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Domingo 13 de Marzo de 2016

Fuiste, eres y serás
Pastor Tony Hancock

Durante mi niñez, me gustaba mucho salir de visita. En cierta ocasión, unos amigos nos habían invitado a cenar a su casa. La invitación nos había llegado dos o tres semanas antes, pero a mi madre se le olvidó avisarme hasta pocos días antes de ir. Se lo reclamé, y le dije: "¡Lo mejor de la visita es la anticipación!"

Piensa en la última vez que esperabas algún evento especial - alguna salida o fiesta, por ejemplo. Antes del evento, seguramente pasaste algo de tiempo pensando en lo bonito que sería. Te dio gusto la simple idea de que se iba acercando ese momento de alegría. Luego, cuando llegó el día, disfrutaste el evento. Cuando había pasado, te quedaste con los gratos recuerdos. El hecho de recordar la experiencia bonita que tuviste te trajo una sonrisa a la cara.

Nosotros vivimos en el presente, entre el pasado y lo futuro. Los recuerdos del pasado a veces nos traen alegría, y a veces dolor o vergüenza. Miramos hacia el futuro con una combinación de expectación y temor. Pero todo se concentra en este momento, el presente. Alguien dijo una vez que este momento es un regalo de Dios. Por eso se llama presente.

La salvación que Dios nos ofrece en Jesucristo, y que tú y yo recibimos por fe, también lo envuelve todo - nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro. Si tú conoces a Cristo, puedes saber que fuiste salvo, eres salvo y serás salvo. Comprender estas tres realidades nos ayuda a vivir ahora en victoria y con esperanza. Acompáñame hoy para descubrir estas grandes verdades que Dios nos revela en su Palabra.

En primer lugar, tú fuiste salvo en el momento de reconocer por fe a Cristo como Señor y Salvador. Esta es una realidad total y absoluta. No es solamente una posibilidad, algo potencial. Si tú te has arrepentido del pecado y de corazón has llegado a confiar en Jesucristo como tu Señor y Salvador, desde ese momento, tú has sido salvo.

Juan 5:24 dice así: "Ciertamente les aseguro que el que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no será juzgado, sino que ha pasado de la muerte a la vida." Jesús declara que, si hemos oído su Palabra y puesto nuestra confianza en Dios, quien envió a Jesús, hemos pasado de muerte a vida.

Antes de conocer a Cristo, estábamos muertos en vida. La Biblia declara que estábamos muertos en nuestros delitos y pecados. Nuestro pecado nos separaba de Dios. Aunque el pecado nos daba una sensación de vida, en realidad era algo traicionero. Nuestro espíritu estaba separado de su Dios y destinado a la muerte.

Pero cuando nos damos cuenta de quién es Jesús y nos comprometemos a El, con un corazón arrepentido, el Espíritu Santo hace una obra sobrenatural en nuestro corazón. Recibimos una vida nueva, la vida con la que Jesucristo resucitó de la tumba. Nacemos de nuevo. Hemos pasado de vida a muerte. Si tú conoces a Cristo, esa es tu realidad.

Otra bendición que recibimos en el momento de conocer a Cristo es que somos adoptados como hijos de Dios. Juan 1:12 dice así: "Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios." Y Gálatas 3:26 declara: "Todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús". Dios te ha hecho parte de su familia. Ya puedes hablar con El con la confianza de un hijo. Perteneces a su familia, y tienes muchos hermanos. A veces, como en cualquier familia, hay pleitos y desacuerdos; pero también hay un amor fuerte y firme que nos une.

En el momento de conocer a Cristo, Dios también te declaró libre de culpa. El aceptó el sacrificio de Cristo como pago suficiente por todos tus pecados. Romanos 5:1 dice así: "En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo."

El tiempo de los verbos es muy importante. Hemos sido justificados mediante la fe - esto describe algo que sucedió en el pasado, pero sigue teniendo efectos en el presente. La consecuencia es que ahora, en este momento, tenemos paz con Dios por medio de Jesús - porque El, desde el momento que lo aceptamos como Señor y Salvador, nos ha declarado libres de culpa.

Así que, si tú has puesto tu confianza en Cristo, has pasado de muerte a vida, eres hijo de Dios y eres libre de culpa. Todas esas cosas sucedieron el momento en que aceptaste a Cristo. Fuiste salvo, en ese momento. Ahora miremos hacia el futuro. Cuando Jesús regrese, serás salvo. En otras palabras, hay bendiciones de la salvación que todavía no hemos recibido. Nos pertenecen, pero no las tenemos aún.

