Firmes y Adelante

Enlaces El Sermón Dominical

Esta semana

Todos los Sermones

Contactar al autor

¡Suscríbete!

Domingo 12 de Junio de 2016

Dios destruye y restaura
Pastor Tony Hancock

El rey Acab no estaba contento. Se acostó sin cenar y puso mala cara. Como un niño malcriado, hacía berrinche. "¿Qué te pasa?" - le preguntó su esposa. El le contestó que se había puesto mal porque el dueño del terreno que colindaba con su palacio no se lo había querido vender. "¡No te preocupes por eso!" - le contestó su esposa.

Ella sabía muy bien qué hacer en estos casos. Inventó cargos falsos contra el dueño del terreno, y pronto había logrado que lo condenaran a muerte. Una vez ejecutado el dueño del terreno, le fue fácil tomar posesión de su propiedad y entregarlo a su esposo. El no preguntó cómo lo había conseguido. Simplemente se puso feliz, porque había logrado lo que quería.

Estos eventos sucedieron durante el noveno siglo antes de Cristo en la tierra de Israel, pero cosas similares se han repetido incontables veces en muchas partes del mundo. Seguramente todos hemos conocido a alguien que ha sido víctima de la corrupción, y quizás lo hayamos vivido en carne propia. ¿Cómo reaccionará Dios ante tales cosas? ¿Pasa por alto la maldad? ¿La ignora?

A veces parece ser así, pero no lo es. Por medio del profeta Miqueas Dios nos muestra sus planes para los que oprimen a otros. Levanta la cortina para que veamos detrás del escenario y comprendamos las cosas como son, en realidad. Sólo así podemos vivir con esperanza, seguridad y justicia en el mundo actual.

Abramos la Biblia en Miqueas, capítulo 2, y leamos los versos 1 al 5:

2:1 ¡Ay de los que sólo piensan en el mal, y aun acostados hacen planes malvados! En cuanto amanece, los llevan a cabo porque tienen el poder en sus manos.
2:2 Codician campos, y se apropian de ellos; casas, y de ellas se adueñan. Oprimen al varón y a su familia, al hombre y a su propiedad.
2:3 Por tanto, así dice el Señor: Ahora soy yo el que piensa traer sobre ellos una desgracia, de la que no podrán escapar. Ya no andarán erguidos, porque ha llegado la hora de su desgracia.
2:4 En aquel día se les hará burla, y se les cantará este lamento: "¡Estamos perdidos! Se están repartiendo los campos de mi pueblo. ¡Cómo me los arrebatan! Nuestra tierra se la reparten los traidores."
2:5 Por eso no tendrán en la asamblea del Señor a nadie que reparta la tierra.

En estos versículos descubrimos que Dios se opone a los que se aprovechan de otros. El ve la opresión de los que se enriquecen con el engaño. ¿Cómo son estas personas? De noche, sólo piensan en maneras de aprovecharse de otras personas para conseguir dinero. Planean sus estafas, y se levantan en la mañana para ponerlas en acción.

Su maldad nace de un corazón codicioso. En los Diez Mandamientos, Dios prohíbe la codicia. Repite varias veces este mandamiento, porque es tan importante. Los opresores cometen robos, homicidios y estafas, pero todo comienza con un corazón que desea lo que no le corresponde tener. Hay que tener mucho cuidado con la codicia.

La persona que da rienda suelta a su codicia y se aprovecha de otros para enriquecerse llega a usurpar el lugar de Dios. "Tienen el poder en sus manos", porque se han puesto al mismo nivel que Dios. Usa su poder para engañar a otros, haciendo contratos tramposos. Confunde a las personas con intereses imposibles de entender. Obliga a las personas a firmar lo que no comprenden. Todo esto para conseguir alguna ganancia.

El resultado es que otros sufren. El padre de casa sufre, porque no puede suplir las necesidades de su familia. Las familias pierden su hogar. En lugar de vivir en paz y bienestar, terminan en la miseria y necesidad. Dios ve esto y se enoja. Los malvados traman sus planes para enriquecerse, pero Dios también hace sus planes para que reciban su merecido.

Puedes estar seguro de que, tarde o temprano, Dios va a voltear la tortilla. En los días de Miqueas, las personas que se habían enriquecido ilícitamente perdieron sus propiedades durante el exilio. Llegaron los invasores y les quitaron lo que ellos les habían quitado a otros. En la actualidad vemos muchos casos de los estafadores que se han quedado en la miseria.

A veces, Dios espera. El nos da suficiente cuerda para que nos ahorquemos solos. Es por esto que no siempre vemos la caída inmediata de los malvados. Podemos estar seguros de que viene. Dios trabaja lento pero seguro. Es más, su castigo no sólo es para esta vida. La persona que se burla de Dios y se aprovecha de los demás enfrenta un castigo eterno.

