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Domingo 4 de Junio de 2017

¡Feliz cumpleaños, Iglesia!
Pastor Tony Hancock

Hoy estamos de fiesta, celebrando un gran cumpleaños. ¿De quién, dirás? ¡De la Iglesia! No me refiero a nuestra congregación, aunque nosotros también nos comenzamos a reunir en el mes de junio. Me refiero a la Iglesia de Jesucristo, el grupo de personas que El compró con su sangre para ser su pueblo para siempre.

Hoy es el domingo de Pentecostés. Nuestros hermanos pentecostales se identifican con este día, pero ¡es de todo creyente! Marca el cumpleaños de la Iglesia, porque fue en este día que el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles. Fue en este día que el grupo pequeño de seguidores que Jesús había dejado se convirtió en una fuerza misionera para predicar su mensaje de salvación.

La Iglesia que Jesús dejó no es una simple organización o institución. No es una empresa. No es un club. Tampoco es una simple entidad caritativa, aunque los cristianos han hecho grandes obras de caridad a lo largo de los años. La Iglesia consiste en todos los verdaderos seguidores de Jesucristo.

La Iglesia que Jesús fundó es el único grupo eterno que existe ahora en el mundo. Un día, toda nación dejará de existir; las grandes empresas serán olvidadas; los equipos de fútbol serán inconsecuentes. Pero la Iglesia existirá para siempre, adorando y sirviendo a Dios.

¿Qué separa a la Iglesia de cualquier institución humana? ¿Qué la hace tan especial? Al centro de la vida de la Iglesia hay una persona divina. Las empresas, los países y cualquier organización son productos del esfuerzo humano. La Iglesia, en cambio, tiene en el centro al Espíritu Santo.

El Espíritu Santo es la gasolina de la Iglesia. Es el aliento en nuestros pulmones. Es el piloto de esta nave que nos guiará seguro a nuestro destino. Como vimos la semana pasada, Jesús dejó a su Iglesia una misión. No vivimos en este mundo sin propósito. Tenemos una misión, la misión de ser testigos de Jesús. Gracias a Pentecostés, hemos recibido el poder para realizar esa misión.

Desde los tiempos del Antiguo Testamento, Dios había anunciado algo muy especial. Por medio de sus profetas, prometió que venía un tiempo muy especial. En ese momento, su Espíritu vendría sobre toda clase de personas. Ya no sería sólo para los reyes, los sacerdotes y los profetas; todos serían ungidos con el Espíritu Santo.

En el día de Pentecostés, esa promesa se cumplió. Diez días antes, Jesús les había encargado a los discípulos que se quedaran esperando la venida del Espíritu. Cuando ese día llegó, todos estaban reunidos en un lugar. Muchos piensan que podría haber sido el mismo aposento alto donde Jesús comió la última cena con sus discípulos, aunque la Biblia no lo especifica.

De repente, se oyó un ruido, como de una violenta ráfaga de viento que venía del cielo. Aparecieron lenguas como de fuego que se dividieron y posaron sobre cada uno de ellos. El Espíritu Santo los llenó a todos, y comenzaron a hablar en diferentes idiomas que nunca habían aprendido.

El día de Pentecostés era una de las fiestas judías. Se celebraba la cosecha. Por eso, había gente en la ciudad de Jerusalén que había llegado de todos lados para celebrar esa fiesta. Cuando escucharon el ruido, se reunió una gran multitud de gente para ver qué estaba sucediendo.

Cuando se pusieron a escuchar lo que decían los apóstoles, ¡algo maravilloso sucedió! La gente de todos los diferentes lugares representados escuchaban a alguno de ellos hablar en su propio idioma. ¡Parecía una reunión de las Naciones Unidas! Además de esto, los apóstoles era galileos. Los galileos eran conocidos por ser algo rústicos. ¿Cómo habían aprendido tantos idiomas?

El apóstol Pedro aprovechó la oportunidad para predicarles el evangelio, y tres mil personas se convirtieron ese día. Esta semana estaremos leyendo el mensaje de Pedro en la célula familiar, así que les animo a no perderse esa oportunidad. Pero ahora, consideremos lo que significa Pentecostés para nosotros.

En primer lugar, leamos Hechos 2:1-4:

2:1 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar.
2:2 De repente, vino del cielo un ruido como el de una violenta ráfaga de viento y llenó toda la casa donde estaban reunidos.
2:3 Se les aparecieron entonces unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos.
2:4 Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.

Aquí descubrimos cómo la Iglesia debe cumplir su misión. Grábate esto: la Iglesia es una realidad espiritual, y su obra se tiene que realizar de manera espiritual. El día de Pentecostés nos muestra cómo Dios quiere que trabaje la Iglesia.

