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Domingo 9 de Julio de 2017

Tumbando las barreras al evangelismo
Pastor Tony Hancock

D. L. Moody fue un evangelista muy conocido de cien años atrás. Fue conocido por su evangelismo audaz en las calles y las esquinas, como también en cruzadas. Sin embargo, su forma de evangelizar no les parecía bien a algunos de los creyentes de su día. Lo consideraban poco refinado.

En cierta ocasión, una señora se acercó a Moody en una de sus reuniones y le dijo: "Señor Moody, no me gusta su manera de evangelizar." Moody le respondió: "Señora, a mí tampoco me gusta. Dígame, ¿cómo lo hace usted?" La mujer le contestó, "Bueno, yo en realidad no evangelizo mucho."

Entonces Moody le dijo: "Hermana, a mí me gusta más mi modo de hacerlo que su modo de no hacerlo." ¡Qué buena combinación de tacto y convicción! Pero me pregunto: ¿Dónde nos encontraríamos tú y yo en esa conversación? ¿Seremos de los que critican, pero no hacen? ¿O seremos de los que humildemente obedecen?

Me parece, en realidad, que hay ciertas barreras que nos estorban en el evangelismo. Muchos de nosotros sabemos que lo debemos hacer. Conocemos los versos: "Id y haced discípulos de todas las naciones. Me seréis testigos." Sin embargo, la pena, el temor y la inseguridad nos detienen. Nos quedamos simplemente con una sensación incómoda de culpabilidad porque no estamos evangelizando a nadie, pero no sabemos qué hacer al respecto.

Quiero compartir contigo en esta mañana tres breves pasajes que pueden transformar tu manera de pensar acerca del evangelismo. Las verdades que estos versos encierran son capaces de tumbar las barreras al evangelismo, si permitimos que penetren nuestro corazón. El primer verso se encuentra en Isaías 55:10-11:

55:10 Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo, y no vuelven allá sin regar antes la tierra y hacerla fecundar y germinar para que dé semilla al que siembra y pan al que come,
55:11 así es también la palabra que sale de mi boca: No volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo deseo y cumplirá con mis propósitos.

Dios aquí nos llama a confiar en el poder de su Palabra. ¡Confía en el poder de la Palabra de Dios! Isaías profetizó a un pueblo que confrontaba inseguridad y tragedia, y le llama a confiar en el poder de la Palabra de Dios. Dios nos llama a nosotros a hacer lo mismo.

Cada cosa que Dios dice es como la lluvia que desciende del cielo. Cuando vemos llover, sabemos que algo sucederá después. El agua trae verdor y crecimiento. A veces no nos gusta, porque lo que crece es el pasto del jardín. ¡Significa que lo tenemos que cortar! Pero la lluvia trae crecimiento. Trae fruto. Trae bendición. Cuando no llueve, todo se seca y la cosecha se pierde.

Así es la Palabra de Dios. No vuelve vacía. Cuando cae sobre la tierra, produce su fruto. Dios siempre cumple el propósito que tiene para su Palabra. Nosotros somos simplemente portadores de su Palabra. Somos como la enfermera que da una inyección. La enfermera no sana; la inyección es la que sana. Sólo nos toca compartir el mensaje. No tenemos que presionarnos por el resultado.

Esta semana me tocó llevar a un joven a la parada del autobús. Por el camino hablábamos de por qué hay tantas cosas malas en el mundo. Aproveché la oportunidad para contarle la historia de la Biblia: cómo Dios creó el mundo perfecto, pero Adán y Eva pecaron; cómo Dios prometió que vendría un descendiente de la mujer, para aplastarle la cabeza a la serpiente. Esa promesa finalmente se cumplió en Jesucristo, quien vino para rescatarnos de la maldición.

En todo el camino que le contaba la historia, prestó mucha atención. Me gustaría poder decirte que oró conmigo para aceptar al Señor, pero no fue así. Sin embargo, yo sé que esa Palabra que le compartí dará su fruto a su tiempo. Cuando llevamos la Palabra de Dios, podemos confiar en su poder. Nosotros no somos responsables de hacer que dé fruto. Dios se encargará de eso.

