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Domingo 24 de Enero de 2016

El cuidado del cuerpo
Pastor Tony Hancock

Para darle la bienvenida al año, muchas personas hacen propósitos de año nuevo. Uno de los cambios más comunes que la gente se propone tiene que ver con la salud. Deciden ponerse a dieta o hacer más ejercicio durante el año nuevo. De hecho, unos investigadores descubrieron que la resolución número 1 para el año 2015 fue bajar de peso.

¿Cuántas personas lo habrán logrado? El mismo estudio descubrió que sólo el 8% de las personas logran cumplir su propósito. Interesantemente, también se descubrió que las personas que hacen resoluciones son más diez veces más propensas a lograr sus metas que quienes no hacen propósitos. Así que, no te desanimes si no logras todos tus propósitos; es mejor hacer varios y lograr uno o dos que no hacer ninguno.

Vivimos en una sociedad esquizofrénica con respecto a la salud. Por una parte, tenemos restaurantes de comida rápida en cada esquina que venden alimentos que, por lo general, engordan y proveen poca nutrición. Por otra parte, las revistas nos muestran modelos muy delgados y en buena forma. El mensaje que transmiten sin palabras es que, si tu cuerpo no se parece al de aquellos modelos, algo anda mal contigo.

¿Te das cuenta de la incoherencia? Por un lado, la cultura nos engorda y nos quita la salud, y luego nos regaña por no estar en buena forma. Como creyentes, frente a esto, tenemos que desarrollar una forma diferente de pensar acerca de nuestro cuerpo. Dios nos llama a ser renovados por la transformación de nuestra mente. Nuestra manera de pensar tiene que cambiar.

Hoy vamos a considerar tres verdades que nos enseña la Palabra de Dios acerca de nuestro cuerpo. Quiero invitarte a tomar a pecho estas verdades, a comprenderlas. En el transcurso del año tendremos un énfasis sobre la salud, y aprenderemos en más detalle cómo cuidar nuestro cuerpo con principios bíblicos. Hoy quiero poner un fundamento bíblico para comenzar a pensar como Dios quiere que pensemos acerca de nuestros cuerpos.

Empecemos al principio, en el relato de la creación. Hay algo interesante que sucede a lo largo de los primeros cinco días del relato de la creación en Génesis 1. En el verso 10, después de separar el mar y la tierra, nos dice que Dios consideró que esto era bueno: "A lo seco Dios lo llamó tierra, y al conjunto de aguas lo llamó mar. Y Dios consideró que esto era bueno." De la misma manera, el cuarto día, después de hacer el sol, la luna y las estrellas, el verso 18 nos dice que Dios consideró que esto era bueno: "Los hizo para gobernar el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y Dios consideró que esto era bueno."

Leemos lo mismo en el verso 21 con respecto a los animales marinos y las aves: "Y creó Dios los grandes animales marinos, y todos los seres vivientes que se mueven y pululan en las aguas y todas las aves, según su especie. Y Dios consideró que esto era bueno". Pero cuando llegamos al sexto día, el día en que Dios creó al ser humano, encontramos algo diferente. Empecemos a leer en el verso 25 de Génesis 1: "Dios hizo los animales domésticos, los animales salvajes, y todos los reptiles, según su especie. Y Dios consideró que esto era bueno". Aquí vemos la creación de los animales terrestres, y Dios lo declara bueno.

Pero ahora sigamos en los versos 26 al 31:

1:26 y dijo: Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza. Que tenga dominio sobre los peces del mar, y sobre las aves del cielo; sobre los animales domésticos, sobre los animales salvajes, y sobre todos los reptiles que se arrastran por el suelo.
1:27 Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó,
1:28 y los bendijo con estas palabras: Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar y a las aves del cielo, y a todos los reptiles que se arrastran por el suelo.
1:29 También les dijo: Yo les doy de la tierra todas las plantas que producen semilla y todos los árboles que dan fruto con semilla; todo esto les servirá de alimento.
1:30 Y doy la hierba verde como alimento a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo y a todos los seres vivientes que se arrastran por la tierra. Y así sucedió.
1:31 Dios miró todo lo que había hecho, y consideró que era muy bueno. Y vino la noche, y llegó la mañana: ése fue el sexto día.

