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Domingo 26 de Febrero de 2017

Vivir en gloria
Pastor Tony Hancock

Durante el verano se presenta por esta zona un ave llamada el azulillo sietecolores. También se le apoda mariposa pintada. Muchos la consideran el ave más bella de toda Norteamérica. Ciertamente es muy bella, con su cabeza azul, su espalda amarilla y verde y su pecho rojo, en diferentes matices.

Aunque las plumas de esta ave lucen de muchos colores bajo el sol, su plumaje azul no contiene pigmentos o tintes azules. Más bien, su color natural es café. Por la forma en que se estructuran las plumas, reflejan solamente la luz azul, y por eso parecen azules bajo la luz del sol. En la sombra, sólo se ve el color café natural de las plumas.

El azulillo sietecolores fue creado para reflejar la gloria del sol. Bajo su luz, brilla y se luce. Nosotros también fuimos creados para reflejar la gloria - no del sol, sino de Dios. Tú y yo fuimos creados para la gloria de Dios. Esta es la quinta gran verdad que recobraron los reformadores del siglo XVI.

En cierta ocasión, Jesús entraba a un pueblo cuando se encontró con diez hombres que sufrían de lepra. Estos hombres tenían que vivir afuera de la ciudad, y no se podían acercar a las demás personas. Ni siquiera se atrevieron a acercarse a Jesús, sino que le gritaron de lejos: "¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!" (Lucas 17:13)

Jesús les contestó que fueran a mostrarse a los sacerdotes. Según la ley de Moisés, si una persona quedaba curada de la lepra, tenía que presentarse ante los sacerdotes, quienes lo examinaban y lo declaraban limpio. La ley no tenía poder para sanar a los leprosos; sólo les decía qué hacer si quedaban sanos.

Lo que Jesús les dijo fue una prueba de su fe. Si ellos iban a presentarse a los sacerdotes, esto significaría que creían que Jesús los podía sanar. En cambio, si les parecía ilógico hacerlo, demostrarían que no tenían fe en su poder para sanar. Los diez leprosos dieron la vuelta y emprendieron el viaje hacia Jerusalén, donde estaban los sacerdotes.

En el camino, ¡sucedió algo maravilloso! ¡Quedaron limpios de la lepra! Las llagas y manchas de la lepra desaparecieron, y quedaron totalmente sanos. Los diez fueron sanados, pero sólo a uno se le ocurrió regresar para darle las gracias a Jesús. Lo interesante del caso es que se trataba de un samaritano, y los samaritanos no se llevaban bien con los judíos.

Se supone que la mayoría de los leprosos sanados eran judíos, pero sólo el samaritano regresó para darle las gracias a Jesús. Ahora quiero que leamos en Lucas 17:17-19 la reacción de Jesús al ver a este hombre:

17:17 ?¿Acaso no quedaron limpios los diez? -preguntó Jesús-. ¿Dónde están los otros nueve?
17:18 ¿No hubo ninguno que regresara a dar gloria a Dios, excepto este extranjero?
17:19 Levántate y vete -le dijo al hombre-; tu fe te ha sanado.

Los diez habían sido sanados, pero sólo uno regresó para dar gloria a Dios. Por esto, su fe no sólo lo sanó; también fue salvado.

Este hombre reflejó la gloria de Dios en su vida. El poder de Dios se manifestó en la vida de los diez, pero sólo él regresó para dar gloria a Dios por lo que había hecho. Imagina, por un momento, a un maestro platero que fabrica una charola de plata pulida, brillante y sedosa. Si saca esa charola al sol, ¡cómo brillará! Será deslumbrante. En cambio, si la guarda en lo oscuro, no será capaz de brillar. No puede producir luz.

El leproso samaritano que regresó para darle las gracias a Jesús levantó su charola al cielo para que la luz brillara con todo su esplendor. Tomó la decisión de darle gloria a Dios, en lugar de simplemente felicitarse por su buena suerte. Dios también nos invita a tomar la decisión de darle gloria en todo lo que hacemos. Nos invita a vivir para su gloria.

¿Cómo se manifiesta la gloria de Dios en nuestras vidas? Pensemos en algunas de las maneras. En primer lugar, la gloria de Dios se manifiesta por medio del perdón. El Salmo 79:9 es muy iluminador en cuanto a este punto: "Oh Dios y salvador nuestro, por la gloria de tu nombre, ayúdanos; por tu nombre, líbranos y perdona nuestros pecados." Asaf, el autor de este salmo, no le pide perdón a Dios porque se lo merece, o porque su situación debe darle lástima.

No podemos ganarnos el perdón de Dios con pretextos. No podemos decirle: "Señor, me debes perdonar porque..." Si se tratara de otro ser humano, le podríamos decir: "Tú me debes perdonar porque yo te perdoné la última vez que me fallaste." Pero a Dios no le podemos decir nada semejante.

