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Domingo 19 de Junio de 2016

Un Padre como ninguno
Pastor Tony Hancock

Se cuenta la historia de un niño que quería que su padre le comprara una ropa nueva. Se acercó a su madre y le pidió que hablara con su padre para que le diera la ropa. Su madre le respondió: "¿Por qué no se la pides tú?" La respuesta del niño fue reveladora. El dijo: "Me gustaría hacerlo, pero no lo conozco muy bien".

¡Qué triste vivir en una familia donde uno no siente la confianza de acercarse a su propio padre y pedirle ayuda! Quizás te hayas criado en una familia como esa. Quizás tu padre haya sido una figura distante, alguien que no te atreverías a molestar. Padres, convivamos con nuestros hijos de tal modo que ellos sientan la confianza de hablar siempre con nosotros.

La buena noticia es que Dios no es un Padre de esa índole. Para sus hijos, El es un Padre como ninguno. En celebración del día de los padres, vamos a meditar en la naturaleza de Dios como Padre. Seguramente habrá algunas lecciones aquí que los padres humanos podrán sacar para su propia vida. Pero todos podemos conocer y disfrutar de una relación con nuestro Padre celestial.

Cualquier relación lleva trabajo. Estoy seguro que muchos nombramos a Dios como Padre, pero ¿realmente lo conocemos como tal? ¿Estamos viviendo como hijos de Dios, confiando en El y obedeciéndole? Consideremos algunas de las cualidades de Dios como Padre, para que podamos profundizar en nuestra relación con El.

Nuestro Padre celestial, un Padre como ninguno, es un Padre que nos cuida. Leamos las palabras de Jesús al respecto en Mateo 6:25-33:

6:25 Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán. ¿No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa?
6:26 Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas?
6:27 ¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida?
6:28 ¿Y por qué se preocupan por la ropa? Observen cómo crecen los lirios del campo. No trabajan ni hilan;
6:29 sin embargo, les digo que ni siquiera Salomón, con todo su esplendor, se vestía como uno de ellos.
6:30 Si así viste Dios a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, gente de poca fe?
6:31 Así que no se preocupen diciendo: "¿Qué comeremos?" o "¿Qué beberemos?" o "¿Con qué nos vestiremos?"
6:32 Porque los paganos andan tras todas estas cosas, y el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan.
6:33 Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.

Hace dos mil años nuestro Señor habló acerca de la preocupación. En el tiempo interviniente, la ansiedad sólo ha aumentado. Sólo hay que prender el televisor o ver el listado de noticias en el celular para descubrir muchas razones para preocuparnos.

Pero si sabemos que tenemos un Padre celestial que nos cuida, ¡no tenemos que vivir en ansiedad! Si El nos ha dado un cuerpo y una vida para vivir, ¿se le olvidará proveernos las demás cosas que necesitamos? Dios no es descuidado ni olvidadizo. El provee por las necesidades de sus hijos.

Dios muchas veces provee de maneras que no esperamos, y hace lo que ni nos imaginamos. Hace algunas semanas me tocó acompañar a la corte a una persona por causa de una infracción de tránsito. Su delito no fue grave, pero le podía afectar mucho. Mi oración a Dios fue que le diera favor y gracia a los ojos del juez. Yo me imaginaba que quizás el juez le rebajaría el castigo.

Para nuestra sorpresa, ¡los cargos fueron despedidos! El oficial de policía no compareció para testificar en su contra. El incluso trató de declararse culpable, pero el juez no se lo permitió. ¡Qué favor y qué gracia le dio Dios ante aquel juez! Su respuesta fue mucho más allá de mis expectativas. Esa es la clase de cuidado que Dios tiene de sus hijos.

Dios incluso nos dará más de lo necesario. El viste de belleza a las flores que duran sólo un día. ¡Cuánto más nos dará a nosotros, que estamos destinados a pasar toda la eternidad con El! Nos da bendiciones y placeres inesperados e inmerecidos. Por eso, ¡no perdamos el tiempo en preocupación por la comida y la ropa! La gente que sólo vive para este mundo se obsesiona con estas cosas, pero nosotros tenemos una seguridad que ellos no tienen.