Después de crear al ser humano y darle dominio sobre su creación, después de crear la relación matrimonial, ¿qué pensó Dios? Dice el verso 31: "Dios miró todo lo que había hecho, y consideró que era muy bueno." ¡Muy bueno! No solamente bueno, sino muy bueno.

Es solamente con la aparición del ser humano que la creación pasa de ser algo bueno a ser algo muy bueno. Y no estamos hablando solamente del ser humano como un ser espiritual, porque los versículos anteriores hablan de dos aspectos físicos de nuestro ser - la alimentación y la relación matrimonial.

Los mensajes que recibimos del mundo son muy diferentes. El mundo considera que nuestro cuerpo sólo es bueno si es joven, delgado y sexy. Un grupo de hombres se para en la esquina para mirar pasar a una joven guapa, y uno comenta: "¡Qué buena está!" Implica que otras no están tan buenas. Y esa misma muchacha, con unos cuantos años y unos cuantos kilos demás, ya no estará tan buena tampoco.

¿Te das cuenta del mensaje? Y no sólo es para las mujeres. Tu cuerpo sólo es bueno si es así o asá. Pero Dios dice algo diferente. Tu diseñador dice que su diseño es bueno. Los mensajes que escuchamos del mundo nos llevan a odiar o a menospreciar nuestro cuerpo. Pensamos: "¿Por qué no me parezco a tal modelo o a tal actor?" Menospreciamos el buen trabajo de Dios. La primera cosa que tenemos que comprender acerca de nuestro cuerpo es que Dios lo hizo, y es bueno. Ahora pasemos a la segunda realidad. Tu cuerpo es un instrumento, y lo puedes usar para bien, o para mal. Leamos Romanos 12:1-2:

12:1 Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios.
12:2 No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.

Dios nos llama a ofrecer nuestro cuerpo a El para ser usado como instrumento de justicia. Esto se logra, entre otras cosas, renovando nuestra mente con su verdad, bajo la dirección del Espíritu Santo.

Muchos instrumentos se pueden usar para bien o para mal. Un cuchillo se puede usar para cortar verduras y preparar un sabroso caldo, o se puede usar para matar a alguien. El fuego puede calentar, y puede quemar. Todo depende de la manera en que se emplea.

Lo mismo es cierto de nuestro cuerpo. Podemos ofrecerle nuestro cuerpo al pecado. Podemos decir: "Pecado, aquí está mi cuerpo. Usalo como tú quieras, nada más dame un poco de placer a cambio." ¿Qué vamos a lograr con eso? ¿Qué recibiremos? Sólo problemas y muerte.

Pero también podemos ofrecerle nuestro cuerpo a Dios. Podemos decirle: "Dios, aquí está mi cuerpo. Usalo para lo que tú quieras hoy. Lo pongo sobre tu altar como una ofrenda, no muerta sino viva." Cada momento, nos rendimos conscientemente para dejar que Dios nos guíe, muriendo al viejo yo pecador y viviendo en el Espíritu que El nos ha dado.

Aquí hay un punto de confusión. Debido al pecado, hay en nosotros una tendencia hacia el mal. La Biblia lo llama la carne, o en algunas traducciones, la naturaleza pecaminosa. Es lo que nos hace querer pecar, deseando cosas que a Dios no le agradan. La Biblia nos dice que hagamos morir en nosotros lo que es de la carne.

