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Domingo 26 de Marzo de 2017

Palabras de bendición
Pastor Tony Hancock

Se cuenta la historia de un predicador joven que llegó a pastorear su primera Iglesia. El primer domingo predicó un sermón excelente - con buena exposición bíblica, ejemplos interesantes y una clara aplicación a la vida de la congregación. Todos salieron encantados con su nuevo pastor.

A la semana siguiente, los feligreses se prepararon para escuchar otro buen sermón. Para su sorpresa, sin embargo, ¡el sermón que escucharon fue el mismo que habían oído la semana anterior! Bueno, pensaron, quizás el pastor ha estado muy ocupado y no tuvo tiempo para preparar otro sermón esta semana.

A la tercera semana, sin embargo, cuando el pastor volvió a predicar el mismo sermón, todos decidieron que había que hacer algo. Uno de los diáconos se acercó al pastor para decirle: "Amado pastor, a todos nos gusta mucho el sermón que nos está predicando. Sin embargo, queremos preguntarle: ¿cuándo nos va a presentar un sermón diferente?"

El pastor joven le respondió: "¡Les predicaré otro sermón cuando obedezcan el que les estoy predicando ahora!" Hace cuatro semanas que comenzamos una serie de mensajes acerca de la lengua y la comunicación, y seguramente algunos ya estarán pensando: "¿Cuándo vamos a escuchar un mensaje sobre algún otro tema?"

Lo que decimos es algo tan poderoso que vale la pena remojarnos un poco en la verdad bíblica sobre la lengua. Santiago dijo que la persona capaz de controlar su lengua es capaz de controlar todo su cuerpo. Y Jesús declaró que es de lo que abunda en el corazón que habla la boca.

En otras palabras, una de las maneras principales en las que mostramos la vida nueva que tenemos por fe en Jesucristo es en nuestra forma de hablar. Nuestras palabras tienen mucho poder, pero muchas veces hablamos muy a la ligera. No tomamos en cuenta el poder de nuestras palabras.

No subestimes el gran poder que Dios te ha dado en lo que dices. Más bien, aprende de El a usar bien tus palabras. Abramos la Biblia en Efesios 4, y leamos los versos 29 al 32 para encontrar tres ideas que nos pueden ayudar a transformar nuestra manera de hablar:

4:29 Eviten toda conversación obscena. Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición para quienes escuchan.
4:30 No agravien al Espíritu Santo de Dios, con el cual fueron sellados para el día de la redención.
4:31 Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia.
4:32 Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.

Aquí encontramos tres transformaciones que podemos hacer en nuestra conversación.

Primeramente, el verso 29 nos dice que, en lugar de contaminar, construyamos. Imagina, por un momento, que nuestras palabras se convirtieran en alguna substancia. En lugar de ser simplemente sonidos, al momento de salir de nuestra boca, llegaran a ser algo visible y palpable. Sería como tener una manguera saliendo de nuestros labios que aventara siempre algo.

Cuando nos prestamos a conversaciones obscenas - cuando contamos chistes colorados, cuando decimos malas palabras o compartimos algún chisme - es como si aventáramos aguas negras sobre todos los que nos escuchan. Los contaminamos a ellos, y nos contaminamos a nosotros. Aunque no lo podamos ver, espiritualmente, es lo que estamos haciendo.

En cambio, cuando decidimos construir con nuestros labios, es como si proveyéramos mezcla a un albañil que construye un muro. Apoyamos a la persona para que levante su vida en lugar de destruirla. Esto lo podemos hacer en cualquier situación; cuando animamos a las personas a confiar en Dios, cuando les compartimos una palabra de aliento o cuando nos entretenemos en cosas sanas, contribuimos al crecimiento.

Incluso la corrección puede ser contaminadora, o puede ser constructiva. Cuando tu hijo comete algún error, ¿cómo lo corriges? Si le dices que es un inútil que no sirve para nada, ¡no lo motivas a cambiar! Pero lo puedes corregir con amor. Puedes mostrarle qué hacer. Le puedes dar ejemplos de tu propia vida. Si no sabes cómo hacer esto, imita a alguien que sí lo hace. Muchas veces la mejor manera de cambiar es escoger a un buen modelo para imitar.

