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Domingo 27 de Noviembre de 2016

El Siervo que (aparentemente) fracasa
Pastor Tony Hancock

La vida a veces se llena de frustraciones, ¿no es cierto? Nos sucede como le pasó a la muchacha que llamó a su novio mientras manejaba a una cita. Cuando llegó a la cita, su novio se dio cuenta de que estaba frustrada. Su tono de voz cambió. "¿Qué te pasa?" - le preguntó.

"¡Estoy segura que me traje el celular, y ahora no lo encuentro! ¡He revisado todo el carro!" - exclamó la pobre mujer. Después de un momento, su novio le preguntó: "¿No lo estás usando para hablarme?" Un largo silencio, y luego - "¡No se lo vayas a contar a nadie!"

Por supuesto, las frustraciones que a veces enfrentamos en la vida pueden ser mucho más graves que perder el celular. Podemos luchar por sacar adelante un proyecto, sólo para ver que no se logra. Podemos esforzarnos por criar un hijo, sólo para ver que escoge un mal camino.

En estas semanas nos estamos preparando para la celebración de la Navidad al considerar los Cantos del Siervo. Estos poemas proféticos le fueron revelados a Isaías más de setecientos años antes del nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios que se hizo Siervo para rescatarnos del pecado.

La semana pasada, conocimos la obra de restauración que Jesús vino a lograr. El no vino como un político presumido, atropellando a todos los que no le cayeran bien. Es un Rey humilde, que trata con compasión a todos los que se acercan a El con un corazón sincero y arrepentido. Hoy veremos otro aspecto de su vida, la frustración que El experimentó.

Abramos la Biblia en Isaías 49, y leamos los versos 1 al 7:

49:1 Escúchenme, costas lejanas, oigan esto, naciones distantes: El Señor me llamó antes de que yo naciera, en el vientre de mi madre pronunció mi nombre.
49:2 Hizo de mi boca una espada afilada, y me escondió en la sombra de su mano; me convirtió en una flecha pulida, y me escondió en su aljaba.
49:3 Me dijo: "Israel, tú eres mi siervo; en ti seré glorificado."
49:4 Y respondí: "En vano he trabajado; he gastado mis fuerzas sin provecho alguno. Pero mi justicia está en manos del Señor; mi recompensa está con mi Dios."
49:5 Y ahora dice el Señor, que desde el seno materno me formó para que fuera yo su siervo, para hacer que Jacob se vuelva a él, que Israel se reúna a su alrededor; porque a los ojos del Señor soy digno de honra, y mi Dios ha sido mi fortaleza:
49:6 "No es gran cosa que seas mi siervo, ni que restaures a las tribus de Jacob, ni que hagas volver a los de Israel, a quienes he preservado. Yo te pongo ahora como luz para las naciones, a fin de que lleves mi salvación hasta los confines de la tierra."
49:7 Así dice el Señor, el Redentor y Santo de Israel, al despreciado y aborrecido por las naciones, al siervo de los gobernantes: "Los reyes te verán y se pondrán de pie, los príncipes te verán y se inclinarán, por causa del Señor, el Santo de Israel, que es fiel y te ha escogido."

En estos versos oímos ecos del nacimiento de Jesús. El anuncia que Dios lo llamó antes de nacer, desde el vientre de su madre. Después de leer estos versos no nos sorprende el anuncio del ángel a la virgen María, que sería madre de un Niño muy especial.

El verso 2 nos habla de la espada afilada, la Palabra poderosa, que Jesús trae en la boca. También nos habla de su misión directa y certera, como el disparo de una flecha, guiada por la mano de Dios. Este Siervo recibió una encomienda especial del Padre; El vino para traer gloria al nombre de Dios.

En el verso 3 hay algo que nos puede confundir. Este verso llama al Siervo "Israel", pero hemos estado aplicando estos versículos al Señor Jesucristo. ¿Cómo puede ser esto? ¿Se trata de Jesús, o de Israel? Para contestar esta pregunta, debemos observar primero el verso 5.

Aquí se nos dice que parte de la misión del Siervo es hacer que Jacob se vuelva a El, y que Israel se reúna a su alrededor. En el verso 3, se le llama Israel; pero en el verso 5, se nos dice que su misión fue a Israel. ¿Cómo es esto? Bueno, Jacob fue el nieto de Abraham, y padre de los doce hijos que llegaron a ser ancestros de las doce tribus de Israel. Dios le dio otro nombre; le puso por nombre Israel, que significa "lucha con Dios".

Así que los nombres Jacob e Israel se pueden referir a un individuo, que es el padre de toda la nación, o la nación entera, que había sido escogida por Dios. Pero Israel como nación no logró los propósitos de Dios. Dios lo destinó para ser una nación de sacerdotes, una luz para las naciones; pero ellos no cumplieron ese propósito.

Dios había hecho de un hombre, Jacob o Israel, una nación que llevaba ese nombre. Ahora El levantaría de esa nación a un hombre - Jesús - que haría lo que nación completa había sido incapaz de hacer. Traería gloria a Dios como Israel debía haberlo hecho, pero no lo había logrado. Por eso se le llama Israel en el verso 3. El nació de Israel para cumplir la misión incompleta de Israel.

Me he fijado que algunas personas llevan como apodo el nombre de su país de origen. Años atrás vivía cerca de aquí un hondureño. Si bien recuerdo, se llamaba José Luis; pero nadie lo llamaba por su nombre. Todos le decían "Honduras", como si él representara a toda su nación.