El verso 5 dice: "Por eso no tendrán en la asamblea del Señor a nadie que reparta la tierra." En el gran momento cuando se establece el reino de Dios, en la asamblea de los justos, no habrá ningún representante para los que le han dado la espalda a Dios para aprovecharse de los demás. No tendrán herencia en la nueva creación. Su pérdida no sólo es temporal; es eterna.

En medio de este mundo malvado e injusto, tú y yo podemos vivir con esta seguridad: los que estafan y se aprovechan de otros recibirán su merecido. Quizás hayas sido víctima de algún abuso económico. Puedes saber que Dios no lo ignora. Si puedes defender tu derecho legalmente, hazlo. Pero si la ley no te ampara, tienes un gran Defensor en Dios.

Dios también nos advierte aquí que no debemos dejarnos llevar por la presión de participar en el sistema corrupto y estafador de este mundo. Es muy fácil, frente a la injusticia que vemos todos los días, tirar la toalla y empezar a pensar como la gente que nos rodea. Vemos injusticias en el trabajo, y comenzamos a trabajar sólo cuando el patrón nos está viendo. ¡Nos rebajamos a su nivel! Vemos injusticias en la política, así que mentimos en nuestra declaración de impuestos. Nos comportamos como ciudadanos de este mundo, en lugar de miembros del reino de Dios.

Recordemos que Dios no ignora a los defraudadores. El no ignora a los que explotan a otros. Un día, les dará su merecido. Desgraciadamente, no sólo existe la explotación económica. También hay una especie de explotación espiritual. Pero Dios deja al descubierto a los embusteros espirituales. Leamos de esto en Miqueas 2:6-11:

2:6 Estos profetas me dicen: ¡Deja ya de profetizarnos! ¡No nos vengas con que el oprobio nos alcanzará!
2:7 Los descendientes de Jacob declaran: ¿Acaso ha perdido el Señor la paciencia? ¿Es ésta su manera de actuar? ¿Acaso no hacen bien sus palabras? ¿Acaso no caminamos con el Justo?
2:8 Ayer ustedes eran mi pueblo, pero hoy se han vuelto mis enemigos. A los que pasan confiados, a los que vuelven de la guerra, los despojan de su manto.
2:9 A las mujeres de mi pueblo las echan de sus preciadas casas, y a sus niños los despojan para siempre del honor que les di.
2:10 ¡Levántense! ¡Pónganse en marcha, que éste no es un lugar de reposo! ¡Está contaminado, destruido sin remedio!
2:11 Si con la intención de mentirles, llega algún embustero y les dice: Yo les anuncio vino y cerveza, este pueblo lo verá como un profeta.

Miqueas, el profeta de Dios para su día, recuenta que otros supuestos profetas lo regañaban. Ellos predicaban un mensaje positivo, declarando que todo iba a estar bien. Se defendían con verdades a medias. Déjame decirte una cosa: la peor mentira contiene una parte de la verdad. Si es pura mentira, nadie lo cree. Pero una mentira mezclada con la verdad, o una verdad a medias, es muy peligrosa.

Los falsos profetas del día de Miqueas se refugiaban en la paciencia de Dios. "El Señor no ha perdido la paciencia" - declaraban. "El no se porta así. Sus palabras siempre son palabras de bien, de bendición." Ellos nunca mencionaban la ira de Dios; sólo hablaban de bendición, de prosperidad, de bienestar.

Sus palabras bonitas terminarían llevando a la gente a la destrucción, porque la ira de Dios pronto llegaría a su tierra. La invasión llegó. El problema con un mensaje de optimismo y prosperidad es que ignora la necesidad del arrepentimiento. Ignora la santidad y la justicia de Dios, convirtiendo la paciencia de Dios en un pretexto para seguir pecando.

Por eso, Dios les dice que se habían convertido en sus enemigos. Ellos pensaban estar bien con Dios, pero sus malas acciones los separaban de El. Sus abusos y maldad habían contaminado la tierra. Confiaban en el pacto que Dios había hecho con sus antepasados, pero no estaban cumpliendo con los requisitos de ese pacto.

Lastimosamente, estos falsos profetas tienen muchos descendientes hoy en día. Hay muchos que hablan del amor de Dios, que te prometen una vida de bendición y de prosperidad, pero que jamás te llamarán al arrepentimiento. Te dirán que sigas con la vida que tú quieres llevar, porque Dios es amor. Te dirán que no tienes que hacer ningún cambio en tu vida, porque Dios es paciente.

Pero nuestro Señor Jesús no habló así. El dijo: "Arrepiéntanse, porque el reino de Dios se acerca" (Mateo 4:17). La única manera de entrar al reino de Dios y recibir la salvación que Jesús tan amorosamente nos ofrece es con un corazón arrepentido. La gracia de Dios llega a nuestra vida cuando reconocemos nuestro pecado y nos alejamos de él. La paciencia de Dios, dice Pablo, tiene como propósito llevarnos al arrepentimiento. Jesús murió en la cruz para que fuéramos libres del pecado. El nos compró el perdón para que pudiéramos vivir en santidad, no para que siguiéramos pecando más.

