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Domingo 17 de Abril de 2016

La autoridad de Dios
Pastor Tony Hancock

Un representante del departamento de agricultura llegó a una granja. Le dijo al granjero: "Tengo que inspeccionar su granja". El granjero le respondió: "Muy bien, pero no se meta al campo de atrás." El representante del gobierno le respondió: "Me respalda toda la autoridad del gobierno de este país. ¿Ve esta tarjeta? Me permite entrar a cualquier terreno agrícola para inspeccionarlo."

El granjero siguió con sus quehaceres mientras el inspector comenzó a revisar la granja. Después de poco tiempo, sin embargo, el granjero escuchó unos gritos de desesperación, y vio que el inspector corría a toda velocidad, perseguido por un enorme toro embravecido. El granjero le gritó al inspector: "¡Muéstrele su tarjeta!"

Esta pequeña anécdota nos ilustra la realidad de que el poder y la autoridad no siempre son lo mismo. El inspector tenía la autoridad para entrar al campo para inspeccionarlo, pero no tenía el poder para defenderse del toro que allí encontró. ¡Pobre inspector!

Hay un ser que tiene todo el poder y toda la autoridad. Se trata, por supuesto, de Dios. El puede hacer todo lo que se propone, y toda autoridad propiamente le pertenece, porque El es Creador y Dueño de todo. Por supuesto, hay muchos que no respetan su autoridad, pero esto no la cancela.

En estos días, cuando se enfatiza tanto la autonomía y la libertad personal, es saludable considerar la autoridad de Dios. Durante varias semanas estaremos viendo diferentes aspectos de la autoridad en general. Hoy empezamos con la fuente y base de toda autoridad legítima - la autoridad de Dios.

Dios le dio al profeta Daniel una maravillosa visión de su autoridad. Los días de Daniel no fueron días fáciles. Durante su juventud él fue quitado a la fuerza de su país y de su familia, y fue llevado a vivir en una nación desconocida. Daniel vivió durante los peores momentos de la historia del pueblo de Israel - su destierro y la destrucción del templo.

Por esto, es interesante que Dios a Daniel también le dio la revelación más clara que encontramos en el Antiguo Testamento del progreso de la historia humana. Dios le reveló a Daniel las características de las naciones que dominarían la historia humana durante los seis siglos, más o menos, entre su vida y la llegada de Jesucristo.

En medio de este momento más oscuro, Dios le dio a Daniel la revelación más clara de su verdad para dar ánimo, tanto a él como a todos los fieles. Justo después de revelarle el curso de la historia humana, Dios también le reveló su gran autoridad. Busquemos Daniel 7:9-10 para ver un cuadro de la gran autoridad de Dios:

7:9 Mientras yo observaba esto, se colocaron unos tronos, y tomó asiento un venerable Anciano. Su ropa era blanca como la nieve, y su cabello, blanco como la lana. Su trono con sus ruedas centelleaban como el fuego.
7:10 De su presencia brotaba un torrente de fuego. Miles y millares le servían, centenares de miles lo atendían. Al iniciarse el juicio, los libros fueron abiertos.

Mientras Daniel observaba la visión que Dios le dio de las naciones que vendrían, vio que se colocaron tronos. Sobre uno de ellos se sentó un Anciano. Tanto su cabello como su ropa radiaban blancura. Este personaje es Dios Padre. La ropa blanca representa la pureza y la santidad. A distinción de los reinos de este mundo, Dios es santo y perfecto.

Su cabello blanco representa la edad y la sabiduría. Nosotros solemos pensar que la vejez trae debilidad, pero con Dios no es así. Los reinos de este mundo se levantan y se caen, pero Dios sigue reinando triunfante con gran sabiduría. Luego vemos algo muy interesante en su trono. ¡Tiene ruedas! Es más cómo un carro que como un trono.

Esas ruedas representan algo muy importante. Significan que la autoridad de Dios no tiene límites. Llega a todas partes. Si su trono tuviera patas como cualquier silla normal, pensaríamos que Dios sólo reina en cierto lugar. Pero como tiene ruedas, vemos que El reina en todo lugar.

