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Domingo 16 de Octubre de 2016

El alimento que satisface
Pastor Tony Hancock

Algún tiempo atrás se reportó el triste caso de un hombre que falleció justo antes de ganar un concurso. Según la fuente de noticias Reuters, sucedió en una universidad taiwanesa. El hombre estaba a punto de ganar un premio de $60. ¿Qué clase de concurso era? Era un concurso para glotones, con la meta de ver quién podía comer más en un tiempo limitado.

Por lo general, la gula no mata con tanta rapidez; pero es, sin duda, un vicio dañino. Es también un vicio ignorado. Muchos creyentes que jamás tomarían en la mano una lata de cerveza son capaces de comer sin medida, sin sentir ningún remordimiento de conciencia. La Biblia, sin embargo, nos enseña un camino de vida mucho más saludable y de más satisfacción.

Durante el tiempo que vagaron los israelitas por el desierto, Dios milagrosamente proveyó todo lo que ellos necesitaban. Su calzado no se desgastó. No les faltó agua. Dios también les dio todo lo que necesitaban para comer, en la forma de un alimento que se llamaba maná.

Cada día, el maná caía del cielo y aparecía sobre la tierra alrededor de ellos. Parecía semillas de cilantro, y brillaba en el sol. La gente recogía el maná y lo molía, y luego lo usaba para hacer panes sabrosos. Pero surgió un problema. Después de comer maná durante mucho tiempo, la gente empezó a recordar la variedad de alimentos que habían disfrutado durante su esclavitud en Egipto.

Con los israelitas habían salido de Egipto personas de otras naciones, y fue esta multitud que primero lanzó la queja. Pero el mismo pueblo de Dios pronto recogió el lamento. "¡Ojalá tuviéramos carne!" - decían. Y se ponían a recordar el pescado, los pepinos, los melones, las cebollas y los ajos de Egipto.

¿A quién no le gusta un buen pescado al mojo de ajo? Pero los israelitas olvidaban que, aunque habían comido todas esas comidas en Egipto, ¡también habían sido esclavos! Dios los había liberado de su esclavitud con grandes milagros y señales, pero todo eso se les olvidó. Sólo se acordaban de la comida variada que habían disfrutado en Egipto.

Aun en su camino en el desierto, Dios les había dado todo lo que necesitaban. El maná era suficiente, pero ellos no estaban conformes. Querían más. ¿De dónde surgió su falta de contentamiento? ¿De dónde surgieron su falta de gratitud y sus quejas hacia Dios? De sólo un lugar - de su apetito.

Frente a las quejas del pueblo, Dios decidió darles exactamente lo que ellos querían. Desató un viento que trajo sobre el campamento de los israelitas muchas codornices. Una enorme cantidad de codornices cayó sobre el suelo en toda esa zona, y la gente alegremente salió a recogerlas. Se distribuyeron toneladas de carne de codorniz por todo el pueblo.

Pero quiero que leamos directamente de la Biblia lo que sucedió después. Busquemos Números 11, y leamos los versos 33 y 34:

11:33 Ni siquiera habían empezado a masticar la carne que tenían en la boca cuando la ira del Señor se encendió contra el pueblo y los hirió con gran mortandad.
11:34 Por eso llamaron a ese lugar Quibrot Hatavá, porque allí fue sepultado el pueblo glotón.

En ese lugar murieron muchos, y le dieron por nombre Quibrot Hatavá - un nombre que significa "sepultura de la glotonería". Dios les había dado lo suficiente, pero ellos querían más - y llevó a su muerte.

Dios también a nosotros nos da lo suficiente, pero ¿somos agradecidos? ¿Nos quedamos contentos con lo que necesitamos? ¿O tenemos, como ellos, un apetito que jamás se satisface? La glotonería es, en realidad, la señal de un problema espiritual más profundo. La gula, la glotonería, surge cuando usamos la comida para tratar de satisfacer necesidades que no son físicas.

Dios creó el alimento para sostener nuestra vida física, y es una bendición. Pero se convierte en maldición cuando comemos porque estamos aburridos, o porque estamos tristes, o simplemente como una diversión. La gula no es sólo cuestión de comer de más; es cuestión de usar la comida para tratar de satisfacer necesidades emocionales y espirituales.

Tengamos cuidado con catalogar a otros de glotones. El simple hecho de que una persona esté pasada de peso no significa necesariamente que sea glotón. Puede ser que tenga algún problema físico que ocasiona su sobrepeso. De igual modo, una persona delgada puede ser un glotón esporádico. Como en todo, debemos examinarnos a nosotros mismos en lugar de fijarnos en los demás.

Un proverbio francés declara que el glotón cava su propia tumba con los dientes. Ciertamente, la gula nos cuesta. Veamos lo que nos dice Proverbios 23:19-21 al respecto:

23:19 Hijo mío, presta atención y sé sabio; mantén tu corazón en el camino recto.
23:20 No te juntes con los que beben mucho vino, ni con los que se hartan de carne,
23:21 pues borrachos y glotones, por su indolencia, acaban harapientos y en la pobreza.

