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Domingo 15 de Mayo de 2016

La autoridad de Dios en la Iglesia
Pastor Tony Hancock

Cierto día, un niño pequeño les dijo a sus padres que, cuando fuera grande, quería ser pastor. "¿Por qué quieres ser pastor?" - le preguntaron. El niño contestó: "Es que, de todas formas tengo que ir a la Iglesia. Sería más divertido estar al frente y gritar que seguir sentado siempre en la banca."

¡Creo que ese niño tenía cierta confusión acerca de lo que significa ser pastor! No sólo él; me parece que hay muchos que no comprenden bien el papel pastoral. Durante estas semanas estamos conociendo algunas enseñanzas bíblicas acerca de la autoridad. Hicimos una pausa la semana pasada en honor a las madres, pero hoy continuamos con un estudio del tema de la autoridad de Dios dentro de la Iglesia.

¿Cómo se debe ejercer el liderazgo en la Iglesia? Lastimosamente, hay muchos que han abusado de su autoridad. Pero no podemos desechar el concepto de autoridad y de liderazgo en la Iglesia, porque una organización sin liderazgo pronto se desmorona. Felizmente, Dios no nos ha dejado sin dirección en este asunto. Su Palabra nos da instrucciones claras al respecto.

La Iglesia actual es el epicentro de la obra de Dios en el mundo, y por eso las relaciones correctas en la Iglesia son muy importantes. Esto lo descubrimos en 1 Pedro 4:17: "Porque es tiempo de que el juicio comience por la familia de Dios; y si comienza por nosotros, ¡cuál no será el fin de los que se rebelan contra el evangelio de Dios!"

Algún día, Dios juzgará el mundo. El castigará y quitará toda maldad de la humanidad, dando a los malhechores su merecido. Pero la Biblia nos dice algo muy interesante. Nos dice que el juicio de Dios comienza con su casa. En la actualidad, Dios deja sin castigo mucha maldad en el mundo. Esto no significa que no le importe, sino que El espera el momento indicado para castigarlo. Dentro de su Iglesia, en cambio, El ya está obrando para traer purificación.

Es por esto que es tan importante que comprendamos cómo se debe ejercer la autoridad dentro de la Iglesia. Cuando la autoridad se ejerce mal, o cuando no se respeta, crea problemas. Nos aleja de la bendición de Dios. Reduce el impacto que puede tener la Iglesia sobre su comunidad. Trae reproche al nombre de Cristo. Por lo tanto, busquemos 1 Pedro 5:1-5 para aprender cómo Dios quiere que se ejerza la autoridad en la Iglesia de Jesucristo:

5:1 A los ancianos que están entre ustedes, yo, que soy anciano como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe con ellos de la gloria que se ha de revelar, les ruego esto:
5:2 cuiden como pastores el rebaño de Dios que está a su cargo, no por obligación ni por ambición de dinero, sino con afán de servir, como Dios quiere.
5:3 No sean tiranos con los que están a su cuidado, sino sean ejemplos para el rebaño.
5:4 Así, cuando aparezca el Pastor supremo, ustedes recibirán la inmarcesible corona de gloria.
5:5 Así mismo, jóvenes, sométanse a los ancianos. Revístanse todos de humildad en su trato mutuo, porque "Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes".

Vamos a descubrir en este pasaje tres cualidades que cada pastor y cada líder dentro de la Iglesia debe tener. Claramente, este mensaje tiene una aplicación especial a mi vida, y también a la de los demás líderes en la Iglesia. Pero veremos que cada cualidad necesaria para el liderazgo en la Iglesia implica una reacción por parte de la congregación. En otras palabras, la reacción de los miembros de la Iglesia a sus líderes puede ayudarles a ser mejores líderes, o les puede estorbar.

Aquí el apóstol Pedro habla a los ancianos. Podríamos pensar que simplemente se refiere a las personas de tercera edad, pero el contexto indica que se refiere a los líderes que gobiernan y enseñan en la Iglesia. Esto corresponde al oficio de pastor y de anciano en la Iglesia actual.

La primera característica que cada pastor y cada líder debe tener es la humildad. Es interesante notar que el apóstol Pedro aquí se identifica también como anciano. En lugar de hablar desde una perspectiva elevada como apóstol, mandando desde lo alto, él se pone al mismo nivel que el pastor de cualquier Iglesia pequeña. Muestra la humildad que cada gran líder debe mostrar.

Luego, nos menciona que él fue testigo de los sufrimientos de Cristo. Esto es algo aun más curioso. ¿Recuerdas lo que hizo Pedro la noche en que Cristo fue crucificado? Aquella noche, los soldados llegaron para arrestar a Jesús en el jardín del Getsemaní.

Después de acompañar a Jesús a casa del sumo sacerdote, Pedro negó tres veces que lo conocía. Pocas horas antes, había jurado serle fiel a Jesús hasta la muerte. Pero ahora, negaba siquiera conocerlo. Fue el momento de mayor vergüenza en la vida de Pedro. El menciona esa gran falla para llamarnos a la humildad y la sencillez de reconocer nuestros propios errores.

Fue sólo después de esta humillación que Jesús restauró a Pedro y le dio una gran responsabilidad en su Iglesia. Como líderes, existe una gran tentación de presentar una buena apariencia, de fingir la perfección y dar lugar a la adulación. Dios nos llama a algo muy diferente. Así como Jesús se humilló a lavarles los pies a sus discípulos, el llamado del liderazgo es a la humildad y la sinceridad.

