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Domingo 4 de Diciembre de 2016

El Siervo decidido
Pastor Tony Hancock

Un hombre fue al psicólogo. El psicólogo le preguntó: "¿Tiene usted dificultad en tomar decisiones?" El hombre le respondió: "Bueno, sí y no. A veces - no estoy seguro - quizás - yo creo que sí - pero..." ¡Ya el psicólogo había recibido su respuesta! En realidad, la falta de decisión trae muchos problemas, ¿no es cierto? Nos hace perder muchas oportunidades.

¿Cómo serían las cosas para nosotros si Jesucristo hubiera sido indeciso? Se habría quedado en el cielo, debatiendo con su Padre: "¿Iré a salvar a esa gente? Como que no tengo muchas ganas de hacerlo. Ay, me da flojera. ¿Qué voy a hacer?" Felizmente para nosotros, El no fue indeciso. Estaba decidido a hacer lo que fuera necesario para salvarnos.

Su decisión nos llama a nosotros a lo mismo. Su Palabra nos llama a responder. En el tercer Canto del Siervo que Isaías recibió por revelación más de 700 años antes del nacimiento de Cristo, descubrimos a un Siervo decidido y decisivo. Leamos de El en Isaías 50:4-11:

50:4 El Señor omnipotente me ha concedido tener una lengua instruida, para sostener con mi palabra al fatigado. Todas las mañanas me despierta, y también me despierta el oído, para que escuche como los discípulos.
50:5 El Señor omnipotente me ha abierto los oídos, y no he sido rebelde ni me he vuelto atrás.
50:6 Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban, mis mejillas a los que me arrancaban la barba; ante las burlas y los escupitajos no escondí mi rostro.
50:7 Por cuanto el Señor omnipotente me ayuda, no seré humillado. Por eso endurecí mi rostro como el pedernal, y sé que no seré avergonzado.
50:8 Cercano está el que me justifica; ¿quién entonces contenderá conmigo? ¡Comparezcamos juntos! ¿Quién es mi acusador? ¡Que se me enfrente!
50:9 ¡El Señor omnipotente es quien me ayuda! ¿Quién me condenará? Todos ellos se gastarán; como a la ropa, la polilla se los comerá.
50:10 ¿Quién entre ustedes teme al Señor y obedece la voz de su siervo? Aunque camine en la oscuridad, y sin un rayo de luz, que confíe en el nombre del Señor y dependa de su Dios.
50:11 Pero ustedes que encienden fuegos y preparan antorchas encendidas, caminen a la luz de su propio fuego y de las antorchas que han encendido. Esto es lo que ustedes recibirán de mi mano: en medio de tormentos quedarán tendidos.

Ustedes que son padres, ¿alguna vez han observado la terrible sordera que de repente cae sobre sus hijos? Suele suceder cuando se les dice que limpien el cuarto, que hagan la tarea, que saquen la basura o hagan algún otro trabajo desagradable. De repente, ¡parece que se han vuelto incapaces de escuchar! Que yo sepa, la ciencia médica aún no ha descubierto tratamiento alguno para esta triste condición.

La realidad es que todos los hijos de Dios en algún momento hemos sufrido este problema. Dios nos habla una y otra vez, pero hacemos oídos sordos a su voz. Escogemos nuestro propio camino. Aquí está una de las cualidades especiales de Jesús, el Siervo perfecto de Dios: El presta perfecta atención a la voz de su Padre.

Empezando a la mitad del verso 4, leemos esto: "Todas las mañanas me despierta, y también me despierta el oído, para que escuche como los discípulos. El Señor omnipotente me ha abierto los oídos, y no he sido rebelde ni me he vuelto atrás." Jesús escuchó y obedeció cabalmente la voz de su Padre, como ningún otro ser humano lo ha hecho jamás.

Cuando anduvo en la tierra, Jesús mismo lo expresó así: "Yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió me ordenó qué decir y cómo decirlo. Y sé muy bien que su mandato es vida eterna. Así que todo lo que digo es lo que el Padre me ha ordenado decir." (Juan 12:49-50 NVI)

Jesús, la persona que nos explica perfectamente lo que Dios quiere de nosotros, es alguien como nosotros. A la vez, está en perfecta sintonía con la voluntad de su Padre. El vino a compartir nuestras experiencias. Cuando El nos explica la Palabra, usa comparaciones sencillas que podemos comprender.

¿Alguna vez has tratado de armar un mueble o un juguete usando las instrucciones incluidas en el paquete? ¡A veces parece que las escribió un marciano! La persona que las escribió piensa de una manera muy diferente, habla otro idioma que nosotros, y sus instrucciones nos resultan muy difíciles de entender.

Pero con Jesús, no es así. Sus parábolas hablan de semillas, de mujeres que limpian la casa, de hijos que se van del hogar - de situaciones que nosotros podemos comprender. Usando comparaciones sencillas, El nos enseña las verdades profundas de Dios. Como dice el verso 4, "El Señor omnipotente me ha concedido tener una lengua instruida, para sostener con mi palabra al fatigado".

Por estar en perfecta sintonía con el Padre, Jesús nos transmite perfectamente la Palabra que nos puede sostener. La cuestión es que nosotros la recibamos. Hermanos, atesoremos el mensaje que Jesús nos da en su Palabra. Prestemos atención a lo que dice. Llevemos por obra su voluntad.

El nos ha dejado el ejemplo. Estando en perfecta sintonía con su Padre, entendiendo perfectamente su voluntad, Jesús se dispuso a obedecerla al pie de la letra. De hecho, es por su obediencia que nosotros somos salvados. Su decisión de ser obediente a la voluntad de su Padre es la única razón por la que nosotros podemos ser salvos hoy.

