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Domingo 24 de Julio de 2016

Luz para ver
Pastor Tony Hancock

Con el lento avance de la edad hay ciertos defectos con la vista que comienzan a presentarse. Al llegar a los primeros años de la edad media, he descubierto que mis ojos ya no funcionan con la nitidez de antes. La última vez que fui al oculista, me dijo casi con gusto: "¡Seguramente ya será hora de que empieces a usar bifocales!" Felizmente no se le concedió el deseo, pero me temo que ese día no tardará mucho en llegar.

Lo que sí he descubierto es que ya no veo en luz baja como solía ver antes. Si trato de leer algo con poca luz, las letras quedan borrosas y difíciles de distinguir. Cuando prendo una lámpara, sin embargo, todo cambia. Lo que antes estaba nublado y difícil de distinguir queda claro y nítido. Toda confusión se disipa.

La luz tiene ese efecto. Dios es luz. Cuando El brilla sobre nuestra vida, lo que antes estaba confuso y borroso se vuelve claro. El camino que se perdía entre la neblina se distingue sin problema. Pero ¿cómo brilla esa luz en nuestras vidas? ¿Cómo llega la luz de Dios a nuestra mente y corazón?

La semana pasada estudiamos una de las obras del Espíritu Santo, la obra de llenarnos. Descubrimos que cada creyente en Jesucristo está sellado con el Espíritu. El Espíritu Santo mora en nosotros, pero no siempre permitimos que El nos llene. El nos llena cuando le rendimos a Jesucristo el control completo de nuestra vida, y produce efectos maravillosos en nosotros.

Hoy vamos a ver otra obra del Espíritu Santo. Es su obra de revelar. Es gracias a la obra reveladora del Espíritu Santo que podemos saber cómo es Dios y qué espera de nosotros. Es gracias a la obra reveladora del Espíritu Santo que podemos saber con seguridad quién es Jesús, y conocerlo como Señor y Salvador.

Hace algunas semanas estuve con nuestros jóvenes en su campamento de verano. El escenario del auditorio estaba decorado como una cárcel para el drama que se presentaba cada noche. El equipo de alabanza usaba el mismo escenario, pero cuando subían a tocar, una luz ultravioleta alumbraba algunas palabras anteriormente invisibles que nos invitaban a adorar al Señor.

La pintura que se usó para estas palabras siempre estaba presente en el escenario, pero sólo se veía al prenderse la luz ultravioleta. La obra del Espíritu Santo se parece a aquella luz ultravioleta. El nos revela la verdad y la presencia de Dios, que siempre están allí. La gloria de Dios llena el mundo. Cristo está en todas partes, pero sólo por obra del Espíritu Santo lo podemos ver.

¿Qué ha hecho el Espíritu Santo para que nuestro espíritu pueda ver? Vamos a hablar de dos maneras que El obra para revelar. En primer lugar, el Espíritu Santo vino para enseñar la verdad. Poco antes de su muerte, el Señor Jesús les avisó a sus discípulos pronto volvería al cielo. Les dijo que El se tendría que ir, pero les dijo que iba a mandar otro Consolador - el Espíritu Santo.

Veamos ahora en Juan 16:12-13 lo que viene a hacer el Espíritu Santo:

16:12 Muchas cosas me quedan aún por decirles, que por ahora no podrían soportar.
16:13 Pero cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta sino que dirá sólo lo que oiga y les anunciará las cosas por venir.

Antes de regresar al cielo, Jesús les prometió a sus discípulos que El les mandaría al Espíritu Santo para enseñar la verdad. Ellos no habían entendido todo lo que Jesús les había enseñado. Como nosotros, tardaron en comprender el mensaje de Jesús.

Pero El no los dejaría solos. Vendría el Espíritu Santo para hacerles recordar lo que Jesús ya les había enseñado, y también para completar su entendimiento de lo que El ya les había dicho. Si nosotros tuviéramos que depender solamente de la memoria de los discípulos para saber lo que Jesús hizo y enseñó, tendríamos mucha duda, ¿no es cierto? No sé tú, pero a mí muchas veces me falla la memoria.

La buena noticia es ésta. Lo que escribieron los discípulos de Jesús, los apóstoles que El envío y sus ayudantes, no es solamente el producto de la memoria humana defectuosa. Lo que tenemos en sus escritos, aquí en el Nuevo Testamento, fue guiado por el Espíritu Santo. El les ayudó a recordar lo que Jesús les había enseñado, y también los llevó más allá en su entendimiento de la verdad.

Un ejemplo concreto de esto lo vemos en la revelación que Dios le dio al apóstol Juan, la visión del futuro que encontramos en el libro de Apocalipsis. Juan nos cuenta, en Apocalipsis 1:9-10, cómo él llegó a recibir esta visión:

1:9 Yo, Juan, hermano de ustedes y compañero en el sufrimiento, en el reino y en la perseverancia que tenemos en unión con Jesús, estaba en la isla de Patmos por causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús.
1:10 En el día del Señor vino sobre mí el Espíritu, y oí detrás de mí una voz fuerte, como de trompeta,

Fue por obra del Espíritu Santo. El Espíritu vino sobre él y lo capacitó para ver cosas del futuro.

El apóstol Pablo expande esta enseñanza en 2 Timoteo 3:16-17:

3:16 Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia,
3:17 a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra.

Toda la Escritura fue escrita bajo la inspiración del Espíritu Santo, quien es Dios. Los escritores no simplemente escribieron sus propios pensamientos, por más eruditos e inteligentes que hayan sido. Lo que ellos escribieron fue exactamente lo que Dios quería que escribieran, expresado en sus propias palabras.