También había uno que tenía por apodo "Chiapas", pero era de Guanajuato. Le decían "Chiapas" por chaparro. De todos modos, así como una persona puede llevar como apodo el nombre de su país, como si representara a su país entero, así Jesús recibe aquí el apodo de "Israel". El representa a todo el pueblo de Israel en el cumplimiento de su misión.

Jesús nació de una manera única, y con una misión muy especial. Sin embargo, El llega a decir: "En vano he trabajado; he gastado mis fuerzas sin provecho alguno." Parecía que todo su esfuerzo había sido en vano. Todo el sacrificio que había hecho aparentemente había sido por nada.

Esta profecía se cumplió al pie de la letra en la vida de Jesús. Si consideramos la trayectoria de su vida, descubrimos que su ministerio comenzó muy bien. Mucha gente lo seguía. Tenía un grupo de discípulos fieles. Cuando El enseñaba, miles de personas se reunían para escucharlo. ¡Era el comienzo de algo muy grande!

Pero con el tiempo, todo se vino abajo. Las grandes multitudes ya no se reunían para escucharlo. Los líderes se volvieron en su contra y planearon su muerte. Por fin, terminó clavado en una cruz, muriendo lentamente mientras todos se burlaban de El. Sus discípulos lo habían abandonado. En realidad, parecía que todo había sido en vano.

¿Alguna vez te has sentido así? ¿Te has esforzado por lograr algo, sólo para ver que todos tus planes no llegan a nada? Jesús tenía un as en la manga. El dijo: "Pero mi justicia está en manos del Señor; mi recompensa está con mi Dios". Como Siervo, El no dejó de confiar en su Padre. Sus últimas palabras fueron: "En tus manos encomiendo mi espíritu" (Lucas 23:46).

En respuesta a su fe, su Padre le dice: "No es gran cosa que seas mi siervo, ni que restaures a las tribus de Jacob, ni que hagas volver a los de Israel, a quienes he preservado. Yo te pongo ahora como luz para las naciones, a fin de que lleves mi salvación hasta los confines de la tierra." Al que había sido aborrecido y despreciado por las naciones más poderosas, el Santo de Israel le dice: "Los reyes te verán y se pondrán de pie, los príncipes te verán y se inclinarán... ".

En el momento de aparente derrota, de fracaso y frustración total, Jesús como Siervo confío plenamente en Dios. ¡El vencido se convirtió en victorioso! ¡El fracasado se hizo fuerte! Recibió el gran honor de ser Salvador, no sólo de Israel, sino del mundo entero. Dios le dijo: "Es muy poco que sólo salves a Israel. Te voy a convertir en la luz de todo el mundo, y el Salvador de toda nación."

Como dice Filipenses 2:9-11: "Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre."

Siendo Dios, Jesús se humilló hasta convertirse en ser humano para servir. En su carne, en su humanidad, sufrió un aparente fracaso total - pero este fue el momento de su mayor victoria. ¿No te encantan los caminos de Dios? ¡Este es un Dios al que podemos servir con alegría - el Dios que convierte las derrotas en triunfos!

Quiero mencionar dos maneras en que este pasaje puede transformar nuestras vidas aquí y ahora. En primer lugar, tenemos el ejemplo de Jesús, el Siervo del Señor. Por supuesto, su misión fue única. El es el único Salvador del mundo. Pero es también nuestro ejemplo en esto: cuando llegamos al fin de la soga, pongamos toda nuestra confianza en el Señor.

Puede ser que en esta mañana sientas que las aguas te llegan hasta el cuello. Has dado tu mejor esfuerzo, y no has visto resultados. Sientes que has llegado al fracaso total. En lugar de sumirte en tu desilusión, levanta tu mirada al cielo y di: "Mi justicia está en manos del Señor; mi recompensa está con mi Dios". En la prueba, confía en El y espera su liberación.

Así como Dios exaltó a Jesús, El también te puede levantar a ti. Puedes ser como la viuda de Sarepta, quien recibió justo lo que necesitaba para vivir cuando se le había acabado todo. Puedes ser como Jairo, quien recibió a su hija resucitada de la muerte. Aunque no suceda un milagro, Dios te puede levantar y llevar en victoria.

La segunda verdad es ésta: hemos sido llamados a llevar la luz de Cristo a todas partes del mundo. Antes de volver al cielo, El les dijo a sus discípulos: "Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes." (Juan 20:21) Jesús vino a este mundo con una misión, y ahora nos ha dejado en el mundo con una misión - la misión de llevar su luz a los que viven en oscuridad.

Cada persona que vemos a diario pasará la eternidad en uno de dos lugares - en el cielo, o en el infierno. Lo que determina su destino será su relación con Jesucristo. Dios nos ha llamado a darles la información que necesitan para recibir la vida - el mensaje de amor y perdón por medio de la fe en Jesucristo. Nosotros ahora continuamos la misión de Jesús.

Hay miles de millones de personas alrededor del mundo que viven sin acceso a esa verdad. ¿Compartiremos con nuestros conocidos la verdad de Cristo? ¿Nos informaremos acerca de la situación de los perdidos? ¿Oraremos para que Dios levante obreros? ¿Apoyaremos a los misioneros con nuestras ofrendas? ¿Estaremos dispuestos a mandar también de nuestra Iglesia obreros para la misión del Señor? Jesús fue victorioso después del fracaso aparente. No fracasemos en la misión que El nos ha dejado a nosotros.


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