Un río de fuego, el juicio de Dios, brota de su presencia, y números incontables de seres angelicales le sirven. Es más, nada se esconde de su vista. Cuando comienza a juzgar, se abren los libros donde todo está registrado. Frente a la gran autoridad de Dios, veamos lo que sucede en lo versos 11 y 12:

7:11 Yo me quedé mirando por causa de las grandes insolencias que profería el cuerno. Seguí mirando hasta que a esta bestia la mataron, la descuartizaron y echaron los pedazos al fuego ardiente.
7:12 A las otras bestias les quitaron el poder, aunque las dejaron vivir por algún tiempo.

Las bestias que se mencionan son naciones de la tierra, que en su momento parecen tener mucho poder. Sin embargo, cuando Dios dice la palabra, quedan totalmente destruidas. ¿Te das cuenta de que el poder de este mundo es temporal? No dura por siempre. Los poderosos de repente caen, y pasan al olvido. Los que alguna vez tenían dinero, poder y armas en cantidad terminan muertos como cualquier animal.

Pero ahora veamos cómo es el poder de Dios. Leamos los versos 13 y 14:

7:13 En esa visión nocturna, vi que alguien con aspecto humano venía entre las nubes del cielo. Se acercó al venerable Anciano y fue llevado a su presencia,
7:14 y se le dio autoridad, poder y majestad. ¡Todos los pueblos, naciones y lenguas lo adoraron! ¡Su dominio es un dominio eterno, que no pasará, y su reino jamás será destruido!

A la persona sentada en el trono, que representa a Dios Padre, se le acerca otro que parece un ser humano. En el lenguaje original, se le llama un "hijo de hombre". No es casualidad que la forma favorita de Jesús para referirse a sí mismo es "Hijo del hombre". El se identifica con esta figura de la visión de Daniel.

Se acerca al Anciano y recibe toda autoridad, poder y majestad. A Jesús se le delega toda autoridad en el mundo. Siendo Dios hecho hombre, El ejerce todo dominio en todo el mundo, y establece un reino que jamás será destruido. Las naciones se levantan y caen, pero ¡el reino de Dios es eterno!

Frente a esta realidad, tenemos que preguntarnos ¿He reconocido la autoridad de Dios sobre mi vida? ¿Estoy viviendo en obediencia y sumisión a la autoridad de Dios, o más bien vivo como rebelde? Dios merece que lo obedezcas en todo. ¿Lo haces? Cuando El te dice que hagas algo, ¿obedeces? Deja que Dios te revele cualquier parte de tu vida donde no le estés obedeciendo, y sométela a su autoridad.

Isaías nos habla de esto en Isaías 45:9-12:

45:9 ¡Ay del que contiende con su Hacedor! ¡Ay del que no es más que un tiesto entre los tiestos de la tierra! ¿Acaso el barro le reclama al alfarero: ¡Fíjate en lo que haces! ¡Tu vasija no tiene agarraderas!?
45:10 ¡Ay del que le reprocha a su padre: ¡Mira lo que has engendrado!! ¡Ay del que le reclama a su madre: ¡Mira lo que has dado a luz!!
45:11 Así dice el Señor, el Santo de Israel, su artífice: ¿Van acaso a pedirme cuentas del futuro de mis hijos, o a darme órdenes sobre la obra de mis manos?
45:12 Yo hice la tierra, y sobre ella formé a la humanidad. Mis propias manos extendieron los cielos, y di órdenes a sus constelaciones.

La tentación constante que enfrentamos como seres humanos es la de querer usurpar el lugar de Dios. Quizás pocos de nosotros en realidad queremos controlar todo el universo, pero queremos convertirnos en pequeños dioses de nuestros pequeños universos.

Fue la zanahoria que Satanás puso delante de Eva: Si comes el fruto del árbol prohibido, ¡serás como Dios! Hasta el día de hoy, persistimos en creer la misma mentira - que podemos ser nuestra propia autoridad. Pensamos que sabemos más que Dios.

