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Domingo 2 de Julio de 2017

El llamado de Dios
Pastor Tony Hancock

Todos hemos recibido una llamada equivocada. Pero hay llamadas que también nos encanta recibir. La joven que espera la llamada de aquel muchacho que le interesa, la madre que escucha la voz de su hijo por el teléfono, la llamada que trae la noticia de un nuevo trabajo - ¡qué agradable es recibir esa clase de llamada! Pero ¿cuál será la llamada más importante? ¿Sabes? Dios siempre te está llamando. Dios usa varios teléfonos que constantemente suenan - pero son mucho más grandes que aquel celular que traes en el bolsillo.

De hecho, Dios llama constantemente a cada persona en este mundo a conocerlo y a honrarlo. ¿Cómo nos llama? En primer lugar, Dios constantemente nos llama por medio de su creación. En el mundo que nos rodea vemos, sentimos y escuchamos el llamado constante de Dios a conocerlo.

El rey David nos habla de esto en el Salmo 19. Leamos los primeros cuatro versículos:

19:1 Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento proclama la obra de sus manos.
19:2 Un día transmite al otro la noticia, una noche a la otra comparte su saber.
19:3 Sin palabras, sin lenguaje, sin una voz perceptible,
19:4 por toda la tierra resuena su eco, ¡sus palabras llegan hasta los confines del mundo! Dios ha plantado en los cielos un pabellón para el sol.

Dios ha puesto sobre nuestra cabeza un espectacular que proclama su gloria. El cielo - con su color, con el sol, la luna y las estrellas - anuncia constantemente que hay un Dios. En la regularidad del día y de la noche hay una proclamación.

Entre la humanidad las cosas cambian constantemente, pero podemos calcular con exactitud cuánto durará el día y cuánto durará la noche. Es un mensaje de Dios. Este mensaje no se tiene que traducir; nadie puede decir que no lo pudo entender. Más bien, sin palabras y sin lenguaje, su eco resuena por toda la tierra. ¡Este mensaje llega de sol a sol!

Pero alguien dirá: "La ciencia ya nos ha explicado cómo sucede todo eso. El cielo se pinta de colores porque las moléculas de la atmósfera reflejan la luz solar en diferentes ondas. El día y la noche se alternan regularmente porque la tierra gira en su órbita alrededor del sol. ¡La ciencia lo explica!"

Es cierto, la ciencia nos explica cómo suceden estas cosas. Pero la ciencia no nos puede explicar por qué suceden estas cosas. La ciencia, en otras palabras, nos explica cómo se escribió este mensaje. Pero no puede decirnos quién lo escribió. Para eso nos hace falta la Biblia. La ciencia nos describe la tinta que Dios usó para escribir su mensaje, pero no cancela el significado del mensaje.

Vemos, entonces, que Dios constantemente está hablando a cada ser humano por medio de su creación. Dios constantemente te llama en lo que ves a tu alrededor. Y ese llamado deja a todos sin excusa. Vayamos a Romanos 1, y leamos los versos 18 al 21:

1:18 Ciertamente, la ira de Dios viene revelándose desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los seres humanos, que con su maldad obstruyen la verdad.
1:19 Me explico: lo que se puede conocer acerca de Dios es evidente para ellos, pues él mismo se lo ha revelado.
1:20 Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa.
1:21 A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón.

¿Por qué, dice Pablo, se enoja Dios con la humanidad? Simplemente porque El los ha llamado a todos a conocerlo por medio de su creación, pero la gente ha decidido ignorarlo y seguir su propio camino.

Una vez vi un letrero colocado en una esquina. Decía en letras muy grandes: "No tirar basura". ¿Saben dónde estaba el lugar más sucio y lleno de basura de toda esa calle? El lugar junto al letrero, claro. Del mismo modo, Dios ha dejado un enorme letrero colgado sobre la creación, mostrando su poder y su sabiduría. ¿Qué hemos hecho? Hemos rechazado esa revelación y hemos creado dioses de nuestro propio invento. Se ve lo mismo en cada cultura del mundo.

