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Domingo 3 de Septiembre de 2017

El gran romance
Pastor Tony Hancock

La historia ha visto muchos grandes romances. La Biblia nos cuenta de varias, entre ellas la historia del amor de Jacob y Raquel. Este hombre se fue a vivir con su tío Labán. Después de un mes, Labán le preguntó qué le podía dar a cambio del trabajo que hacía. Jacob estaba tan enamorado de Raquel que se ofreció a trabajar durante siete años a cambio del privilegio de casarse con ella.

Labán aceptó el trato, y la Biblia nos dice que Jacob trabajó siete años para poder casarse con Raquel. Sin embargo, como estaba muy enamorado de ella, le pareció poco tiempo. Estamos hablando de 2.555 días de servicio - y le pareció poco, por amor. Al cabo de los siete años, su tío le hizo trampa. Terminó trabajando otros siete años para casarse con Raquel - pero esta vez, su tío le permitió que se casaran antes de comenzar los segundos siete años de trabajo.

¡Qué gran romance! ¡Qué sacrificio por amor! Pero hay un romance aun más grande. Un hombre se enamoró tanto de su novia que luchó contra la muerte misma con tal de estar con ella. Esta es una historia de amor en la que podemos participar todos.

Cuando el apóstol Pablo escribe, desde la cárcel, su carta a la Iglesia en Éfeso, describe ese gran romance entre Jesucristo y su Iglesia. Pero no es simplemente un romance de novela, un cuento que nos inspira sentimientos bonitos por unos momentos nada más. Transforma por completo nuestra manera de vivir. Cristo nos da un amor diferente, y nos llama a vivir un amor diferente.

Leamos acerca de este amor en Efesios 5:21-33:

5:21 Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo.
5:22 Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor.
5:23 Porque el esposo es cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza y salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo.
5:24 Así como la iglesia se somete a Cristo, también las esposas deben someterse a sus esposos en todo.
5:25 Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella
5:26 para hacerla santa. El la purificó, lavándola con agua mediante la palabra,
5:27 para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable.
5:28 Así mismo el esposo debe amar a su esposa como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo,
5:29 pues nadie ha odiado jamás a su propio cuerpo; al contrario, lo alimenta y lo cuida, así como Cristo hace con la iglesia,
5:30 porque somos miembros de su cuerpo.
5:31 "Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo".
5:32 Esto es un misterio profundo; yo me refiero a Cristo y a la iglesia.
5:33 En todo caso, cada uno de ustedes ame también a su esposa como a sí mismo, y que la esposa respete a su esposo.

Nosotros solemos leer estos versículos y pensar inmediatamente en lo que significan para el matrimonio cristiano. Los usamos para decir: Esposos, hagan esto. Esposas, hagan aquello. Pero hoy vamos a concentrarnos más bien en la gran historia del amor de Cristo que nos expresar un amor diferente, no sólo en el hogar, sino en toda la vida.

¿Qué descubrimos acerca del amor de Cristo? En primer lugar, descubrimos que Cristo es la cabeza de la Iglesia. Es cabeza de la Iglesia, pero también es su Salvador. Ya estamos empezando a descubrir algo maravilloso acerca del amor de Cristo.

En el mundo, los que tienen autoridad usan su poder para humillar a otros y para aprovecharse de los demás. Hemos oído demasiadas historias de policías corruptos que obtienen dinero por la fuerza, de jueces corruptos que se dan al soborno, de políticos corruptos que aprovechan su posición para enriquecerse.

¡Jesús no es así! El es Rey del universo. Es Creador de todo. Es exaltado sobre todo poder, sobre toda autoridad, sobre toda majestad humana o espiritual. ¿Cómo usó Jesús su autoridad? ¿Para qué la aprovechó? El vino a servir. Vino a salvar. Vino a entregar su vida para rescatar a todo el que lo reconozca como Señor y Salvador. Al hacerlo, se convirtió en el hombre más poderoso que ha caminado sobre esta tierra.

Jesús transforma lo que significa mandar. Por eso, El nos dice: "-Como ustedes saben, los que se consideran jefes de las naciones oprimen a los súbditos, y los altos oficiales abusan de su autoridad. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de todos. Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos." (Marcos 10:42-45)

El ahora nos llama a imitar su actitud. Si tienes autoridad como padre de familia o como cualquier otra clase de líder, Jesús te llama a usar esa autoridad para servir. No es para tu propio bien; es para el bien de los que están bajo tu liderazgo. Esta es la clase de amor que Jesús nos da, y que nos llama a dar a otros.

