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Domingo 12 de Marzo de 2017

Verdad y amor
Pastor Tony Hancock

Vamos a empezar hoy imaginando algo. Digamos que vas al mecánico porque tu carro hace un sonido extraño. Después de revisar el carro, el mecánico te dice: "¡No se preocupe! Todo está bien con su carro." Aliviado, te subes al carro y vas manejando de regreso a casa.

En el camino, se le cae una rueda al carro y chocas con un árbol. El carro queda arruinado. Vas en busca del mecánico y le dices: "¿Por qué me dijiste que el carro estaba bien? ¡Se le acaba de caer una llanta!" El mecánico responde: "Es que no quería que usted se sintiera mal. Pensé que, si le decía que su carro necesitaba reparaciones, se iba a disgustar conmigo." ¿Te quedarías con ese mecánico?

O imaginemos que vas al doctor con un dolor en el pecho. Después de hacerte algunos análisis, el doctor te dice: "¡Usted está en perfecta salud! Ojalá todos mis pacientes fueran como usted. ¡Me quedaría sin trabajo!" Esa tarde, usted sufre un infarto en plena calle. Los paramédicos logran revivirlo y lo llevan a emergencias.

Cuando su doctor llega a revisarlo en su cama de hospital, usted le reclama: "¡Doctor! ¡Acabo de sufrir un infarto! ¡Usted me dijo que estaba perfectamente bien!" El doctor le responde: "Sí, pero es que yo no quería ofenderlo. Yo sabía que comer otro pedazo de chicharrón le podría dar chicharrón, pero si se lo decía, usted se iba a sentir mal."

¿Qué pensarías de ese doctor? ¿Se lo recomendarías a tus amigos? ¡Claro que no! Es muy importante, en un mecánico o en un doctor, encontrar a alguien que nos dirá la verdad. Pero no siempre valoramos la verdad. En muchos casos, buscamos sentirnos bien más que conocer la verdad. Evitamos las verdades incómodas.

No es un problema nuevo. El apóstol Pablo escribió una carta a una Iglesia que estaba siendo invadida por enseñanzas que no eran verdad. Estas mentiras eran atractivas porque parecían darles a las personas cierto control sobre sus vidas. Pero el resultado era que se apartaban de Cristo.

¿Cuál será la respuesta? Encontramos en esta carta inspirada la respuesta para ellos y también para nosotros. Abramos la Biblia en Efesios 4. Vamos a estarnos enfocando en los versos 14 al 16, pero quiero que leamos los versos 1 al 16 para ver su contexto:

4:1 Por eso yo, que estoy preso por la causa del Señor, les ruego que vivan de una manera digna del llamamiento que han recibido,
4:2 siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor.
4:3 Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz.
4:4 Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también fueron llamados a una sola esperanza;
4:5 un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo;
4:6 un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos y por medio de todos y en todos.
4:7 Pero a cada uno de nosotros se nos ha dado gracia en la medida en que Cristo ha repartido los dones.
4:8 Por esto dice: "Cuando ascendió a lo alto, se llevó consigo a los cautivos y dio dones a los hombres".
4:9 (¿Qué quiere decir eso de que «ascendió», sino que también descendió a las partes bajas, o sea, a la tierra?
4:10 El que descendió es el mismo que ascendió por encima de todos los cielos, para llenarlo todo).
4:11 Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros,
4:12 a fin de capacitar al pueblo de Dios para la obra de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo.
4:13 De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo.
4:14 Así ya no seremos niños, zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza y por la astucia y los artificios de quienes emplean artimañas engañosas.
4:15 Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo.
4:16 Por su acción todo el cuerpo crece y se edifica en amor, sostenido y ajustado por todos los ligamentos, según la actividad propia de cada miembro.

La frase clave se encuentra en el verso 15: "vivir la verdad con amor". La palabra que aquí se traduce "vivir" también se puede traducir "hablar". De hecho, muchas traducciones así lo expresan. Por ejemplo, la Nueva Traducción Viviente dice: "... hablaremos la verdad con amor". La Reina Valera lo traduce: "... siguiendo la verdad en amor".

En realidad, las tres traducciones nos llevan a una idea más completa. Si seguimos la verdad de Jesús en amor, viviremos vidas de verdadero amor y diremos la verdad con amor. En la vida del creyente, estas cosas jamás se deben separar. Dios nos llama a vivir la verdad y a decir la verdad siempre con amor.

¿Qué sucede si tenemos una de estas cosas, pero no la otra? Pensemos primero en lo que produce el amor sin verdad. El versículo 14 describe esta situación. Cuando nos falta un compromiso con la verdad y un conocimiento de la verdad, viviremos en inmadurez e inestabilidad. Seremos como los niños, que creen cualquier cosa que les decimos.

Cuando era niño, alguien me hizo una vez la pregunta: "¿Sabías que la palabra "crédulo" no está en el diccionario?" Le respondí: "¿De veras? ¿Estás seguro? No..." . Supongo que una persona realmente crédula habría buscado el diccionario para averiguar si era cierto o no. La inocencia del niño es algo bello, pero también lo lleva a creer cualquier cosa que se le dice.