Dios siempre te está llamando a través de su creación. ¿Cómo has respondido a su llamado? ¿Has dicho: Número equivocado, y has colgado el teléfono? ¿O te das cuenta de que hay un Dios poderoso que te hizo y que te llama a adorarlo? No ignores el llamado de Dios en su creación.

Hay una segunda manera en la que Dios nos llama. La encontramos en Romanos 2:14-16:

2:14 De hecho, cuando los gentiles, que no tienen la ley, cumplen por naturaleza lo que la ley exige, ellos son ley para sí mismos, aunque no tengan la ley.
2:15 Estos muestran que llevan escrito en el corazón lo que la ley exige, como lo atestigua su conciencia, pues sus propios pensamientos algunas veces los acusan y otras veces los excusan.
2:16 Así sucederá el día en que, por medio de Jesucristo, Dios juzgará los secretos de toda persona, como lo declara mi evangelio.

Estos versículos nos hablan del llamado que Dios nos hace por medio de nuestra conciencia. En el Antiguo Testamento, Dios reveló su ley al pueblo judío. Ellos sabían que no debían matar, que no debían robar, que no debían cometer adulterio o dar falso testimonio porque la ley se lo decía.

Pero ¿qué de los gentiles, los que no tenían la ventaja de haber recibido esta revelación? ¿Serán inocentes ante Dios? En realidad, todos tenemos una ley. Aun la persona que no tuvo la ventaja de haber estudiado la Biblia tiene en su corazón una voz que le dice que algunas cosas están bien y otras están mal. Debido al pecado, nuestra conciencia a veces se equivoca. Pero el hecho de tener una conciencia nos muestra que existe una ley que distingue entre el bien y el mal.

Ahora bien, si tenemos en nuestro corazón una conciencia del bien y del mal, ¿quién puso esa conciencia en nosotros? Si existe una ley que distingue entre el bien y el mal, ¿quién escribió esa ley? Imagina, por un momento, que camináramos por una vereda en medio de la selva. ¿Has visitado la selva alguna vez? La selva está llena de animales, de aves y de plantas muy bellas - pero también está llena de peligro.

Caminamos por esa vereda en la selva y comenzamos a especular: ¿por qué hay una vereda en la selva? Quizás los venados la hicieron, o los tapires. Los animales hacen veredas. Pero al seguir caminando, llegamos a una bifurcación en el camino. En medio de la i griega hay un pedazo de madera montado sobre un palo, con una flecha que señala hacia la derecha.

¿Seguiremos pensando que la vereda fue hecha por los animales? Los animales son capaces de hacer veredas, pero no dejan señalamientos que nosotros podamos leer. Esa flecha nos indica que alguien con inteligencia humana y con la capacidad de comunicarse con nosotros ya pasó por allí.

En nuestro corazón existen señalamientos que nos muestran lo bueno y lo malo. Dios nos llama por nuestra conciencia a reconocer que El existe, y que es un ser moral. Dios distingue entre el bien y el mal, y por eso nos llama a hacer lo mismo. Pero nuestra conciencia también nos indica otra cosa. Nos muestra que somos culpables ante ese Dios, porque no hemos guardado cabalmente sus leyes. No hemos obedecido siempre lo que nos dice nuestra conciencia. Somos culpables ante El.

Esto nos lleva al tercer llamado que Dios te está haciendo. Es el llamado universal del evangelio. Colosenses 1:23 nos habla de esto: "con tal de que se mantengan firmes en la fe, bien cimentados y estables, sin abandonar la esperanza que ofrece el evangelio. Este es el evangelio que ustedes oyeron y que ha sido proclamado en toda la creación debajo del cielo, y del que yo, Pablo, he llegado a ser servidor". El apóstol Pablo declara que él fue hecho ministro de un mensaje que se predica en toda la creación que está bajo el cielo. ¡Qué interesantes palabras! Bajo el mismo cielo que Dios usa para anunciar su poder y sabiduría, se predica el evangelio de salvación.

El llamado que Dios nos hace por medio del evangelio nos permite responder a los otros dos llamados. En la creación que nos rodea Dios nos llama a reconocer su poder y su sabiduría. Vemos estas cosas en la creación, pero todavía preguntamos: ¿cómo puedo conocer a ese Dios?