Esto no significa, por supuesto, que podemos dejar de trabajar y manejar bien las bendiciones que Dios nos da. A fin de cuentas, ni siquiera las aves se quedan sentadas, esperando que la comida se les caiga en el pico. ¡Salen a buscarla! Nuestro Padre celestial no nos libera para ser flojos. Nos libera de la preocupación y la obsesión con lo material.

Todo esto lo hace para que podamos dar atención a lo más importante: su reino. Como hijos del Rey, podemos confiar seguros en su provisión. En lugar de pasar el tiempo arrancándonos el cabello porque no sabemos si tendremos lo suficiente, podemos invertir nuestras energías en compartir con otros las buenas nuevas de su reino. Podemos buscar maneras de agradarle en lo que pensamos, decimos y hacemos.

Si te encuentras preocupado o ansioso, ¡entrégale a tu Padre celestial todo lo que te preocupa! En oración, ponlo en sus manos. Así quedarás libre para dedicarle atención a lo que realmente importa. Tenemos un Padre celestial que nos cuida.

Como todo buen padre, nuestro Padre celestial también nos corrige. Un buen padre no le da a su hijo todo lo que quiere. Le da de comer verduras y carne, aunque sólo quiera comer papitas y dulces. A veces lo hace esperar para recibir algo, o le da tareas para hacer en la casa. Cuando era muy pequeño, le dije a mi madre una mentira. Fue por algo relativamente insignificante, pero ella sabía que me tenía que enseñar a no hacerlo.

Me llevó al baño y me lavó la boca con jabón. ¡El jabón no tiene un sabor muy agradable! Fue un castigo más desagradable que doloroso, pero sirvió para enseñarme la lección. Aprendí a no fácilmente decir una mentira. Los buenos padres corrigen a sus hijos, y nuestro Padre celestial también lo hace.

Leamos más de esto en Deuteronomio 8:1-9:

8:1 Cumple fielmente todos los mandamientos que hoy te mando, para que vivas, te multipliques y tomes posesión de la tierra que el Señor juró a tus antepasados.
8:2 Recuerda que durante cuarenta años el Señor tu Dios te llevó por todo el camino del desierto, y te humilló y te puso a prueba para conocer lo que había en tu corazón y ver si cumplirías o no sus mandamientos.
8:3 Te humilló y te hizo pasar hambre, pero luego te alimentó con maná, comida que ni tú ni tus antepasados habían conocido, con lo que te enseñó que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca del Señor.
8:4 Durante esos cuarenta años no se te gastó la ropa que llevabas puesta, ni se te hincharon los pies.
8:5 Reconoce en tu corazón que, así como un padre disciplina a su hijo, también el Señor tu Dios te disciplina a ti.
8:6 Cumple los mandamientos del Señor tu Dios; témelo y sigue sus caminos.
8:7 Porque el Señor tu Dios te conduce a una tierra buena: tierra de arroyos y de fuentes de agua, con manantiales que fluyen en los valles y en las colinas;
8:8 tierra de trigo y de cebada; de viñas, higueras y granados; de miel y de olivares;
8:9 tierra donde no escaseará el pan y donde nada te faltará; tierra donde las rocas son de hierro y de cuyas colinas sacarás cobre.

Dios guió al pueblo de Israel por el desierto para enseñarles. Los humilló y puso a prueba para que aprendieran la obediencia. ¿Por qué hizo esto? ¿Lo hizo porque se goza en vernos sufrir? ¿Le dará gusto observar las penurias de su pueblo?

¡Claro que no! Lo hizo por su bien. Dios guió al pueblo de Israel por el desierto para probarlos y purificar su carácter. En el desierto, ellos aprendieron a someterse a Moisés. Vieron las consecuencias que llegaron a los que se rebelaron contra él. También aprendieron a dejar los ídolos. Vieron lo que sucedió con el becerro de oro que hicieron junto al Sinaí. Aprendieron las consecuencias de la murmuración y la falta de confianza.