Entonces, ¿para qué nos perdona Dios? Por su amor, por la gloria de su nombre. Dios es glorificado cuando El nos perdona y nos restaura. ¿Le damos a Dios la gloria por nuestro perdón? ¿Le alabamos por su bondad y misericordia? ¿Reconocemos que no hemos hecho nada para merecerlo? ¿O nos robamos su gloria, haciéndonos pasar por buenos, dando a entender que merecemos la salvación?

Por supuesto, esto no significa que debamos pecar más, para que Dios puede glorificarse y perdonarnos más. ¡Ya hay bastante pecado en el mundo! Más bien, debemos siempre darle a Dios la gloria por el perdón que recibimos por fe en Jesucristo, y vivir para su gloria.

En segundo lugar, la gloria de Dios se manifiesta por la fe. En cierta ocasión, falleció un tal Lázaro, uno de los amigos cercanos de Jesús. ¿Qué harías si supieras que uno de tus amigos cercanos estaba muy enfermo? ¿Irías de inmediato a visitarlo? ¡Jesús esperó cuatro días para ir a ver a Lázaro! Cuando llegó, Lázaro ya había muerto, y llevaba varios días en la tumba.

Parecía que Jesús había llegado muy tarde, pero en realidad, llegó justo a tiempo. Estando frente a la tumba de Lázaro, mandó que se retirara la piedra que cubría la tumba. Marta, la hermana de Lázaro, objetó que ya debía oler mal. Escucha ahora la respuesta de Jesús: "¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios?" (Juan 11:40) Entonces llamó con voz fuerte: "Lázaro, ¡sal fuera!" (Juan 11:43) Lázaro salió, vestido en su ropa de entierro.

Vemos la gloria de Dios manifestarse en nuestras vidas por fe. Le damos gloria a El por fe. El leproso sanado tuvo fe, y dio gloria a Dios por los resultados. Las hermanas de Lázaro tuvieron fe, y vieron la gloria de Dios manifestarse en la vida de su hermano. Una vida de fe es una vida que ve la gloria de Dios, y que da gloria a Dios.

No siempre es fácil caminar por fe. Si fuera fácil, ¡todo el mundo lo haría! Caminar por fe no significa recibir todo lo que queremos al instante. No significa tener a Dios como un genio embotellado que se aparece cada vez que lo frotamos para conceder nuestros deseos. A veces significa luchar con la tentación. A veces significa aceptar que la voluntad de Dios no siempre es igual a la nuestra. Pero aun en las luchas y las pruebas, la fe nos permite ver la gloria de Dios y darle gloria a Dios.

En realidad, la gloria de Dios se puede manifestar en nuestra vida en todo lo que hacemos. En los días de los reformadores Martín Lutero, Juan Calvino y otros, muchas personas pensaban que la vida se podía dividir entre lo sagrado y lo secular, y que sólo lo sagrado glorificaba a Dios. Por ejemplo, dedicarse a la oración o a ayudar a los pobres glorificaba a Dios, pero trapear el piso o preparar una comida eran simplemente actividades humanas. Muchos todavía piensan así.

Pero los reformadores encontraron en 1 Corintios 10:31 una verdad muy importante. La Biblia dice: "ya sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios". Las actividades cotidianas se pueden hacer para la gloria de Dios. ¿Qué cosa hay más ordinaria que comer y beber? ¡Todos lo hacemos varias veces al día! Pero esto también se puede hacer para la gloria de Dios. Cuando le damos las gracias y lo alabamos por su generosidad, comemos para la gloria de Dios.

Cualquier trabajo también se puede hacer para la gloria de Dios. Lutero dijo: "Si el sastre es cristiano, dirá: Hago esta ropa porque Dios me ha llamado a hacerlo, para que pueda ganarme la vida, para que pueda ayudar y servir a mi prójimo." En el trabajo más común hay dignidad. En el trabajo más común se manifiesta la gloria de Dios, cuando trabajamos porque Dios nos ha dado ese trabajo, y cuando lo hacemos bien para servir a los demás.

El gran compositor Juan Sebastián Bach solía firmar sus composiciones con las letras SDG. Esto representa la frase latina soli deo gloria, sólo a Dios sea la gloria. Que nuestra meta sea firmar el final de cada día con la misma frase. ¡Cuán glorioso es nuestro Señor! Se gloria se manifiesta en su creación, pero también en el perdón que recibimos por medio de Jesucristo. Vemos su gloria por la fe en Jesús. Le podemos dar gloria en todo lo que hacemos. Vivir como cristiano es brillar cada día para la gloria de Dios.


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