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Domingo 5 de Noviembre de 2017

Es cuestión de autoridad
Pastor Tony Hancock

Imagina, por un momento, que vas manejando por la calle cuando llegas a un cruce de caminos. En medio de la intersección ves a un hombre moviendo los brazos de un lado a otro. ¿Qué harás? Todo depende, ¿verdad? Si el hombre trae ropa de calle, seguirás de frente, tratando de esquivarlo. En cambio, si lleva uniforme de policía, obedecerás lo que te indica.

Tu reacción a sus movimientos depende por completo de la autoridad que tiene. Si no es policía, un hombre en medio de la calle que mueve los brazos puede ser un loco. En cambio, el mismo hombre - si es policía - cuenta con plena autoridad para dirigir los movimientos de los automóviles.

Esta cuestión de autoridad también es muy importante para la vida y para la Iglesia. ¿Quién tiene autoridad sobre tu vida y la mía? ¿Quién manda en la Iglesia? Esta fue una las cuestiones que explotó durante la Reforma Protestante. Este año celebramos quinientos años desde que se lanzó la Reforma de la Iglesia.

El 31 de octubre de 1517, Martín Lutero publicó sus 95 tesis. En este documento atacó ciertos abusos y ciertas doctrinas erróneas que promovía la iglesia católica Romana. El liderazgo de la iglesia respondió excomulgando a Lutero, y el movimiento protestante surgió como resultado. Somos herederos de este movimiento.

Aprovechando el momento histórico, vamos a considerar algunas de las ideas que impulsaron la Reforma Protestante. Estas ideas no son simplemente de interés histórico, sin embargo. Siguen influyendo sobre nuestra vida actual. La primera idea que vamos a considerar es la idea de la autoridad. ¿Quién manda en nuestra vida? ¿Quién manda en la Iglesia?

Me imagino que todos contestaríamos que Dios manda. Esto es verdad. Pero, si podemos refinar la pregunta un poco, la pregunta es ésta: ¿cómo ejerce Dios su autoridad sobre nosotros? Esta pregunta surgió también en el ministerio de Jesús. Durante la última semana de su vida, los líderes religiosos del pueblo se acercaron para hacerle una pregunta. Jesús acababa de purificar el templo, y ellos estaban enojados con El. Observa la pregunta que le hicieron, en Lucas 20:2: "-Dinos con qué autoridad haces esto -lo interrogaron-. ¿Quién te dio esa autoridad?"

La respuesta de Jesús fue otra pregunta: "¿De dónde vino el bautismo de Juan el Bautista? ¿Del cielo, o de la tierra?" Ellos comenzaron a discutir entre sí, y en su discusión, revelaron que sólo estaban pensando en cuestión de su propia conveniencia. "Si decimos que del cielo, nos criticará por no creerlo. Pero si decimos que de la tierra, el pueblo nos apedreará."

Como no estaban dispuestos a ver las cosas como son, Jesús les dio la respuesta que encontramos en Lucas 20:8: "-Pues yo tampoco les voy a decir con qué autoridad hago esto." Ellos no estaban dispuestos a creer la verdad, aunque estuviera frente a sus caras. Pero la pregunta que hicieron fue la pregunta correcta: ¿de dónde viene tu autoridad? Si Jesús tiene autoridad divina, tenemos que obedecerle. Si no la tiene, podemos usar nuestro propio criterio.

Esa es la pregunta para nosotros también. ¿Quién tiene la autoridad para decirme qué hacer? En otras palabras, ¿cómo ejerce Dios su autoridad sobre mi vida? La iglesia católica Romana da cierta respuesta a esta pregunta. Antes de continuar, debo decir que creo que habrá muchos católicos en el cielo. También creo firmemente en el derecho civil de libertad de religión.

Dicho eso, ¿cuál es la respuesta de la iglesia católica Romana a esta pregunta? Para la doctrina, la posición católica es que la Biblia es la autoridad, pero que tiene que ser interpretada de acuerdo a la tradición de la iglesia. En la práctica, entonces, la tradición católica determina lo que significa la Biblia y se pone al mismo nivel que ella.

Es como si hubiera dos autoridades en la casa - mamá y papá. Papá es el que manda, pero mamá es la intérprete oficial de sus mandatos. Ahora imaginemos que papá dice que no. Luego llega mamá, y ella dice: "Lo que papá quiso decir es que sí". Estoy seguro que eso nunca sucede en nuestros hogares. ¡Sería un caos! Si mamá es la que interpreta lo que papá dice, ¿quién realmente manda?

De igual manera, cuando se enseña que la tradición de la iglesia es la única interpretación correcta de la Palabra de Dios, la tradición viene a ser más importante que la Palabra misma. Nunca podrá ser corregida por la Palabra.

En la iglesia católica Romana, la jerarquía de la iglesia - comenzando con el papa - es su guía. Según el concepto católico, cuando el papa hace una declaración ex cátedra - es decir, en su posición como maestro oficial de la iglesia - no puede equivocarse. Según este concepto, el papa es el representante oficial de Jesucristo sobre la tierra. Es el vicario de Cristo.

Debemos decir que algunos de los papas han sido muy buenas personas, y muchos de sus escritos contienen verdades. Pero también ha habido escándalos en el papado. Entre otras cosas, durante las edades medias, se llegaron a nombrar tres papas al mismo tiempo. Al fin, la iglesia declaró que dos de ellos eran falsos. Sin embargo, durante el tiempo de estos tres papas, el católico común y corriente no tenía manera de saber cuál era el papa verdadero.

Pero la pregunta más importante es ésta: ¿realmente apoya la Biblia la autoridad del papa? La iglesia católica se apoya en Mateo 16:18, que dice: "Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella." Declaran que Pedro es la piedra sobre la cual Jesús edifica la iglesia.

