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Domingo 18 de Septiembre de 2016

Amor de fantasía
Pastor Tony Hancock

En cierta ocasión, estaba de visita en una casa cuando vi sobre la mesa un plato de suculenta fruta. Recogiendo una manzana, la empecé a inspeccionar cuando mi anfitrión me habló. "¡No te la vayas a comer!" - me dijo -, "es de fantasía". Y ciertamente, al mirar con más cuidado, me di cuenta de que esa manzana que parecía tan real era de plástico.

No sé qué me habría pasado si me hubiera tratado de comer ese pedazo de fruta. Seguramente me habría dado cuenta al masticarlo que no era de verdad. Si por algún descuido hubiese logrado comérmelo, de seguro me habría producido un dolor de estómago. Los objetos de fantasía pueden parecerse en algunos respectos a los de verdad, pero no tendrán los mismos efectos.

Existe también un amor de fantasía. Se parece al amor genuino, pero no produce los mismos efectos. Encontramos un ejemplo de este amor de fantasía en la vida de un joven llamado Amnón, uno de los hijos del rey David. Amnón sufría de un amor prohibido. Se enfermó de angustia al ver a su media hermana, una belleza llamada Tamar, y saber que no la podía tener.

Uno de sus amigos, un tipo astuto que se llamaba Jonadab, se dio cuenta de que Amnón andaba deprimido. Le invitó a contarle qué pasaba, y Amnón le contó la historia. Deseaba a Tamar, pero ella era virgen y él no la podía tener. Entonces Jonadab le sugirió el plan que Amnón puso en práctica.

El se acostó y fingió estar muy enfermo. Cuando su padre David lo fue a visitar, Amnón le dijo que quería que Tamar le fuera a cocinar unas tortas. David, sin sospechar nada, mandó un mensajero para que llamara a Tamar, y ella le fue a atender a Amnón. Le preparó las tortas que él quería, pero cuando ya todo estaba listo, Amnón mandó que los sirvientes salieran del cuarto.

Luego le dijo a Tamar: "Lleva las tortas a mi habitación, para que me las des de comer tú misma." Ella lo complació y se llevó las tortas a su habitación. Pero cuando Tamar se acercó a Amnón para darle de comer, él la agarró por la fuerza y le dijo: "¡Ven, hermanita; acuéstate conmigo!" Ella le suplicó que no la humillara. Le dijo que, si él hablaba con su padre el rey, seguramente se la daría como esposa.

Amnón, sin embargo, no le hizo caso. Haciendo uso de su fuerza, la violó. ¡Por fin había logrado lo que tanto anhelaba! Pero aquí, en el punto culminante de la historia, descubrimos algo sumamente triste. La Biblia nos dice lo siguiente: "... el odio que sintió por ella después de violarla fue mayor que el amor que antes le había tenido." (2 Samuel 13:15)

En su furia, Amnón echó a Tamar de su casa, sin escuchar sus plegarias. Ella empezó a caminar por la calle, con la ropa desarreglada y con cenizas en la cabeza, llorando a gritos. Así la encontró su otro hermano Absalón. Al enterarse de lo que le había sucedido, él la llevó a vivir a su casa y empezó a tramar su venganza contra Amnón.

Dos años después, Absalón encontró su oportunidad. Invitó a todos sus hermanos, incluyendo a Amnón, a una fiesta en su casa. Cuando Amnón ya se encontraba en sus copas, Absalón dio la señal a dos de sus criados, quienes lo mataron. ¡Qué tragedia! Pero ¿cómo empezó? Con un sentimiento en el corazón de Amnón - una imitación del amor, algo llamado lujuria.

La lujuria tomó el control del corazón de Amnón. Le parecía algo irresistible, y lo enfermó. La lujuria parece amor, pero no lo es. Cuando consiguió su deseo, se convirtió en odio y trajo destrucción.

Me temo que hay muchas personas hoy en día que no saben distinguir entre la lujuria y el amor. El mundo materialista nos dice que la atracción es todo lo que hay, y que el amor es una ilusión. Pero la Biblia nos enseña algo muy diferente. Dios nos llama a rechazar las mentiras de la lujuria y aprender a vivir en verdadero amor.

Jesús dijo, según Mateo 5:27-28: "Ustedes han oído que se dijo: 'No cometas adulterio.' Pero yo les digo que cualquiera que mira a una mujer y la codicia ya ha cometido adulterio con ella en el corazón." ¿Te das cuenta de lo que es la codicia? Es adulterio del corazón. Quizás nadie más lo vea. Nadie se dio cuenta de lo que le afectaba a Amnón, hasta que se lo contó a su amigo. Pero Dios lo sabía, y llevó a un terrible final.

