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Domingo 1 de Enero de 2017

Creciendo hacia 2017
Pastor Tony Hancock

¿Alguna vez te has subido a un caballito mecedor? Uno de los recuerdos de mi infancia es montar uno de esos caballitos de madera. Hoy en día ya no son tan comunes. Me imagino que debe ser por motivos de seguridad, pues es fácil caerse de esos caballitos.

Alguien comentó una vez que muchos creyentes son como esos caballitos mecedores. Hay mucho movimiento, pero poco progreso. ¿Será cierto de nosotros? ¿Seremos una Iglesia de mucho movimiento, pero poco progreso? Cuando tratamos de trabajar en nuestras propias fuerzas, es fácil tener movimiento sin progreso. En cambio, si descansamos por fe en la obra terminada de Cristo en la cruz, Dios nos mueve en el camino del progreso.

Este año, te invito primeramente a descansar por fe en la obra terminada de Cristo en la cruz. El ya pagó nuestro pecado. Ya no hay nada más que tengamos que hacer para que Dios nos acepte. Ya somos amados en Cristo. Con esa confianza en El, miremos hacia atrás y hacia delante.

Nuestro lema declara que somos una Iglesia que aprende, alaba, ama y alcanza. Por lo tanto, vamos a tomar este tiempo para analizar el progreso de nuestra Iglesia en estas cuatro áreas, para así tratar de marcar un camino hacia el futuro.

En primer lugar, ¿somos una Iglesia que aprende? Filipenses 1:9 (NTV) declara: "Le pido a Dios que el amor de ustedes desborde cada vez más y que sigan creciendo en conocimiento y entendimiento." ¿Estamos creciendo en conocimiento de la Palabra? ¿Estamos creciendo en entendimiento?

En muchos casos, tengo que responder que sí, sí estamos creciendo. En mis conversaciones con muchos de ustedes y en comentarios que he escuchado me ha dado muchísimo gusto oírles compartir lo que han aprendido de la Palabra de Dios. Veo curiosidad y un deseo de aprender por parte de muchos. Veo buena participación en la escuela dominical.

Claro, sería bueno tener más alumnos en la escuela dominical. Supe de una maestra que le preguntó a su clase si cada uno podría traer a dos invitados la siguiente semana. Uno de los niños levantó la mano y respondió: "No puedo traer dos, pero hay un niño al que le puedo dar una golpiza y obligarlo a venir." ¡No queremos traer gente a la escuela dominical de esa manera!

Veo un área de crecimiento en el área del aprendizaje. Hay ciertas cosas que todo creyente debe saber, que forman parte de la información básica que todos debemos tener memorizada. Me refiero a tales cosas como los libros de la Biblia, los Diez Mandamientos y Juan 3:16.

Me doy cuenta que algunos de ustedes, que ya tienen años de ser creyentes, todavía tienen que buscar en el índice de la Biblia para encontrar una cita. ¡Esto no debe ser! Hay ciertas cosas que todo creyente debe saber. Vamos a trabajar durante este año para repasar algunas de estas cosas. En cada culto, tomaremos unos momentos para aprender algunas de estas cosas.

La segunda cosa que deseamos ser, como Iglesia, es una congregación que alaba. El Salmo 96:4 (NTV) declara: "¡Grande es el Señor! ¡Es el más digno de alabanza! A él hay que temer por sobre todos los dioses." Dios merece alabanza. Por lo que ha hecho y por lo que es, El se merece que lo alabemos con nuestras voces, y también con nuestras vidas.

Hay momentos durante los cultos en los que se aprecia el espíritu de alabanza que fluye entre nosotros. Respondemos a la invitación del Espíritu Santo, y levantamos nuestras voces con júbilo al Señor. Hay otros momentos en los que muchos sienten su toque invitándoles a la adoración y la intimidad. Con manos levantadas, se entregan al Señor en adoración.

El gran predicador Carlos Spurgeon comentó que el avivamiento de la alabanza es una señal del avivamiento espiritual. Cuando la predicación evangélica de Martín Lutero comenzó a tener impacto, se escuchaban las voces de los labradores cantando sus himnos detrás del arado.

¿Cómo podemos crecer en la alabanza? Más que cualquier otra cosa, debemos estar orando por el ministerio de adoración en esta Iglesia. Tenemos varios músicos dotados; hay mucho potencial. Unámonos en la oración por los que nos guían en adoración. Pidámosle al Señor que levante más músicos y que podamos realizar el potencial que El ha puesto en nosotros.

La alabanza no es sólo cuestión musical. Es cuestión espiritual. Cuando realmente adoramos al Señor, lo hacemos con la mente, con las emociones y con la voluntad. Nos quedamos admirados ante su grandeza y majestad. Expresamos nuestra gratitud por lo que ha hecho por nosotros. Nos inspiramos a servirle con más alegría y dedicación. ¿No te gustaría tener esa clase de alabanza cada domingo en la Iglesia? Oremos para que se convierta en realidad.

