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Domingo 17 de Julio de 2016

¿Qué te llena?
Pastor Tony Hancock

Esta semana recibimos la triste noticia de que el pastor de una de las Iglesias más grandes de nuestro estado ha tenido que dejar su cargo. Al anunciar su renuncia a la congregación, el declaró estas palabras: "Durante este último año me he permitido a mí mismo entrar en un abuso del alcohol. Fue un error espiritual y moral por mi parte, porque comencé a depender del alcohol como refugio en lugar de Jesús y otros. No tengo excusa."

Yo estoy seguro de que este hermano podrá ser restaurado. Su confesión y reconocimiento del pecado indican un corazón contrito. Ya ha comenzado un proceso de restauración. Mi propósito en esto no es tirar pedradas a un hermano caído, sino reconocer la seriedad de un problema que ha existido desde los primero capítulos de la Biblia.

Cuando Dios decidió destruir la tierra con un diluvio debido a la extrema maldad de la humanidad, sólo encontró a un hombre justo. Este hombre se llamaba Noé. De toda la humanidad, fue el único hombre de corazón justo que Dios pudo encontrar. Dios decidió salvarlo a él, juntamente con su familia y representantes de cada animal, en un arca.

¿Sabes lo que hizo Noé después de bajar del arca? Sembró un viñedo, y con las uvas hizo vino. Luego se emborrachó. Es el primer borracho registrado en la Biblia. Los resultados de su borrachera fueron terribles. En su estado de embriaguez, él se durmió desnudo. Uno de sus hijos lo vio, y en lugar de taparlo, se burló de su padre y se lo contó a sus hermanos.

Cuando Noé se dio cuenta de lo que había sucedido, maldijo a su hijo y a los descendientes de su hijo. Su acción trajo vergüenza a su propia vida y desgracia a la vida de su hijo. Lo mismo sigue sucediendo hoy en día. Muchos padres que abusan el alcohol traen vergüenza sobre sus propias vidas y desgracia a la vida de sus hijos.

Proverbios 20:1 nos lo dice: "El vino lleva a la insolencia, y la bebida embriagante al escándalo; ¡nadie bajo sus efectos se comporta sabiamente!". Las bebidas embriagantes no traen cosas buenas. No traen paz ni bienestar. Más bien, llevan al escándalo y la vergüenza. Bajo sus efectos, dejamos de portarnos sabiamente y hacemos cosas que sólo llevan a la decepción. Cuando nos llenamos de alcohol o de otras substancias que nos controlan, el resultado es la vergüenza.

El alcohol también trae pobreza. Proverbios 23:19-21 nos enseña esto:

23:19 Hijo mío, presta atención y sé sabio; mantén tu corazón en el camino recto.
23:20 No te juntes con los que beben mucho vino, ni con los que se hartan de carne,
23:21 pues borrachos y glotones, por su indolencia, acaban harapientos y en la pobreza.

El padre sabio le dice a su hijo: "No te juntes con los tomadores. ¡Te llevará directo a la pobreza!" Vemos en las telenovelas las salas de los ricos, con su colección de tragos y vinos. ¡Les aseguro que no han llegado a ser ricos por ser tomadores!

Hoy en día no sólo tenemos que hablar del alcohol, sino de las supuestas drogas recreativas como la marihuana. Algunas personas dirán: "¿Qué tiene de malo? Si yo tomo o me drogo en mi casa, a nadie le hago daño." Pero te haces daño a ti mismo, para empezar. También le haces daño a tu familia. El alcohol y las drogas te van quitando las fuerzas y la iniciativa.

Como lo expresó el pastor que ya mencioné, el alcohol se convierte en un refugio. En lugar de trabajar para mejorar tu situación, te pones a tomar o a drogarte y de inmediato te sientes mejor - sólo que es una felicidad falsa y fugaz. El camino a la pobreza está empedrada con latas vacías de cerveza. Los únicos que se enriquecen son los vendedores de estos productos.

Pero no podemos predicar en contra del alcohol sin poner otra cosa en su lugar. Dios no nos llama a hacer esto. Más bien, El nos llama a dejar una cosa mala para poner en su lugar algo mucho mejor. Abramos la Biblia en Efesios 5, y leamos el verso 18:

5:18 No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contrario, sean llenos del Espíritu.

"No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno." Por supuesto, no es que podemos emborracharnos con cualquier otra bebida, con tal de que no sea vino. ¡Claro que no!

El problema con las bebidas embriagantes y otras substancias parecidas es que nos quitan el dominio propio. Como un carro sin frenos, perdemos el control y hacemos cosas vergonzosas y destructivas. Por lo tanto, en lugar de llenarnos de alcohol, Pablo dice: "Sean llenos del Espíritu". Dios no sólo nos llama a evitar que el alcohol nos controle; nos llama a dejarnos controlar por su Espíritu.

¿Cómo sucede esto? ¿Cómo podemos ser llenos del Espíritu Santo? Toda persona que se ha entregado de corazón a Jesucristo tiene al Espíritu Santo morando en su ser. Somos sellados con el Espíritu en el momento de aceptar a Cristo. El Espíritu Santo no es una fuerza, como algunos piensan. Es una persona, que es Dios. Cuando aceptamos a Jesucristo, su Espíritu Santo viene a vivir en nosotros. Pero muchos creyentes no experimentan la llenura del Espíritu.

La buena noticia es que, en esta era de la gracia, Dios ofrece la llenura de su Espíritu a todo creyente. Cada persona que cree en Jesucristo puede ser llena del Espíritu, si simplemente dejamos de estorbar su obra en nosotros. Un predicador lo explicó así: cada uno de nosotros es como un plato hondo. Si está boca abajo, se llena de oscuridad y es inútil.

