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Domingo 20 de Diciembre de 2015

Un mundo sin luz
Pastor Tony Hancock

Durante algunos de los años de mi niñez y adolescencia en Lima, los apagones sucedían a cada rato. El terrorismo hacía grandes estragos en todo el país, y los que se oponían al gobierno habían descubierto que era fácil apagar las luces en varios sectores de la ciudad capital con sólo dinamitar algunas de las torres de alta tensión que transportaban la corriente eléctrica desde las plantas del interior.

En ocasiones la luz se iba durante varios días. Lo más alarmante, sin embargo, era cuando la luz se iba de noche. Aún recuerdo aquella sensación de estar haciendo la tarea o alguna otra actividad cotidiana cuando, de repente, todo quedaba en oscuridad. ¡A buscar las velas! Pero aun con las velas prendidas, la oscuridad reinaba en el exterior de la casa. Cualquier sonido era espantoso.

La casa que había sido un refugio cálido de seguridad y descanso se convertía en un lugar de peligro e inseguridad. El lugar era el mismo; lo único que faltaba era la luz. ¡Qué diferencia hace la luz! De hecho, cuando Dios creó el mundo, la primera cosa que hizo fue la luz. El primer día de la creación, según Génesis 1:3, "dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz".

Al final de la historia, la luz lo llenará todo. Apocalipsis 22:5 nos dice que, en la nueva Jerusalén, "Ya no habrá noche; no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios los alumbrará". La luz es algo muy interesante. No tiene peso ni volumen. No podemos ir al mercado y comprar un kilo de luz. Es más, sólo vemos la luz cuando se refleja con algo. Podemos ver la fuente de luz, y podemos ver la luz cuando se refleja en algo, pero la luz misma no se percibe.

Dios creó la luz para servirnos a nosotros de ejemplo. La luz nos enseña cómo es Dios. Así como la luz, Dios es invisible. No lo podemos pesar o medir. Pero sus efectos son visibles por todos lados. Cuando existe un receptor apropiado, la presencia de Dios se refleja. Así lo expresa Pablo, en 2 Corintios 4:6: "Porque Dios, que ordenó que la luz resplandeciera en las tinieblas, hizo brillar su luz en nuestro corazón para que conociéramos la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo."

El mismo Dios que creó la luz física que alumbra todo el universo, hace que su luz brille en el corazón de toda persona que cree en Jesucristo. De hecho, Dios es luz. Primera de Juan 1:5 declara: "Este es el mensaje que hemos oído de él y que les anunciamos: Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad."

En la Navidad celebramos la llegada al mundo de la Luz. Es muy apropiado que se decore con luces en esta temporada, porque esto es precisamente lo que estamos celebrando. En medio de la oscuridad de este mundo, ¡ha llegado la Luz! Jesús es la luz del mundo. Vamos a ver tres cosas muy importantes que esto significa para nosotros. Empecemos en Juan 1, versos 1 al 5:

1:1 En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.
1:2 Él estaba con Dios en el principio.
1:3 Por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir.
1:4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad.
1:5 Esta luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla.

Jesús es el Verbo eterno de Dios, que siempre ha existido. El no fue creado; más bien, todo fue creado por medio de El. Nada existe aparte de El. En El estaba la vida; en lugar de tener vida dependiente o contingente, El existe por su propia cuenta. En el verso 4 leemos que esa vida "era la luz de la humanidad".

La primera cosa que debemos comprender acerca de Jesucristo es que El trae la única luz. La vida que El trae es la luz de toda la humanidad. En otras palabras, no hay otra luz para los seres humanos. Jesús es la única luz que puede alumbrarnos.

Lo podemos comparar con la medicina para una enfermedad. Para algunas enfermedades, hay más de un tratamiento; pero para otras, la ciencia médica sólo ha descubierto una forma eficaz de curar la enfermedad. Si un paciente va al doctor presentando síntomas de una de esas enfermedades, el doctor le dirá: "Tome estas pastillas. Son la única cura para su enfermedad."

El paciente puede quejarse de que no le gusta el color de las pastillas, o que son muy grandes e incómodas de tomar, o que cuestan mucho dinero. Pero si quiere curarse, no tiene alternativa médica. Esas son las pastillas para su enfermedad, y sólo podrá curarse si decide tomarlas.

Asimismo, Jesús es la luz de la humanidad. No hay otra luz que nos pueda alumbrar. Pero así como hay muchos pacientes que se rehúsan a tomar las pastillas que el doctor les receta, también hay muchas personas que no quieren acercarse a la luz de Cristo. Les parece demasiado cerrado pensar que sólo hay un camino. O no les gusta la idea de humillarse y reconocer su propia necesidad.