Además de ser una Iglesia que aprende y alaba, también nos proponemos ser una Iglesia que ama. De muchas maneras, el amor de Dios se manifiesta entre nosotros. De hecho, Jesús dijo que el amor sería la marca inconfundible de sus seguidores. Juan 13:35 declara: "De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros."

Ese amor se manifiesta en las familias de esta Iglesia. Varios de ustedes me han comentado que no estarían juntos como pareja y como familia si no fuera por el evangelio. Además del amor familiar que se nutre aquí, también se expresa el amor en las convivencias que tenemos y en el apoyo que nos damos.

Algunas semanas atrás, mientras celebrábamos nuestro retiro familiar, me puse a observar la fogata. Noté algo muy interesante. Al principio, cuando la fogata apenas se había prendido, ardía con una llama viva y alegre. Con el tiempo, sin embargo, el fuego comenzó a bajar. Entonces observé una rama que se había quedado un poco alejada de los troncos prendidos.

Aunque los troncos seguían ardiendo y el fuego no se apagaba, esa rama poco a poco ardía menos. Se fue la llama; en lugar de un rojo encendido, cambió a un color naranja y luego café. En eso, llegó alguien para echarle leña al fuego, y la rama volvió a arder.

Nos sucede lo mismo a nosotros. Cuando apenas conocemos al Señor, hay un fuego que arde en nosotros. Pero con el tiempo, fácilmente podemos llegar a ser como la Iglesia de Éfeso, que perdió su primer amor. ¿Cuál es la solución? Si queremos mantener vivo el fuego de nuestro amor, tenemos que seguir cerca de nuestros hermanos. Así se mantiene vivo el fuego.

¿Cómo podemos realizar esto? Una de las claves es la comunicación. Tanto en la familia como en la Iglesia, tenemos que aprender cómo hablarnos unos a otros con sabiduría y confianza. Tomaremos algunas semanas durante los próximos meses para hablar acerca de la comunicación y cómo usar bien este don del habla que Dios nos ha dado.

Una Iglesia que aprende, alaba, ama - y ahora llegamos a lo último, una Iglesia que alcanza. Esta es nuestra misión como Iglesia; Jesús nos lo dijo en sus instrucciones finales antes de dejar la tierra para regresar al cielo. Hechos 1:8 declara: "Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra."

El Espíritu Santo ya vino en el día de Pentecostés. El está en nosotros. Somos llamados a ser testigos de Jesús en nuestro pueblo, nuestro Jerusalén, y desde aquí hasta los confines de la tierra. ¿Cómo vamos en esta tarea? En realidad, hay mucho que celebrar.

El año pasado, nuestras damas nos guiaron a aumentar nuestras ofrendas a las misiones. Juntos, realizamos varios eventos para evangelizar - las escuelitas bíblicas de verano, la fiesta navideña y varios otros eventos. Me dio mucho gusto ver cómo todos trabajaron juntos para realizar estos eventos. También hemos evangelizado de otras maneras. Sé que varios han compartido su fe de manera personal con quienes los rodean.

Pero hay una cosa que me preocupa. Hace mucho que no hemos celebrado bautismos en la Iglesia. La Biblia nos dice que, en la Iglesia primitiva, el Señor iba agregando constantemente a la congregación los que iban siendo salvos. Pero desde hace tiempo no hemos visto que se unan más miembros a la Iglesia.

¿Será que toda la gente que nos rodea ya es salva? ¡No lo creo! Hermanos, unámonos en oración y en esfuerzo para que más se unan a nosotros en seguir a nuestro Señor Jesucristo. Dime: ¿ha hecho Cristo una diferencia positiva en tu vida? ¿Te alegras por lo que El ha hecho en ti? ¿No te gustaría que otros lo conocieran también?

Nuestro Dios es un Dios de nuevas oportunidades y de nuevos comienzos. Si El puede hacer que un burro hable, como lo hizo con Balaán, nos puede usar a nosotros. Si El puede hacer que flote la cabeza de un hacha, como lo hizo con Eliseo, nos puede levantar a nosotros. Si El puede tomar a un grupo de pescadores y trastornar el mundo entero, El nos puede transformar a nosotros.

Unámonos a Dios en lo que El está haciendo aquí y alrededor del mundo. Si tratamos de construir nuestro propio reino, pronto caerá. Pero hermanos, si buscamos primeramente el reino de Dios, si buscamos los sueños y la visión que El tiene para nosotros, todo lo demás vendrá por añadidura. ¿Te unes?


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