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Domingo 23 de Julio de 2017

Frente a la encrucijada
Pastor Tony Hancock

Algunos años atrás tuve que viajar a una ciudad en otra parte del estado. En aquel tiempo no disponía de un GPS, así que imprimí un mapa de Google para guiarme. Sin embargo, cuando vi el mapa, noté algo extraño. Las instrucciones que me daba el mapa me sacaban de la carretera principal en cierto punto, me guiaban por calles secundarias y luego me hacían volver al camino.

"¿Para qué voy a dar tantas vueltas?" - me pregunté. Decidí ignorar las instrucciones del mapa y seguir derecho por la carretera en lugar de bajarme. Pocos kilómetros después de la salida, sin embargo, descubrí el por qué de las instrucciones. La carretera estaba bajo construcción, y había que tomar un desvío. Si hubiera seguido las instrucciones del mapa, me habría ahorrado algo de tiempo y mucha frustración.

En la vida, confrontamos muchas decisiones y encrucijadas. Cada decisión que tomamos va marcando nuestro destino. ¿Cómo podemos decidir bien? Hoy aprendemos de la decisión que tomaron los exiliados judíos que volvieron a Jerusalén luego de pasar setenta años en Babilonia.

Después de regresar, su máxima prioridad fue la reconstrucción del templo de Dios. Así podrían ofrecerle sacrificios, alabarle y pedir su dirección. Para ellos, la reconstrucción del templo era la restauración de su relación con Dios.

Comenzaron con mucho entusiasmo, pero después de poner los cimientos del edificio, se desanimaron. Había mucha oposición y la vida era muy dura. Dios entonces los llamó a la decisión mediante un mensaje que dio al profeta Hageo. Ellos alegaban que no era el momento apropiado para reconstruir el templo. Dios les respondió que, más bien, no era el momento apropiado para que ellos se dedicaran a levantar sus propias casas e ignoraran su casa.

También les dijo que El había retirado su mano de bendición a causa de su desobediencia. Sin embargo, prometió que los bendeciría si eran obedientes. Ahora se encontraban frente a una encrucijada. ¿Cómo responderían a la voz de Dios? ¿Se refugiarían en sus pretextos? ¿O pondrían manos a la obra?

Hermano, amigo, cada vez que Dios nos habla, tenemos que tomar una decisión. ¿Cómo responderemos? En varias ocasiones he oído la frase: "Me gusta escuchar la Palabra de Dios." Escuchar es bueno, pero lo importante es obedecer. Imagina, por un momento, que un padre le dijera a su hijo: "Hijo, quiero que laves el carro". Su hijo le responde: "Sí, papá".

A las dos horas, el padre busca a su hijo y le dice: "Hijo, ¿ya lavaste el carro?" Su hijo le contesta: "No, papá, pero dímelo otra vez. ¡Me gusta escucharte hablarme!" ¿Qué dirá aquel padre? ¿Estará contento, porque a su hijo le gusta escucharlo, aunque no lo obedece?

Veamos cómo respondió el pueblo de Dios frente a las palabras de Hageo. Leamos Hageo 1:12-15:

1:12 Zorobabel hijo de Salatiel, el sumo sacerdote Josué hijo de Josadac y todo el resto del pueblo obedecieron al Señor su Dios. Acataron las palabras del profeta Hageo, a quien el Señor su Dios había enviado. Y el pueblo sintió temor en la presencia del Señor.
1:13 Entonces Hageo su mensajero comunicó al pueblo el mensaje del Señor: "Yo estoy con ustedes. Yo, el Señor, lo afirmo".
1:14 Y el Señor inquietó de tal manera a Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y al sumo sacerdote Josué hijo de Josadac, y a todo el resto del pueblo, que vinieron y empezaron a trabajar en la casa de su Dios, el Señor Todopoderoso.
1:15 Era el día veinticuatro del mes sexto del segundo año del rey Darío.

Frente a la encrucijada, ¡el pueblo eligió bien! Escogieron la obediencia. Los líderes dieron el ejemplo. Zorobabel, el gobernador, descendiente del rey David, y Josué, tocayo de otro gran líder del Antiguo Testamento, el sumo sacerdote, juntos con todo el pueblo, obedecieron.

En su respuesta hay tres cosas importantes. En primer lugar, obedecieron. No simplemente hablaron de obedecer, ni prometieron obedecer; hicieron lo que Dios les dijo. En segundo lugar, lo que obedecieron fue la voz de Dios que vino por medio del profeta Hageo. Obedecieron una revelación concreta. No fue un sentimiento o una inclinación, sino un mensaje claro de Dios.

