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Domingo 15 de Enero de 2017

El valor de un ser humano
Pastor Tony Hancock

¿Cuánto vale un ser humano? Es una pregunta intrigante, ¿no? Si pensamos sólo en cuestión del valor económico, encontramos varias respuestas. Nuestro cuerpo se compone de muchos elementos, y algunos tienen valor económico; el cuerpo humano contiene un poco de oro, de platino y de cobre, por ejemplo.

Si sumamos el valor de todos esos elementos, llegamos a la conclusión de que cada cuerpo humano vale aproximadamente... un dólar. ¡Un dólar! Es un poco decepcionante. Pero podríamos valorar el ser humano de otra manera: según el valor de sus órganos si se vendieran en el mercado negro.

Alguien calculó recientemente que, sumando el costo de los órganos de un cuerpo humano, su valor podría alcanzar los 45 millones de dólares. ¡Eso se oye bastante mejor! Pero antes de que mires a tu pareja y empieces a calcular en cuánto podrías vender cada uno de sus órganos, recuerda que la venta de órganos es ilegal. No podrías disfrutar de tus ganancias, porque estarías en la cárcel.

Estos cálculos se basan en un error fundamental. El valor de un ser humano no consiste simplemente en su valor económico. Lo que vale cada persona no tiene que ver con el precio de los elementos que lo conforman, o el precio al que se podría vender cada órgano. El valor de un ser humano tiene que ver con la imagen que lleva.

Un billete de cien dólares no se evalúa en base al costo del papel y la tinta que se usan para fabricarlo. Al gobierno le cuesta unos 14 centavos fabricar el billete, pero eso no representa su valor. Su valor se basa en la imagen que lleva impresa, y su origen legítimo. ¿Qué imagen lleva el ser humano? ¿Cuál es su origen? Abramos la Biblia en Génesis 1:25-28 para encontrar la respuesta:

1:25 Dios hizo los animales domésticos, los animales salvajes, y todos los reptiles, según su especie. Y Dios consideró que esto era bueno,
1:26 y dijo: "Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza. Que tenga dominio sobre los peces del mar, y sobre las aves del cielo; sobre los animales domésticos, sobre los animales salvajes, y sobre todos los reptiles que se arrastran por el suelo".
1:27 Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó,
1:28 y los bendijo con estas palabras: "Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar y a las aves del cielo, y a todos los reptiles que se arrastran por el suelo".

Dios creó a los animales, y vio que lo que había hecho era bueno. Cada animal que vive en este mundo es una creación buena de Dios, y hay un respeto que se debe al reino animal. No debemos tratar a los animales con crueldad o de manera inhumana. Pero cuando llegamos a la creación del ser humano, el cuadro cambia. Descubrimos un valor infinitamente mayor.

Los animales no fueron creados a imagen de Dios, pero el ser humano sí. Dios creó al ser humano con la capacidad de conocerlo. Los animales reflejan la gloria de Dios y lo alaban a su manera, pero no lo pueden conocer. Dios nos creó con un espíritu, con la capacidad de conocerlo y de vivir para siempre en comunión con El.

Esa imagen fue corrompida a causa del pecado, y sólo se puede restaurar a su cabal intención por medio de Jesucristo. Sin embargo, cada ser humano lleva la imagen de Dios, aunque sea de manera imperfecta. Es por esto que cada ser humano tiene valor. No es por el valor de los elementos que componen su cuerpo; es por la imagen que lleva.

Por este motivo, cada ser humano merece protección. Ya que el valor de la vida humana se determina por la imagen que lleva, todo ser humano merece protección por haber sido creado a imagen de Dios.

Esto lo confirma algo que Dios le dijo a Noé después del diluvio. Al explicarle las condiciones que regirían la vida de la humanidad que surgiría de Noé y su familia, Dios les declara esto: "Si alguien derrama la sangre de un ser humano, otro ser humano derramará la suya, porque el ser humano ha sido creado a imagen de Dios mismo." (Génesis 9:6 NVI)

Este poder de hacer justicia se ha entregado en manos del gobierno; las autoridades son responsables de administrar la justicia, y no nos toca a nosotros tomar la ley en nuestras propias manos. Lo importante es observar el principio que Dios declara aquí: la vida humana es digna de protección, simplemente porque el ser humano ha sido creado a imagen de Dios.

Pero hay alguien que odia esa imagen. El enemigo, Satanás, busca de cualquier manera posible quebrantar y destruirla. Uno de los medios que él usó en la antigüedad fue fomentar la adoración de dioses falsos, de ídolos, que demandaban de sus adoradores el sacrificio humano.

La gente que vivió en la tierra de Canaán antes de que llegaran los israelitas adoraba a uno de esos dioses. Se llamaba Moloc. En un ritual, los adoradores de Moloc quemaban a los niños en sacrificio. Creían que esto satisfacía a Moloc y les garantizaba la prosperidad y buena fortuna.

¿Cómo podría un padre decidir a cuál de sus hijos iba a sacrificar a Moloc? ¿Cómo lo decidirías tú? El engaño de Satanás tuvo que ser muy fuerte para superar el amor natural que los padres les tienen a sus hijos. Pero aun más fuerte es el amor que Dios tiene para los niños. Por esto, El mandó a su pueblo, con palabras muy fuertes, que jamás se unieran a esta falsa adoración tan destructiva.