La segunda cosa que descubrimos acerca de este gran romance es que Cristo se entregó por su Iglesia. Jacob dio siete años de su vida para poder casarse con Raquel, y luego dio otros siete por la astucia de su tío. Otros han hecho grandes sacrificios por estar con su amada, pero Jesús se entregó hasta la muerte.

Jesús vio que su amada había sido capturada por un cruel farsante, un engañador que la sedujo y la ultrajó. Para poder rescatarla de su poder, tendría que enfrentarse a su rival en una batalla que le costaría la vida misma. Sufrió agonía incalculable. En la cruz se libró la batalla. El enemigo creyó haber ganado.

Pero había algo que el enemigo no sabía. Al entregarse en sacrificio inocente, Jesús logró rescatar a su amada. Dio su vida a cambio de su libertad, pero la muerte no pudo retenerlo. Al tercer día resucitó, habiendo vencido a los enemigos - el diablo y la muerte.

La amada de Jesús es la Iglesia. No se trata de un edificio ni de una institución, sino de la nueva humanidad que lo reconoce como su Señor y Salvador. Eramos esclavos del pecado, y estábamos bajo el poder de Satanás. Pero Jesús se entregó a la muerte para rescatarnos, dando su vida a cambio de la nuestra.

¿Con qué motivo lo hizo? Para tener una esposa pura. Sin Cristo, somos impuros. El pecado ha afectado cada parte de nuestro ser. Con nuestra mente pensamos mal. Con nuestra boca hablamos mal. Con nuestro cuerpo hacemos el mal. Pero Jesús nos recoge del fango y nos lava.

Esto se vuelve real en la vida de cada uno de nosotros cuando entramos a las aguas del bautismo y, de corazón, confesamos nuestra fe en Jesucristo. Por fe, llegamos a ser limpios. Jesús nos está renovando para que, cuando El regrese, nos podamos presentar ante El como un pueblo puro, perfecto y preparado.

Imaginemos una boda. El novio ha esperado este día, ansioso por poder unirse a su esposa. Por fin, llega el momento. Se encuentra de pie delante de una gran congregación de amigos y familiares, pero cuando entra la novia, él no ve a nadie más. Radiante en su vestido blanco con el velo y las flores, sólo ella ocupa su atención.

La Biblia nos dice que, cuando Jesús regrese, habrá una gran cena de bodas. Será la celebración de matrimonio con su esposa, la Iglesia. El ya pagó el precio. Ya nos rescató de donde estábamos, por medio de su sacrificio en la cruz. Pero ¿cómo nos adornamos para ese momento? ¿Cómo nos preparamos para ese día?

Apocalipsis 19:7-8 nos lo dice: "¡Alegrémonos y regocijémonos y démosle gloria! Ya ha llegado el día de las bodas del Cordero. Su novia se ha preparado, y se le ha concedido vestirse de lino fino, limpio y resplandeciente. (El lino fino representa las acciones justas de los santos)."

Así como la novia se arregla en preparación para el momento de su boda, el pueblo de Cristo se prepara viviendo en justicia y santidad. Si Jesús murió para rescatarnos del pecado, ¿cómo podemos seguir jugando con él? Más bien, su amor nos motiva a esforzarnos cada día por dejar lo que no le agrada y hacer siempre lo que El quiere.

El gran romance entre Jesús y su Iglesia nos lleva a una cosa más. Es que Cristo se une a su Iglesia. En un matrimonio humano, el esposo tiene que amar y cuidar de su esposa, porque son una sola carne. La unión física produce un compromiso que se tiene que respetar y honrar.

Así como el hombre y la mujer se unen físicamente, Cristo se ha unido espiritualmente con su Iglesia. Dice Pablo: "Somos miembros de su cuerpo". Es un gran misterio; no cabe dentro de nuestras categorías humanas. Pero es una gran realidad. Cuando llegamos a conocer a Cristo por fe, nos comprometemos con El y recibimos a su Espíritu Santo, nos unimos espiritualmente con El.

Ahora tenemos este gran privilegio de estar unidos a Cristo. Dondequiera que vayamos, El está con nosotros. Su Espíritu mora en nosotros. Nunca estamos solos. Por esto, lo representamos. Somos sus embajadores, no sólo porque El nos ha enviado, sino porque El nos ha llenado.

¿Cómo representamos a Cristo? ¿Mostramos en nuestra vida el amor diferente que El nos ha mostrado? Cuando la gente nos ve, ¿se nota el reflejo de Cristo en nosotros? Por la fe en Jesucristo, hemos entrado a este gran romance. No volvamos a la soledad de antes. Vivamos cada día en el amor de Aquel que nos amó y se entregó por nosotros.


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