Jesús les dijo a sus seguidores que se quedaran esperando en Jerusalén hasta recibir al Espíritu Santo. No debían comenzar su labor de predicación hasta que El viniera sobre ellos. ¿Te das cuenta de la importancia de esto? Si se hubieran puesto a trabajar por su propia cuenta, todo habría fracasado. Sólo estaban preparados para hacer el trabajo al que Dios los había llamado con la presencia del Espíritu Santo en sus vidas.

Sabemos ahora que todo creyente ha sido sellado con el Espíritu Santo. Todos fuimos bautizados en un solo Espíritu. No tenemos que esperar para recibirlo. Pero podemos tratar todavía de hacer las cosas por nuestra propia cuenta. Si hacemos esto, terminaremos con las manos vacías.

El Espíritu Santo está dispuesto a darnos poder para trabajar, pero tenemos que estar dispuestos a arrepentirnos de todo pecado. Tenemos que estar dispuestos a pasar tiempo en oración, porque sólo así expresamos nuestra dependencia de El. Tenemos que estar dispuestos a esperar en El, a deliberar, a buscar su dirección.

En la medida que hacemos esto, seremos una Iglesia poderosa. En la medida que dejamos que la carne nos domine, seremos una Iglesia debilucha. El Espíritu Santo está presente. El está dispuesto a darnos poder. Pero si no nos volvemos hacia El, si no buscamos su dirección en oración, si no nos arrepentimos del orgullo y la maldad, lo dejamos a un lado.

Sería como si me quedara varado a la orilla de la carretera con el carro descompuesto. Me pongo a mirar el motor, pero yo sé poco de la mecánica. Comienzo a mover una cosa y otra, pero no pasa nada. En eso, se detiene un mecánico experto. "¿Le puedo ayudar en algo?" - me pregunta. "Sí, ahorita" - le respondo, pero lo dejo allí parado mientras le sigo metiendo mano al carro.

El Espíritu Santo ha venido para llenar su Iglesia, para llevarnos a hacer cosas grandes. Pero si lo dejamos a un lado, sólo nos quedan nuestras fuerzas, nuestra visión, nuestra capacidad. ¡Jamás será suficiente! Tenemos que cumplir la misión de la Iglesia en el poder del Espíritu.

Leamos Hechos 2:5-11 para encontrar la segunda cosa:

2:5 Estaban de visita en Jerusalén judíos piadosos, procedentes de todas las naciones de la tierra.
2:6 Al oír aquel bullicio, se agolparon y quedaron todos pasmados porque cada uno los escuchaba hablar en su propio idioma.
2:7 Desconcertados y maravillados, decían: "¿No son galileos todos estos que están hablando?
2:8 ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye hablar en su lengua materna?
2:9 Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y de Asia,
2:10 de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia cercanas a Cirene; visitantes llegados de Roma;
2:11 judíos y prosélitos; cretenses y árabes: ¡todos por igual los oímos proclamar en nuestra propia lengua las maravillas de Dios!"

El día de Pentecostés nos muestra lo que Dios quiere para su Iglesia. No es casualidad que Dios escogiera ese día, cuando había gente de tantas naciones diferentes, para dar inicio a la Iglesia. Es que ¡Dios quiere una Iglesia que alcanza a toda clase de gente con el mensaje de Jesucristo!

Dios no quiere una Iglesia de un solo color. ¡El está formando una Iglesia de todos los colores del arco iris! Extiende su oferta de salvación a las personas de toda lengua, tribu y nación. Nos llama a nosotros a hacer lo mismo.

Cuando lean el mensaje de Pedro, se darán cuenta de algo. Después de explicar lo que estaba sucediendo ese día - que el Espíritu Santo había venido, en cumplimiento de la profecía - Pedro pasa el resto del tiempo hablando de Jesús. Habla de su crucifixión, su resurrección y su exaltación. Llama a todos los que lo escuchan a arrepentirse y a bautizarse, como señal de su compromiso con Jesucristo.

Esto es lo que Dios quiere para su Iglesia. Y si nosotros no estamos llevando el mensaje a toda clase de gente, no estamos cumpliendo con nuestra función. Si te retraes de compartir el evangelio con alguien porque es de otro color, estás trabajando en contra de los propósitos de Dios. El quiere que su Iglesia refleje toda la variedad de la raza humana.

Quizás la parte más esperada de cualquier fiesta de cumpleaños son los regalos - por lo menos, ¡para el cumpleañero! Para el cumpleaños de su Iglesia, el Señor Jesús regaló su Espíritu Santo. ¡Es el mejor regalo de todos, porque es Dios mismo! ¿Qué regalo podremos dar nosotros? Este es el mejor regalo: ofrecernos de lleno al Espíritu, para que El nos use en su servicio.


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Puedes enviar al Pastor tus preguntas acerca de la Biblia, la Iglesia, la vida cristiana o cualquier otro tema, por email a pastortony@iglesiatriunfante.com, o por medio de la sección Preguntas al Pastor en pastortony.net. Envía tus preguntas incluyendo tus iniciales y tu país de residencia, y serán respondidas en dicha página.

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