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Domingo 14 de Agosto de 2016

El camino a la renovación
Pastor Tony Hancock

¿Te has dado cuenta de que las cosas siempre suelen descomponerse? ¡Y lo hacen en el momento más inconveniente! En una ocasión, iba a hablar con un grupo de niños en una Escuela Bíblica de Vacaciones. A medio camino, el carro se paró y ya no quiso prender. ¡Necesitaba una batería nueva! Por más que quisiera, no pude llegar a tiempo a ese compromiso.

Uno de mis amigos de la infancia compró en cierta ocasión un par de zapatillas de una marca que se llama Sin fin. El primer día que se puso los zapatos, descubrió que tenían un agujero en la suela. Se llamaban Sin fin, pero su fin llegó demasiado pronto. Toda cosa en este mundo tiene su fin, menos, por supuesto, el amor de Dios.

Cuando algo se empieza a descomponer, ¿qué hacemos? Si es de poco valor, quizás lo tiremos a la basura. Pero en el caso de algo valioso, lo componemos, ¿no es cierto? Buscamos la manera de renovarlo. En el caso de mi carro que necesitaba una batería nueva, no me deshice del carro. Simplemente le puse una batería nueva.

También hay algo más que suele descomponerse o flaquear. Me refiero a nuestro compromiso con Dios. Así como las cosas se tienden a descomponer con el tiempo, así nuestro compromiso suele flaquear con el tiempo. Comenzamos con un gran entusiasmo, pero poco a poco - sin que nos demos cuenta - ese gran entusiasmo va menguando y se convierte en algo más tibio.

En ese momento, ¿qué hacemos? ¿Lo tiramos todo por la borda? ¿Abandonamos a Dios? ¡Sería tan ridículo hacer eso como lo sería mandar un carro a la machacadora, simplemente porque le hace falta una batería nueva! Más bien, lo que debemos hacer es renovar nuestro compromiso.

Encontramos un ejemplo de esto en el reino de Asá, uno de los reyes de Judá. Su bisabuelo fue el gran rey Salomón. Bajo Salomón, el reino se había extendido. Hubo paz y prosperidad. Se construyó el maravilloso templo de Dios en Jerusalén. Sin embargo, hacia el final de su vida, Salomón permitió que su corazón se alejara de Dios. Se casó con muchas mujeres, y ellas desviaron su corazón para que ya no se dedicara completamente al Señor su Dios.

Como resultado, después de su muerte, el reino se dividió en dos partes. Las diez tribus del norte se separaron. Sólo Judá y Benjamín quedaron bajo la autoridad de un descendiente de David. Roboán, el hijo de Salomón, no se dedicó por completo al Señor. Cuando se halló en problemas, buscó a Dios; pero su corazón no estaba totalmente dedicado a El.

Como resultado, se empezaron a establecer entre la gente costumbres que ofendían a Dios. Construyeron altares para dioses paganos, como Baal y Aserá. Adoraron piedras sagradas. En lugar de confiar completamente en Dios, se perdieron en diferentes clases de idolatría y superstición.

Después de la muerte de Roboán, su hijo Abías subió al trono. Sólo reinó tres años, y fueron años de guerra. Asá, el hijo de Abías, trajo un gran cambio a la nación. El supo escuchar y prestar atención a la voz de Dios. Como resultado, el pueblo reanudó su compromiso con Dios. Como resultado, fueron bendecidos.

A nosotros también nos hace falta reafirmar nuestro compromiso con Dios. No es que hayamos perdido la salvación, si de veras conocemos a Cristo. No es que Dios nos haya dado la espalda. Pero es natural que, con el tiempo, nuestra pasión para Dios haya menguado. Nos hace falta volver a El. Leamos la historia de Asá, y aprendamos de su buen ejemplo. Comencemos en 2 Crónicas 15:1-7:

15:1 El Espíritu de Dios vino sobre Azarías hijo de Oded,
15:2 y éste salió al encuentro de Asá y le dijo: "Asá, y gente de Judá y de Benjamín, ¡escúchenme! El Señor estará con ustedes, siempre y cuando ustedes estén con él. Si lo buscan, él dejará que ustedes lo hallen; pero si lo abandonan, él los abandonará.
15:3 Por mucho tiempo Israel estuvo sin el Dios verdadero y sin instrucción, pues no había sacerdote que le enseñara.
15:4 Pero cuando en su tribulación se volvieron al Señor, Dios de Israel, y lo buscaron, él les permitió que lo hallaran.
15:5 En aquellos tiempos no había seguridad para ningún viajero, sino que los habitantes de todos los países sufrían grandes calamidades.
15:6 Las naciones y las ciudades se destrozaban unas a otras, porque Dios las castigaba con toda clase de calamidades.
15:7 Pero ustedes, ¡manténganse firmes y no bajen la guardia, porque sus obras serán recompensadas!"