¿Qué tienes en tu vida que no está bien? ¿Qué pecado estás tolerando, confiando en la paciencia de Dios? El ha sido paciente contigo, pero su paciencia no es eterna. Su amor es eterno, pero su paciencia no. Si estás viviendo en pecado, si estás tolerando alguna mala costumbre o hay algo que no has arreglado, hazlo ahora. Sólo puedes estar seguro en Cristo si tu fe en El te lleva a una vida de santidad e integridad.

Cualquier otra clase de fe es una especie de borrachera espiritual. Miqueas dice que la gente escucharía a cualquiera que les anunciara vino y cerveza. Alguien comentó una vez que tendríamos una mayor asistencia en la Iglesia si regaláramos cerveza en la entrada. Esto puede ser verdad, pero no estamos interesados en simplemente tener mucha asistencia. La borrachera puede atraer a la gente, pero nos separa de Dios.

Si vivimos en rebelión contra Dios, escuchando sólo lo que nos gusta, estaremos perdidos. Pero Dios nos invita a ser parte de su pueblo. Los versos 12 y 13 de Miqueas 2 nos dicen cómo puede ser esto:

2:12 Te aseguro, Jacob, que yo reuniré a todo tu pueblo. Te aseguro, Israel, que yo juntaré a tu remanente. Los congregaré como a rebaño en el aprisco, como a ovejas que, en medio del pastizal, balan huyendo de la gente.
2:13 El que abre brecha marchará al frente, y también ellos se abrirán camino; atravesarán la puerta y se irán, mientras su rey avanza al frente, mientras el Señor va a la cabeza.

Dios libera a su remanente fiel. ¿Qué es un remanente? Es lo que queda después de que se ha quitado una parte del grupo.

Dios declara que El va a juzgar, pero dejará un remanente. El será Pastor y Rey de este pequeño grupo. Durante los días de Miqueas, se refería a los fieles de Israel que huyeron a Jerusalén cuando su tierra fue invadida por Asiria en el año 701 a.C. Pero no se limita a este grupo; el remanente consiste en toda persona que se mantiene fiel al Señor, que sigue a Cristo en medio de un mundo corrupto y moribundo.

Miqueas ministró antes de la venida de Jesús. Para nosotros que vivimos de este lado de la cruz, podemos reconocer en nuestro Señor Jesús al Pastor que congrega a su rebaño. Podemos ver en Jesús el Rey que va delante de nosotros y nos abre paso. Frente al peligro, frente al juicio y la destrucción, El nos abrirá camino.

Si confiamos en la gente, terminaremos en la confusión. Ningún simple humano puede hacer lo que Dios hace. Pero Dios nos puede librar. El nos llama a un verdadero arrepentimiento. Nos llama a dejar atrás el modo de pensar de este mundo y vivir en santidad. Nos llama a confiar en Jesús y seguirle. Su muerte en la cruz nos libra de toda culpa, y su resurrección nos da vida nueva.

Al principio de este mensaje, les conté la historia de Acab y cómo su esposa se apoderó del terreno que colindaba con su palacio. Pero no les conté el final de la historia. Dios mandó al profeta Elías a hablar con Acab y anunciarle el castigo. El y su familia morirían. Acab se arrepintió, y Dios le quitó el castigo. Sin embargo, su esposa - la que había tramado el complot contra su vecino - murió tirada de una ventana por sus propios sirvientes. Su sangre fue lamida por los perros.

Estas son las opciones: el arrepentimiento o la destrucción. Dios es un Dios que destruye. Es implacable con los malvados que no se arrepienten. Pero es también un Dios de restauración, que salva y rescata a su pueblo. ¿Quieres conocer a Dios como destructor, o quieres arrepentirte y recibir su restauración?


Visita la página web renovada del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net. Las novedades incluyen la célula familiar, una guía sencilla para reunirse en familia cada semana. También habrá nuevas respuestas a las preguntas al pastor. Si no has visitado www.pastortony.net últimamente, ¡visítalo ya!

Puedes enviar al Pastor tus preguntas acerca de la Biblia, la Iglesia, la vida cristiana o cualquier otro tema, por email a pastortony@iglesiatriunfante.com, o por medio de la sección Preguntas al Pastor en pastortony.net. Envía tus preguntas incluyendo tus iniciales y tu país de residencia, y serán respondidas en dicha página.

Ver todos los mensajes publicados


¡Suscríbete a la lista Sermones y recibe todos los Domingos estos sermones en tu casilla de correo! Clickea AQUI para llenar el formulario de suscripción.


El Sermón Dominical

Foros Ekklesia Viva - www.foroekklesia.com
Portal Iglesia Triunfante - www.iglesiatriunfante.com
¡Ayúdanos a dar a conocer esta web! | Declaración de Fe