Es por esto que podemos confiar en la Biblia como en ningún otro libro. Sólo en la Biblia encontramos la Palabra misma de Dios. Hay muchos otros libros buenos que nos pueden enseñar cosas. Es bueno ser lector. Pero tenemos que prestar más atención a la Biblia, porque es la Palabra de Dios.

Alguien quizás diga: "¿Cómo puedo estar seguro de esto? ¿Cómo puedo saber que la Biblia es inspirada? Ella misma lo dice, pero ¿cómo lo puedo saber yo?" Si de verdad tienes esta duda, te invito a que tú mismo la investigues. Estudia la Biblia y observa todas las profecías del Antiguo Testamento que se cumplen en el Nuevo. Mira cómo la Biblia concuerda con lo que experimentamos nosotros mismos.

Hace más de cien años, un estudioso llamado William Ramsay comenzó a estudiar el libro de Hechos. El fue experto en geografía y arqueología, uno de los eruditos más respetados de su tiempo en esas áreas. Pero él también suponía, como muchos, que el libro de Hechos era un invento, una obra de ficción escrita mucho después de los eventos que representa.

Sin embargo, cuando empezó a examinar los detalles históricos y geográficos de Hechos, se dio cuenta de una exactitud que delataba la experiencia personal. El terminó aceptando que el libro de Hechos fue escrito por Lucas, y que es digno de confianza. Si tú dudas de la Biblia, examínala con la mente abierta. Te podrá suceder lo mismo.

Podemos confiar en la Biblia porque el Espíritu Santo inspiró a sus escritores. Pero Pablo también nos dice que toda la Biblia es inspirada. No podemos escoger simplemente las partes que nos gustan; no podemos ignorar las partes que no nos convienen. Tenemos que leerla con el corazón dispuesto a obedecer lo que Dios nos dice en ella.

Esto nos lleva a la segunda parte de la obra reveladora del Espíritu Santo. El no sólo vino para guiar a los escritores de la Biblia, y luego se fue de regreso al cielo. El ha venido a nuestras vidas para aplicar esta verdad a nuestros corazones. Leamos lo que dice Pablo en 1 Corintios 2:12-14:

2:12 Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo sino el Espíritu que procede de Dios, para que entendamos lo que por su gracia él nos ha concedido.
2:13 Esto es precisamente de lo que hablamos, no con las palabras que enseña la sabiduría humana sino con las que enseña el Espíritu, de modo que expresamos verdades espirituales en términos espirituales.
2:14 El que no tiene el Espíritu no acepta lo que procede del Espíritu de Dios, pues para él es locura. No puede entenderlo, porque hay que discernirlo espiritualmente.

La persona del mundo piensa con una mente mundana. Las cosas de Dios le parecen tonterías. Pero nosotros, los que nos hemos entregado de corazón a Cristo, hemos recibido al Espíritu de Dios para poder comprender las cosas que son de Dios.

De hecho, sin el Espíritu Santo, no podemos comprender la verdad de Dios. Las cosas de Dios nos parecen locura. El sacrificio de Cristo en la cruz nos parece cursi. Una vida de obediencia a las leyes de Dios nos parece aburrida. Reunirnos para alabar a Dios con otros creyentes nos parece una pérdida de tiempo. Aparte del Espíritu de Dios, las cosas de Dios son locura.

Pero el Espíritu Santo ha venido para darnos entendimiento de las cosas de Dios. El ilumina nuestra mente para que podamos comprender lo que viene escrito en su Palabra. ¿Alguna vez has tenido la experiencia de estar leyendo la Biblia, cuando de repente se prende un foco y lo comprendes? Esa es la obra del Espíritu Santo. ¿Alguna vez has oído un sermón o una enseñanza, cuando de repente llegaste a ver cosas que nunca antes habías visto, verdades que cambiaron tu vida? Esa es la obra del Espíritu Santo.

Sin esta obra iluminadora del Espíritu Santo, la Biblia es simplemente un libro misterioso y confuso. Pero cuando el Espíritu ilumina nuestra mente con las verdades de la Biblia, se convierte en una fuente de esperanza, de instrucción, de dirección y de sabiduría. Nos lleva a una relación amorosa y abierta con nuestro Padre celestial.

El Espíritu ha venido para realizar esta obra, pero nosotros tenemos que permitirle obrar. En primer lugar, tenemos que pasar tiempo con la Biblia. ¿Cómo podemos esperar que el Espíritu Santo nos ilumine la mente con las verdades de la Biblia, si nunca la estamos leyendo? Sería como si tuviéramos un hijo enfermo y decidiéramos consultar al doctor. Para no batallar tanto, dejamos al niño en la casa. ¿Será que el doctor podrá tratarlo sin poderlo examinar?

En primer lugar, entonces, tenemos que hacer tiempo en nuestra vida para leer y estudiar la Palabra de Dios. En segundo lugar, debemos orar y confiar en que el Espíritu Santo nos iluminará. Antes de abrir la Biblia, pidámosle al Señor: "Enséñame hoy lo que quieres que aprenda por medio de tu Palabra." Confiemos en que el Espíritu Santo nos mostrará lo que necesitamos en ese momento.

Cuando era joven, hicimos un viaje a la selva. Fue un viaje divertido y memorable. Todos llevamos linternas, pero por la noche a alguien se le ocurrió salir a pasear sin las linternas, en la oscuridad. Pronto decidimos volver a la choza cuando vimos brillar en la oscuridad los ojos de una serpiente. ¡Extrañábamos las linternas!

Tú y yo vivimos en una selva espiritual, y hay una serpiente que busca destruirnos. El Espíritu Santo ha venido para que veamos. El nos muestra la verdad. ¿Estás leyendo la Palabra que El inspiró? ¿Permites que El te guíe? No te pierdas por descuido su maravillosa obra. Dios quiere darte luz para ver.


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