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Domingo 13 de Noviembre de 2016

Vivir para el reino
Pastor Tony Hancock

Se cuenta la historia de un hombre, padre de un muchacho de unos diez años de edad, que quería distinguir cuál sería el futuro de su hijo. Por fin, decidió hacer un experimento. El experimento consistía en dejar en la sala una Biblia, una manzana y una moneda. El hombre se quedaría mirando de lejos mientras su hijo entraba a la sala.

Si el muchacho recogía la Biblia, su destino sería convertirse en predicador. Si escogía la manzana, se convertiría en agricultor. Si prefería la moneda, entonces habría que prepararlo para ser hombre de negocios. ¡El plan no podría fallar!

Después de dejar todo listo, el padre se retiró a otro cuarto, dejando a su hijo solo en la sala. Cuando entró con su esposa a la sala, descubrieron al muchacho sentado sobre la Biblia. En una mano tenía la manzana ya mordida, y en la otra mano estaba la moneda. El hombre le dijo a su esposa: "Mujer, este muchacho es un tragón. Seguramente será político."

Los políticos prometen mucho, pero rara vez cumplen con todas sus promesas. Acaba de realizarse una de las elecciones más divisivas en la historia de este país. Algunos creen que el presidente electo resolverá todos sus problemas. Otros lo ven como el diablo en persona.

Ahora que ha sido elegido, nuestra responsabilidad como creyentes es orar por él y por todos los gobernantes. La Biblia nos llama a hacerlo; 1 Timoteo 2:1-2 dice: "Así que recomiendo, ante todo, que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos, especialmente por los gobernantes y por todas las autoridades... ".

No tenemos que estar de acuerdo con sus palabras o sus políticas para pedirle al Señor que les dé sabiduría para gobernar bien, y que frene la maldad. Es lo más sabio que podemos hacer. Sin embargo, como creyentes, tenemos una perspectiva que va más allá del momento político presente. Dios nos revela en su Palabra una verdad que nos puede traer paz, consuelo y seguridad. También nos ayuda a orientar nuestras vidas hacia lo que realmente importa.

Encontramos esta perspectiva en una visión que Dios dio a un rey pagano. Este rey no lo entendió, pero Dios había preparado a uno de sus siervos para darle la interpretación. El rey se llamaba Nabucodonosor, y tuvo un sueño que le preocupaba mucho. El pidió a sus sabios que le relataran el sueño y que se lo interpretaran.

Cuando ellos se mostraron incapaces de hacerlo, Nabucodonosor mandó matar a todos los sabios del país. Pero Daniel, uno de los exiliados judíos, pidió en oración al Señor que le mostrara el sueño y su significado. Dios contestó su oración, y Daniel le pudo contar a Nabucodonosor tanto el sueño que había tenido como su significado.

Lo que Nabucodonosor había visto en su sueño era la enorme estatua de un hombre. La cabeza de la estatua era de oro puro. El pecho y los brazos eran de plata, el vientre y los muslos eran de bronce y las piernas eran de hierro. Los pies consistían en una mezcla de hierro y barro cocido.

De repente, mientras Nabucodonosor observaba esta imagen en su sueño, una roca que nadie había desprendido golpeó los pies de la estatua, y los hizo pedazos. La estatua completa se hizo polvo, y se desvaneció. Entonces la roca se convirtió en una enorme montaña que llenó toda la tierra.

Leamos ahora el significado de este sueño, en Daniel 2:36-45:

2:36 Éste fue el sueño que tuvo Su Majestad, y éste es su significado:
2:37 Su Majestad es rey entre los reyes; el Dios del cielo le ha dado el reino, el poder, la majestad y la gloria.
2:38 Además, ha puesto en manos de Su Majestad a la humanidad entera, a las bestias del campo y a las aves del cielo. No importa dónde vivan, Dios ha hecho de Su Majestad el gobernante de todos ellos. ¡Su Majestad es la cabeza de oro!
2:39 Después de Su Majestad surgirá otro reino de menor importancia. Luego vendrá un tercer reino, que será de bronce, y dominará sobre toda la tierra.
2:40 Finalmente, vendrá un cuarto reino, sólido como el hierro. Y así como el hierro todo lo rompe, destroza y pulveriza, este cuarto reino hará polvo a los otros reinos.
2:41 Su Majestad veía que los pies y los dedos de la estatua eran mitad hierro y mitad barro cocido. El hierro y el barro, que Su Majestad vio mezclados, significan que éste será un reino dividido, aunque tendrá la fuerza del hierro.
2:42 Y como los dedos eran también mitad hierro y mitad barro, este reino será medianamente fuerte y medianamente débil.
2:43 Su Majestad vio mezclados el hierro y el barro, dos elementos que no pueden fundirse entre sí. De igual manera, el pueblo será una mezcla que no podrá mantenerse unida.
2:44 En los días de estos reyes el Dios del cielo establecerá un reino que jamás será destruido ni entregado a otro pueblo, sino que permanecerá para siempre y hará pedazos a todos estos reinos.
2:45 Tal es el sentido del sueño donde la roca se desprendía de una montaña; roca que, sin la intervención de nadie, hizo añicos al hierro, al bronce, al barro, a la plata y al oro. El gran Dios le ha mostrado a Su Majestad lo que tendrá lugar en el futuro. El sueño es verdadero, y esta interpretación, digna de confianza.

Vamos a hablar por un momento de la historia. Sé que para muchos de ustedes la historia fue un tema odiado en la escuela, y para nada les gusta ahora. Pero quiero invitarles a prestar atención, por un momento, a esta lección de historia, porque tiene una aplicación muy importante para nosotros en el presente.

Daniel le dijo a Nabucodonosor que la cabeza de oro que había visto en su estatua lo representaba a él. Nabucodonosor reinaba sobre el reino de Babilonia, y él tenía una autoridad completa. Lo que él decía, se hacía. Nadie lo podía contradecir. Desde el punto de vista de Nabucodonosor, esa clase de autoridad tenía el valor del oro.

En la visión, Dios le mostró que le seguiría un reino de plata. En el cumplimiento de la visión, éste fue el reino de Persia. Los reyes persas tenían mucho poder, pero su poder tenía ciertas limitaciones. Por ejemplo, no podían cambiar una ley que ya se había divulgado. Desde la perspectiva de Nabucodonosor, esta clase de autoridad era inferior. Por eso, era de plata.

El tercer reino fue el imperio griego, establecido por Alejandro Magno. El derrotó a los persas y a muchas otras naciones para crear un reino que, como dice el verso 39, dominaba sobre toda la tierra conocida en aquel tiempo. De hecho, se dice que Alejandro Magno un día lloró, porque no le quedaban más tierras por conquistar.

El último reino fue el imperio romano, que gobernaba el mundo mediterráneo cuando Cristo nació. Fue un imperio sumamente poderoso, así que el hierro lo representa muy bien. Pero tenía sus raíces en una república, así que no representaba la clase de autoridad completa que había tenido Nabucodonosor. El imperio romano llegó a dividirse en dos partes, como las dos piernas de la estatua. También consistía en una mezcla de muchas naciones, lo cual llevó a su eventual caída.

Todo esto se cumplió cientos de años después de la vida de Nabucodonosor y de Daniel. El imperio romano se estableció más de quinientos años después de que Nabucodonosor tuvo esta visión. ¿Te gustaría tratar de adivinar lo que estará pasando en el mundo dentro de quinientos años? ¡La visión de Nabucodonosor se cumplió al pie de la letra!