Para que esto funcione bien en una congregación, debemos cambiar nuestras expectativas. Muchas personas siguen a la persona más llamativa. Los israelitas siguieron a Saúl porque era alto y buen guerrero, pero le faltaba integridad. De igual modo, tenemos que dejar de fijarnos en las cualidades visibles de nuestros líderes y valorar más la humildad.

Recuerdo que, en una ocasión, alguien me comentó que no sabía si cierto hombre podría ser buen pastor, porque tenía una voz muy aguda. Otra persona se sorprendió de que su pastor fuera muy chaparro. ¡Un hombre puede ser alto y tener una buena voz de bajo, pero todavía ser muy mal pastor! Tenemos que aprender a valorar lo que más importa. La humildad no siempre es llamativa para el mundo, pero para Dios es imprescindible.

La segunda cualidad que debe poseer todo líder y todo pastor es la integridad. Pedro dice que no debemos servir por obligación. Esto significa que no debemos tomar a la ligera nuestra responsabilidad, sino más bien servir de buen corazón al Señor. También dice que no sirvamos por ambición de dinero. La predicación y el servicio pastoral nunca deben convertirse en forma de enriquecimiento. Tampoco debemos manipular a las personas para conseguir sus ofrendas.

Se cuenta la historia de la señora cuyo hijo se tragó una moneda. De inmediato se lo llevó al pastor para que lo viera, porque había escuchado que los pastores eran buenos para sacar dinero. Nos reímos del chiste, pero lastimosamente hay muchos predicadores que han manchado el ministerio con su afán por enriquecerse.

¿Significa esto, entonces, que el pastor no debe recibir salario de su Iglesia? A lo largo de la Biblia descubrimos que los siervos del Señor que se dedican al ministerio reciben el sostén económico a cambio de su servicio. Los levitas del pueblo de Israel sirven como ejemplo en el Antiguo Testamento. De igual modo, cuando Jesús envió a sus discípulos a predicar, les dijo que no llevaran preparativos para el camino, porque el trabajador merece su salario.

Hay muchos otros pasajes que podríamos mencionar, pero la conclusión que sacamos es ésta: el ministerio no debe convertirse en motivo de enriquecimiento ilícito, pero la Iglesia también debe apoyar económicamente a su pastor. Cada pastor tiene que cuidar su corazón del amor al dinero, y cada congregación debe buscar la manera de apoyar a su pastor.

Además de la motivación correcta y la integridad en el manejo del dinero, la integridad pastoral también se muestra en lo que dice el verso 3: "No sean tiranos con los que están a su cuidado". La autoridad en la Iglesia nunca se debe convertir en un juego de poder, pero lastimosamente esto a veces sucede. La autoridad en la Iglesia siempre se tiene que ejercer para el bien de los que son guiados, no para mejorar la autoimagen del pastor.

Si la autoridad pastoral no se debe ejercer con tiranía, entonces, ¿cómo debe ejercerse? La respuesta está en la segunda parte del verso 3: "sino sean ejemplos para el rebaño". La autoridad que un pastor tiene en su congregación debe venir de su ejemplo, de su vida de devoción y su carácter cristiano. No será perfecto, porque nadie lo es. Pero debe dar un buen ejemplo a la congregación.

Habrá momentos en los que hay que ejercer disciplina; habrá decisiones que tomar y visión que lanzar; pero sobre todo, la dirección debe venir del ejemplo. Hebreos 13:17 llama a la congregación a obedecer a su pastor: "Obedezcan a sus dirigentes y sométanse a ellos, pues cuidan de ustedes como quienes tienen que rendir cuentas. Obedézcanlos a fin de que ellos cumplan su tarea con alegría y sin quejarse, pues el quejarse no les trae ningún provecho." Pero la mayor autoridad viene del ejemplo que el pastor da a la congregación.

A veces existe una clase de manipulación espiritual, donde las personas le obedecen al pastor porque tienen miedo de lo que les podrá suceder si no lo hacen. Esto puede mantener el orden en la congregación, pero no producirá mucho crecimiento espiritual en los miembros.

Más bien, para que haya crecimiento, el pastor debe dar un ejemplo de vida cristiana. Pero aquí tenemos que decir que la única razón de dar un ejemplo es para que se siga. ¿Te das cuenta? Sería inútil que el pastor diera un buen ejemplo, si nadie decidiera seguir su ejemplo.

Sin embargo, me doy cuenta de que muchas veces se espera un gran ejemplo del pastor, pero pocos tratan de seguir ese ejemplo. Las personas comentan: "Claro que no dice groserías, es el pastor. Claro que no toma, es el pastor. Claro que no miente, es el pastor." Pero nunca se les ocurre decir: "Yo quiero ser así también. Si él así se porta, yo también lo puedo hacer."

Como pastor, les puedo decir que el camino no siempre es fácil. Dios me ha enseñado muchas cosas en los años de ministerio que llevo, y me ha tenido que corregir muchas veces. Pero mi mayor alegría viene de ver personas que se acercan al Señor, que reciben la salvación y que crecen en sus vidas cristianas. A fin de cuentas, ésta es la razón por la que Dios pone líderes en su Iglesia. ¿Trabajaremos juntos para ver que esto suceda? ¿Seguiremos juntos a Jesucristo, nuestro Señor, quien nos dio el mayor ejemplo de liderazgo humilde, íntegro y ejemplar?


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