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Domingo 3 de Abril de 2016

Un Dios que libera
Pastor Tony Hancock

Hay muchas cosas que podríamos decir acerca de nuestro Dios, pero una de las cosas más grandiosas es que nuestro Dios es un Dios que libera. A lo largo de la Biblia, Dios se revela en una y otra ocasión como el libertador de su pueblo. ¿Conoces al Señor como tu libertador?

Después de sacarlos de su esclavitud en Egipto, Dios llevó a los israelitas a la tierra que El había prometido a su ancestro Abraham y, bajo el liderazgo de Josué, les dio la victoria sobre sus enemigos. Mientras vivió Josué, los israelitas se mantuvieron fieles a Dios y tuvieron victoria sobre todos sus enemigos. No conquistaron toda la tierra, pero comenzaron muy bien.

Sin embargo, cuando murió Josué, la gente se olvidó de su Dios. No tomaron a pecho los buenos ejemplos y las buenas enseñanzas de su difunto líder. Más bien, tan pronto ya no estaba con ellos, se fueron por otro camino. Espero que no suceda lo mismo con nosotros. Si Dios ha puesto en tu vida algún buen ejemplo o buen líder, aprende muy bien lo que te enseñe. No dependas solamente de su presencia, sino aprende a vivir por tu propia cuenta lo que te está enseñando.

Las consecuencias de las malas decisiones de los israelitas fueron desastrosas. Se olvidaron del Dios que los había sacado de su esclavitud en Egipto, y empezaron a adorar a los dioses de las naciones que ya vivían en su tierra - en particular Baal y Aserá. Llenaron sus ciudades con imágenes de estos dioses, y les rendían culto.

Dios se enfureció cuando vio cuán rápidamente su pueblo se olvidó de El. Los entregó en manos de un rey llamado Cusán Risatayin, quien vino del noreste para invadir la tierra y llevarse lo más valioso que tenían. Durante ocho años, ellos vivieron bajo la opresión de este rey que se llevaba lo que quisiera de sus cosechas, de sus riquezas y de su ganado.

Después de ocho años de sufrimiento, por fin se les ocurrió buscar a Dios. Dieron la espalda a sus ídolos, y clamaron a Dios en oración. Dios los escuchó y levantó a un hombre para llevarlos a la victoria, un guerrero llamado Otoniel. Este hombre era sobrino y también yerno de Caleb, quien - juntamente con Josué - había dado un buen reporte cuando fueron a espiar la tierra.

Otoniel había visto en su propia familia un ejemplo de fe, y siguió ese ejemplo. El Espíritu Santo vino fuertemente sobre él y lo usó para derrotar a Cusán Risatayin y liberar al pueblo de su control. Durante cuarenta años el pueblo disfrutó de paz bajo el liderazgo de Otoniel.

Leamos la historia de Otoniel en Jueces 3:7-11:

3:7 Los israelitas hicieron lo que ofende al Señor; se olvidaron del Señor su Dios, y adoraron a las imágenes de Baal y de Aserá.
3:8 El Señor se enfureció contra Israel a tal grado que los vendió a Cusán Risatayin, rey de Aram Najarayin, a quien estuvieron sometidos durante ocho años.
3:9 Pero clamaron al Señor , y él hizo que surgiera un libertador, Otoniel hijo de Quenaz, hermano menor de Caleb. Y Otoniel liberó a los israelitas.
3:10 El Espíritu del Señor vino sobre Otoniel, y así Otoniel se convirtió en caudillo de Israel y salió a la guerra. El Señor entregó a Cusán Risatayin, rey de Aram, en manos de Otoniel, quien prevaleció sobre él.
3:11 El país tuvo paz durante cuarenta años, hasta que murió Otoniel hijo de Quenaz.

En esta historia descubrimos tres acciones y sus consiguientes. Aunque han pasado muchos años desde la vida de Otoniel, los mismos principios aún se aplican a la vida espiritual. En primer lugar, descubrimos lo que sucede cuando nos olvidamos de Dios.

Los israelitas se olvidaron de Dios. ¿Cuál fue la consecuencia? En primer lugar, ellos buscaron a otra cosa para adorar. Es una realidad del ser humano que siempre buscamos adorar a algo. No nos sentimos bien si no hay algo más allá de nosotros, algo más grande, que nos da esperanza y seguridad. Si tú no adoras a Dios, adorarás a otra cosa.

Alejandro Solzhenitsin pasó ocho años en una cárcel soviética por criticar al dictador comunista José Stalin. Muchos años después, reflexionó sobre lo que le había sucedido a su querida Rusia. ¿Por qué había llegado tanta destrucción a su tierra bajo los comunistas? Se calcula que sesenta millones de personas murieron durante la implementación de este sistema ateo.

Solzhenitsin citó las palabras de los ancianos que recordaba de su juventud: "Los hombres han olvidado a Dios. Por eso ha sucedido todo esto." Cuando nos olvidamos de Dios, abrimos la puerta a muchos otros dioses falsos. Siempre buscamos algo para adorar. Pero estos dioses no traen bendición a nuestra vida. Al contrario, traen esclavitud.

Los israelitas buscaron a Baal y Aserá. Baal era un dios de la lluvia y la cosecha, y Aserá era una diosa de la fertilidad. Su adoración tenía ciertos aspectos sexuales. El pueblo pensaba encontrar en su adoración de Baal y Aserá placeres y prosperidad, pero más bien encontraron esclavitud y escasez.

