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Domingo 26 de Enero del 2003

La razón de la existencia humana
Pastor Tony Hancock

A nuestro derredor se levanta el clamor de mil voces que gritan al unísono: ¿Por qué estoy aquí en esta tierra? El hombre moderno, habiendo negado la existencia de Dios, no halla razón para su existencia.

La teoría de la evolución atea, habiendo quitado a Dios del mundo, deja como única razón de nuestra existencia la reproducción y la persistencia de la especie. Me parece cómicamente irónico que las mismas personas que han aceptado este dogma muchas veces se preocupan por la sobrepoblación. En alguna ocasión vi esta pregunta en un Web sitio ambientalista: ¿Deberá la pareja ambientalista de tener hijos?

Parece que la vida se ha reducido al absurdo para estas personas: creen que la realidad final es la naturaleza, y que la finalidad de cada especie es de reproducirse; pero creen también que es su deber no reproducirse, para evitar la sobrepoblación.

Es humorosa y triste esta actitud, ya que deja realmente sin razón de vivir a quienes la aceptan. No nos debe de sorprender, sin embargo, ya que la vida sin Dios siempre se vuelve un absurdo.

Bueno, si la vida tiene una finalidad más alta que la reproducción, ¿cuál será esa finalidad? ¿Cuál es la razón de la existencia humana? ¿Es el placer? No, el placer es hueco cuando se vuelve el propósito de la vida.

¿Será el servicio a otros? Aun el servicio a otros se vuelve pesado y agotador cuando no existe alguna razón trascendental por él. La Biblia nos señala otra razón, una razón grandiosa y emocionante, de nuestra existencia. Si llegamos a entender esta realidad, puede transformar nuestra vida.

El catecismo de Westminster, una de las grandes declaraciones protestantes de la fe cristiana, lo dice así: La finalidad principal del hombre es la adoración a Dios y el deleite eterno de su ser. La razón que existimos se puede resumir en una palabra: adoración.

¿No me crees? Veamos un pasaje bíblico.

Lectura: Éxodo 3:12

3:12 Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte.

Este pasaje es el llamado de Moisés. Dios se apareció a este hombre en una zarza ardiente, y le dijo que lo iba a usar para liberar a su pueblo de la esclavitud. Luego de darle sus instrucciones, Dios le dice: Cuando hayas sacado de Egipto a mi pueblo, todos ustedes me rendirán culto en esta montaña.

El verbo que aquí se traduce "rendir culto" tiene que ver con el servicio. ¿Cuál es el servicio que le Dios desea? ¡Es la adoración! Dios le dijo a Moisés que su pueblo regresaría a la misma montaña en la que se le había aparecido, y allí le rendirían culto.

Lo que parece ser simplemente un detalle interesante del texto cobra más importancia cuando seguimos el hilo del recuento del éxodo. Recordarán que el faraón no quería dejar salir al pueblo de Israel. Moisés y su hermano Aarón tuvieron que presentarse ante él repetidas veces.

Veamos algo muy interesante. ¿Cuál será la razón que dan Moisés y Aarón para la salida del pueblo? ¿Se podrán imaginar cuál será? Quizás le dicen al faraón que la gente tiene que salir para descansar. Han estado trabajando muy duro por muchos años. O quizás le dicen que es necesario que la gente vaya a la tierra prometida. Después de todo, hacía muchos años que Dios les había prometido esa tierra como herencia.

Pero no es ninguna de estas razones que da Moisés. En Éxodo 4:22-23, Dios le dice: Entonces tú le dirás de mi parte al faraón: "Israel es mi primogénito. Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo para que me rinda culto, pero tú no has querido dejarlo ir. Por lo tanto, voy a quitarle la vida a tu primogénito."

En el recuento de la salida de los israelitas se pueden contar unas catorce veces que se repite esta idea de que la salida de Egipto tendrá lugar con el propósito de que el pueblo adore a Dios en el desierto. Dios está rescatando a su pueblo ¿para qué? ¡Para que lo adoren!

Podemos sacar, entonces, la siguiente conclusión:

I. La adoración es el propósito del pueblo de Dios

Dios creó a la raza humana para que lo adorara. Cuando caímos en pecado, él decidió rescatar a toda persona dispuesta para formar una nueva humanidad. ¿Su propósito? ¡Para que lo adoráramos!

Desde al Antiguo al Nuevo Testamento, el propósito de Dios no cambia; Jesús vuelve a confirmarlo en Juan 4:23. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.