En la célula familiar de esta semana, ustedes conocerán los eventos anteriores a estos. Asá ya había hecho varias cosas buenas. Volvía de una gran victoria militar, cuando el profeta Azarías salió a darle este mensaje. Este es el único lugar en la Biblia donde se menciona a Azarías; no sabemos más de él. Pero al dar el mensaje que Dios le había dado a él, jugó un papel importante en la historia del pueblo de Dios.

El mensaje que dio Azarías se puede resumir así. Dios siempre es fiel. El no abandona a su pueblo. Nosotros somos los que le damos la espalda a El. Si le damos la espalda, perderemos sus bendiciones; pero si nos volvemos a El, lo hallaremos. Hay un ejemplo de esto en la historia de Israel. Durante el tiempo de los jueces, que describe Azarías, el pueblo le dio la espalda a Dios en repetidas ocasiones.

Cuando lo hacían, las cosas se ponían muy mal. El verso 5 nos dice que no había seguridad para ningún viajero. El libro de Jueces nos dice que la gente ya no viajaba por las carreteras, que se enmontaron por el desuso. Era demasiado peligroso viajar por carretera. Más bien, se escondían para viajar por veredas ocultas entre el bosque para que los bandidos no los vieran.

Azarías dice, en otras palabras: "Las cosas se pusieron muy mal en el tiempo de los jueces, así como lo están ahora. Pero ¡no se desanimen! Sean fuertes, y busquen al Señor; El los recompensará." El mensaje de Dios para nosotros es el mismo. Las cosas pueden ponerse mal; pero si somos firmes, si somos fuertes y confiamos en el Señor, veremos que su mano se mueve. ¡Veremos que su mano se mueve!

Ahora vamos a ver cómo respondió Asá a este mensaje de Dios. De nada sirve recibir la Palabra de Dios, si no la obedecemos. ¿Qué haría Asá? Leamos los versos 8 al 15 para verlo:

15:8 Cuando Asá oyó este mensaje del profeta Azarías hijo de Oded, se animó a eliminar los detestables ídolos que había en todo el territorio de Judá y Benjamín, y en las ciudades que había conquistado en los montes de Efraín. Además, restauró el altar del Señor que estaba frente al atrio del templo del Señor.
15:9 Después convocó a los habitantes de Judá y de Benjamín, como también a los de Efraín, Manasés y Simeón que vivían entre ellos, pues muchos israelitas se habían unido a Asá, al ver que el Señor su Dios estaba con él.
15:10 Se reunieron en Jerusalén en el mes tercero del año quince del reinado de Asá.
15:11 Ese día ofrecieron al Señor setecientos bueyes y siete mil ovejas del botín que habían tomado.
15:12 Luego hicieron un pacto, mediante el cual se comprometieron a buscar de todo corazón y con toda el alma al Señor, Dios de sus antepasados.
15:13 Al que no buscara al Señor, Dios de Israel, se le castigaría con la muerte, fuera grande o pequeño, hombre o mujer.
15:14 Así lo juraron ante el Señor, a voz en cuello y en medio de gritos y toques de trompetas y de cuernos.
15:15 Todos los de Judá se alegraron de haber hecho este juramento, porque lo habían hecho de todo corazón y habían buscado al Señor con voluntad sincera, y él se había dejado hallar de ellos y les había concedido vivir en paz con las naciones vecinas.

Asá oyó el mensaje y se animó a tomar acción. La primera cosa que hizo fue quitar de todo su territorio las cosas que no le agradan a Dios. Demolió los ídolos que se habían levantado en muchos lugares.