Pero muchos confunden la carne, en este sentido, con el cuerpo. Creen que la manera de controlar la carne es dañar el cuerpo. Piensan que, si cuidan su cuerpo, le darán cabida a la carne. Pero esto no es así. Más bien, la manera de destruir el poder de la carne rebelde es por medio de una decisión de voluntad y un cambio de mente. Tenemos que ser transformados por una renovación de la mente, no por un descuido del cuerpo.

Si nuestro cuerpo es un instrumento, entonces, que podemos entregar a Dios o al pecado, ¿qué clase de instrumento le entregaremos a Dios para su uso? ¿Le entregaremos una herramienta oxidada, un cuchillo sin filo, un martillo con el mango quebrado? ¿O le entregaremos un instrumento listo y preparado para su uso? Esto es cuestión de salud y de cuidado del cuerpo.

Hemos dicho que nuestro cuerpo es algo bueno, creado por Dios. También hemos dicho que lo podemos entregar al pecado, o a Dios. Como instrumento dedicado a Dios, debemos cuidarlo. Pero ¿cómo debemos ver este proceso? Busquemos la respuesta en 1 Timoteo 4:8: "pues aunque el ejercicio físico trae algún provecho, la piedad es útil para todo, ya que incluye una promesa no sólo para la vida presente sino también para la venidera." Aquí descubrimos que cuidar nuestro cuerpo es cuestión de prioridades.

Este versículo estaba colgado en la pared del cuarto de pesas en la universidad cristiana donde cursé la licenciatura. Cada vez que íbamos a levantar pesas, veíamos ese recordatorio de que lo que hacíamos tenía cierto provecho, pero no era lo más importante en la vida. La perspectiva balanceada que nos da Dios aquí en su Palabra es crucial para lograr la verdadera salud.

Este mundo nos lleva siempre a los extremos. Algunos convierten su cuerpo en un ídolo. Constantemente se examinan en el espejo para ver que todo esté perfecto. Todos sus pensamientos giran en torno a la dieta, el ejercicio y el cuidado personal para lograr el cuerpo más perfecto posible. Su valor personal se basa en su apariencia.

El otro extremo lo encontramos en los que ignoran por completo la salud. Vi una vez una calcomanía que decía algo así: "Come bien, haz ejercicio - y de todos modos, morirás." En otras palabras, de nada sirve cuidarse, porque todos vamos a morir; ¡mejor ser flojo y glotón!

Pero ninguno de estos extremos es bueno. No debemos hacer de nuestro cuerpo un ídolo, pero tampoco debemos descuidarlo. Todo es cuestión de ponerlo en su lugar correcto. Cuidar el cuerpo es algo importante, pero no es lo más importante en la vida. Lo más importante es ejercitarnos en lo espiritual - lo que nuestro pasaje llama "la piedad". Si pasamos más tiempo en el gimnasio que en oración, hay un desbalance. Si pasamos más tiempo considerando nuestra alimentación física que consumiendo la Palabra de Dios, algo anda mal.

No cabe duda que nos hace falta mejorar nuestra salud. ¿Cómo lo vamos a hacer? En los últimos meses ha hecho titulares la contaminación del agua potable en la ciudad de Flint, Michigan. Debido a los altos niveles de plomo, muchos niños han caído enfermos y han sufrido daños irreversibles.

¿Cómo se va a resolver este problema? El problema está en la fuente del agua. Para resolver el problema, la ciudad ha tenido que cambiar de fuente. De igual manera, si nuestra salud va a cambiar, tenemos que volver a la fuente. La fuente, en este caso, es la mente. Tenemos que aprender primero a pensar de una manera diferente acerca de nuestro cuerpo.

Todo comienza con una relación con Cristo. Si no le has entregado tu vida a Jesucristo, tienes que empezar por ahí. Es el único que puede salvar tu cuerpo, alma y espíritu. Si ya conoces a Cristo, aprende a ver tu cuerpo como algo bueno, creado por Dios. Entrégalo a Dios como instrumento para su uso, y dale al cuidado de tu cuerpo el lugar que se merece en tu vida.


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