Sin embargo, si leemos el contexto, vemos que Jesús está hablando de la declaración de fe que Pedro acababa de hacer como la piedra angular de la Iglesia. Y aunque alguien pensara que se refiere a Pedro, en ninguna parte de la Biblia nos habla de sucesores para Pedro o de una autoridad que él podría transmitir a generaciones sucesivas.

También nos damos cuenta de que Pedro, el supuesto primer papa, fue corregido por Pablo en Gálatas 2:11-13:

2:11 Pues bien, cuando Pedro fue a Antioquía, le eché en cara su comportamiento condenable.
2:12 Antes que llegaran algunos de parte de Jacobo, Pedro solía comer con los gentiles. Pero, cuando aquellos llegaron, comenzó a retraerse y a separarse de los gentiles por temor a los partidarios de la circuncisión.
2:13 Entonces los demás judíos se unieron a Pedro en su hipocresía, y hasta el mismo Bernabé se dejó arrastrar por esa conducta hipócrita.

Obviamente, Pedro fue capaz de equivocarse, si Pablo lo tuvo que corregir. Lo que este evento nos muestra es que Pedro no ejercía autoridad entre los apóstoles como se supone que el primer papa lo tendría que hacer.

¿Qué podemos decir de la otra fuente de autoridad, la tradición? Simplemente que Jesús, cuando estuvo en la tierra, elevó las Escrituras por encima de la tradición. El habla de la tradición en Marcos 7:9-13:

7:9 Y añadió: -¡Qué buena manera tienen ustedes de dejar a un lado los mandamientos de Dios para mantener sus propias tradiciones!
7:10 Por ejemplo, Moisés dijo: "Honra a tu padre y a tu madre", y: "El que maldiga a su padre o a su madre será condenado a muerte".
7:11 Ustedes, en cambio, enseñan que un hijo puede decirle a su padre o a su madre: "Cualquier ayuda que pudiera haberte dado es corbán" (es decir, ofrenda dedicada a Dios).
7:12 En ese caso, el tal hijo ya no está obligado a hacer nada por su padre ni por su madre.
7:13 Así, por la tradición que se transmiten entre ustedes, anulan la palabra de Dios. Y hacen muchas cosas parecidas.

Aquí está hablando de la tradición judía, que se usaba para interpretar la Biblia en su día. Nos enseña que la tradición puede llegar a ocultar el verdadero sentido de la Palabra de Dios. No se puede poner al mismo nivel.

En cambio, acerca de la Biblia, El dijo: "la Escritura no puede ser quebrantada". Esta frase se encuentra en Juan 10:35. Para Jesús, entonces, ¿cuál fue más importante: la Escritura, o la tradición? Claramente, fue la Escritura. No es que la tradición sea mala, en sí; es simplemente que la tradición a veces se equivoca. No puede ser la autoridad máxima.

Los reformadores, empezando con Lutero, regresaron a la Biblia para ver qué decía ella acerca de la cuestión de la autoridad. Lo que descubrieron es que la Biblia misma se declara la autoridad máxima para la fe y la vida. La tradición y las declaraciones de cualquier ser humano se tienen que juzgar a la luz de la Biblia. La Escritura es el criterio supremo.

En 2 Timoteo 3:16-17 descubrimos que la Biblia ha sido inspirada directamente por Dios:

3:16 Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia,
3:17 a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra.

El ha guiado a los autores bíblicos de tal modo que lo que ellos escribieron en sus propias palabras también es la Palabra de Dios. Por eso, es útil. Por eso, tiene autoridad para corregir y para guiarnos.

Tenemos también el ejemplo del pueblo de Berea. Cuando el apóstol Pablo llegó a su ciudad predicando el evangelio, Hechos 17:11 nos dice que sucedió lo siguiente: "Estos eran de sentimientos más nobles que los de Tesalónica, de modo que recibieron el mensaje con toda avidez y todos los días examinaban las Escrituras para ver si era verdad lo que se les anunciaba." Aun la proclamación apostólica tenía que ser sometida a las Escrituras, para ver si era cierta o no.

En este aniversario de la Reforma, volvamos al principio que redescubrieron los reformadores. Es el principio de la autoridad máxima de la Escritura. No era algo novedoso; más bien, fue algo que ellos encontraron bajo el lastre de la tradición y la ignorancia popular. Impulsados por la nueva tecnología de la imprenta, trabajaron para que todos pudieran tener acceso directo a las Escrituras.

Frente a la tradición que hemos recibido, tenemos que decir: Puede ser cierto, o puede ser falso. ¿Qué dicen las Escrituras? Frente a las muchas autoridades que pretenden decirnos qué hacer, nuestra pregunta es: ¿Qué dicen las Escrituras? Tenemos en nuestras manos la autoridad máxima para la vida y para la Iglesia.

Pero me pregunto: teniendo este gran privilegio, ¿cuánto tiempo pasamos con la Palabra de Dios? ¿Obedecemos lo que ella nos dice? ¿Será que nosotros como evangélicos, habiendo rechazado la autoridad de la tradición y del papa, nos hemos convertido en nuestra propia autoridad?

Este libro es la Palabra misma de Dios. Aquí El nos dice cómo ser salvos. Nos dice cómo vivir una vida que le agrada. Nos dice cómo evitar las trampas del enemigo, y cómo encontrar verdadera satisfacción. Pero si este libro sólo se queda en la repisa, no podrá lograr su propósito. Leamos la Palabra de Dios. Estudiémosla para entenderla mejor, y obedezcámosla. Si no lo hacemos, no estamos ignorando un simple libro; ignoramos la voz misma de Dios.


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