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Domingo 28 de Febrero de 2016

El poder del Espíritu
Pastor Tony Hancock

En cierta ocasión, un hombre necesitaba que uno de sus amigos le hiciera un favor. Le escribió una carta pidiendo su ayuda. La respuesta que recibió fue algo inesperada. Esto es lo que decía: "Apreciado amigo, siento mucho no poderte ayudar ahora con lo que me pides. Se despide, tu amigo, Fulano. Por favor, voltea la hoja."

Al voltear la hoja, el amigo encontró estas palabras: "Ayer te envié lo que hoy me pediste." ¡La respuesta resultó no ser tan negativa como parecía! Y nosotros, ¿le estaremos pidiendo a Dios algo que El ya nos ha dado? "Señor, necesito tu ayuda. Necesito poder. No me dejes."

Dios nos ha dado su Espíritu. Su Palabra declara que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, y que El nos sella. Según 1 Corintios 12:13, todos fuimos bautizados en un solo cuerpo por un solo Espíritu - el Espíritu Santo de Dios: "Todos fuimos bautizados por un solo Espíritu para constituir un solo cuerpo -ya seamos judíos o gentiles, esclavos o libres-, y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu." ¡Esto significa que no estamos solos! Hoy vamos a hablar de cómo Dios nos ayuda a vivir una vida de verdadera espiritualidad, y cómo debemos recibir su ayuda.

Tres realidades nos pueden transformar la vida, si las comprendemos. La primera de ellas es que Dios nos ayuda a vivir la vida cristiana. ¡No estamos solos en esto! En un pasaje muy honesto, el apóstol Pablo describe su lucha interna con el pecado. ¿Alguna vez te has sentido así? "Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. ... Así que descubro esta ley: que cuando quiero hacer el bien, me acompaña el mal." (Romanos 7:18b-19, 21 NVI)

Pero allí no termina la historia. Si eso fuera todo, estaríamos condenados a una vida de decepción y frustración. Luego leemos: "¡Soy un pobre desgraciado! ¿Quién me libertará de esta vida dominada por el pecado y la muerte? ¡Gracias a Dios! La respuesta está en Jesucristo nuestro Señor." (Romanos 7:24-25a, NTV)

Gálatas 2:20, este verso tan importante para una vida verdaderamente espiritual, lo dice así: "He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí."

Hace años, viajaba por la carretera con unos amigos después de una tormenta de nieve cuando vimos un carro que se había quedado varado. La conductora le daba gasolina al motor, pero sólo lograba que las llantas patinaran sobre el hielo y se hundieran más. Decidimos detener el carro para prestarle nuestra ayuda.

Juntos, pusimos las manos sobre el carro y empezamos a empujar. La señora presionó el acelerador. Ahora, en vez de patinar sobre el hielo, el carro salió lentamente del atasco y pronto pudo seguir su camino por la carretera. Debo agregar que, al salir de la nieve lodosa, la conductora del vehículo aceleró mucho y nos dejó llenos de lodo. Creo que fue su manera de darnos las gracias.

Nosotros, sin Dios, somos como aquel carro atorado en la nieve. Por más que nos esforcemos por hacer el bien, por agradar a Dios, por obedecer y llevar una vida que realmente nos acerque a Dios, sólo logramos patinar. No podemos avanzar solos. Pero ¡ya no estamos solos! Dios ha llegado para echarnos el hombro, por así decir. Su Espíritu Santo siempre está con nosotros para ayudarnos a vencer, a obedecer y superar las pruebas. Dilo conmigo: ¡No estoy solo en esto! Dios es mi ayuda.

Ahora bien, más allá de entender que no estamos solos en este esfuerzo por llevar la vida cristiana, debemos comprender que el Espíritu Santo nos fortalece. Romanos 5:5 dice: "Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado." Si nosotros vivimos confiando en Dios, en esperanza y obediencia, no seremos avergonzados. ¿Por qué? Porque el Espíritu Santo está obrando.

Seguramente todos podemos recordar una ocasión en la que hemos quedado en vergüenza y decepción. Emprendimos algún proyecto con mucho entusiasmo y expectación, sólo para quedar en ridículo. Así le sucedió al rey Josafat. Con gran entusiasmo, construyó una flota mercante para traer oro de la lejana tierra de Ofir.

Sólo podemos imaginar los pensamientos que llenaron la mente de Josafat. ¡Se haría rico! ¡Traería prosperidad a su tierra! ¡Lograría todos sus proyectos con el oro que le traerían sus barcos! Una sola frase nos dice en que quedaron todos los planes de Josafat: "nunca llegaron a zarpar, pues naufragaron en Ezión Guéber." (1 Reyes 22:48)

Todos hemos tenido proyectos que se han quedado en la nada, pero Dios nos promete que podemos tener una esperanza que no nos defrauda. La esperanza que Dios nos da, la vida que Dios nos da, jamás nos dejará en ridículo. ¿Por qué? Porque el Espíritu Santo está en nosotros, y El está obrando.

