mediante la fe, aguardamos con ansias la justicia que es nuestra esperanza.

En su día, algunos querían incluir la circuncisión como requisito adicional para la salvación. No rechazaban a Cristo; decían que se necesitaba a Cristo y algo más. Era Cristo, y también otra cosa.

Pero no es Cristo también; es Cristo solamente. Cristo es todo lo que necesitamos. Entonces, si estamos confiando en Cristo, pero también en las buenas obras que hacemos, ¡estamos equivocados! Lo que Jesús hizo en la cruz es suficiente para salvarnos. Tenemos que confiar solamente en El.

Nuestra parte es simplemente arrepentirnos y confiar en Jesús. Cuando El empezó a predicar, es lo que anunció. Lo podemos ver en Marcos 1:15: "Se ha cumplido el tiempo -decía-. El reino de Dios está cerca. ¡Arrepiéntanse y crean las buenas nuevas!" ¿Qué llamó Jesús a sus oyentes a hacer, si querían entrar en el reino de Dios? No les dio una lista larga de buenas obras. Sólo les llamó a arrepentirse y creer. Es lo mismo que nos llama a nosotros a hacer.

Pero alguien dirá: ¡Esto es muy peligroso! Si les decimos a las personas que no tienen que hacer buenas obras para alcanzar la salvación, ¡se aprovecharán! Pero Jesús no tuvo esa preocupación. En la historia que El contó acerca del hijo pródigo, el padre hace fiesta porque su hijo perdido ha regresado.

No lo pone a prueba; no le exige un periodo de probatoria. Cuando el hermano mayor se queja, el padre le insiste: "¡Tenemos que hacer fiesta! Tu hermano estaba muerto, pero ha vuelto a vivir." Dios no juega a los buenos y a los malos; El nos da una vida nueva, que no podemos ganar ni merecer, y lo hace por pura gracia.

Dios te invita en esta mañana a descansar en su gracia. Puede ser que te hayas criado con la idea de un Dios que está siempre enojado contigo, y que tienes que esforzarte por portarte bien para que no te castigue en el infierno. ¡No es así! Si tú sinceramente pones tu confianza en El, en Jesús y su obra por ti en la cruz, su gracia te llega inmerecidamente.

En el piso del infierno se podría labrar esta palabra: merecido. Todos los que están allí reciben su merecido. Pero en la puerta del cielo podrá decir: un regalo gratuito. Todos los que entran al cielo lo hacen simplemente por la gracia, el regalo, de Dios. No podemos hacer nada para merecerlo; sólo lo podemos recibir, por fe. ¿Has recibido esa salvación?

Si has recibido ese regalo, ¡ponte a trabajar! No lo hagas con la desesperación de tratar de ganarte el cielo, sino por la gratitud y el amor que le tienes al Señor que se entregó a la muerte por ti. Según Efesios 2:10, Dios ya tiene obras preparadas para que tú las realices. Tiene un lugar de servicio. Tiene cosas que lograr en tu familia, en tu Iglesia, en tu nación. Si eres salvo, ¡busca tu lugar de servicio! Para esto te salvó el Señor.


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