Algunos padres que les dejan un legado a sus hijos estipulan que sólo podrán recibir su herencia cuando lleguen a cierta edad. La idea es evitar que el hijo, en su juventud, derroche todo el dinero. La herencia es del hijo, pero no la recibe hasta llegar a la edad señalada. De igual modo, las bendiciones futuras de la salvación ya nos pertenecen, pero no las recibiremos hasta que Cristo regrese.

Entre estas cosas está la resurrección del cuerpo. En 1 Corintios 15:51-52 leemos esto: "Fíjense bien en el misterio que les voy a revelar: No todos moriremos, pero todos seremos transformados, en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al toque final de la trompeta. Pues sonará la trompeta y los muertos resucitarán con un cuerpo incorruptible, y nosotros seremos transformados."

Si hemos muerto antes de que Cristo regrese, resucitaremos con cuerpos nuevos. Los que estén vivos en ese momento serán transformados sin la necesidad de morir. Recibiremos cuerpos nuevos, parecidos al cuerpo que tuvo Jesús cuando resucitó. Ya no volveremos a morir; ya no nos enfermaremos.

También tenemos la promesa de que iremos a vivir con Cristo para siempre. El mismo dijo que iba a prepararnos un lugar. Alguien comentó una vez que Dios demoró siete días en crear el mundo, y es maravilloso. Jesús lleva dos mil años de estarnos preparando un lugar; ¡debe ser espectacular!

Esto es lo que nos espera. Al mirar hacia el futuro, sabemos que al final tenemos una esperanza. Pase lo que pase, nuestro destino está seguro. No tenemos que vivir en duda. Podemos vivir confiados.

Hemos hablado del pasado, de lo que sucedió en el momento de aceptar a Cristo, y del futuro, lo que nos espera. Pero la importancia de todo esto es el momento presente. Hoy, Dios te llama a caminar a diario por fe. Eres salvo, estás siendo transformado momento a momento por el Espíritu Santo que mora en ti.

Hay algo que sólo puedes hacer ahora, que no podrás hacer cuando llegues al cielo. Eso es mostrar la gloria de Dios al caminar por fe en El. El cielo será maravilloso, pero cuando estemos allá, ya no necesitaremos la fe. Veremos a nuestro Señor cara a cara. Pero ahora, al caminar por fe, mostramos el poder de Dios que obra en nuestras vidas.

En 1 Pedro 2:9-10 leemos esto: "Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. Ustedes antes ni siquiera eran pueblo, pero ahora son pueblo de Dios; antes no habían recibido misericordia, pero ahora ya la han recibido."

Cada día, tú y yo caminamos confiando en Cristo. Recibimos su ayuda en las pruebas. Soportamos las dificultades con paz, porque el Espíritu Santo está en nosotros. Nuestro carácter va cambiando. Mostramos en nuestra vida el fruto del Espíritu - amor, gozo, paz, paciencia, bondad, benignidad, fe, mansedumbre y templanza.

Al vivir a diario por fe, mostramos al mundo y a los ángeles la gloria del Dios que nos salvó. Pero esto es algo que sólo podemos hacer ahora. En cierta ocasión, alguien me preguntó por qué nos deja Dios aquí en la tierra después de darnos la salvación. ¿Por qué no nos lleva directamente al cielo?

Aquí está la respuesta. El nos deja aquí para demostrar y declarar su grandeza a todos los que nos observan - seres humanos y angelicales. La obra de Dios en tu vida por medio de la fe es realmente un milagro, y una muestra especial de su gloria y grandeza.

En una canción, Jesús Adrián Romero expresa la relación entre el pasado y la vida presente del creyente. Escucha la letra: "No hay argumento ni juicio en contra mí; El con su sangre me vino a redimir. Libre de condenación, ya no soy más un deudor; El ha pagado la deuda por mí. Yo era culpable, y me otorgó el perdón; manto de gracia de pronto me cubrió. Mis pecados El borró y mi cuenta canceló; El ha pagado la deuda por mí. Ahora soy libre y esclavo por amor; precio de sangre Jesús por mí pagó; ahora soy libre y esclavo por amor, precio de sangre Jesús por mí pagó. El marcó mi corazón; propiedad soy del Señor."

Si conoces a Cristo, El ha pagado la deuda por ti. Ahora eres libre, y esclavo por amor. Así, por fe, caminamos a diario mostrando la grandeza del Señor que nos rescató. Todo lo que Dios ha hecho por ti, y las promesas que El te ha dado, te deben llevar a vivir este momento por fe en el Señor que te rescató. Pasado, presente y futuro: ¿lo has entregado todo a El?


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