Se nota cuando nos empezamos a justificar: "Yo sé que la Biblia dice eso, pero... Yo sé que debería hacer eso, pero... Yo sé que no está bien, pero... ." Hablamos como si la autoridad de Dios fuera algo negociable, algo que podemos aceptar o rechazar a nuestro antojo.

Isaías nos presenta un cuadro chistoso para confrontarnos con lo ridículo de nuestra situación. Imaginemos a un alfarero, un hombre que hace macetas y ollas de barro. Sentado allí frente a la rueda donde cuidadosamente forma cada artículo, se empieza a escuchar una cacofonía inusual. ¡Las ollas se están quejando con su Hacedor!

Una olla dice: "¿Por qué me hiciste sin agarraderas?" No se da cuenta de que, para su función, no las necesita. Otra alega: "¿Por qué tengo la boca tan chica? ¡Quiero ser como la otra olla que está allá!" Algo así sería totalmente ridículo, pero así somos cuando nos quejamos con Dios. ¿Qué hijo le dice a su padre, por qué me hiciste así? Más bien, le debe gratitud por el regalo de la vida.

Dios hizo el mundo, y El nos hizo a nosotros. El tuvo el derecho de hacernos como El quisiera. Si hubiera querido hacernos sólo para torturarnos y maltratarnos como un gato con un ratón, ¿qué podríamos alegar? ¡El tiene el derecho de hacer lo que El quiera! Pero la realidad es que El no nos ha hecho así. Más bien, nos ha bendecido de muchas maneras. Nos ha creado para vivir en alegría y en paz con El. Nos ha dado un propósito y un futuro.

Es incoherente que queramos exigirle o reclamarle algo al que tiene toda autoridad, pero lo hacemos. Lo hizo el apóstol Pablo; él incluso pensaba que servía a Dios cuando perseguía a los creyentes en Jesucristo. Pero un día el Señor se le apareció y le dijo: "¿Qué sacas con darte cabezazos contra la pared?" (Hechos 26:14)

Cuando resistimos la autoridad de Dios en nuestra vida, es precisamente lo que hacemos. Damos cabezazos contra la pared. ¿Quién sale lastimado? ¿La pared, o nuestra cabeza? Tenemos que entender que la autoridad de Dios es como una capa dura de acrílico transparente. Si estás debajo de esa capa, quedas protegido. Puede llover, pueden caer granizadas, pero estás cubierto.

En cambio, si tratas de oponerte a la autoridad de Dios, si le das golpes y patadas a esa capa, sólo terminarás lastimado. Quedas expuesto a cualquier tormenta que llegue, y tu oposición misma termina lastimándote.

La urgencia de este mensaje sobre la autoridad de Dios crece cada día más, a la medida en que nuestro mundo rechaza la autoridad y busca su propio camino. Hoy en día hay muchos que rechazan la autoridad de Dios sobre su sexualidad. Saben que la Biblia los llama a expresar la sexualidad sólo dentro del matrimonio, pero dicen: "¡Eso es algo anticuado! El mundo hoy es diferente." Celebran la supuesta liberación. Sin embargo, cuando rechazamos la autoridad de Dios, lo que encontramos es una nueva esclavitud.

Otros rechazan la autoridad de Dios sobre su dinero, sobre su tiempo, sobre sus actitudes. ¿Qué sacamos con darnos cabezazos contra la pared? La buena noticia que recibimos en las Escrituras es que Dios es paciente y misericordioso con los que lo buscan con un corazón arrepentido.

Cristo trajo la autoridad de Dios al mundo, no para condenar, sino para salvar a todos los que se acercan a El con arrepentimiento y fe. Un día vendrá el juicio, pero ahora El ofrece su perdón y salvación a todos los que lo busquen.

Si has vivido en rebelión a su autoridad, o si hay algo en tu vida que no has sometido completamente a El, no tengas miedo de acercarte a El. Jesucristo te extiende su mano. Te invita a venir con humildad y recibir su perdón. Te invita a empezar de nuevo. Te invita a caminar bajo su autoridad y descubrir que es un lugar de bendición y esperanza.


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