Es interesante que este libro de sabiduría menciona al mismo tiempo la gula y la borrachera. La gula no nos hace perder el control como lo hace la borrachera, pero representa en sí mismo una pérdida de control.

Lo más triste de la gula es que no nos puede satisfacer. Observa lo que dice Proverbios 25:16: "Si encuentras miel, no te empalagues; la mucha miel provoca náuseas." La comida es capaz de darnos placer cuando tenemos hambre. Sin embargo, si pensamos que más comida nos hará más felices, nos equivocamos. Al contrario; nos dejará hastiados e insatisfechos.

¿Significa todo esto que, como cristianos, no debemos disfrutar de la comida? ¡Todo lo contrario! Primera de Timoteo 6:17 nos enseña que Dios "nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos". El problema con la gula no es que disfrutemos demasiado de la comida. Diría, más bien, que la gula nos lleva a disfrutar muy poco la comida.

También leemos en 1 Timoteo 4:4 que "todo lo que Dios ha creado es bueno, y nada es despreciable si se recibe con acción de gracias". La verdadera felicidad viene cuando comemos lo necesario con un corazón agradecido a Dios. Cuando Cristo es nuestro acompañante de mesa, podemos disfrutar la comida sin sentir la necesidad de comer de más.

Pero hay algo más. La Biblia muchas veces usa la comida como símbolo de nuestra relación con Dios. Por ejemplo, el Salmo 34:8 nos dice: "Prueben y vean que el Señor es bueno". El salmista, como un chef, nos invita a su cocina a probar el caldo que burbujea en la cazuela. "¿Quieres probar un poco?" - nos dice, mientras nos extiende la cuchara.

El profeta Isaías extendió un llamado, diciendo así: "¡Vengan a las aguas todos los que tengan sed! ¡Vengan a comprar y a comer los que no tengan dinero! Vengan, compren vino y leche sin pago alguno. ¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan, y su salario en lo que no satisface? Escúchenme bien, y comerán lo que es bueno, y se deleitarán con manjares deliciosos." (Isaías 55:1-2)

En lugar de buscar la satisfacción en lo que no es comida, Dios nos invita a encontrar lo que realmente estamos buscando en El. El cumplimiento de todo esto lo hallemos en Jesús. En cierta ocasión, El dio de comer a cinco mil personas que habían ido a escuchar su mensaje. Después los dejó, pero ellos lo fueron a buscar.

Cuando lo encontraron, le mencionaron el pan del cielo que habían comido sus antepasados en el desierto. Se referían al maná, el mismo alimento del que se habían cansado los israelitas cuando pidieron carne. Escucha con atención la respuesta de Jesús: "Yo soy el pan de vida. El que a mí viene nunca pasará hambre, y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed." (Juan 6:35)

Una de las causas de la gula - no digo que sea la única, pero es una de las causas - es que tratamos de satisfacer una necesidad espiritual de manera física. Queremos satisfacer el hambre de nuestra alma llenando nuestro cuerpo de comida. Pero jamás encontraremos la satisfacción hasta que hallemos el pan de vida, que es Jesús.

Mientras no nos llenemos de El, seremos como aquella persona de Proverbios 25:16. Come miel hasta hartarse, pero sólo se queda con náuseas. Cuando nos encontramos con Jesús, como una realidad viva y presente, descubrimos que El llena toda la necesidad que teníamos. Ya no necesitamos nada más.

Me temo que muchos de nosotros hemos probado la bondad de Jesús, pero no nos hemos entregado de lleno a El. Cuando nos sentimos vacíos, no vamos corriendo primero a El. Cuando nos sentimos preocupados, buscamos ayuda en cualquier otro lado menos en El. Tenemos el pan de vida en la alacena, pero buscamos cualquier migaja de pan duro para tomar su lugar.

Vencer la gula no siempre es fácil. Hay algunas cosas sencillas que podemos hacer. Por ejemplo, en lugar de comer cuando estamos aburridos, busquemos alguna otra distracción. No siempre es fácil, pero podemos empezar a disciplinarnos mediante el ayuno, escogiendo una dieta mejor, dando gracias a Dios siempre por lo que comemos y comiendo sólo cuando tenemos hambre.

Pero lo más importante es reconocer que la satisfacción verdadera sólo viene del pan del cielo. Cuando Jesús habló con la mujer samaritana, sus discípulos se habían ido al pueblo a buscar comida. Cuando ellos regresaron, le ofrecieron algo de comer; El, sin embargo, les contestó que tenía un alimento que ellos no conocían.

Nosotros también podemos tener un alimento que el mundo desconoce. Cuando conocemos a Jesús, cuando vivimos en su amor, cuando hablamos con El y le servimos con nuestra vida, descubrimos un alimento que el mundo no conoce - pero que realmente satisface.


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