¿Alguna vez has pensado en Jesús como una figura pasiva? Cuando nos imaginamos a Jesús, muchas veces lo vemos colgado en la cruz, sufriendo. Parece impotente, una víctima trágica de la maldad de los hombres. Es cierto que Jesús murió en la cruz, pero la imagen no nos cuenta toda la historia. Más bien, El resueltamente fue a esa cruz, porque sabía lo que tenía que lograr.

Por eso dicen los versos 6 y 7: "Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban, mis mejillas a los que me arrancaban la barba; ante las burlas y los escupitajos no escondí mi rostro. Por cuanto el Señor omnipotente me ayuda, no seré humillado. Por eso endurecí mi rostro como el pedernal, y sé que no seré avergonzado."

Durante su vida, Jesús activamente obedeció la voluntad de su Padre. Por ejemplo, cuando Juan el Bautista se rehusó a bautizarlo, Jesús le dijo que era necesario para cumplir con toda justicia. En cada momento El estaba atento a lo que su Padre quería, y decidió obedecerlo.

Cuando llegó el momento de su muerte, El decididamente fue a morir. Voluntariamente ofreció su espalda a los golpes, y sus mejillas al insulto de que le arrancaran la barba. Cuando se burlaban de El y lo escupían, mantuvo la frente en alto. Jesús no dejó que se aprovecharan de El porque tenía baja autoestima, porque tenía miedo o porque era pasivo. No se dejó llevar. Estaba en completo control, y por decisión propia fue a la muerte por nosotros. El decidió dirigirse a la cruz, donde llevó en su cuerpo toda nuestra culpa y la vergüenza de nuestro pecado.

¿Cómo respondemos a esto? En primer lugar, debemos alabar y adorar a nuestro Señor por su obediencia decisiva. El merece que lo alabemos por el carácter decidido y valiente que mostró. Jesús es un hombre que vale la pena seguir, porque no es un líder indeciso. No cambia de opinión de un minuto al otro. No dice una cosa hoy en una reunión de prensa, sólo para decir mañana lo opuesto. ¡Exaltemos a nuestro gran Rey decidido!

También debemos tomar la decisión de imitarle. Como seguidores de Jesucristo, tenemos que ser personas de decisión. En el mundo hay mucha gente decisiva, pero las decisiones que toman se basan solamente en su propia voluntad. El ejemplo que Jesús nos dejó para imitar es la decisión, el propósito firme, de hacer lo que Dios quiere que hagamos.

¿Cuál fue el resultado de la obediencia decidida de Jesús? El fue exaltado. Como dice el verso 9: "¡El Señor todopoderoso es quien me ayuda! ¿Quién me condenará? Todos ellos se gastarán; como a la ropa, la polilla se los comerá." Jesús no fue avergonzado; más bien, El se levantó de la muerte para nunca morir jamás. Fueron sus enemigos los que quedaron en ridículo.

¡Es una manera extraña de ganar! Pero Jesús, el Siervo decidido, ganó la batalla. Así podemos salir vencedores también nosotros - si decididamente lo seguimos. Leamos nuevamente los versos 10 y 11. Tenemos dos opciones: podemos caminar en obediencia decidida a la voz de Jesús, temiendo al Señor, o podemos hacer nuestras propias antorchas. Podemos hacer nuestra propia luz, siguiendo nuestros propios deseos y nuestra propia intuición.

Esta semana leía acerca de la situación de una pareja de creyentes. Son estrellas de un reality show sobre la remodelación de casas. No parece algo muy controversial, ¿cierto? Pero se han encontrado en el centro de una tremenda controversia, y el canal de televisión que produce su programa está siendo presionado a descontinuarlo.

¿Cuál es la razón de tanta controversia? Es que esta pareja asiste a una Iglesia que enseña de la Biblia que las relaciones homosexuales son inmorales. ¡Simplemente creen lo que la Biblia enseña, y lo que los cristianos hemos creído durante milenios! ¡Eso no debería ser controversial! Pero conforme nuestra sociedad se aleja cada vez más de los valores bíblicos, vamos a enfrentar más y más presión para abandonar nuestras creencias.

Sobre temas como la homosexualidad, el aborto, y aun el hecho de que sólo Jesús puede salvar, la presión se vuelve cada vez más grande. En nombre de la tolerancia, la sociedad se ha vuelto muy intolerante a los que creemos en la Palabra de Dios. Por eso, tenemos que estar decididos a seguir a Cristo en obediencia a nuestro Padre celestial.

Por supuesto, nuestro mensaje no es de condenación. Todos aquí somos pecadores. A la persona que lucha con atracciones homosexuales, que en el pasado se sometió a un aborto o que ha cometido cualquier otro pecado, nuestro mensaje es el mismo: Cristo te ama y te ofrece su perdón. No podemos excluir a nadie de la gracia de Dios. Pero tampoco podemos cambiar las convicciones que nos inculca la Biblia respecto al pecado.

Nuestro Siervo decidido nos está llamando a nosotros a decidir también. Nos está llamando a decidir que caminaremos en obediencia a El, como El vivió en completa obediencia a su Padre. Con su obediencia, El nos compró la salvación. A causa de su obediencia, El nos explica perfectamente lo que Dios quiere de nosotros.

¿Cuál será tu decisión? ¿Cuánto tiempo seguirás tambaleando? Deja la indecisión, y comprométete completamente con Cristo. Disponte a hacer su voluntad, cualquiera que sea la presión. No estás solo en esto. El está a tu lado. Si confías en El, su Espíritu estará en ti para ayudarte. Entrega toda tu voluntad a El.


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