Pero ¿quién le dio a Nabucodonosor este sueño? ¿Fue vidente? ¿Tenía la capacidad de ver el futuro? ¡Claro que no! Esta visión fue dada por Dios. Se cumplió cabalmente, porque Dios reina sobre las naciones del mundo. Nabucodonosor mismo llegó a reconocer esta realidad, pues exclamó: "¡Tu Dios es el Dios de dioses y el soberano de los reyes!" (Daniel 2:47a)

Sólo Dios pudo mostrar tan claramente lo que sucedería cientos de años en el futuro. ¿Por qué? Porque sólo Dios es soberano. Sólo Dios sabe lo que sucederá. Es más, Dios protege a su pueblo y guía la historia hacia el final que El ha determinado. Los hombres se levantan contra Dios y hacen sus propios planes, pero el Dios del cielo se ríe de ellos. El sabe lo que les sucederá.

Por eso, no tenemos por qué temer. Dios está en control, y El nos puede proteger. Cuando el pueblo de Israel vivía en Egipto, Dios los protegió de las plagas que El mandó para liberarlos. Su mano los protegió del granizo, de la oscuridad, de las moscas y las demás plagas. El sigue protegiendo a su pueblo alrededor del mundo.

Ravi Zacharias cuenta la historia de un grupo de creyentes en un país represivo que habían sido encarcelados a causa de su fe. Sabiendo que tarde o temprano serían ejecutados, empezaron a planear su escape. Pero una noche, un grupo de soldados llegó a su celda. "¡Sabemos que ustedes están planeando una fuga! ¡Reconozcan lo que piensan hacer!"

De principio, no dijeron nada. Pero después de mucha insistencia, uno de ellos habló. Pensando que significaría la muerte segura, reconoció que estaban planeando fugarse. Los soldados respondieron: "¡Qué bueno! Queremos irnos con ustedes." Con la ayuda y el conocimiento de los soldados, lograron escapar.

Hermanos, no tenemos por qué vivir en temor. ¡Dios es soberano sobre todos los poderosos de esta tierra! Confiemos en El. Clamemos a El en oración. El es más que capaz de protegernos, cuidarnos y guiarnos durante toda nuestra vida aquí sobre la tierra.

Hay un elemento de la visión que no hemos considerado. Al final de su sueño, Nabucodonosor vio una piedra, que ninguna mano humana había desprendido, que cayó sobre los pies de la estatua y los quebró. Entonces toda la estatua se convirtió en polvo y se esfumó. Esa piedra representa el reino de Dios, un reino que jamás será destruido ni conquistado. Su reino llenará la tierra.

Fue precisamente en los días de esos reyes - en los días del imperio romano - que Jesús llegó a la tierra para establecer su reino. En un rincón olvidado del mundo, Jesús murió en una cruz como sacrificio inocente por los pecados de todos. Satanás le ofreció la oportunidad de recibir todos los reinos del mundo si tan sólo lo adoraba, pero Jesús escogió el camino valiente del sacrificio. Con su acción logró establecer un reino de justicia, de amor y de paz - un reino que jamás terminará.

En la actualidad, ese reino está llenando la tierra - como aquella roca llenó el mundo. Cada vez que un alma se convierte, el reino se extiende un poco más. Cada persona que reconoce a Jesucristo como su Rey se convierte en ciudadano de ese reino. Un día, Jesús regresará para establecer su reino de manera visible sobre esta tierra. Cuando eso suceda, todos sus enemigos - todos los que no se han querido someter a su autoridad - serán juzgados.

Mientras tanto, El nos invita a entrar a ese reino y vivir como ciudadanos de su reino. En realidad, pertenecer al reino de Dios es la cosa más importante del mundo. Un día, la gente más poderosa de este mundo pasará al olvido. Un día, nos reiremos de las payasadas de los que se han creído grandes. En ese día, sólo Jesús reinará.

Ese día no ha llegado a la tierra todavía, pero puede llegar hoy a tu corazón. Hoy puedes decidirte a vivir dejando que Cristo reine en tu vida. Puedes reconocerlo a El como tu Rey absoluto. Puedes confiar en que El te dará lo que nadie más puede - el perdón, la vida eterna, la paz y el gozo. Puedes vivir obedeciéndole, sabiendo que la obediencia a Cristo siempre trae bendición. Decídete hoy a vivir para el único reino eterno - el reino de Dios.


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