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Domingo 29 de Mayo de 2016

Fuerza en la debilidad
Pastor Tony Hancock

Vivimos en un mundo que aprecia la fuerza. Los adolescentes juegan a las vencidas para ver quién gana - quién es más fuerte. ¡Nadie celebra al perdedor! Ningún muchacho, después de terminar con el brazo pegado a la mesa por la fuerza mayor del otro, se levanta para gritar: "¡Perdí! ¡Perdí!" Más bien, se pone a hacer pretextos - el otro le hizo trampa, o la mesa estaba resbalosa.

Los que ven las luchas libres celebran la fuerza que muestra el ganador. Los fisicoculturistas compiten por ver quién puede levantar más peso - quién tiene más fuerza. ¡Nadie celebra la debilidad! Por eso, el pasaje que vamos a leer hoy es sorprendente. El apóstol Pablo llega a decir: "haré alarde de mis debilidades", y "me regocijo en debilidades".

El había descubierto un secreto que la mayoría de nosotros ignoramos. Nuestra debilidad tiene un propósito. Si alguna vez te has sentido débil, este mensaje es para ti. En medio de nuestra debilidad, Dios se muestra poderoso. El también puede mostrarse poderoso en tu debilidad.

Abramos la Biblia en 2 Corintios 11, y leamos desde el verso 30 hasta el capítulo 12, verso 10:

11:30 Si me veo obligado a jactarme, me jactaré de mi debilidad.
11:31 El Dios y Padre del Señor Jesús (¡sea por siempre alabado!) sabe que no miento.
11:32 En Damasco, el gobernador bajo el rey Aretas mandó que se vigilara la ciudad de los damascenos con el fin de arrestarme;
11:33 pero me bajaron en un canasto por una ventana de la muralla, y así escapé de las manos del gobernador.
12:1 Me veo obligado a jactarme, aunque nada se gane con ello. Paso a referirme a las visiones y revelaciones del Señor.
12:2 Conozco a un seguidor de Cristo que hace catorce años fue llevado al tercer cielo (no sé si en el cuerpo o fuera del cuerpo; Dios lo sabe).
12:3 Y sé que este hombre (no sé si en el cuerpo o aparte del cuerpo; Dios lo sabe)
12:4 fue llevado al paraíso y escuchó cosas indecibles que a los humanos no se nos permite expresar.
12:5 De tal hombre podría hacer alarde; pero de mí no haré alarde sino de mis debilidades.
12:6 Sin embargo, no sería insensato si decidiera jactarme, porque estaría diciendo la verdad. Pero no lo hago, para que nadie suponga que soy más de lo que aparento o de lo que digo.
12:7 Para evitar que me volviera presumido por estas sublimes revelaciones, una espina me fue clavada en el cuerpo, es decir, un mensajero de Satanás, para que me atormentara.
12:8 Tres veces le rogué al Señor que me la quitara;
12:9 pero él me dijo: "Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad." Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo.
12:10 Por eso me regocijo en debilidades, insultos, privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

El apóstol Pablo escribió esta carta a la Iglesia que él había fundado en la ciudad de Corinto. El estaba ministrando en otro lugar, probablemente en Macedonia. Pero se había dado cuenta de que habían llegado a la Iglesia de Corinto unos predicadores que no estaban diciendo la verdad.

Ellos hablaban exageradamente de sus propios logros. Acusaban a Pablo de no ser apóstol, y lo criticaban de otros modos también. Con tal de quedar bien con la Iglesia de Corinto y recibir grandes ofrendas de sus miembros, decían: "¡Ese tal Pablo no es nadie! Nosotros somos los verdaderos mensajeros de Dios. ¡Hemos hecho cosas grandes! ¡Hemos recibido grandes revelaciones! ¡Hemos viajado por todo el mundo!"

Dejaban apantallados a todos con sus supuestos logros, con su fuerza y con su labia. Pero Pablo no se puso al tú por tú con ellos. Seguramente podría haber mencionado muchos logros personales, pero más bien empezó a listar todas sus debilidades y los bochornos que había pasado. El había aprendido esta gran lección: "cuando soy débil, entonces soy fuerte".

¿Cómo puede ser esto? Cuando somos débiles, estamos en condiciones para permitir que el poder de Dios obre en nosotros. Si confiamos en nuestra propia fuerza y nos creemos autosuficientes, nuestra propia fuerza es todo lo que tendremos. Pero cuando reconocemos ante Dios nuestra debilidad y necesidad, El hace cosas sorprendentes y maravillosas por su poder.

Veamos cómo esto se expresó en la vida de Pablo. En los primeros versículos que leímos, el apóstol Pablo menciona algo que sucedió poco después de su conversión. La primera ciudad a la que llegó después de conocer a Cristo fue Damasco; de hecho, fue en el camino a Damasco que él vio al Señor Jesús y se entregó a El.

En Damasco, Pablo comenzó a predicar en las sinagogas que Jesús es el Mesías, el Salvador prometido. Pero esto no les gustó a algunos de los judíos de la ciudad. Con la ayuda del gobernador hicieron un plan para arrestar a Pablo. Este plan llegó a oídos de los que habían creído en Cristo por medio de la predicación de Pablo.

Los creyentes hicieron su propio plan para rescatar a Pablo, pero lo que hicieron fue un poco inusual. Colocaron a Pablo en una enorme canasta, de las que se usaban para almacenar cereales y otras cosas. Por la noche, bajaron a Pablo por la ventana de una de las casas que estaban construidas sobre el muro de la ciudad. Así logró escaparse.