Ahora llegamos a la segunda transformación en nuestra manera de hablar. Si consideramos el pasaje que estamos estudiando, lo podemos comparar con un sándwich. El versículo 30 es el relleno. Es el centro del asunto. ¿Qué nos enseña? Nos dice que, en lugar de ofender, obedezcamos.

"No agravien al Espíritu Santo de Dios, con el cual fueron sellados para el día de la redención". Podríamos decir que tu vida es como un reality show, en el sentido de que alguien siempre te está escuchando. Sospecho que las personas que aparecen en los reality shows se portan mal a propósito, porque saben que eso es lo que su audiencia quiere ver.

Pero nuestra audiencia no quiere ver esas cosas. Nuestra audiencia es el Espíritu Santo de Dios. El siempre está con nosotros, porque Dios nos ha sellado con su presencia como garantía de que somos sus hijos. La presencia del Espíritu Santo es la muestra de que le pertenecemos a Dios, y de que un día vamos a vivir para siempre con El. Somos sellados con el Espíritu en el momento de reconocer a Jesucristo como Señor y Salvador.

Imagina, por un momento, que pudieras ver la cara que pone el Espíritu Santo cuando te escucha hablar. ¿Qué expresión tiene? Antes de hablar, recuerda que alguien siempre te está oyendo. No lo ofendas. Más bien, considera con cuidado tu manera de hablar, y pídele que El te ayude a expresarte de la manera correcta. El es nuestro Consejero perfecto.

Con la ayuda del Espíritu, podemos realizar la tercera transformación en nuestras palabras. Los versos 31 y 32 nos dicen que, en lugar de enojarnos, elijamos el perdón. Todas las cosas que menciona el verso 31 - la amargura, la ira, el enojo, los gritos, las calumnias, la malicia - todas estas cosas nacen de una raíz: la falta de perdón.

Del rencor y del coraje que guardamos en nuestro corazón brotan todas esas fallas de comunicación. En el jardín de mi casa tengo una especie de lirio que me dejaron los dueños anteriores. Tiene flores bonitas, pero está creciendo en un lugar donde no quiero que esté. Varias veces he tratado de sacar ese lirio, pero vuelve a nacer. ¿Por qué? Porque no he logrado sacar toda la raíz.

Sólo si escarbo hasta el fondo seré libre de esa planta. Y sólo si logramos sacar de nuestro corazón el rencor y perdonar por completo podremos ser libres de amargura, coraje y malicia. ¿Cómo sucede esto? Hay varias cosas que ayudan. Una es la decisión de perdonar. Es una decisión, no un sentimiento. Otra es tener una conversación con la persona. Esto puede ayudar a limpiar el aire.

Pero a fin de cuentas, el perdón completo sólo se encuentra en la cruz. Cuando tú miras hacia la cruz de Cristo y te das cuenta de que el sufrió en esa cruz por tus pecados, al igual que por los pecados de la persona que te ha ofendido, puedes comenzar a perdonar. En oración, contempla la cruz. Entrega a Jesús el coraje que llevas. El hará justicia; puedes confiar en eso. Deja tu amargura, por grande o pequeña que sea, en sus manos.

De lo que está en tu corazón habla tu boca. Abrele tu corazón a Cristo. Deja que El te transforme. Entrega a su control tu boca, y podrás bendecir con ella a muchos. No destruyas con tu boca lo que Dios ha hecho. Más bien, usa tus palabras para traer bendición y edificación a todos los que te rodean.


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Puedes enviar al Pastor tus preguntas acerca de la Biblia, la Iglesia, la vida cristiana o cualquier otro tema, por email a pastortony@iglesiatriunfante.com, o por medio de la sección Preguntas al Pastor en pastortony.net. Envía tus preguntas incluyendo tus iniciales y tu país de residencia, y serán respondidas en dicha página.

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