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Domingo 30 de Abril de 2017

El que siempre está presente
Pastor Tony Hancock

Hace muchos años vi, en dibujos animados, la historia de la tortuga y la liebre. Sólo que este recuento fue un poco diferente. La tortuga seguía metódicamente su camino, dejando a la liebre dormida debajo de un arbusto o distraída con alguna diversión. Sin embargo, a cada vuelta, ¡allí iba la liebre por delante! ¡La pobre tortuga no se podía escapar de esa liebre!

La tortuga se quedó totalmente confundida. ¿Cómo era posible que la liebre estuviera ganando, a pesar de siempre quedarse atrás? Al llegar al final de la carretera, la tortuga creía poder ganar. Al último segundo, la liebre apareció de la nada y ganó la carrera. Por fin, se reveló el secreto. ¡Había muchas liebres! Por eso habían podido estar siempre delante de la pobre tortuga.

En cierta ocasión, a unos hombres les sucedió algo parecido con Dios. Pero en este caso, ¡no fue ningún truco! Lo que ellos aprendieron ese día en su ignorancia es una realidad que nosotros siempre debemos tener presente, porque es capaz de transformar nuestra vida por completo.

Lo que sucedió fue así. Ben Adad, el rey de los sirios, decidió conquistar a los israelitas. Sus consejeros, supuestamente muy sabios, le dijeron así: "Los dioses de los israelitas son dioses de las montañas... Pero si peleamos contra ellos en las llanuras, sin duda los venceremos." (1 Reyes 20:23)

¿Te das cuenta de lo que pensaban? ¡Creían que Dios se encontraba limitado por el espacio! A su forma de pensar, los diferentes dioses tenían diferentes lugares de influencia. Un dios era el dios del mar, otro el dios de la lluvia, y creían que Jehová, el Dios de Israel, era un dios de las montañas.

Por lo tanto, según ellos, si atacaban a su pueblo en una llanura, ¡Dios sería incapaz de ayudarles! Escucha lo que sucedió. Los dos ejércitos acamparon, uno frente al otro, en la llanura de Afec. La Biblia nos dice que el ejército israelita parecía un pequeño rebaño de cabras, mientras que los sirios llenaban todo el campo.

Siete días estuvieron así, hasta que estalló la batalla. ¡En un solo día los israelitas les causaron cien mil bajas a los asirios! Su victoria fue grande. ¿Por qué? ¡Porque Dios no es un dios sólo de las montañas! ¡El es Dios del cielo, de la tierra, del mar, de las estrellas, de la lluvia, del sol, de todo!

Quizás nos parezca chistosa la manera de pensar de los sirios, pero a veces nos parecemos más a ellos de lo que quisiéramos pensar. ¿Sabemos que Dios siempre está presente con nosotros? ¿Estamos conscientes de que El llena todo el universo? De repente pensamos: "Tengo que ir a la Iglesia a orar", como si Dios se encontrara encerrado en la Iglesia. O decimos: "¡No vayas a decir una mala palabra en la Iglesia!", como si Dios fuera incapaz de escucharte en otro lugar.

El rey David comprendía la verdad que ignoraban los sirios. Leamos sus palabras, en el Salmo 139:7-12:

139:7 ¿A dónde podría alejarme de tu Espíritu? ¿A dónde podría huir de tu presencia?
139:8 Si subiera al cielo, allí estás tú; si tendiera mi lecho en el fondo del abismo, también estás allí.
139:9 Si me elevara sobre las alas del alba, o me estableciera en los extremos del mar,
139:10 aun allí tu mano me guiaría, ¡me sostendría tu mano derecha!
139:11 Y, si dijera: "Que me oculten las tinieblas; que la luz se haga noche en torno mío",
139:12 ni las tinieblas serían oscuras para ti, y aun la noche sería clara como el día. ¡Lo mismo son para ti las tinieblas que la luz!

Estos versos nos hablan del espacio completo y el tiempo completo. Primeramente, David habla de los extremos verticales del espacio, desde su punto de vista. Si nos elevamos al cielo, allí está Dios; si descendemos al abismo, a lo más bajo, allí también está Dios.

Luego, él habla de los extremos horizontales. El sol sale en el este; David dice, "si me elevara sobre las alas del alba..." Si pudiera viajar sobre los rayos del sol naciente hasta el extremo oriente, no se alejaría de la presencia de Dios. Al oeste, desde donde vivía David en Palestina, estaba el mar. Por esto dice, "o me estableciera en los extremos del mar..." Si viajara lo más posible hacia el oeste, allí estaría Dios también.

