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Domingo 25 de Junio de 2017

A todo el mundo
Pastor Tony Hancock

Los cristianos somos invasores. ¿Lo sabías? Sí, somos invasores. Estamos invadiendo terreno ajeno para conquistarlo y ponerlo bajo una nueva autoridad. No peleamos con armas humanas. Tampoco buscamos cambiar el gobierno. El terreno que conquistamos no aparece en ningún mapa. Nuestra batalla es espiritual.

Estamos invadiendo el terreno del enemigo para librar a las personas del dominio de Satanás. Jesús nos dijo: "Vayan y hagan discípulos de todas las naciones" (Mateo 28:19). Queremos que cada persona en este mundo sea libre de la carga de pecado que lleva. Queremos que cada persona pueda conocer a Dios como Padre y a Jesús como Hermano, y ser lleno del Espíritu Santo. Queremos que cada persona cambie de destino y se vaya al cielo, en lugar de terminar en el infierno.

¿Qué tal nos va? Si miramos alrededor del mundo, vemos grandes avances. En las últimas décadas el evangelio ha entrado a países que nunca habían sido alcanzados. La Iglesia de Jesucristo está creciendo. Muchas personas están entrando al reino de Dios.

Pero Dios nos ha dado a nosotros un terreno que conquistar. Vivimos en medio de una zona donde hay poco testimonio claro del evangelio. Hay muchas personas que realmente no entienden lo que significa la salvación, no saben cómo conocer a Cristo, y se encuentran lejos de Dios.

Hace poco leía la historia de la conquista de la Tierra Prometida por parte de los israelitas. Dios hizo grandes milagros para llevarlos hasta allí, pero luego repartió la tierra entre las diferentes tribus y les dijo que la terminaran de conquistar. Después de algunos años de estar en la tierra, su líder Josué les dijo: "¿Hasta cuándo van a esperar para tomar posesión del territorio que les otorgó el Señor, Dios de sus antepasados?" (Josué 18:3)

Creo que Dios nos hace la misma pregunta a nosotros. ¿Cuánto tiempo van a esperar para saturar esta zona con el evangelio? ¿Cuánto tiempo van a esperar hasta que todos tengan la oportunidad de conocerme? Cristo nos ha enviado a todo el mundo, comenzando con nuestro rincón. Sólo vamos a cumplir esta misión si cada uno de nosotros se pone a orar y a trabajar.

Pero ¿cómo sucede esto? Vamos a volver a una historia de la vida del apóstol Pablo para encontrar la respuesta. Sucedió durante su segundo viaje misionero. Había llegado a la ciudad de Filipos. Debido a su predicación del evangelio y la liberación de una muchacha endemoniada, Pablo y su compañero Silas fueron acusados injustamente. Fueron azotados y echados a la cárcel.

A eso de la medianoche, después de haber sido azotados, sujetados de pies y echados al calabozo, Pablo y Silas se pusieron a lamentar y a preguntar: "¡Dios! ¿Por qué a nosotros?" ¡No! Eso no es lo que hicieron. Se pusieron a cantar himnos a Dios, y los demás presos los escuchaban.

En eso, un fuerte terremoto sacudió el lugar, y se les cayeron las cadenas. Las puertas de la cárcel se abrieron. Entonces Pablo y Silas dijeron: "¡Qué suerte! ¡Vámonos de aquí!" ¡No! Eso tampoco es lo que sucedió. Más bien, Pablo vio que el carcelero se había despertado con el terremoto, y estaba a punto de quitarse la vida. Pensaba que sus reos habían huido, y que él recibiría sus sentencias.

Pablo entonces le gritó: "¡No te hagas daño! Todos estamos aquí." El carcelero entró y les dijo: "¡Tontos! ¿Por qué no huyeron?" ¡No! Eso no pasó. El carcelero entró temblando, y les preguntó: "Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?" La respuesta de Pablo y Silas fue: "Cree en el Señor Jesús, y serás salvo, tú y tu casa". Después les explicaron a él y a su familia con más detalle el mensaje de la salvación, y esa misma noche fueron bautizados, porque habían creído en el Señor Jesús.

Leamos esta historia en Hechos 16:25-33:

16:25 A eso de la medianoche, Pablo y Silas se pusieron a orar y a cantar himnos a Dios, y los otros presos los escuchaban.
16:26 De repente se produjo un terremoto tan fuerte que la cárcel se estremeció hasta sus cimientos. Al instante se abrieron todas las puertas y a los presos se les soltaron las cadenas.
16:27 El carcelero despertó y, al ver las puertas de la cárcel de par en par, sacó la espada y estuvo a punto de matarse, porque pensaba que los presos se habían escapado. Pero Pablo le gritó:
16:28 -¡No te hagas ningún daño! ¡Todos estamos aquí!
16:29 El carcelero pidió luz, entró precipitadamente y se echó temblando a los pies de Pablo y de Silas.
16:30 Luego los sacó y les preguntó: -Señores, ¿qué tengo que hacer para ser salvo?
16:31 -Cree en el Señor Jesús; así tú y tu familia serán salvos -le contestaron.
16:32 Luego les expusieron la palabra de Dios a él y a todos los demás que estaban en su casa.
16:33 A esas horas de la noche, el carcelero se los llevó y les lavó las heridas; en seguida fueron bautizados él y toda su familia.

