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Domingo 27 de Marzo de 2016

La muerte destruida
Pastor Tony Hancock

Algunos días atrás, un noticiero reportaba que ciertos científicos se encuentran debatiendo el destino de los zancudos. La pregunta es ésta: ¿Debemos destruir por completo al zancudo? Sirve como portador de enfermedades muy destructivas, y es difícil imaginar qué propósito irremplazable podrá servir en el ecosistema. Imagínate lo que sería un mundo sin zancudos.

¿Qué cosa más te gustaría ver desaparecer de este mundo? Seguramente podríamos mencionar muchas cosas, pero ¿qué tal la muerte? ¿Qué te parece un mundo sin muerte? ¿Qué tal la maldad? ¿Cómo te gustaría vivir en un mundo completamente libre de la maldad? La buena noticia que nos trae la Biblia es que Dios está obrando para librar el mundo de la muerte y de la maldad. Tú y yo podremos vivir en un mundo sin muerte y sin maldad. ¿Te gustaría saber cómo?

Abramos la Biblia en Isaías 25, y preparémonos para un viaje a través de este capítulo lleno de ejemplos bellos de lo que Dios está haciendo y hará. En estos versículos Dios le muestra a Isaías, y a nosotros, lo que El está haciendo. La visión es como un sueño, cuyo significado va mucho más allá de lo aparente. Si consideramos lo que representa, podemos encontrar mucho consuelo y mucha dirección para vivir aquí y ahora.

Comencemos con los primeros cinco versículos de Isaías 25:

25:1 Señor, tú eres mi Dios; te exaltaré y alabaré tu nombre porque has hecho maravillas. Desde tiempos antiguos tus planes son fieles y seguros.
25:2 Has convertido la ciudad en un montón de escombros, la ciudad fortificada en una ruina. Ya no es ciudad la ciudadela de extranjeros; nunca más volverá a ser reconstruida.
25:3 Por eso te glorifica un pueblo poderoso; te teme la ciudad de las naciones crueles.
25:4 Porque tú has sido, en su angustia, un baluarte para el desvalido, un refugio para el necesitado, un resguardo contra la tormenta, una sombra contra el calor. En cambio, el aliento de los crueles es como una tormenta contra un muro,
25:5 como el calor en el desierto. Tú aplacas el tumulto de los extranjeros, como se aplaca el calor bajo la sombra de una nube, y ahogas la alharaca de los tiranos.

En el mundo en el que vivimos hay mucha maldad. Hay muchas personas que viven en total contradicción con lo bueno. Muchas veces parece que están ganando. Pero aquí vemos que Dios frustrará por completo los planes de los malvados. ¡Eso es algo maravilloso! Al darse cuenta, Isaías alaba a Dios. Nosotros debemos hacer lo mismo.

Varias veces se menciona en este pasaje "la ciudad". Recordemos que Isaías nos está reportando una visión. No debemos pensar que se refiere a alguna ciudad en particular, como la Ciudad de México o de Guatemala. Más bien, representa a la sociedad humana en su rebelión contra Dios.

Los hombres construyen muchas ciudades, lugares donde reinan la perversión y la destrucción. En cualquier ciudad podemos recorrer las grandes avenidas y ver en exhibición la inmoralidad, la lujuria, el materialismo y el orgullo humano. Los rascacielos parecen proclamar: "¡Mira hasta dónde podemos llegar sin Dios!" La torre de Babel se reconstruye por los miles.

Pero todo esto terminará en la nada. Los proyectos más grandes de los hombres serán destruidos. Quizás preguntes: ¿cuándo sucederá todo esto? Esa pregunta tiene dos respuestas. Sucede parcialmente en la historia, y sucederá completamente cuando Jesús regrese para juzgar.

Las grandes ciudades parecen ser eternas, pero realmente no lo son. Los terremotos y otros desastres destruyen en minutos lo que se ha tardado años en construir. El orgullo de otra generación hoy pasó de moda, y cae bajo el martillo de demolición. Dios nos está mostrando que la ciudad - lo que el hombre hace - no dura.

Al final de la historia humana, todo será destruido. La ciudad que la humanidad construyó para desafiar a Dios jamás será reconstruida. Pero ¿será que Dios hace esto solamente por coraje? ¿Será que simplemente quiere mostrar que El es más poderoso que nosotros? ¡No! Leamos de nuevo el verso 4.

Dios destruye lo que el hombre ha hecho para que podamos llegar a temerle y a confiar en El. Dios hace desmoronarse lo más imponente de la humanidad para que dejemos de esperar en el hombre y aprendamos a esperar solamente en El. Tenemos que decepcionarnos con el mundo para poder ilusionarnos con Dios.

Para los humildes, los necesitados, los que sólo dependen de El, Dios es un refugio. El aliento de los crueles es como una tormenta contra un muro. Hace mucho ruido, pero no logra tumbarlo. Es como el calor del desierto, que con una nube se desvanece. Así es toda la furia de la humanidad; cuando Dios se levanta, se convierte en nada.

¿Qué te emociona? ¿Qué te ilusiona? Si te ilusionas con este mundo y lo que el hombre puede hacer, serás decepcionado. Es mucho mejor refugiarte en Dios y emocionarte con el Reino que El está edificando. De esto se tratan los siguientes versículos, del 6 al 8:

25:6 Sobre este monte, el Señor Todopoderoso preparará para todos los pueblos un banquete de manjares especiales, un banquete de vinos añejos, de manjares especiales y de selectos vinos añejos.
25:7 Sobre este monte rasgará el velo que cubre a todos los pueblos, el manto que envuelve a todas las naciones.
25:8 Devorará a la muerte para siempre; el Señor omnipotente enjugará las lágrimas de todo rostro, y quitará de toda la tierra el oprobio de su pueblo. El Señor mismo lo ha dicho.