En la conciencia Dios nos llama a reconocer que El es bueno y santo, pero nos preguntamos: ¿cómo puedo ser perdonado para conocer a ese Dios bueno y santo? Mi conciencia me demuestra que yo no soy bueno ni santo. En el evangelio encontramos la respuesta.

El evangelio nos dice que Dios se hizo hombre para que lo pudiéramos conocer, y llevó nuestro pecado a la cruz para podernos perdonar. El evangelio es la historia de Jesús. Siendo Dios, El se hizo hombre y nació de una mujer. Vivió en este mundo como vivimos nosotros, pero sin pecado.

Nos enseñó cómo es Dios. En una ocasión, sus discípulos le dijeron: "Muéstranos al Padre". Su respuesta fue: "¿No entienden que, si me han visto a mí, también han visto al Padre?" Nos mostró perfectamente cómo es Dios.

Después de vivir una vida sin pecado, fue traicionado y crucificado por la envidia de ciertas personas. Pero algo maravilloso sucedió cuando murió. Su muerte, como hombre totalmente inocente y como Dios, fue el pago suficiente por los pecados de todos nosotros. El pagó por los pecados que nuestra conciencia nos señala. El fue condenado en nuestro lugar.

La muerte no pudo detenerlo. Al tercer día, El resucitó y ahora reina. Este mensaje, el evangelio, tiene poder para salvar a cualquier persona que lo recibe por fe. Es por esto que Dios lo ha enviado a toda la creación. El día de Pentecostés, el día del inicio de la Iglesia, Dios había reunido personas de tres continentes para escuchar el mensaje. El ha enviado a sus misioneros alrededor del mundo.

¿Por qué? La respuesta se encuentra en 1 Timoteo 2:3-4:

2:3 Esto es bueno y agradable a Dios nuestro Salvador,
2:4 pues él quiere que todos sean salvos y lleguen a conocer la verdad.

Dios no desea que nadie se pierda. El no se deleita en la condenación de nadie. Es por esto que ha mandado que se predique su evangelio en toda la creación. Ha puesto su salvación al alcance de toda persona, porque El ama al mundo.

Amigo, Dios te está llamando. Esta mañana pintó el cielo de colores para mostrarte su grandeza y amor. El te habla en tu conciencia, diciéndote una y otra vez: Aquí estoy. Te ha hablado a través de su Hijo Jesucristo. Jesús dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.

Jesús también dijo: He aquí, yo estoy a la puerta y llamo. Si alguno oyere mi voz, yo entraré, y cenaré con él, y él conmigo. Amigo, ¿cómo has respondido al llamado de Dios?

Se cuenta la historia de un hombre que se encontró en medio de una fuerte tormenta. Las aguas comenzaron a subir, y pronto su casa estaba rodeada de agua. En su necesidad oró: Señor, sálvame. Pero las aguas seguían subiendo. Salió de su casa y se sentó en el porche, y pronto pasó un camión 4x4. ¡Ven con nosotros! - le gritó el chofer del camión, pero él respondió: ¡Dios me va a salvar!

Las aguas seguían subiendo, y tuvo que refugiarse en el segundo piso de la casa. En eso, pasó una lancha. Asomándose por la ventana, escuchó a los que viajaban en la lancha gritar: ¡Venga con nosotros! Pero él les respondió: ¡Dios me va a salvar!

Las aguas seguían subiendo, así que se tuvo que refugiar en el techo de la casa. Un helicóptero llegó y, mientras se cernía sobre la casa, alguien gritó por altavoz: "¡Súbase a la soga!" Pero él gritó: "¡No! ¡Dios me va a salvar!" Finalmente, las aguas subieron hasta ahogarlo.

Cuando llegó al cielo, la primera cosa que le preguntó a Dios fue: "Señor, ¿por qué no me salvaste de la inundación?" Dios le respondió: "Te mandé un camión, una lancha y un helicóptero. ¿Qué más querías?" Amigo, Dios te está llamando en su creación, en tu conciencia y por el evangelio. ¿Qué más esperas? Ven hoy a Cristo. Responde a su llamado. Arrepiéntete del pecado que tu conciencia te señala, y comienza a seguir hoy al Señor.


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