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Domingo 7 de Mayo de 2017

El que todo lo sabe
Pastor Tony Hancock

Algunos días atrás compré unas vitaminas por Internet. Al día siguiente, al abrir mi navegador, casi cada sitio que visitaba me presentaba anuncios del mismo producto que acababa de comprar. ¡Parecía que toda la Internet se había dado cuenta de mi interés en esas vitaminas!

Resulta un poco inquietante que cada página que visitaba, incluso muchas páginas cristianas, parecía saber lo que yo compraba. En realidad, las páginas web usan pequeños archivos que se llaman cookies para guardar registros de nuestra actividad en Internet. Otras páginas pueden leer esos archivos. Eso explica la explosión de anuncios de vitaminas en mi navegador.

Vivimos en un mundo donde la privacidad está desapareciendo. Las máquinas de búsqueda registran cada pregunta que hacemos en Internet. De repente, se nos acerca algún conocido y nos pregunta cómo nos fue con algún viaje. ¡No se lo habíamos mencionado! Pero lo vieron en Facebook. Parece que todo se sabe, que no hay nada oculto.

Frente a esto, muchos nos sentimos nerviosos o preocupados - y con cierta razón. Es bueno tener cuidado con lo que uno hace en Internet. Pero hay alguien que realmente lo sabe todo acerca de nosotros. Su conocimiento no tiene límites. Me refiero, por supuesto, a Dios. Esta cualidad suya se conoce como su omnisciencia. Significa que Dios conoce todo lo actual y todo lo posible.

Dios no tiene que aprender nada. Su conocimiento no crece con el avance del tiempo. El nunca fue a la escuela. El no tiene que razonar lógicamente para sacar conclusiones, sino que tiene en su mente divina un conocimiento absoluto y constante de todo. Al pensar en la omnisciencia de Dios, el rey David escribió: "Conocimiento tan maravilloso rebasa mi comprensión; tan sublime es que no puedo entenderlo." (Salmo 139:6)

Me parece que muchos de nosotros preferimos ignorar la omnisciencia de Dios. Frente a alguna incógnita, decimos: "Sabrá Dios"; pero no pensamos en lo que decimos. Se convierte en una frase sin sentido. Entendemos que Dios lo sabe todo, pero no nos queremos acercar demasiado a esa realidad. Significa que El lo sabe todo acerca de nosotros. ¡Esa sensación es un poco incómoda!

Sin embargo, es una realidad que no podemos ignorar. Entonces, ¿cómo respondemos a esta realidad? Vamos a sacar tres conclusiones de la Palabra de Dios que nos pueden ayudar a vivir bien sabiendo que El lo sabe todo. Comencemos con Hebreos 4:12-13:

4:12 Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón.
4:13 Ninguna cosa creada escapa a la vista de Dios. Todo está al descubierto, expuesto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.

Uno de los mayores avances médicos de los últimos cien años es la tecnología de la radiografía y tomografía. Estamos tan acostumbrados ahora a estas tecnologías que no nos ponemos a pensar en la diferencia que han traído a la medicina. Antes, si un doctor quería saber lo que estaba sucediendo en el cuerpo de su paciente, tenía que cortarlo y abrirlo. Esto, por supuesto, trae mucho riesgo de infección para un paciente ya debilitado.

Ahora, con una máquina, el doctor puede sacar una foto de lo que el ojo no puede ver. Todos hemos visto a un doctor colgar la placa frente a una luz y examinar los huesos o los órganos de su paciente. Dime: ¿cómo te sentirías si alguien te sacara una radiografía del corazón? No me refiero al órgano que late en tu pecho, sino a los pensamientos y las intenciones de tu mente.

¿Cómo te gustaría que esa placa se colgara a la vista de todos? ¡Sería bastante incómodo! Pero Dios ya tiene esa radiografía. El conoce perfectamente lo más profundo de tu alma y tu espíritu. Lo que es cierto de El también es cierto de su Palabra. Nos examina y nos redarguye.

Por esto, la omnisciencia de Dios nos llama a la sinceridad. No podemos esconderle nada. Quizás escuches un mensaje, leas un pasaje bíblico o recibas un estudio y en ese momento, reconozcas algo que no está bien en tu mente o en tu corazón. No vayas a pensar: "¡Qué bueno que nadie lo sabe!" Alguien lo sabe - es Dios. El es el más importante de todos.

