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Domingo 18 de Junio de 2017

La paternidad divina y humana
Pastor Tony Hancock

Hace ya un poco más de diez años que falleció mi padre. Durante tres años peleó contra el cáncer, y a pesar de un tratamiento muy agresivo, murió el 16 de enero del 2007. Yo había pasado tiempo con él y con mi madre un mes antes de que falleciera, pero en realidad, no esperábamos que el final llegara tan pronto. Tenía mis boletos de avión en la mano para volver a estar con él pocos días antes de su muerte, pero una tormenta invernal cerró el aeropuerto en su ciudad. Mis vuelos se retrasaron por dos o tres días.

Me estaba preparando para salir al aeropuerto, ya restablecidos los vuelos, cuando recibí una llamada telefónica de mi madre. Ella me dijo: "Tu padre está en coma, y está sufriendo mucho. Todos piensan que simplemente está esperando para morir hasta que tú llegues. No te sientas obligado, pero si quieres hacerlo, pondré mi celular en altavoz para que puedas hablar con él y decirle que ya se puede ir."

Creo que la cosa más difícil que he hecho en mi vida fue decirle a mi padre que me sentía orgulloso de él, que lo amaba y que se podía ir. Después de reunir todo mi esfuerzo para expresarme, mi madre volvió al teléfono y me dijo: "Lo siento mucho, pero no pude poner mi celular en altavoz. ¿Lo podrías repetir?"

Unas cuantas horas después me encontraba en la pista de aterrizaje en Dallas, haciendo conexión para llegar a la casa de mis padres. Mi madre me volvió a llamar para darme la mala noticia. Nunca me he sentido más solo que en ese momento, en un avión lleno de pasajeros, sabiendo que mi padre ya no estaba.

Aunque tenía más de diez años de no vivir cerca de mis padres, la ausencia de mi padre dejó un vacío. Estaba tan acostumbrado a llamarle para pedir sus consejos sobre casi todo, desde los asuntos del ministerio hasta mis problemas con la computadora. Ahora, él ya no estaba.

Después de la muerte de mi padre empecé a pensar más en la paternidad. Comencé a conocer a Dios como Padre de una manera que no lo había hecho antes. Me di cuenta del daño que causa la ausencia de un padre. Llegué a creer que comprender y experimentar lo que significa ser padre y ser hijo es una de las cosas más importantes que hacemos como hombres.

A fin de cuentas, la paternidad es un reflejo del ser mismo de Dios. Cuando Dios quiso que comprendiéramos la relación entre la primera y la segunda Persona de la Trinidad, decidió compararla con la relación entre padres e hijos. De todas las relaciones que podría haber escogido para modelar esa relación interna dentro del Ser mismo de Dios, eligió esa relación.

Efesios 3:14-15 señala la relación profunda que existe entre la paternidad humana y Dios como Padre. Pablo escribe: "Por esta razón me arrodillo delante del Padre, de quien recibe nombre toda familia en el cielo y en la tierra." La palabra griega que significa "familia" es patria, y se basa en la palabra pater, que significa "padre".

Así que la paternidad humana, que es la fundación de la familia humana, fluye de la paternidad de Dios. Desde toda la eternidad, El es Padre de su Hijo Cristo. El llega a ser Padre de todos los que confían en Cristo para recibir la salvación. Podríamos decir que Dios es el inventor de la paternidad, pero la realidad es algo aun más profundo. La paternidad refleja algo íntimo del ser de Dios mismo.

Esto señala la importancia de la paternidad. También significa que Dios nos invita a conocerlo a El como Padre. Cuando Jesús nos enseñó a orar, en lugar de amontonar títulos impresionantes y nombres altisonantes para Dios, simplemente comenzó: Padre nuestro. Cuando me pongo a pensar en lo que significa conocer a Dios como Padre, tres cosas se me vienen a la mente.

En primer lugar, los padres guían y disciplinan a sus hijos. Esto no significa que las madres no lo hagan también, pero en una familia sana, el padre es el que pone los límites en la familia. Todavía escucho la voz de mi padre que me decía: "No le respondas a tu madre". El fue muy paciente, pero también puso límites.