Todo esto les sirvió de preparación. Cuando Josué los guió a conquistar la tierra prometida, estos problemas no se volvieron a presentar. Se presentaron otros; pero el pueblo estaba suficientemente preparado para la conquista. Así también, Dios usa los desiertos en nuestra vida.

Los desiertos en nuestra vida pueden ser aquellos tiempos cuando parece que nuestras oraciones no tienen respuesta. Pueden ser aquellos momentos en los que no alcanzamos lo que deseamos. Dios usa estos momentos para enseñarnos a valorar lo espiritual, y no sólo lo material. Si Dios nos diera siempre todo lo que le pedimos, ¿cómo aprenderíamos a ser pacientes? ¿Cómo aprenderíamos a soltar las cosas de este mundo?

Pero aun en medio de los desiertos en nuestra vida, Dios se muestra fiel. El sigue proveyendo. Aunque estaban siendo corregidos por Dios en el desierto, los israelitas también vieron su mano milagrosa. Dios les dio el maná, aquel pan milagroso que cada día caía del cielo. En más de una ocasión, les dio agua de una roca. También podemos confiar en que Dios será fiel con nosotros, aun cuando nos enseña alguna lección.

Tenemos que recordar por qué nos disciplina Dios: lo hace para llevarnos a un lugar mejor. El propósito de Dios en todo esto es algo bueno. El nos guía a momentos de bendición en esta vida. Al final, El nos guía a la patria celestial. Sus propósitos son buenos, así que podemos soportar la disciplina. Sabemos que Dios está trabajando para nuestro bien.

Tenemos un Padre celestial que nos cuida y que nos corrige. Queda una cualidad más de nuestro Padre celestial. Algún tiempo atrás, estábamos revisando algunas fotos familiares. Entre ellas había una foto de mi padre cargándome en sus brazos cuando era bebé. Se veía en su rostro el orgullo paterno. Pude comprender cuánto, como padre, él me quería.

Nosotros también tenemos un Padre celestial que nos carga. Veamos esto en Isaías 46:1-4:

46:1 Bel se inclina, Nebo se somete; sus ídolos son llevados por bestias de carga. Pesadas son las imágenes que por todas partes llevan; son una carga para el agotado.
46:2 Todos a la vez se someten y se inclinan; no pudieron rescatar la carga, y ellos mismos van al cautiverio.
46:3 Escúchame, familia de Jacob, todo el resto de la familia de Israel, a quienes he cargado desde el vientre, y he llevado desde la cuna.
46:4 Aun en la vejez, cuando ya peinen canas, yo seré el mismo, yo los sostendré. Yo los hice, y cuidaré de ustedes; los sostendré y los libraré.

Isaías habla proféticamente de los dioses de Babilonia. Estos ídolos eran enormes e imponentes. El dios aquí llamado por su título Bel era Marduk, dios principal de Babilonia. La historia nos relata que, siglos antes, el ídolo de Marduk había sido capturado y llevado a otra ciudad. De hecho, esto sucedió en más de una ocasión.

Isaías podría estar describiendo esta escena. Los hombres, con gran dificultad, usan sogas para bajar los ídolos. Al hacerlo, los ídolos se inclinan como si rindieran homenaje a otro mayor que ellos. Luego se convierten en carga pesada para las bestias que los tienen que llevar. Los ídolos siempre son una carga.

Pero nuestro Dios, nuestro Padre celestial, nos carga a nosotros. El nos sostiene hasta la vejez. En nuestros momentos de mayor debilidad, sus poderosos brazos están debajo para sostenernos. ¡Qué gran Dios tenemos! ¡Qué gran Padre nos carga! Si te sientes agotado, descansa en los brazos de tu Padre celestial.

¿Conoces hoy al Padre celestial? Jesús dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie llega al Padre sino por mí." (Juan 14:6) Si queremos conocer a Dios como Padre, tenemos que acercarnos a Jesús con arrepentimiento y fe. Confiando en su sacrificio en la cruz por nosotros y reconociéndole como nuestro Señor y Salvador, somos adoptados por Dios como sus hijos. ¿Te gustaría tomar esa decisión en esta mañana? ¿Quieres tener un Padre como ninguno?


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