Arriba, abajo, hacia la derecha, hacia la izquierda - en todas direcciones, allí está Dios. Luego, incluye también el día y la noche; la noche es tan clara como el día para Dios. ¡El siempre está!

Este atributo de Dios, esta característica de su naturaleza, se conoce como su omnipresencia. Dios está presente en toda su creación. No hay ningún lugar donde El no esté. Ahora bien, Dios no es lo mismo que su creación. El es Espíritu, no es material. Podríamos quizás compararlo con una esponja saturada de agua. El agua está en todas partes de la esponja, pero el agua y la esponja no son lo mismo.

De igual modo, Dios está presente en todas partes de su creación, pero es distinto de su creación. El es Espíritu. Tampoco debemos pensar que Dios simplemente llena todo el universo, porque Dios es infinito. El rey Salomón, cuando dedicó el templo que había construido para Dios, pronunció unas palabras muy profundas.

"Pero ¿será posible, Dios mío, que tú habites en la tierra? Si los cielos, por altos que sean, no pueden contenerte, ¡mucho menos este templo que he construido!" (1 Reyes 8:27) El universo es enormemente grande, pero Dios es infinito. Llena todo el universo, pero el universo no lo contiene.

Debemos entender también que Dios se encuentra completamente presente en todo lugar. No es que el Padre está en unos lugares, el Hijo en otros y el Espíritu Santo en otros. Más bien, en cualquier lugar, podemos experimentar la presencia de nuestro Padre, la salvación del Hijo y la dirección el Espíritu Santo.

Cuando considero estas verdades, ¡mi mente quiere reventar! Son realidades demasiado profundas para mí. La reacción correcta, en realidad, es la adoración. Frente a un Dios tan maravilloso, un Dios que rebasa todas nuestras expectativas en su omnipresencia, ¿qué más podemos hacer que caer de rodillas y adorarle?

La omnipresencia de Dios es una realidad. No podemos escaparnos de la presencia de Dios, al igual que no podemos tapar el sol con un dedo. ¡Muchos lo intentan! Pero muchas veces, vivimos como si Dios no estuviera presente. No tenemos que pedirle a Dios que se presente, porque El ya está. Pero sí tenemos que aprender a estar conscientes de su presencia.

Alguien lo nombró "practicar la presencia de Dios". A Dios no lo dejas en la Iglesia; El está contigo en el trabajo, en la casa, en la tienda y en todo momento. ¡No dejes que se te olvide! Dios siempre puede cuidarte, siempre puede escuchar tus oraciones, siempre puede guiarte - porque El siempre está contigo. Siempre está presente.

Ahora bien, esto también significa que Dios siempre nos está viendo. Podemos hacer cosas a escondidas y pensar que nadie se entera, pero de Dios nada se puede esconder. La canción infantil lo expresa muy bien: "Con cuidado mis ojitos al mirar, con cuidado mis ojitos al mirar; porque Dios conmigo está y El todo mirará; con cuidado mis ojitos al mirar."

En todo momento, recuerda que Dios está presente. En tus pruebas, El está allí para ayudarte, si se lo pides. En tus tentaciones, El está allí para ayudarte a resistir, si buscas su ayuda. Cuando pecas, El también te está mirando con ojos paternos. Dios siempre está presente.

Hace años, cuando falleció mi padre, no pude estar con él. Tenía mi boleto comprado para viajar a verlo. Debido a una tormenta invernal, sin embargo, el aeropuerto se cerró. Cuando por fin pude ir, pocos días después, ya había fallecido. Hubiera querido estar con él en esos momentos, pero simplemente no fue posible.

Sin embargo, él no se encontraba solo. Claro, mi madre estaba con él, y también el capellán de la casa hogar donde pasó sus últimos días. Pero sé que no fue coincidencia que, cuando dio el último suspiro, el capellán leía estas palabras del Salmo 23: "Aun si voy por valles tenebrosos, no temo peligro alguno porque tú estás a mi lado." (v. 4)

Aunque yo no haya podido estar con él, aquel Señor a quien mi padre fielmente sirvió estuvo a su lado. Ese mismo Dios está contigo, dondequiera que vayas. ¿Reconoces su presencia? ¿Confías en El? ¿Vives para El?


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