En Levítico 20:1-2 El expresa su completo rechazo a esta práctica religiosa:

20:1 El Señor le ordenó a Moisés
20:2 que les dijera a los israelitas: Todo israelita o extranjero residente en Israel que entregue a uno de sus hijos para quemarlo como sacrificio a Moloc será condenado a muerte. Los miembros de la comunidad lo matarán a pedradas.

Dios dice que esta clase de destrucción de vida inocente profana su santuario y deshonra su nombre. Lastimosamente, esta mentira del diablo fue una constante atracción para los israelitas. El mismo rey Salomón llegó a edificar un templo para Moloc en las afueras de Jerusalén.

Todavía existen muchos templos de Moloc. Simplemente se han cambiado de nombre. Ahora los llamamos clínicas de aborto, donde las personas acuden para sacrificar a sus hijos no nacidos pensando así proteger su prosperidad y libertad personal. Seguimos entregando lo más precioso - la vida humana - a cambio de un espejismo, de una promesa ilusoria de libertad y satisfacción.

¿Será que un bebé en el vientre realmente es un ser humano? Algunos dirán que es muy pequeño, sólo unas cuantas células al principio. Pensemos por un momento: si el valor de un ser humano dependiera de su tamaño, las personas chaparras tendrían menos valor que los altos. Todos reconocemos que esto es ridículo.

Otros dicen que, ya que el feto depende totalmente de su madre, no se debe considerar un ser humano hasta nacer. Pero este argumento también se podría aplicar a los bebés, y hasta a los niños. Pocos niños lograrían sobrevivir si sus padres los soltaran en el bosque para defenderse, pero esto no les da a sus padres el derecho de quitarles la vida.

Cada ser humano tiene un hábitat necesario para la vida. Los adultos necesitamos cierto nivel de oxígeno, cierta temperatura y otros factores. Fuera de ese hábitat, pronto moriríamos. De igual modo, el hábitat necesario para un bebé no nacido es el vientre de su madre. No se distingue de un adulto en necesitar un hábitat particular. Simplemente se trata de un hábitat diferente.

La Biblia declara que Dios nos conoce desde el vientre. Las palabras del rey David en el Salmo 139:13-16 lo expresan muy bien:

139:13 Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre.
139:14 ¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien!
139:15 Mis huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más recóndito era yo formado, cuando en lo más profundo de la tierra era yo entretejido.
139:16 Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos.

Aun antes de nacer, el destino de cada persona ya estaba marcado. Dios ya tiene planes para cada uno, y un propósito para cada vida humana.

Quizás estés escuchando este mensaje con una gran sensación de culpabilidad, porque de alguna manera has participado en el aborto. Quizás te hayas sometido a uno por razones puramente económicas, o presionaste a otra persona para hacerlo. La buena noticia es que hay perdón para este pecado. Cristo puede quitar la culpa y vergüenza. El murió en la cruz por todos los pecados, incluyendo éste. Cuando colgaba allí, dijo: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lucas 23:34). Mira hacia su cruz y recibe su perdón, por fe.

Puede ser que escuches este mensaje y digas: ¿qué hago? Proverbios 24:11-12 nos llama a tomar acción:

24:11 Rescata a los que van rumbo a la muerte; detén a los que a tumbos avanzan al suplicio.
24:12 Pues aunque digas, "Yo no lo sabía", ¿no habrá de darse cuenta el que pesa los corazones? ¿No habrá de saberlo el que vigila tu vida? ¡Él le paga a cada uno según sus acciones!

Es importante aclarar que no podemos luchar contra este mal haciendo el mal. La violencia no es la respuesta. Pero hay algo que todos podemos hacer. Todos podemos orar, para que esta terrible vergüenza sea quitada de nuestra sociedad.

El próximo domingo es el aniversario de la decisión de la Corte Suprema de este país que, en 1973, legalizó el aborto. Oremos para que esta decisión sea anulada o limitada. Oremos por los legisladores. Sobre todo, oremos por los corazones de las personas, para que todos lleguemos juntos a valorar la vida humana.

En segundo lugar, usemos cualquier influencia que tengamos para promover un cambio en esta área. Podemos escribirles a nuestros legisladores, por ejemplo. Muchos tienen formularios que nos permiten escribirles por correo electrónico. Apliquemos cualquier presión que podamos para traer un cambio de ley.

En tercer lugar, apoyemos a los ministerios que ayudan a las mujeres embarazadas. Hay muchos lugares que aconsejan y sirven a las mujeres que sufren embarazos inesperados. Podemos apoyarles con oración y con donativos para que el aborto no tenga que ser la única opción.

Dios ha creado a cada ser humano con un valor incalculable, pero ese valor se encuentra bajo ataque. Hermanos, unámonos para valorar juntos cada vida humana como un reflejo digno de la gloria de Dios. Trabajemos para que cada uno pueda realizar el destino que Dios le ha preparado. Reconozcamos el verdadero valor de cada persona.


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