Dios está buscando adoradores. El está deseoso de encontrar personas que estén dispuestas a adorarlo así como él se merece. La adoración es el propósito del pueblo de Dios.

Pero, ¿qué es la adoración? Veamos otro pasaje para hallar la respuesta.

Lectura: Salmo 96:7-9

96:7 Tributad a Jehová, oh familias de los pueblos, Dad a Jehová la gloria y el poder.
96:8 Dad a Jehová la honra debida a su nombre; Traed ofrendas, y venid a sus atrios.
96:9 Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad; Temed delante de él, toda la tierra.

Estos versículos nos indican que

II. La adoración es la reacción natural a la grandeza de Dios

¿Alguna vez has visto las montañas en todo su esplendor? ¿Has mirado la extensión de pico tras pico, valle tras valle, y te has quedado maravillado ante tal belleza?

Es con buena razón que la Biblia nos presenta al monte Sión como la morada de Dios. Esa admiración que sentimos ante la belleza, el tamaño y la extensión de las montañas es una pequeña reflexión de la admiración que sentimos cuando nos empezamos a dar cuenta de quién es Dios.

El versículo ocho dice, Tributen al Señor la gloria que merece su nombre. Es precisamente porque Dios se merece la gloria que lo adoramos. Si quieres saber cómo puedes adorar, déjame darte una respuesta sencilla: medita en la grandeza de Dios.

Los cantos, las oraciones, las lecturas bíblicas sirven simplemente para crear un ambiente en el cual podemos contemplar la grandeza de Dios. Cuando así hacemos, no podemos más que responder en adoración.

Cuando ves la grandeza de los montes, ¿qué tienes que hacer para maravillarte? ¡Simplemente tienes que quitarte las distracciones, y responderás naturalmente! De igual modo, si quieres adorar a Dios, simplemente has de quitarte las distracciones, poner ante tu atención su grandeza y majestad, y reaccionarás naturalmente.

Muchas veces se nos dificulta la adoración simplemente porque no estamos enfocados. No nos hemos preparado para adorar. En alguna ocasión que visitamos Machu Picchu, una de las bellezas del Perú, recuerdo ver a una persona con un Walkman en el tour. Pensé: ¿cómo podrá disfrutar de la belleza si su mente está distraída por la música?

De igual modo, debemos de llegar a la iglesia preparados para adorar a Dios. Esto puede significar que nos tendremos que acostar un poco más temprano el sábado por la noche. Quizás debamos de cambiar la clase de música que escuchamos en el carro rumbo a la iglesia. Cuando llegamos a la iglesia, podemos pasar un momento en meditación en vez de ahogar la concentración en conversación.

La adoración es la reacción natural a la grandeza de Dios, pero tenemos que prepararnos para adorar. Y cuando nos preparamos y adoramos, encontramos que

III. La adoración es la fuente de gozo para el creyente

Lectura: Salmo 100

100:1 Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra.
100:2 Servid a Jehová con alegría; Venid ante su presencia con regocijo.
100:3 Reconoced que Jehová es Dios; El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado.
100:4 Entrad por sus puertas con acción de gracias, Por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre.
100:5 Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, Y su verdad por todas las generaciones.

Este salmo nos presenta la actitud que debemos de tener y que resultará de una verdadera adoración. La verdadera adoración resultará en gozo, en alegría, en regocijo.

A veces miro las caras de quienes pretenden adorar y me pregunto: ¿dónde está el gozo? Cantamos, Dios es nuestro amparo, y podríamos estar cantando, Dios me desampara.

No debemos de buscar una satisfacción simulada, una felicidad fabricada, o una alegría aparente, pero si de verás estamos adorando a Dios, se reflejará el gozo en las caras. Aclamen alegres al Señor. Adoren al Señor con regocijo. Preséntense ante él con cantos de júbilo.

Si te falta gozo en tu vida cristiana, si no hallas esa alegría que quisieras tener, ¡alaba! La alabanza es la verdadera fuente de gozo para el creyente, porque es la razón de nuestra existencia.

Seguramente has entrado en alguna gran catedral o iglesia y has visto los bellos vidrios colorados que representan imágenes bíblicas. Podemos entrar a una de estas iglesias de noche y no apreciar la belleza. De día, sin embargo, cuando la luz del sol alumbra y despierta los colores del vidrio, es una figura impresionante.

De igual modo, nuestras vidas despiertan y cobran significado y gozo cuando la luz de la adoración brilla a través de nosotros. Los vidrios fueron hechos para que la luz brillara a través de ellas. Nuestras vidas fueron hechas para que la adoración nos haga brillar.


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