En tercer lugar, lo hicieron con temor. Ellos reconocieron que Dios merecía su obediencia. Entendieron que, si no obedecían, podría haber consecuencias. Si nosotros estamos en desobediencia, debemos tener temor a la presencia de Dios. Pero ese temor nos tiene que llevar al arrepentimiento.

Volvamos al ejemplo del joven cuyo padre le dice que lave el carro. Su padre puede ser muy buena persona y muy amoroso con su hijo. Sin embargo, el hijo sabe que su desobediencia traerá consecuencias. Quizás su papá no le deje usar el carro para salir con sus amigos. Siente temor de ver a su papá - no porque su padre sea malo, sino porque está en desobediencia.

Si ese temor es bueno, lo llevará a buscar a su padre, pedirle perdón y hacer de inmediato lo que su papá le pide. Si tú sientes temor de la presencia de Dios, no hagas lo que hizo Adán cuando se escondió. Más bien, busca a Dios para pedirle perdón. Ponte a hacer su voluntad.

¿Cómo sé cuál es la voluntad de Dios? En realidad, no es tan complicado. Lo más básico es lo que Dios nos ha revelado en su Palabra. El pueblo escuchó la voz de Dios en el mensaje de Hageo. Dios les habló directamente a través de él. En ese tiempo, la Biblia todavía se estaba escribiendo. De hecho, sus palabras llegaron a ser parte de la Biblia inspirada.

Ahora, la Biblia está terminada. Jesús ya vino. La obra de Jesús es el punto culminante de la revelación bíblica. Ahora, nosotros llegamos a saber lo que Dios quiere que hagamos primordialmente por medio de las Palabras de la Biblia. En nuestra lectura personal, por medio de sermones bíblicos o en una clase o célula Dios nos enseña por medio de su Palabra lo que El quiere que hagamos. Cuando Dios te habla, ¿cómo respondes?

No pongamos peros a la obediencia. En medio de la oposición que enfrentamos y la dificultad de la vida, hagamos lo que Dios nos está llamando a hacer. La obediencia siempre es la respuesta correcta a la Palabra de Dios.

Hemos hablado de nuestra respuesta como seres humanos a la voz de Dios. Pero este pasaje describe algo más. Nos habla de la respuesta de Dios a nuestra obediencia. ¿Te das cuenta? Cuando nosotros decidimos obedecer lo que Dios dice, El también decide hacer algo.

Hay dos cosas que Dios hace cuando su pueblo le obedece. En primer lugar, Dios está presente con nosotros. Dios dice: "Yo estoy con ustedes". El mismo Señor que había obrado en sus antepasados y había impulsado a Salomón a construir el primer templo ahora estaba con ellos.

Cuando decidimos obedecer a nuestro Señor Jesucristo, el mismo Espíritu que impulsó a los apóstoles también está con nosotros. Siempre vamos acompañados. Nunca estamos solos. Cuando Jesús nos dejó el mandato de hacer discípulos, prometió: "Estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo" (Mateo 28:20b). Si obedecemos su llamado, podemos saber que El está con nosotros.

La segunda cosa que sucede cuando obedecemos la voz de Dios es que El nos despierta. El verso 14 dice que el Señor inquietó a Zorobabel, a Josué y a todo el pueblo. La palabra que se traduce "inquietó" tiene que ver con despertar a alguien. Habían estado adormecidos a causa de su distracción y desobediencia, pero ahora el Espíritu los despertaba para que vieran lo realmente importante.

Cuando nosotros decidimos obedecer la voz de Dios, El nos abre los ojos. Nos quita el sueño espiritual y nos hace ver las cosas como son. Nos da visión. Nos motiva y nos impulsa. En cambio, cuando endurecemos el corazón, Dios nos deja. Permite que sigamos nuestro propio camino y nos engañemos más y más.

Lo he visto en mi propia vida. A veces he sabido que Dios me estaba llamando a hacer algo, pero la obediencia me ha parecido demasiado costosa. Lo que siempre me sucede es que siento menos y menos la presencia de Dios. Mi mente se nubla con otras cosas. Pierdo el gozo y la paz. ¿Por qué? Porque Dios me deja con las consecuencias de mis propias decisiones.

Pero cuando tomo la decisión de obedecer, es como si una nube se levantara de mi vida. Veo las cosas con claridad. Vuelvo a experimentar la presencia de Dios. ¿Te ha pasado lo mismo?

Hermano, hermana, ¿qué paso de obediencia te está llamando Dios a tomar en esta mañana? ¿Qué te está llamando a hacer? Si decides obedecer, si haces lo que Dios te llama a hacer, puedes estar seguro de que El también responderá. Frente a la encrucijada, ¡no te quedes en la indecisión! Decídete a obedecer, comenzando ahora.


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