Este fue el primer episodio de persecución que enfrentó Pablo, y sucedió justo después de su conversión. Es más, podríamos decir que fue una situación vergonzosa. Pablo se había dirigido a la ciudad de Damasco con cartas oficiales para el arresto de los cristianos de esa ciudad. El esperaba recibir una bienvenida calurosa por parte de los líderes judíos de la ciudad. Seguramente se quedaría en un alojamiento cómodo y se entrevistaría con gente importante.

Pero en el camino, Jesús se encontró con él. Ahora, en lugar de recibir reconocimientos, enfrentaba persecución. En lugar de salir exitosamente de la ciudad con su misión cumplida, tuvo que escabullirse de noche. ¿Quién presumiría de tal cosa? Más bien, es una de esas cosas que se tratan de callar. Es algo penoso para la "gente bien" tener que esconderse de las autoridades.

Pablo, en cambio, abiertamente describe su situación tan penosa. ¿Por qué? Porque en medio de todo esto, Dios se mostró poderoso. Dios lo usó en Damasco para que muchos pudieran escuchar el mensaje. Dios lo sacó de Damasco para que pudiera predicar en otras partes. Dios se mostró poderoso en medio de la persecución y las situaciones penosas.

Dios a veces nos permite estar frente a las autoridades. Pablo mismo testificó ante reyes, y quizás ante el césar mismo. Otros personajes bíblicos - Nehemías y Daniel, por ejemplo - tuvieron posiciones muy elevadas en el gobierno. Pero nunca debemos confundir el favor de los poderosos con el poder de Dios. Dios se muestra poderoso en la vida de los que el mundo rechaza, precisamente porque así El se lleva toda la gloria.

Si tú te encuentras enfrentando rechazo o persecución a causa de tu fe en Jesucristo, no te desanimes. Al contrario; ¡alégrate! Dios está a punto de hacer algo grande en tu vida, si tú confías en El y no en los hombres. No busquemos quedar bien con el mundo; más bien, hagamos espacio en nuestra vida para que Dios obre en nosotros. Humillémonos ante El, para que El nos levante.

Además de pena y persecución, Pablo también enfrentó sufrimientos y enfermedad. En los primeros versículos del capítulo 12 él nos recuenta una revelación maravillosa que Dios le dio. Aunque lo describe como si le hubiera sucedido a otra persona, lo hace por motivos de humildad. Es casi seguro que Pablo realmente describe su propia experiencia.

El recuenta haber sido llevado al tercer cielo, la morada de Dios, y haber visto allí cosas tan maravillosas que no se le permitía hablar de ellas. Seguramente los falsos predicadores que habían llegado a confundir a la Iglesia de Corinto también hablaban mucho de sus maravillosas visiones, pero Pablo apenas menciona la suya.

Más bien, se apura para contar que - después de darle esta maravillosa visión - Dios también le dio otra cosa. Se trata de una espina clavada en su carne, un aguijón en el cuerpo. Hasta lo describe como mensajero de Satanás. ¿A qué se refería, exactamente? El no nos dice. Es muy posible que se haya tratado de un problema de la vista, como podría también ser otra cosa.

Esto molestaba a Pablo. Si su aguijón en la carne era un problema con los ojos, se le hacía difícil escribir cartas. Tendría que usar secretarios para hacerlo. También su trabajo como fabricante de carpas sería más difícil. Tres veces le pidió a Dios que se lo quitara, pero Dios le respondió: "Bástate mi gracia. Mi gracia es suficiente para ti. Mi poder se perfecciona en la debilidad."

Dios le dio a Pablo revelaciones y visiones maravillosas, pero también le dio una debilidad para mantenerlo humilde. Irónicamente, fue gracias a esta debilidad que Pablo pudo servir tan poderosamente al Señor.

Las personas del mundo buscan el poder en la autosuficiencia. Buscan al hombre que presume de sus logros, al ganador que lo tiene todo. Las estrellas se esfuerzan por mantener una ilusión de perfección, y viven temiendo el escándalo que podría destruir su carrera.

El paganismo busca el poder de la magia para manipular a las personas y las circunstancias. Las personas van a los brujos y hechiceros buscando poder, poder para controlar a otros - o al menos sus propias vidas. Pero Dios, el Padre de nuestro Señor Jesús, muestra su poder en la debilidad.

El hace cosas grandes en nosotros cuando llegamos al final de nuestras fuerzas. Su poder se perfecciona en nuestra debilidad. Por eso podemos decir, "cuando soy débil, entonces soy fuerte". ¿Significa esto que debemos dejar de hacer ejercicios para ser más fuertes? ¿Significa que debemos dejar de esforzarnos por hacer el bien, y ser totalmente pasivos?

No significa ninguna de estas cosas. Lo que significa es que, cuando lleguemos al final de nuestras fuerzas, allí vamos a encontrar a Dios - si confiamos en El. Cuando sentimos que ya no podemos más, allí está Dios. Cuando pensamos que no podemos servir a Cristo, allí está El.

De hecho, la vida cristiana y la salvación comienzan con la debilidad. Sólo podemos llegar a ser cristianos si reconocemos nuestra necesidad de un Salvador. Sólo podemos tomar la decisión de seguir a Cristo si hemos llegado a entender que no podemos salvarnos a nosotros mismos, y que necesitamos ser rescatados.

Pero no sólo es al principio de la vida cristiana. A lo largo de nuestro caminar con Cristo, tenemos que reconocer que no podemos. Es precisamente cuando no podemos más que Dios se muestra poderoso, haciendo lo imposible en nosotros. Es allí cuando vemos fuerza en la debilidad.

¿En cuáles circunstancias de tu vida necesitas que se manifieste el poder de Dios? Confiesa ante El hoy tu incapacidad, e invítale a obrar con su poder en y a través de ti. En tu debilidad, podrás encontrar la fuerza de Jesucristo.


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