Esto no significa que todos nuestros proyectos se realizarán. El Espíritu Santo no es algún genio de botella que nos concede todos nuestros deseos. Lo que significa es que nuestra vida, nuestro destino, nuestro porvenir no nos dejarán decepcionados. Pase lo que pase, el Espíritu de Dios nos guiará y saldremos adelante - hasta el día de la resurrección.

El Espíritu Santo nos da un nuevo poder para servir. De esto nos habla Romanos 7:6: "Pero ahora, al morir a lo que nos tenía subyugados, hemos quedado libres de la ley, a fin de servir a Dios con el nuevo poder que nos da el Espíritu, y no por medio del antiguo mandamiento escrito."

Antes de que Jesús viniera, el Espíritu Santo sólo obraba en ciertas personas. La persona común y corriente simplemente se esforzaba por obedecer la ley de Dios por su propia cuenta. Lo único que tenía era el mandamiento escrito. Esto producía cierta frustración, porque no tenía ayuda. Pero ahora, tenemos una nueva manera de vivir. El Espíritu Santo nos llena y nos ayuda.

Es importante entender que no siempre sentiremos la presencia del Espíritu Santo. Muchas veces nos confundimos. ¡Es importante comprender esto! Pensamos que el Espíritu Santo nos está llenando solamente cuando sentimos una profunda paz, o un enorme gozo, o algún otro sentimiento muy lindo.

No me malinterpretes. El Espíritu Santo produce esas cosas en nosotros, pero no lo hace todo el tiempo. No podemos vivir en un éxtasis constante. Pero aunque no sintamos nada, El sigue obrando. Nos guía, nos ayuda a entender su Palabra, nos trae a la mente verdades que necesitamos recordar, nos corrige y reprende cuando nos hace falta.

No confundamos al Espíritu Santo con un sentimiento. Más bien, confiemos en su constante presencia y ayuda. Pero, ¿cómo hacemos esto? Ahora llegamos a lo práctico. A nosotros nos toca rendimos activamente a la obra del Espíritu. Cada día, cada momento, debemos tomar la decisión de rendir nuestra voluntad a la dirección del Espíritu Santo.

Efesios 5:18 dice así: "No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contrario, sean llenos del Espíritu." Cuando tomamos alcohol, entregamos el control de nuestro comportamiento en sus manos. Hacemos cosas que, de otro modo, no haríamos. Es por esto que el alcohol no es conveniente para el creyente.

Más bien, debemos entregarnos al control del Espíritu Santo. En lugar de entregar nuestra voluntad al control de substancias químicas, debemos dejar que el Espíritu Santo maneje nuestra vida. Debemos permitir voluntariamente que El nos guíe.

Encontramos un gran ejemplo de esto en María, la madre de nuestro Señor Jesús. Debemos decir que la encarnación de Jesucristo, el momento en que El fue engendrado como bebé en el vientre de María, es un momento único en la historia humana. Jamás se repetirá.

Pero observemos la respuesta de María cuando el ángel le dijo que ella quedaría en cinta por obra del Espíritu Santo. Lucas 1:38 nos da su respuesta: "Aquí tienes a la sierva del Señor. Que él haga conmigo como me has dicho." María nos demuestra lo que significa rendirnos activamente a la obra del Espíritu.

María podría haber dicho: "¡Tengo que dar a luz! A ver, ¿cómo me las arreglo para embarazarme?" Eso representaría el esfuerzo humano. Sería tratar de lograr la voluntad de Dios, pero siguiendo la lógica humana. Esto es lo que nosotros hacemos cuando tratamos de encontrar la manera de hacer lo que Dios quiere, pero no cómo El quiere.

Pero ella también podría haberse negado. Podría haber dicho: "Eso envuelve mucho sacrificio. La gente se reirá de mí. Hablarán. Mejor no." Y de seguro Dios habría buscado a otra muchacha judía para ser la madre de nuestro Salvador. También nosotros podemos resistir la voluntad de Dios. Podemos ser activos, pero activos en buscar nuestra voluntad.

María nos muestra la actitud correcta: "Señor, aquí estoy. Que se haga en mí conforme a tu voluntad." No es una actitud de pasividad, de decir: Que será, será. Es usar nuestra fuerza de voluntad para rendirnos a lo que Dios nos está llamando a hacer, sabiendo que su Espíritu está en nosotros para fortalecernos - para dar a luz su voluntad en nuestra vida.

Romanos 6:11 dice: "De la misma manera, también ustedes considérense muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús." Tenemos que tomar la acción de considerarnos muertos al pecado, y ver que nuestra vida ahora está en Dios - en su reino, en su voluntad, en sus deseos para nuestra vida.

Hermano, hermana, no estás solo en esta lucha. Dios está contigo. Su Espíritu te fortalece. Tu parte es rendirte activamente a su dirección y su voluntad. Unámonos hoy en entregarnos al poder del Espíritu, para que Dios haga en nosotros lo que sólo El puede hacer.


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