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Domingo 24 de Abril de 2016

La autoridad de Dios en el matrimonio
Pastor Tony Hancock

Dos mujeres conversaban sobre la vida en sus respectivos hogares. "Tu esposo dice que lleva una vida de perros", comentó la primera. "Sí, es verdad", replicó la otra. "Se mete a la casa con los pies sucios, se sienta en el lugar más cómodo y espera a que le dé de comer." ¡Qué vida!, ¿verdad?

¿Cómo debe ser la relación entre esposo y esposa? ¿Cuál es el plan de Dios para la vida matrimonial? Durante estas semanas, estamos meditando sobre el tema de la autoridad. La semana pasada hablamos acerca de la autoridad de Dios. Dios es el único que tiene autoridad absoluta. El no le responde a nadie.

En la vida humana, Dios ha delegado su autoridad en ciertas relaciones a ciertas personas. Tenemos que entender, en primer lugar, que la autoridad humana siempre es limitada y relativa. Ningún ser humano tiene autoridad absoluta, como la que tiene Dios. La segunda cosa que debemos comprender es que la autoridad humana tiene como propósito dar dirección, liderazgo y disciplina.

Hemos visto tantos casos de personas que abusan de su autoridad que muchas veces nuestra reacción es rechazar toda autoridad. Como el hombre de la historia que vivía una vida de perros, hemos visto a muchos que abusan de su autoridad para su propio beneficio y comodidad. No entienden que la función correcta de la autoridad es crear orden, bienestar y paz para todos.

Todos somos pecadores, y ningún hogar humano es perfecto. El único esposo que ejerce su autoridad a la perfección es Jesucristo. En su relación con la Iglesia, El nos muestra la clase de amor sacrificial que Dios llama a todos los esposos como líderes a mostrar. Al meditar hoy sobre el plan de Dios para la relación matrimonial, alabemos primeramente a Cristo por su perfección.

Entre los personajes del Antiguo Testamento encontramos uno que reflejó, como esposo, un poco de la gloria de Cristo. El se llamaba Booz. Era dueño de una granja, con varios trabajadores a su cargo. Posiblemente era viudo, o quizás nunca se había casado. De todos modos, como hombre de edad media, pasaba la vida encargándose de sus terrenos y de los asuntos de su pequeño pueblo.

En aquellos tiempos, Dios mandaba a los dueños de tierras que dejaran parte de su terreno sin cosechar. De este modo, los pobres podrían venir a recoger parte de la cosecha y así alimentarse. Como hombre justo, Booz cumplía con esta ley. Un día, llegó a recoger espigas en sus campos una muchacha del extranjero que se llamaba Rut.

Ella había llegado con su suegra Noemí a vivir en el pueblo de Booz. Ambas eran viudas, y tenían muy pocos recursos. Cuando Booz vio a Noemí, notó algo especial en ella. Mandó a sus trabajadores que no la molestarán y que le dejaran recoger una buena cosecha.

Resulta ser que Booz era pariente lejano del difunto esposo de Rut, así que - bajo las costumbres de su día - él debería casarse con ella. Aconsejada por Noemí, Rut fue una tarde durante la temporada de cosecha para pedirle a Booz que la cubriera con su cobija - una forma de pedir matrimonio.

Pero había otro pariente más cercano. Booz le explicó esto a Rut. Luego fue y habló con el hombre, convenciéndole de que no se casara con Rut. Booz y Rut se casaron, y llegaron a ser bisabuelos del gran rey David. Booz es un gran ejemplo de un buen esposo, porque él proveyó para Rut, la cuidó del daño y valoró a Rut por su carácter.

No sabemos nada de la apariencia de Rut, pero cuando Booz platicó con Rut por primera vez, sus comentarios revelan lo que a él más le importaba. Leamos Rut 2:10-12 para ver en qué se fijó Booz:

2:10 Rut se inclinó hacia la tierra, se postró sobre su rostro y exclamó: -¿Cómo es que le he caído tan bien a usted, hasta el punto de fijarse en mí, siendo sólo una extranjera?
2:11 -Ya me han contado -le respondió Booz- todo lo que has hecho por tu suegra desde que murió tu esposo; cómo dejaste padre y madre, y la tierra donde naciste, y viniste a vivir con un pueblo que antes no conocías.
2:12 ¡Que el Señor te recompense por lo que has hecho! Que el Señor, Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte, te lo pague con creces.

A Booz lo que más le interesó de Rut fue su carácter, no su apariencia. El vio su fe, su compromiso y su trabajo. Estas son las cosas que hacen realmente bella a una mujer, y todo esposo sabio las aprecia.

Esta es la clase de esposo que Dios desea - no el tirano que lleva una "vida de perros", sino un hombre que ejerce la autoridad que Dios le da para el bien de su esposa y de sus hijos. Dios ha puesto al hombre como cabeza del hogar. Como ya hemos visto, el propósito de esto no es convertirlo en un dictador o tirano, sino establecer orden y traer bienestar al hogar.

Una cosa que tenemos que comprender es que, al decir que el hombre es cabeza del hogar, no implicamos ninguna clase de superioridad o inferioridad. Esto lo vemos en 1 Corintios 11:3: "Ahora bien, quiero que entiendan que Cristo es cabeza de todo hombre, mientras que el hombre es cabeza de la mujer y Dios es cabeza de Cristo. " Aquí nos damos cuenta de que Dios el Padre es cabeza de Cristo. Esto no significa que el Padre sea superior al Hijo, porque ambos son Dios y tienen todas las mismas capacidades. Más bien, significa que el Hijo se somete al Padre y reconoce su dirección.