Si nosotros vamos a reafirmar nuestro compromiso con el Señor, habrá cosas que tenemos que quitar de nuestras vidas también. Hay muchas cosas en la cultura que fácilmente invaden la vida del pueblo de Dios. Quizás tengas en tu casa alguna imagen o fetiche religioso, que necesites quitar.

Puede ser que hayas comenzado alguna relación inapropiada por Facebook o alguna otra aplicación en tu celular. Te justificas diciendo que se trata de un coqueteo inocente, pero en tu corazón sabes que no está bien. Quizás hayas comenzado a ver fotos o videos pornográficos, o programas de televisión que no te edifican. El primer paso hacia la renovación es quitar de tu vida todo lo que no le agrada a Dios.

La segunda cosa que hizo Asá fue restaurar el altar del Señor en el templo. Al parecer, se había descuidado en los años anteriores. Este altar representa la adoración y el servicio a Dios. Si buscamos la renovación, lo haremos con un nuevo compromiso de servir a Dios como El se lo merece.

Quizás hayamos dejado de pasar mucho tiempo en oración. O quizás no le estemos dando a la Palabra de Dios la atención que se merece. Puede ser que hayamos dejado de hablar del amor de Cristo a las personas que nos rodean. Dios podría estarnos llamando a servirle en la Iglesia, pero le hemos dicho que no. El segundo paso en el camino a la renovación es un esfuerzo por hacer lo que Dios busca de nosotros.

Después de quitar lo que no le agradaba a Dios y restaurar lo que El deseaba de su pueblo, Asá convocó a toda la gente para renovar su pacto con Dios. El pacto no había dejado de existir; Dios seguía fiel a su pacto. Pero el pueblo lo había descuidado. Así también nosotros tenemos un Dios que es fiel al pacto que El ha hecho con nosotros por medio de Jesucristo, pero nosotros podemos descuidar ese pacto y perdernos las bendiciones que Dios tiene para su pueblo.

Nos damos cuenta que esta decisión es tajante. Para ellos, fue literalmente cuestión de vida o muerte. Castigaron con muerte a los que no quisieron tomar esta decisión. Para el pueblo de Israel en el Antiguo Testamento, esta fue una reacción apropiada. Bajo el Nuevo Pacto, sabemos que Cristo no nos llama a esto. Cuando Santiago y Juan quisieron que bajara fuego del cielo sobre las ciudades que rechazaban su mensaje, Jesús les dijo que no. No vamos a matar a nadie por cuestiones religiosas.

Pero debemos comprender que la decisión que tomamos en cuanto a volver a nuestro compromiso con Dios es igualmente importante. Si decidimos no hacerlo, si preferimos la mediocridad, nuestros hijos pueden pagar el precio. La gente que nos rodea puede pagar el precio. Quizás muchos se pierdan a causa de nuestro mal ejemplo y falta de testimonio. Es cuestión de vida o muerte.

Pero cuando volvemos a nuestro compromiso, ¡hay mucha bendición! Miren lo que sucedió gracias a la decisión que tomó Asá, juntamente con todo el pueblo. En primer lugar, mucha gente se les unió. El verso 9 nos dice que mucha gente de las diez tribus del norte, que se habían alejado de Dios, se unieron al pueblo de Judá. Veían que Dios estaba con Asá.

Si nosotros reanudamos nuestro compromiso con Dios, habrá crecimiento. Una Iglesia mediocre suele crecer muy lentamente, o se estanca; pero una Iglesia avivada comienza a crecer. En segunda lugar, observamos que hubo alegría. El verso 15 dice que todos se alegraron por haberse vuelto a comprometer con Dios. Cuando nosotros nos volvemos a comprometer con El, descubrimos que hay alegría.

También descubrimos que hay paz. El verso 15 nos dice que el pueblo de Dios vivió en paz con sus vecinos, porque el Señor se lo concedió. Dios también nos dará paz - traerá unidad a su pueblo y bienestar.

Hermanos, yo creo que Dios nos está llamando como Iglesia a volver a nuestro compromiso con El. El es fiel. Si nos volvemos a El con un corazón arrepentido, El se dejará hallar. Derramará bendición sobre nosotros que ni nos podemos imaginar. Si tú sientes lo mismo que yo, ¿estás dispuesto a volver a comprometerte con el Señor? ¿Estás dispuesto a hacer un compromiso público con El?


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