Cuando no caminamos en la verdad, nos convertimos en presa fácil de cualquier engaño. Somos como barcos en una tormenta en alta mar; una ola nos lleva para acá, una ráfaga de viento nos azota para allá, y no somos estables. Hermano, Dios quiere que conozcas bien su verdad para que no vivas en confusión. El quiere que estés bien cimentado en su Palabra para que no tambalees cuando escuchas algo diferente. Sólo así puedes crecer y estar firme.

¿Alguna vez has sembrado una planta en tu jardín, y luego lo has cambiado de lugar? Imagina una persona que cambia la planta de un lado a otro, porque no se decide dónde ponerla. ¿Crecerá esa planta? ¡Claro que no! De la misma manera, si nunca hundimos raíces firmes en la verdad de Dios, no podremos crecer. Es por esto que Dios ha dado a su Iglesia los ministerios de enseñanza, de evangelismo y de predicación: para que todos crezcamos en su verdad al conocer su Palabra.

Pero esto también significa que debemos decir la verdad. Nuestro Dios es un Dios de verdad. El nunca miente. ¡Seamos como El! No podemos estar fuertes en la verdad de Dios si andamos con engaño y astucia en nuestros labios. ¡No es coherente!

Algo muy triste sucede cuando empezamos a engañar a los demás. Terminamos engañándonos a nosotros mismos. Ya no sabemos cuál es la verdad. Perdemos la capacidad de ver las cosas con objetividad, de verlas como son. Hermano, hermana, hablemos la verdad. No ocultemos la realidad simplemente porque no nos conviene. Esto nunca termina bien.

Hemos hablado del amor sin verdad: nos deja inmaduros e inestables. Pero ¿qué sucede cuando tenemos verdad sin amor? ¿Qué sucede cuando alguien sabe muy bien la verdad, pero la expresa o la vive sin amor? Ed Silvoso comentó que la verdad sin amor es como besar a alguien que tiene mal aliento.

Observemos el verso 16. Aquí vemos el lado positivo, lo que sucede cuando hay amor en el cuerpo de Cristo. En unión con El, crecemos juntos. Cada uno realiza su propósito y destino, junto con los demás. ¿Qué sucede cuando falta el amor? En lugar de crecimientos, hay separación y desunión.

Cuando le tenemos que dar una pastilla con sabor desagradable a un bebé, ¿qué hacemos? Lo revolvemos con puré de manzana u otra substancia dulce. El puré de manzana hace que la pastilla sea más fácil de tragar. Si tratamos de darle la pastilla sola, el bebé no se lo va a querer tragar.

Del mismo modo, el amor hace que la verdad sea más fácil de aceptar. No vamos a endulzar la verdad con mentira o con exageración; esto sería adulterarla y destruir su poder. Pero muchas veces, las personas estarán mucho más dispuestas a escuchar la verdad si la decimos con amor.

En una familia, como en una Iglesia, la verdad es muy importante. Pero cuando la verdad se dice sin amor, es fácil que hiera y separe en lugar de unir y edificar. Una forma de decir la verdad sin amor es en forma de un ultimátum: O aceptas lo que te digo, o te rechazo por completo. Muchas veces, si le damos a alguien tiempo para pensar en lo que le decimos, podemos llegar a un acuerdo.

Otra forma de decir la verdad sin amor es con aires de superioridad. "Mira lo que yo sé que tú no sabes", decimos con nuestra actitud. La humildad al hablar es una gran expresión de amor. Dios siempre nos dice la verdad, pero lo hace con amor. Cuando leemos las instrucciones de su Palabra nos damos cuenta de que El nos está hablando para nuestro bien, porque nos ama como hijos.

Antes de hablar, considera tu propio corazón. Considera también cómo la otra persona va a recibir lo que tú le dices. Ponte en su situación, y trata de expresarte de la mejor manera para que pueda recibir la verdad que tú le dices. Cuando decimos la verdad con amor, suceden cosas maravillosas.

De hecho, el verso 15 nos dice que, cuando combinamos la verdad con el amor, el producto es crecimiento unido a la medida de Cristo. La verdad es como el agua, y el amor es como el abono; para que haya crecimiento, las dos cosas son necesarias. Si falta una o la otra, el crecimiento será pobre y esporádico.

¿Cómo se ve una familia donde hay verdad y amor? Es una familia donde hay confianza, porque no se esconden las cosas. Es una familia donde los problemas se resuelven sin gritería ni pleitos, porque el amor lleva a cada uno a expresar la verdad con tacto y sencillez. Esa familia quizás sea imposible de alcanzar perfectamente en la tierra, pero nos podemos acercar a esa meta.

¿Cómo se ve una Iglesia donde hay verdad y amor? Es una Iglesia donde nos esforzamos todos por conocer la verdad de Dios, porque la amamos. Es una Iglesia donde los problemas se enfrentan y las diferencias se resuelven con sinceridad y con amor. Es una Iglesia donde hay crecimiento, y donde unidos nos estamos pareciendo cada vez más a Cristo.

¿Te acuerdas del doctor y el mecánico que nos imaginamos al principio del sermón? No dijeron la verdad, porque era más fácil vivir una mentira. Vivir la verdad en amor no siempre es fácil. Pero es la única manera de crecer unidos a la medida de Cristo. ¿Qué te falta? Pídele a Dios en esta mañana que te muestre cómo necesitas ajustar tu vida para vivir la verdad en amor.


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