Hay muchas cosas que llegan a nuestras vidas para tratar de hacernos olvidar a Dios. Puede ser alguna relación romántica. Quizás llegue a tu vida alguien que no es tu esposa o tu esposo y parece ofrecerte toda la felicidad y toda la alegría. Por amar a esa persona, dejas de congregarte, de orar, de buscar de todo corazón a Dios. A largo plazo, esa relación no te traerá bendición. Es una trampa.

Quizás se trate de alguna substancia que te promete la felicidad. Empieza con una pastilla que te relaja, un trago que te alegra, un toque que te distrae. Pero luego llegas a buscar tu felicidad en esa cosa, llega a ser tu refugio cada vez que te sientes agobiado y se convierte en una trampa.

Hace muchos años, tuvimos un visitante inoportuno. Un ratón nos había llegado a acompañar. Compramos una trampa, y la cebamos con crema de cacahuate - algo que les encanta a los ratones. Dentro de poco tiempo el ratón descubrió la trampa, y se terminó su visita.

Así como la crema de cacahuate sirvió para atraer a ese ratón, muchas cosas nos atraen y nos alejan de Dios - pero sólo sirven para atraparnos. Cualquier cosa en tu vida que te hace olvidar a Dios - cualquier cosa que no puedas recibir como una bendición de Dios, con gratitud - fácilmente se vuelve trampa.

Cuando te olvidas de Dios, buscarás a algo para adorar - y quedarás atrapado. Pero ahora veamos lo que sucede cuando clamamos a Dios. Después de ocho años de esclavitud, los israelitas recapacitaron y clamaron arrepentidos a Dios. ¿Qué sucedió? ¡El escuchó! Cuando nosotros clamamos a Dios con un corazón humilde y arrepentido, El también nos escucha.

¿Alguna vez has tratado de llamar a la línea de atención al cliente de alguna compañía grande? Los sistemas son tan confusos - presione la tecla tal, díganos por qué está llamando... No sé por qué, pero la computadora nunca me comprende. Siempre me dice: "Lo siento, no pude comprender su respuesta. Por favor, repita la razón por la que nos llama." ¡Qué frustración!

Pero con Dios, nunca sucede eso. Dios no tiene problemas de sordera. El no se ocupa tanto que ya no nos puede prestar atención. A El no se le olvida nada. Cuando clamas a Dios, El escucha y El libera. Dios escuchó el clamor del pueblo de Israel, y les dio un libertador - Otoniel.

¿Por cuáles cosas necesitas clamar a Dios? La primera cosa - la cosa más esencial - es la salvación. Romanos 10:13 declara: "porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo." Si invocamos de corazón al Señor - si clamamos a El, pidiendo que nos salve del pecado - El promete respondernos.

Es más, El nos ha enviado un libertador. Otoniel fue un gran ejemplo de fe y un gran libertador para el pueblo de Israel, pero nuestro Libertador es mucho más grande. Nuestro Libertador es Jesucristo, el Hijo de Dios que se hizo hombre para liberarnos de nuestro enemigo. Podemos confiar en El y saber que El nos responderá cuando clamemos a El.

La primera cosa que necesitamos, entonces, es la salvación. Pero hay muchas otras cosas por las que le podemos clamar a Dios. Podemos clamar por la salvación de nuestra familia y de nuestros amigos. Podemos clamar por nuestros hijos, para que crezcan con fe en el Señor. Podemos clamar por nuestro país y sus líderes. ¿Caerá en oídos sordos nuestro clamor? ¡No! Tenemos un Dios que escucha y que responde. Podemos saber que, cuando clamamos a Dios, El escucha y libera.

La tercera cosa que descubrimos en esta historia es lo que sucede cuando el Espíritu Santo obra. El verso 10 nos dice que el Espíritu Santo vino sobre Otoniel. Luego nos dice que Dios entregó en sus manos a Cusán Risatayin, y que Otoniel prevaleció sobre él. La palabra hebrea que se traduce "prevaleció" tiene el sentido de fuerza y poder. En otras palabras, el Espíritu Santo fortaleció a Otoniel y le dio poder para hacer lo que él no podría haber logrado por sus propias fuerzas.

El resultado fue victoria sobre el enemigo, y cuarenta años de paz. Cuando el Espíritu Santo obra, El trae victoria y trae paz. Si tú te rindes al poder de Dios y permites que su Espíritu obre en ti, El traerá a tu vida la misma cosa. Te dará fuerzas para vivir en victoria sobre la tentación y sobre las circunstancias. El traerá paz a tu vida.

En los tiempos del Antiguo Testamento, sólo ciertas personas disfrutaban de la presencia plena del Espíritu Santo - eran líderes como Otoniel. Pero ahora, bajo el Nuevo Pacto en el que entramos por fe en Jesucristo, el Espíritu Santo viene a morar en cada creyente. Si tú te has entregado de corazón a Cristo, el Espíritu Santo está en ti. ¿Permites que El te llene? ¿Confías en Jesús y el poder de su Espíritu en ti?

Tenemos un Dios libertador. No tenemos por qué vivir en esclavitud. No esperemos hasta que nuestra situación esté realmente crítica, como la de los israelitas bajo Cusán Risatayin. Más bien, clamemos a Dios con fe. Confiemos en Jesucristo, nuestro Libertador, y permitamos que su Espíritu nos dé poder para vencer.


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