Aquí descubrimos que Dios ha derrotado la muerte, y nos invita a todos a disfrutar de su banquete. Isaías ve un gran banquete, espléndido y suculento, preparado sobre un monte para todos los pueblos. ¿A cuál monte se refiere? Al monte Sión, donde estaba la ciudad de Jerusalén y donde se encontraba el templo de Dios.

Ese banquete todavía no se ha servido. Es la cena de bodas del Cordero, que nos anuncia el libro de Apocalipsis. Ya las invitaciones para esta cena se han entregado; ya el anuncio se ha hecho. ¿Has aceptado la invitación que Dios te ha hecho a la gran cena de inauguración de su reino? La aceptas cuando te arrepientes del pecado y reconoces a Cristo como tu Salvador y Rey.

En ese reino, ya no habrá muerte. La humanidad sin Dios es como un cadáver, envuelto en un manto. Pero el verso 7 nos dice que ese manto será rasgado, para que el difunto pueda salir y revivir. Entonces la muerte será devorada en vida. Déjame decirte que esa profecía ya se empezó a cumplir.

Sobre el monte Sión, en las afueras de Jerusalén, Jesús fue crucificado. Sobre la cruz el libro la batalla contra el pecado, que nos destina a la muerte. En su propio cuerpo El venció el poder de Satanás, y pagó nuestra culpa. Al ofrecerse como sacrificio inocente, El derrotó por completo al enemigo. La muerte fue tragada en su victoria.

La muerte y la resurrección de Cristo que celebramos en este día son el comienzo del cumplimiento de esta promesa. Son la garantía de su realidad. Tú y yo sabemos que la tumba no será el final, porque Cristo salió de la tumba, habiendo derrotado la muerte. Pero también hay una decisión que debemos tomar.

El verso 8 declara que el Señor enjugará las lágrimas y quitará la vergüenza. Cuando nos acercamos al Señor con lágrimas y vergüenza por el pecado, El las quita. Mientras queramos esconder nuestra culpa, seguimos siendo presos del dolor. En cambio, cuando tomamos la decisión de reconocerlo, aunque nos duela, encontramos el consuelo del perdón.

La muerte ya ha sido derrotada en la victoria de Jesús. Un día, dejará de existir por completo. Si tú y yo queremos participar en ese gran día, debemos arrepentirnos ahora y vivir ahora como ciudadanos del reino de Dios. Así recibimos vida nueva ahora, y la promesa de la vida eterna.

¿Cómo debemos responder a estas grandes realidades? Leamos los versos 9 al 12 para ver:

25:9 En aquel día se dirá: '¡Sí, éste es nuestro Dios; en él confiamos, y él nos salvó! ¡Éste es el Señor, en él hemos confiado; regocijémonos y alegrémonos en su salvación!'
25:10 La mano del Señor se posará sobre este monte, pero Moab será pisoteada en su sitio, como se pisotea la paja en el muladar.
25:11 Allí extenderán sus manos, como al nadar las extiende un nadador. Pero el Señor abatirá su orgullo, junto con la destreza de sus manos.
25:12 Derribará, hará caer y abatirá tus muros altos y fortificados, hasta dejarlos hechos polvo sobre la tierra.

Aquí descubrimos que Dios nos llama a confiar en El y regocijarnos en su salvación. ¡Qué gran Dios tenemos! Es un Dios que vence la muerte, que invita a todos a disfrutar de su generosidad y que frustra por completo los planes de los malvados.

En la visión de Isaías, Moab llega a representar a todas las naciones que se rebelan contra Dios. Es interesante notar que los montes de Moab se ven desde el monte Sión en Jerusalén. Una persona que se para sobre el monte Sión ve, a la distancia, las alturas de Moab. Pero Dios declara que esas imponentes montañas serán pisoteadas.

Esas alturas representan el orgullo humano, que se levanta contra Dios en su vanidad y soberbia. Quienes así viven terminarán pisoteados, así como pisotearon a otros en su afán de levantarse. Ahora parece que tales personas se salen con la suya, pero no siempre será así. Todo orgullo humano caerá frente al juicio de Dios.

La esperanza de la humanidad rebelde es su astucia, pero la esperanza del pueblo de Dios es su Señor. Debemos unirnos a Isaías en su alabanza a Dios. Cuando él recibió estas visiones, no pudo simplemente reportarlas. Su corazón expresó palabras de alabanza y gratitud, tanto al principio como al final de este capítulo.

Los conductores de los noticiarios tiene la sorprendente capacidad de reportarlo todo, desde lo más insignificante hasta lo más desastroso, con la misma expresión. Pueden contarnos acerca de un rescate o de un desastre con el mismo tono de voz. Pero Isaías, reportero de esta gran visión, no puede hacer esto. Su boca rebosa de alabanzas al Señor.

¿Cómo te sientes tú al saber que la muerte ha sido vencida, que el mal tendrá fin, que Dios está obrando para darles a los malvados su merecido y que te ha invitado a la gran cena que inaugurará su reino? Si conoces a Cristo, seguramente tu corazón está lleno de alegría. ¡Exprésala! ¡Alaba hoy al Señor por su grandeza y poder! En Cristo, la muerte ha sido derrotada. Un día será destruida por completo. Vivamos hoy con esa gran esperanza, alabando a Dios con nuestra boca y con nuestra vida.


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