La lujuria es una terrible imitación del amor. El verdadero amor lo encontramos en Dios. Leemos esto en 1 Juan 3:16: "En esto conocemos lo que es el amor: en que Jesucristo entregó su vida por nosotros. Así también nosotros debemos entregar la vida por nuestros hermanos." La definición, el ejemplo magistral del amor, es el amor de Cristo. Es un amor que se entrega y se sacrifica por sus amados, sin manipulación ni obligación.

Es por esto que la lujuria es un pecado tan grave. Nos aleja del verdadero amor; nos ciega al amor puro de Dios, y nos estorba en nuestra tarea de amar realmente a los demás. Nos da la ilusión de amar y ser amados, pero no es realidad. Es un amor de fantasía, que jamás nos podrá satisfacer.

La lujuria nunca se satisface, mientras que el amor nunca se acaba. Cuando Amnón cumplió su deseo con Tamar, le dio asco. La lujuria nunca encuentra satisfacción. Lo vemos con la pornografía. El hombre que comienza con ver fotos de mujeres semidesnudas, pronto quiere ver más. Luego progresa a querer ver actos más y más degradantes.

La lujuria nunca se termina de satisfacer. Promete felicidad, pero esa felicidad es como una zanahoria suspendida de una caña frente a un burro. Con cada paso que toma el burro, la zanahoria se aleja un paso más. Michel Foucault, el conocido filósofo francés que se tiró de lleno a una vida homosexual, llegó a comentar que el sexo ya no le fascinaba.

La lujuria busca tomar; el amor busca servir. En la historia de Amnón y Tamar, uno tuvo amor y el otro mostró lujuria. Tamar amó a su hermano; buscó servirle en su enfermedad. El, en cambio, sólo buscaba tomar de ella lo que deseaba, sin importarle sus sentimientos ni su bienestar.

La lujuria ve un objeto; el amor ve una persona. Cuando vemos con ojos de lujuria, no vemos la personalidad completa de la persona que deseamos. Sólo vemos un objeto que nos puede dar alguna satisfacción. El Papa Juan Pablo II escribió que el problema con la pornografía no es que muestra demasiado, sino que muestra muy poco.

La pornografía nos expone los cuerpos de las personas, pero no nos muestra su alma. No nos muestra su historia, sus relaciones o sus planes para el futuro. Simplemente convierte a la persona en un objeto, para ser usado y luego descartado - como Amnón lo hizo con Tamar.

Aquella mujer guapa es la hija o la hermana de alguien. ¿Te gustaría que alguien pensara de tu hermana o de tu hija como piensas de ella? La lujuria es deshumanizante, porque te lleva a convertir a la otra persona en un objeto.

Los hombres, por supuesto, no somos los únicos que caemos en la trampa de la lujuria. Sospecho que, para algunas mujeres, las telenovelas son una clase de pornografía emocional. Cualquier mujer se puede poner a imaginar una vida romántica con un hombre que le llama la atención, de una manera egoísta y lujuriosa.

¿Cómo podemos luchar contra este pecado tan común, pero tan destructivo? En primer lugar, comencemos con la cruz. La cantante Madonna, según se ha reportado, una vez dijo que le gustaban los crucifijos, porque traen la figura de un hombre desnudo. Pero cuando comprendemos que Cristo sufrió la vergüenza de colgar desnudo en una cruz por amor a nosotros, vemos el verdadero amor. Su amor revela lo vacía que es la lujuria. Contempla la cruz.

En segundo lugar, comprendamos la diferencia entre la atracción y la lujuria. Dios nos ha creado con la capacidad de sentir atracción hacia personas del sexo opuesto. Si no fuera así, ¡nadie se casaría, y la raza humana se extinguiría! Cuando sentimos una atracción inicial, esa sensación no es pecado. Es lo que hacemos después que se convierte en pecado. Si alimentamos ese pensamiento, si lo entretenemos en nuestra mente, se empieza a convertir en lujuria.

Es por esto que la Biblia nos dice, en 2 Corintios 10:5, "llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo". Cuando sentimos una atracción, debemos tomar cautivo ese pensamiento y dirigir nuestra mente hacia algo provechoso. La persona casada puede pensar en su pareja, dándole gracias a Dios por darle esa relación. La persona soltera puede orar por su futura pareja.

El mundo nos presenta la atracción sexual como un poder inescapable, pero la tercera cosa que tenemos que hacer es reconocer que Dios siempre nos dará el escape. Leemos en 1 Corintios 10:13: "Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir." No existe tentación irresistible. Si le pedimos a Dios su ayuda y buscamos la salida, El la dará. Siempre.

Dios nos está llamando a dejar atrás el amor de fantasía y descubrir el amor de verdad. Comienza cuando comprendemos el amor que llevó a Cristo a la cruz, y entendemos que somos amados más allá de lo que podemos comprender. Se extiende cuando rechazamos la lujuria para poder amar a nuestra pareja, a nuestros hijos, a nuestros amigos y hermanos en Cristo. Es la diferencia entre comerte una manzana de plástico, y disfrutar de una suculenta fruta de verdad. ¿Cuál escogerás?


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