En esta historia vemos tres cosas que debemos hacer, si queremos cumplir la misión de hacer discípulos a todo el mundo. En primer lugar, tenemos que ver la mano de Dios en todo lo que nos sucede. No vamos a ser testigos eficaces si estamos concentrados sólo en lo nuestro.

Pablo y Silas habían sido azotados, estaban en la cárcel y era de noche - pero cantaban a Dios. Ellos no pensaron que Dios los había abandonado. No creían que todo era una gran vergüenza. Alababan a Dios, porque sabían que El está en control de todo. Sabían que El estaba obrando aun en medio de esa situación tan bochornosa.

Romanos 8:28 dice que "Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman". ¿Crees eso? ¿O cuando las cosas van mal, te preguntas dónde está Dios? Dios siempre está obrando a tu alrededor. Sólo es cuestión de que levantes la mirada y lo veas. Aunque todo vaya mal, Dios obra.

De igual modo, ellos podrían haber visto en el terremoto una grata coincidencia. Sin embargo, también vieron la mano de Dios en esa situación. Sabían que Dios estaba haciendo algo mejor. Habían aprendido a buscar primeramente el reino de Dios, y saber que El siempre está obrando. ¿Ves la mano de Dios que obra a tu alrededor? Te aseguro que lo está haciendo.

La segunda cosa que tenemos que hacer es ver la necesidad de todos los que nos rodean. Para Pablo y Silas, el carcelero de Filipos representaba al gobierno que los habían tratado injustamente. Humanamente hablando, era su enemigo. Pero Pablo y Silas no lo vieron así. Lo vieron como una persona en necesidad de salvación.

Cada persona que tú conoces va a uno de dos lugares. O va al cielo, o va al infierno. Pero es muy fácil ver a las personas sólo desde la perspectiva humana. Vemos al compañero de trabajo que nos cae mal o bien, pero no lo vemos como una persona amada por Dios que necesita la salvación. Vemos al vendedor, al patrón, al policía, sin ver que es un alma que tiene un destino eterno.

Pablo escribió en 2 Corintios 5:16: "De ahora en adelante no consideramos a nadie según criterios meramente humanos." En lugar de ver a la gente sólo de acuerdo a nuestros propios intereses, tenemos que verlos como Jesús los ve. Tenemos que ver la necesidad de todos los que nos rodean.

En tercer lugar, tenemos que estar preparados en todo momento para compartir a Cristo. Es difícil imaginar un peor momento para compartir el evangelio, desde la perspectiva de Pablo y Silas. Estaban cansados y agotados por los azotes. La presión abrumaba su mente. Sin embargo, estaban preparados para compartir las Buenas Nuevas con el carcelero.

Dijeron con sencillez lo que era necesario: "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo". También le dieron una explicación más amplia. No tenían la Biblia a la mano; no buscaron a otra persona. Ya sabían qué decir. El apóstol Pedro nos llama a todos a lo mismo. Dice: "Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes." (1 Pedro 3:15)

Puede ser que no tengas todas las respuestas, pero puedes compartir lo que sabes de Cristo. No se trata de ganar argumentos; se trata de compartir la razón de nuestra esperanza. Se trata de explicar por qué sabemos que tenemos perdón, paz y propósito en esta vida.

Esta semana, en la célula familiar, estaremos practicando una manera sencilla de compartir el evangelio. Les animo a aprovechar la oportunidad de prepararse. Si aprendemos a ver la mano de Dios en todo lo que nos sucede, si vemos la necesidad de todos los que nos rodean y si estamos preparados en todo momento para compartir de Cristo, Dios nos dará las oportunidades.

Cuando era niño, sucedió algo insólito. Una de nuestras vecinas, alguien que conocíamos sólo por vista, llegó a la casa. Preguntó por mi madre. Cuando la vio, le dijo: "Señora, yo a usted la he visto ir y venir. En usted veo una paz que yo necesito. ¿Me puede decir cuál es su secreto?" Mi madre, por supuesto, le compartió el evangelio, y la señora aceptó al Señor.

Dios pondrá esa clase de oportunidad de nuestro camino. También nos llevará a buscar esas oportunidades, si estamos listos para hacerlo. ¡Todo es posible! ¿Comenzarás a ver la mano de Dios obrar? ¿Comenzarás a orar por la gente que te rodea? ¿Comenzarás a verlos como Dios los ve? Haciéndolo, podremos avanzar juntos en la conquista espiritual.


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Puedes enviar al Pastor tus preguntas acerca de la Biblia, la Iglesia, la vida cristiana o cualquier otro tema, por email a pastortony@iglesiatriunfante.com, o por medio de la sección Preguntas al Pastor en pastortony.net. Envía tus preguntas incluyendo tus iniciales y tu país de residencia, y serán respondidas en dicha página.

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