La verdad es que Jesús es la luz para toda la humanidad. Si rechazamos su luz, nos quedaremos en la oscuridad. Precisamente es en la oscuridad que muchos prefieren quedarse. Preferimos la morada de las ratas y las cucarachas. ¿Por qué? Juan 3:19 lo explica: "la humanidad prefirió las tinieblas a la luz, porque sus hechos eran perversos." ¿Quiénes andan en la oscuridad? Simplemente quienes no quieren que nadie los vea. Los ladrones y otros malhechores prefieren la oscuridad de la noche, porque se pueden esconder.

Espiritualmente hablando, es por esta razón que mucha gente se aleja de la luz de Jesucristo. No quieren que sus hechos queden al descubierto. No les gusta lo que ven cuando están cerca de El. Prefieren mantener la distancia, para poder vivir con la ilusión de que su pecado es algo normal.

En algún momento, todos hemos vivido así. Pero lo que tenemos que comprender es esto: Jesucristo trae la victoriosa luz, luz que la oscuridad no puede apagar. Como dice el verso 5: "Esta luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla." Por más que la humanidad intente apagar o ignorar la luz de Cristo, no podrá. La oscuridad no puede contra la luz.

¿De qué oscuridad hablamos? Simplemente de la rebelión de la humanidad, que trae muerte y alejamiento de Dios. Dios, en el principio, creó la luz. Pronto, sin embargo, la humanidad decidió alejarse de El y escuchar la voz del enemigo, el que los llamaba a la oscuridad. Gracias a la rebelión y desobediencia de los seres humanos, la oscuridad ha llenado el mundo bello que Dios creó.

Vemos esa oscuridad que nos rodea. Lo vemos cuando los ladrones se meten a robar en la casa de algún vecino, y ya no nos sentimos seguros en nuestro propio hogar. Lo vemos en el racismo y la discriminación. Lo vemos en las guerras, en las hambrunas y en la violencia hecha en el nombre de alguna religión.

Es fácil prender el noticiero y llegar a creer que la oscuridad está ganando. Parece que crece la oscuridad en la humanidad. La noticia que tenemos para el mundo en esta Navidad es que la oscuridad no está ganando, ni va a ganar. Las tinieblas no han podido extinguir esa luz que brilla.

Si tú y yo caminamos en esa luz, no tenemos que temer la oscuridad. Pase lo que pase a nuestro alrededor, sabemos que estamos en la luz - y la luz va a ganar. Aunque la oscuridad crezca, aunque parezca impenetrable, podemos caminar bañados en la luz radiante de Cristo, una luz que jamás se apagará.

¿Cómo podemos caminar en esa luz? Pasemos al verso 9 de Juan 1: "Esa luz verdadera, la que alumbra a todo ser humano, venía a este mundo." Aquí descubrimos que Jesucristo trae la verdadera luz. Al venir a este mundo, Jesús trae la única luz de la verdad. Hoy en día no es muy popular hablar en términos tan absolutos. La gente prefiere creer que hay muchas verdades, y que podemos escoger la que más nos guste.

Podemos reconocer que hay ideas y enseñanzas verdaderas en muchas partes, pero la única luz verdadera y completa es la luz de Jesucristo. Suya es la luz que alumbra a todo ser humano. El brilla sobre todos. Su luz revela el pecado y la rebelión de todos. Podemos tratar de tapar el sol con un dedo, como lo hacen muchos, e ignorar su luz. Pero no hay otra.

Si queremos caminar en la luz de Jesucristo, tenemos que estar dispuestos a que su luz revele nuestras faltas y pecados. Tenemos que acercarnos a El con un corazón sincero y dispuesto. Esto puede ser muy incómodo, pero sólo así podemos ser libres. Sólo cuando nos acercamos con sinceridad a la luz de Cristo, dejando que El revele nuestras faltas para poder arrepentirnos y dejarlas, podemos caminar en su luz.

Un famoso cuadro representa a Jesús, tocando a una puerta, con una linterna en la mano. El título de este cuadro es "La luz del mundo". Poco después de terminar de pintarlo, el artista Holman Hunt se lo presentó a algunos de sus amigos. Todos alababan la belleza del cuadro, pero uno le comentó: "Se te olvidó poner pomo en la puerta". El artista le respondió: "No, no se me olvidó. Recuerda que la puerta del corazón sólo se abre por dentro."

Cristo ha venido al mundo para traer luz. Si queremos que su luz brille en nuestro corazón, sin embargo, tenemos que abrirle la puerta. El no la va a tumbar. Si no le queremos abrir la puerta, nos quedaremos en la oscuridad - donde habrá llanto y crujir de dientes. Quizás nos duela o incomode abrirle la puerta, porque se revelará la condición verdadera de nuestro corazón. Pero Jesús es capaz de transformarnos por completo.

En esta Navidad, ¿permitirás que la luz de Cristo brille con fuerza en tu vida? ¿Caminarás en su luz? Quizás haya algún rincón de oscuridad que todavía necesites entregarle. O quizás debas abrirle por primera vez la puerta a tu corazón. Cualquiera que sea tu necesidad, ven hoy a la luz de Cristo.


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