Si la Palabra de Dios te señala algo que tienes que cambiar, sincérate con Dios. Deja los juegos. Reconoce ante El lo que está mal, y pídele perdón. Pídele que te cambie, que su Espíritu Santo te fortalezca para caminar de una manera diferente. ¡No le puedes ocultar nada! ¿Para qué lo intentas? Mejor sé sincero, y arrepiéntete. Descubrirás que Dios es misericordioso y amoroso.

Vamos ahora a 1 Juan 3:19-20 para descubrir la segunda manera en que nos puede impactar la omnisciencia de Dios:

3:19 En esto sabremos que somos de la verdad, y nos sentiremos seguros delante de él:
3:20 que aunque nuestro corazón nos condene, Dios es más grande que nuestro corazón y lo sabe todo.

El apóstol Juan escribe aquí a creyentes que tienen dudas acerca de su salvación. Hay momentos en los que vuelven a nuestra mente los errores que hemos cometido. Nos sentimos indignos de la salvación que Dios nos ofrece por medio de Jesucristo.

En ese momento, dice Juan, nos puede reconfortar el hecho de que Dios lo sabe todo. La omnisciencia de Dios nos trae seguridad. Aunque nuestro corazón se sienta inseguro, Dios es más grande que nuestro corazón. En otras palabras, nuestros sentimientos no siempre reflejan la realidad. Podemos encontrar seguridad en el conocimiento de Dios.

Dios lo sabe todo acerca de ti y de mí. Aun así, El nos promete que, si hemos puesto nuestra confianza en Jesucristo, nuestro pecado ha sido perdonado. El nunca nos va a decir: "¡Yo no sabía que tú habías hecho tal cosa! Retiro el perdón que te había dado." Nada de ti lo va a sorprender. Puedes descansar confiado en su completo conocimiento.

En Isaías 46:9-10 encontramos una tercera consecuencia de la omnisciencia de Dios:

46:9 Recuerden las cosas pasadas, aquellas de antaño; yo soy Dios, y no hay ningún otro, yo soy Dios, y no hay nadie igual a mí.
46:10 Yo anuncio el fin desde el principio; desde los tiempos antiguos, lo que está por venir. Yo digo: Mi propósito se cumplirá, y haré todo lo que deseo.

En este pasaje, Dios se compara con los dioses falsos que adoraban las naciones. Sus imágenes eran costosas e impresionantes, pero ¿qué sabían? ¿Qué podían anunciar? ¿Qué podían profetizar?

Cuando vemos el futuro, podemos estar confiados, porque Dios sabe lo que va a suceder. La omnisciencia de Dios nos lleva a confiar. En un mundo de inseguridad, de cambios y sucesos totalmente inesperados, podemos descansar confiados en el amor del Dios que lo sabe todo.

Jesús mostró su conocimiento divino cuando les anunció a sus discípulos la destrucción de Jerusalén. Para ellos fue algo sorprendente e inesperado, porque el templo apenas se reconstruía. ¡Jesús les dijo que pronto sería destruido! Pero luego les dijo: "no se asusten" (Mateo 24:6 DHH). Dios lo tiene todo bajo control. A El nada lo toma por sorpresa. El todo lo ve.

Imagina, por un momento, que llegas a una ciudad desconocida. Tienes que llegar a una dirección, pero no tienes idea dónde está. Para colmo, tu celular no tiene servicio, así que no puedes usar el GPS para ubicarte. De repente ves un taxi, y le pides al taxista que te lleve a la dirección. ¿Cómo te sentirás, sentado en ese taxi? Te diré cómo me sentiría yo. Me sentiría ansioso y preocupado. No conozco al taxista. No sé si me llevará bien o mal. No sé si será un criminal disfrazado de taxista.

Pero digamos ahora que, en lugar del taxista, unos viejos amigos me pasan a recoger. ¿Ahora cómo me sentiré? De seguro pasaré todo el viaje conversando a gusto, sin fijarme en el camino. ¿Por qué? Porque mis amigos saben a dónde vamos, y les tengo confianza. Yo no lo tengo que saber.

Puedes viajar por esta vida con esa misma confianza en Dios. Nosotros no sabemos qué vendrá, pero El sí. Descansa hoy en las manos de Dios. Sincérate con El cuando su Palabra te redarguye. Confía en su amor. Aprendamos a caminar a la luz del Dios que todo lo sabe.


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