Esto es lo que Dios hace con nosotros. Aunque muchas veces nos gusta probar y traspasar los límites que Dios pone, en realidad, los límites son buenos. Salomón escribió en el libro de Proverbios: "Hijo mío, si haces tuyas mis palabras y atesoras mis mandamientos;... entonces comprenderás el temor del Señor y hallarás el conocimiento de Dios." (Proverbios 2:1, 5)

Muchas veces, nos metemos en problemas por ignorar los consejos de nuestros padres terrenales. La sabiduría comienza con el temor de Dios, con la confianza de que sus consejos son correctos. Conocer a Dios como Padre significa prestar atención a la dirección que nos da por medio de su Palabra y su Espíritu.

Conocer a Dios como Padre, en segundo lugar, significa confiar en su provisión. Jesús nos dio esta comparación: "Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas?" (Mateo 6:26)

La mayoría de los padres que conozco trabajan duro para suplir las necesidades de sus hijos. Dios tiene el mismo cuidado de sus hijos. Esto significa que podemos confiar en El y pedir lo que necesitamos. No tenemos que cargar con la preocupación y la ansiedad; podemos acercarnos a Dios como sus hijos y saber que El cuida de nosotros.

En tercer lugar, conocer a Dios como Padre significa ser fortalecido por su amor. Esto podría sonar un poco extraño, pero pensemos un poco. Segunda de Tesalonicenses 2:16-17 dice así: "Que nuestro Señor Jesucristo mismo y Dios nuestro Padre, que nos amó y por su gracia nos dio consuelo eterno y una buena esperanza, los anime y les fortalezca el corazón, para que tanto en palabra como en obra hagan todo lo que sea bueno."

Existe una especie de ánimo y fuerza que sólo viene de la aprobación de un padre. El amor de madre es indispensable, pero hay algo que sólo un padre puede hacer. Cuando un padre le dice a su hijo: "Bien hecho", le da una afirmación que nadie más puede darle.

Se dice que un niño llega a ser hombre cuando su padre dice que es un hombre. Aunque no lo demuestren, los niños necesitan la aprobación de su padre. Nosotros también podemos conocer el amor de Dios nuestro Padre y saber que El se complace con nosotros. Su amor nos fortalece y nos anima a caminar en obediencia.

Dios nos invita a conocerlo a El como Padre, pero también nos llama a ser padres. La ausencia del padre ha dejado un gran vacío en nuestra sociedad. Lo vemos por todas partes: en el joven que trata de encontrar su identidad en alguna pandilla, porque su padre nunca lo afirmó; en los muchachos que abusan de sus novias, porque es el ejemplo que les dejaron sus propios padres; en la pobreza que dejan los padres en las familias que abandonan.

El tiempo que invertimos con nuestros hijos no es tiempo perdido; pone la fundación de confianza que les permite aceptar nuestros consejos y nuestra disciplina cuando les hace falta. Si tienes hijos en casa, no dejes que el trabajo y la diversión te quiten el tiempo con tus hijos. Tú les haces más falta que los juguetes que les puedes comprar, aunque ellos mismos no se den cuenta de ello.

Muchos niños necesitan una figura paterna. Les hace falta ver a un hombre de Dios que ama a su esposa y a sus hijos. No ignores las oportunidades que Dios trae a tu vida para tener una influencia positiva sobre niños y jóvenes que carecen de una figura paterna.

Un padre llevó a su hijo a pescar. Sentados en la barca con los anzuelos en el agua, no había mucho que hacer. El niño comenzó a observar el mundo a su alrededor. Sintió curiosidad. Empezó a hacerle preguntas a su padre. "Papá, ¿cómo flota el barco?" El padre pensó un momento, y luego respondió: "No lo sé, hijo".

El niño siguió pensando. Al rato, tuvo otra pregunta. "Papá, ¿cómo respiran los peces debajo del agua?" El padre volvió a responder: "No lo sé, hijo". Pasó otro rato, y el niño preguntó: "¿Por qué es azul el cielo?" Su padre le respondió: "No lo sé, hijo".

Por fin, el niño se preguntó si no estaría enfadando a su padre con tantas preguntas. "Padre", le dijo, "¿No te molesta que te haga tantas preguntas?" Su padre de inmediato le contestó: "¡Claro que no, hijo! Si no haces preguntas, ¡nunca vas a aprender nada!"

Quizás ese padre no tuvo todas las respuestas, pero sí sabía algo muy importante. Sabía que debía pasar tiempo con su hijo. Nuestro Padre celestial quiere pasar tiempo con nosotros. Quiere que todos lo conozcamos como nuestro Padre perfecto. A ti que eres hombre El también te llama a imitar su ejemplo, invirtiendo tiempo en ser padre.


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