El segundo pasaje que nos puede ayudar a tumbar las barreras al evangelismo se encuentra en Romanos 1:16: "A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos primeramente, pero también de los gentiles." Pablo declara que no se avergonzaba del evangelio, porque el evangelio es el poder de Dios para salvación. Esto es lo que tenemos para compartir con la gente: el evangelio.

¿Qué es el evangelio? Es la noticia de lo que Dios ha hecho para resolver nuestro problema de pecado. Nuestros primeros padres decidieron creer la mentira de Satanás y pecar, y todos hemos seguido en sus pasos. Eso nos hace culpables ante los ojos de Dios; nos separa de El, y nos condena a la muerte.

Pero Dios, por su amor, mandó a su Hijo Jesús. El vivió la vida perfecta que no podíamos. El sacrificó su vida en la cruz, siendo inocente. Tomó nuestro lugar, venciendo al enemigo, para comprar nuestra libertad. Si nos arrepentimos del pecado y ponemos nuestra fe en El, recibiremos su perdón, una vida nueva y un lugar seguro en el cielo.

El evangelio se centra en la cruz. Lo que Cristo hizo en la cruz fue la obra más grande que se haya realizado en toda la historia humana. La cruz es la esperanza de toda persona. Por lo tanto, es lo que debemos compartir también. Nuestra meta tiene que ser compartir el evangelio.

En algunas ocasiones hablamos de Dios, pero no compartimos el evangelio. Cuando alguien enfrenta algún problema, le decimos: "Déjame orar por ti, y confía en que Dios te va a ayudar". Podemos comentar algo maravilloso de la creación, y darle la honra a Dios. Es bueno hacer estas cosas. ¡No me malentiendan! Es bueno, pero no es evangelismo. Podría ser una preparación para el evangelismo, pero no hemos evangelizado si no hemos compartido el evangelio para llamar a la persona a tomar una decisión acerca de Cristo.

El evangelio es poderoso. Algunos años atrás, un grupo de indígenas se reunió con un representante del ministerio de educación de su país. Su comunidad había sido transformada en los años anteriores. Las chozas de adobe se habían convertido en casas de material.

El representante del ministerio de educación señaló estos cambios, y dijo: "¡Miren todo lo que ha logrado la educación!" Uno de los ancianos del grupo indígena le respondió: "¿La educación? ¡No! ¡Fue el evangelio!" El evangelio tiene poder para transformar vidas, para ahora y para la eternidad. ¡Comparte el evangelio!

Vayamos ahora a Juan 12:32 para encontrar la tercera clave: "Pero yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo." Jesús habla de su crucifixión, y declara que El sería levantado sobre el madero. Su crucifixión sería una exaltación, y El atraería a todos hacía sí mismo. Esto sigue siendo verdad. Cuando levantamos a Cristo, cuando lo ponemos en alto en nuestras vidas, El atrae a las personas a sí mismo.

Jesucristo tiene que ser el centro de nuestra proclamación. La Palabra se trata de El. El evangelio es su mensaje. Si levantamos a Cristo, El mismo se encargará de atraer a la gente hacia sí mismo. En realidad, lo que tenemos que hacer es exaltar a Cristo y cuidarnos de no servir de estorbo para que la gente se acerque a El.

Se reporta que a Mahatma Gandhi, el líder del movimiento de independencia en India, se le preguntó una vez acerca de Jesús. El pertenecía a la religión hindú, pero solía citar a Jesús. Gandhi dijo: "Me gusta su Cristo, pero no me gustan sus cristianos. Sus cristianos no se parecen a su Cristo."

Hermanos, exaltemos a Cristo. Levantémosle en nuestra vida y en nuestro testimonio. Si levantamos a Cristo, El se encargará de atraer a las personas hacia sí mismo. Nosotros no tenemos que obligar o convencerles. Sólo tenemos que exaltar a Jesús. Corona a Cristo en el testimonio de tu vida y de tus palabras.

Hay una idea común entre los tres pasajes. Es simplemente que Dios es el que hace la obra. El envía su Palabra. El da poder al evangelio. El atrae a las personas a Jesús. Podemos superar las barreras al evangelismo si nos acordamos que no depende de nosotros. Depende de Dios. Si nos ponemos a compartir el mensaje que nos ha salvado a nosotros, Dios se encargará de lo demás.


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