En cambio, si se convierte, si da la vuelta hacia arriba, se llena de luz y sirve para muchas cosas. Dios ofrece llenarnos con su Espíritu Santo, y nosotros simplemente tenemos que dar la vuelta hacia El y permitir que El nos llene. Cuando una persona se llena de alcohol, permite que el alcohol lo controle. Rinde su voluntad al control de esa substancia.

Del mismo modo, ser lleno del Espíritu Santo significa dejar que El nos controle. Significa rendirnos voluntariamente a su control, dejando que Jesucristo guíe cada decisión que tomamos. El apóstol Pablo describe al Espíritu Santo como el "Espíritu de Cristo" en Romanos 8:9 ("Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo."), así que no podemos separarlos. La manera de experimentar plenamente la obra del Espíritu Santo es rendirnos plenamente a Cristo.

El Dr. Robertson McQuilkin ilustra este punto con la siguiente historia. En una de sus conferencias, se le acercó una joven y le preguntó si se acordaba de ella. Resultó que ella había hablado con él un año antes, después de una convención. Estaba desalentada y desanimada en su vida cristiana. Parecía que se consagraba a Dios, y su consagración duraba unos cuantos días; pero luego volvía a la misma vida de derrota.

El predicador le preguntó: "¿Quién maneja tu vida?" Ella respondió: "Jesucristo..." Después de una pausa, agregó: "la mayor parte del tiempo". El Dr. McQuilkin le contestó: "Eso no da resultado. No dejes que El maneje hasta la primera intersección, y entonces allí tomas tú el volante." En un papel, él escribió las palabras “no” y “Señor”. Luego dijo: "Creo que esto es lo que le estás diciendo."

La joven respondió: "Bueno, sí, a veces digo eso". Entonces el predicador le preguntó: "¿Qué significa la palabra 'Señor'?" La muchacha no estaba segura. "¿Qué significa la palabra 'Rey'?" Ella contestó: "Eso es fácil. Un rey es un gran jefe." Entonces él le dijo: "Jesucristo es Rey de reyes, Señor de señores. ¡No puedes decirle que no a El! Es 'Sí, Señor' o 'No, Jesucristo'. La palabra 'no' invalida el significado de 'Señor'."

El predicador entonces dividió el papel en dos partes, una con "No" y la otra con "Señor". "¿Cuál será?" - le preguntó a la joven. "¿No o Señor?" Ella inclinó la cabeza y luchó con su decisión. Después de varios minutos, con la cara llena de lágrimas, dijo: "¡Quiero que sea Señor para siempre!" En ese momento, ella experimentó la llenura del Espíritu Santo. Ahora, un año después, él se estaba enterando de todos los cambios buenos que había producido esa decisión.

La llenura del Espíritu Santo viene cuando te rindes completamente a Jesucristo, cuando lo reconoces como verdadero Señor de tu vida. ¿Has tomado esa decisión? ¿Le has rendido todo el control de tu vida a Jesucristo? Quizás puedas recordar algún momento en tu vida cuando realmente estabas lleno del Espíritu Santo y experimentabas su poder, pero ya no lo sientes.

Existen algunas cosas en nuestra vida que apagan la llenura. Pablo nos dice, en Efesios 4:30: "No agravien al Espíritu Santo de Dios". Voy a mencionar algunas de las maneras en las que lo agraviamos. Una de ellas es la falta de perdón. Cuando guardamos rencor contra otros, ofendemos al Espíritu Santo que nos ministra le perdón de Dios.

Otra manera es justificar o esconder algún pecado. Si tenemos pecado en nuestro corazón y no lo hemos confesado ni nos hemos arrepentido, no podremos ser llenos del Espíritu Santo. Otra forma de ofender al Espíritu es dejar de pasar tiempo con Dios. Cuando estamos tan ocupados que no tenemos tiempo para orar ni leer la Biblia, vamos perdiendo esa cercanía con El.

Una manera más en la que perdemos la llenura del Espíritu es cuando dejamos que lo mundano llene nuestra vida. Pasamos tanto tiempo escuchando música del mundo, viendo programas de televisión que glorifican la perversión y viendo cosas en Internet que nos alejan de Dios que dejamos fuera al Espíritu Santo.

En cierta ocasión, una mujer invitó a su vecina a asistir a una célula en su casa. La vecina era de otra religión y se negó a asistir, pero cada semana le preguntaba cómo le iba con la célula. La primera semana asistieron 35 personas. Su casa se había llenado. La segunda semana llegaron 51 personas. La señora volvió a invitar a su vecina, pero no asistió.

La tercera semana asistieron 62 personas. Cuando la señora le contó esto a su vecina, ésta la respondió: "¡Eso es imposible! ¿Cómo cupieron 62 personas en tu casa?" A lo que ella respondió: "¡Sacamos todos los muebles al jardín, y dejamos la casa vacía! Entonces se llenó de gente."

Hermano, hermana, seguramente hay cosas en nuestra vida que tenemos que sacar para poder ser llenos del Espíritu Santo. El legalismo dice que dejemos las cosas sólo por quedar bien o para guardar las apariencias, pero el amor de Dios nos llama a despejar nuestra vida para que El la pueda llenar.

¿Qué te llena? Deja que el Espíritu Santo te llene. Entrégale toda tu vida - cada cosa - a Jesús. El te da lo que nada ni nadie más puede - una vida de paz, bendición y esperanza.


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Puedes enviar al Pastor tus preguntas acerca de la Biblia, la Iglesia, la vida cristiana o cualquier otro tema, por email a pastortony@iglesiatriunfante.com, o por medio de la sección Preguntas al Pastor en pastortony.net. Envía tus preguntas incluyendo tus iniciales y tu país de residencia, y serán respondidas en dicha página.

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