Del mismo modo, el hecho de que el hombre sea cabeza de su mujer no implica que sea superior a ella. El hombre y la mujer se complementan en algunos sentidos, pero ninguno es mejor que el otro. Un policía tiene autoridad para aplicar las leyes, pero esto no lo hace mejor o más importante que cualquier ciudadano. Es lo mismo con la relación matrimonial.

Dicho esto, sin embargo, para que el hogar funcione bien, alguien tiene que encargarse. Y es precisamente en este punto donde vemos mucha resistencia hoy en día. Ya hemos visto demasiados hombres machistas que, tomando como escudo su posición de cabeza, han abusado de su familia y han menospreciado a sus esposas. Muchos responden con un rechazo total del concepto de autoridad varonil.

Como borrachos, solemos tambalear de un extremo al otro, en lugar de buscar el equilibrio de la verdad. No es un mensaje popular hoy en día, pero los versículos al respecto no han desaparecido de la Biblia. Dios está llamando a los hombres cristianos a tomar su lugar correcto como cabeza del hogar, y llama a las esposas a respetar el liderazgo de sus esposos.

Leamos uno de varios pasajes que nos hablan de esto, Colosenses 3:18-19:

3:18 Esposas, sométanse a sus esposos, como conviene en el Señor.
3:19 Esposos, amen a sus esposas y no sean duros con ellas.

En dos frases muy simples Dios nos describe cómo debe ser el hogar cristiano. En primer lugar, la responsabilidad de la esposa es someterse a su esposo. ¿Qué significa la sumisión? ¿Significa que ella es simplemente una sirvienta, que no tiene voz ni voto en los asuntos del hogar?

De ninguna manera significa esto. Más bien, lo que significa es que la esposa respeta el liderazgo de su esposo. En lugar de competir con él para ver quién manda en el hogar, ella lo apoya. Apoya su autoridad sobre los hijos. Apoya su identidad como hombre, y nunca lo hace sentir impotente o poco hombre.

La sumisión de la esposa no es absoluta. Pablo dice que las esposas se sometan a sus esposos, "como conviene en el Señor". Sólo Dios tiene autoridad absoluta. Su autoridad es suprema. Por lo tanto, si existe un conflicto entre la autoridad del esposo y la de Dios, siempre hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.

Por lo tanto, si un esposo le dice a su esposa que haga algo inmoral o ilegal, ella debe decirle que no. Si la maltrata o la denigra, ella tiene el derecho a defenderse. Debe llamar a la policía y denunciarlo ante las autoridades, porque la autoridad del esposo no es absoluto. La sumisión de la esposa es en el Señor.

Pero aparte de estos casos especiales, el mensaje claro de la Escritura es que la esposa debe someterse a su esposo. Por lo tanto, una mujer que se opone a su esposo simplemente porque no está de acuerdo con él, o porque ella quiere mandar en la familia, o porque se cree más inteligente - esta mujer no sólo se opone a su esposo. Se opone a Dios, porque es Dios quien ha puesto a su esposo como cabeza del hogar.

Hermana, ¿cómo puedes tú apoyar a tu esposo? ¿Cómo puedes hacer que él se sienta bien, como cabeza del hogar? ¿Cómo puedes animar a tus hijos a respetarlo? No será fácil. Pero es lo que Dios te llama a hacer. Dios siempre bendice la obediencia, y puedes estar segura que El bendecirá tu obediencia en esta área también.

Pasemos ahora a la responsabilidad del esposo. La responsabilidad del esposo es vivir con su esposa con amor y gentileza, no con dureza, gritos o violencia. En Efesios, donde Pablo profundiza en este punto, él llama a los esposos a amar a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia. ¡Esto no es sólo cuestión de comprarle flores el día de las madres y llevarle chocolates en su cumpleaños!

Esta clase de amor se sacrifica para buscar su bienestar. Sacrifica su tiempo, comodidad y esfuerzo para que su esposa pueda sentirse segura, amada y realizada. Es muy importante notar que la Biblia jamás llama a los esposos a someter a sus esposas. ¡Nunca lo dice! La sumisión es siempre algo voluntario por parte de la mujer.

Si tú no crees que tu esposa se esté sometiendo a ti, ¿qué debes hacer al respecto? Te diré lo que Dios te llama a hacer: Gánate su respeto. Sé amoroso con ella, préstale atención, aprende lo que a ella le gusta. Protégela. Ama a tus hijos. Jamás se te ocurra decirle: "Tú tienes que respetarme porque soy tu esposo". En ese momento pierdes la batalla, porque el respeto no se exige; se gana.

Tengo que ser sincero: me costó preparar este sermón. Algunos mensajes casi se escriben solos, pero éste fue una batalla. Va completamente en contra del espíritu de la era, pero es la verdad que Dios nos da en su Palabra. Estoy convencido de que, si ponemos estas verdades en práctica en nuestras familias, podemos tener hogares felices donde los hombres se sienten respetados y las mujeres se sienten amadas.

Miremos siempre hacia nuestro Señor Jesús, el gran Esposo de la Iglesia que la amó y dio su vida por ella. El es nuestra esperanza, nuestro modelo y nuestra fuerza. Con El todo lo podemos, porque sólo El ejerce perfectamente su autoridad para levantarnos y jamás aplastarnos.


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